
ay, con la Política Argentina...


















Al costado del Túnel Sufluvial, los pobres chacareros a punto de, ejem, "desaparecer", estacionan sus vehículos bajo la sombra, preocupados porque en sus campos, los peones, bajo el sol, tengan todo bajo control, mientras ellos revisan los camiones en busca de los productos que supuestamente están de, ejem, "paro", para retenerlos en las rutas el tiempo que se les ocurra. A eso, la tilinguería de TN le llama, con cierta modestia conceptual, "tensión" en las rutas. Todo muy republicano, por cierto. Pero nadie hace nada con todo lo que está pasando, Susana.
El Gobierno Nacional podría retroceder con las retenciones a la soja sin que signifique un golpe mortal al corazón del modelo (de hecho, la 125 lo estipulaba: baja de precios internacionales, baja de retenciones; y a la vez, subsidios a los empresarios que aún no lograron ser grandes: pero, se sabe; a la derecha no le gusta la institucionalidad, la hija de Cobos le pidió que vote en contra y bue...historia conocida). La breve historia democrática, a la vez, está plagada de agachadas diversas contra los aprietes de las corporaciones. El propio kirchnerismo tiene varias (aunque a mi criterio menos que el resto de los presidentes desde el retorno democrático); una que ahora quedó -por suerte- en el olvido: la prórroga de las licencias televisivas que, contra toda lógica institucional y legal, favorecía al Grupo Clarín. Esa decisión inconsulta y que sorprendió a muchos argentinos, no generó violencia; aunque Morales Solá crea que las decisiones de los gobiernos, cuando son inconsultas y sorpresivas generan violencia: los aumentos jubilatorios, de los varios antes de reforzar la institucionalidad con la ley de Movilidad, tampoco generaron violencia. Sigo: el riesgo de retroceder es el efecto Alfonsín: la pérdida del capital simbólico acumulado en los partidarios de este gobierno (sí, quizás el rabino facista se sorprenda; la tilinguería y los periodistas de medio pelo también; pero este gobierno tiene partidarios y, según todos los instrumentos de medición hasta hoy, los partidarios son mayoría, fijate). La pérdida de capital simbólico, en momentos donde la alianza entre el PS y el PC (Partido Sojero y Partido Campestre) pretende derribar la institucionalidad con tal de erigir un ya imposible modelo agroexportador de tipo progresista (progresista para el siglo diecinueve; para el siglo diecinueve antes de Cristo) podría, en suma, desncadenar un proceso irreversible de pérdida de capital político que termine precipitando la llegada (no por las urnas, claro) de las minorías que, encabezadas por Cobos, claman a gritos por la vuelta de la normalidad: el déficit fiscal y la inflación.
El gobierno nacional, en este marco, no puede herir de muerte las ilusiones de un proyecto nacional y popular, entrando en el festilindo de la irresponsabilidad por donde tan bien transita Claudio Lozano y companía. Por el contrario: la historia que el gobierno nacional intenta recoger, es el partido no de la interrupción institucional, sino de su continuidad: de las reglas procedimentales que permiten avances para los sectores populares, aún a costa de las más brutales reacciones, entre las cuales los desabastecedores se inscriben.
Una poderosa razón para no hacerle caso a los cantos de sirena de cogobernar con la oligarquía radican ahí: ese proceso, sería irreversible. Aunque también podría reencauzarse, una baja de las retenciones a la soja como pide la UCR (Unión Cívica Rentista) un argentinazo que inicie el camino hacia la revolución nacional maoísta, pero lo dudo. Lo más probable es que la oligarquía destruya el país, se enriquezca como con Duhalde, y se tome el buque (como Duhalde, como De la Rúa) y a otra cosa, mariposa. Todo esto mientras nadie hace nada con lo que está pasando, Susana. Y salís a la calle y te matan esos morochitos, y te vienen con elecciones: por favor, más que elecciones, Susana, necesitamos sangre!








