jueves, marzo 04, 2010
Es mentira, Rebeca se llama Rebeca
El camarada Guille, a quien seguramente veré mañana (a no ser que, por ejemplo, Luisiana Lopilato decida no casarse, consiga mi teléfono y me diga: "venite ya") insiste en pinchar todos los mitos que yo me obstino en crear, pero esta vez la pifió.
El asegura que la edecana Rebeca es en realidad Silvana Carrascosa, vicecomodora de la Fuerza Area, y para probarlo remite....a canal 26!!! Naa, qué poca seriedad. Decime el Le Monde, Liberation, el semanario Hoy; y ahí te creo.
Mis fuentes exclusivas en la Casa Rosada, en cambio, me indican sin titubear, que en el DNI de la señora efectivamente figura el nombre de Silvana Carrascosa. Peeeero, en ocasión de su cumpleaños, su mamá ingresó en el Salón de las Mujeres (justo Cristina estaba hablando con la prensa) y ante cientos de testigos, la madre, le dijo, "felíz cumpleaños, Rebeca". Es decir que, más allá de cómo se llame en los papeles, todos tenemos un nombre adecuado, preciso, creado para cada rostro. Por caso, en la intimidad, mi vieja, no me dice "Lucas" sino que me dice "Segio Denis", es así. Y en este caso, Rebeca, es Rebeca. ¿O no le ves la cara de Rebeca que tiene Rebeca?
En fin, a pesar de los contreras, nosotros seguimos fiel a la verdad. De nada.
En ésta, bancamos a la oposición
Tienen razón, Felipe , no digas que no.
Desde la Coalición Cínica denunciaron penalmente a Cristina Fernández por considerar que durante el discurso -transmitido en cadena nacional- la presidenta "tuvo claros gestos de provocación y amenaza de violencia física contra los opositores". En un comunicado de prensa, la constitucionalista Elisa Carrió sostuvo que "más allá de lo que diga la presidenta, y creo que tiene razón, son contradictorias sus palabras pidiendo respetar la democracia y las instituciones con la clara amenaza velada a la integridad física de los opositores a través de la elección justito de esa edecana (ver video) que nos mira en claro gesto amenzador".
Para Carrió "es violatorio de la constitución tener una edecana que mire así, de una, Cristina, ponete las pilas: esa mujer parece salida de Los Locos Adams".
Tremendo.
Nuestras fuentes nos dicen que la edecana en cuestión no podría sino llamarse Rebeca, y que varios directores de cine de renombre mundial, quisieron contratarla para películas de terror, pero sin embargo, ella mantuvo su vocación de edecana. Nuestras fuentes siempre nos informan mal, pero en este, posta: no puede sino llamarse Rebeca.
habrá que negociar
Y bueno, habrá que negociar. No queda otra. ¿Qué se puede negociar? El impuesto al cheque. Sería divertido, porque coparticipar, por caso, un 50% de ese impuesto, destrabaría a los senadores que claman por cobrar (republicana e institucionalmente, como los pampeanos, a los que Menem les escupió el asado: traigan esos contratos para La Rioja les dijo, sonriendo) y pondría a la derecha en un brete. Su chamuyo de federalismo se toparía con la noción de que este (y todo) impuesto es distorsionante de la mano invisible del mercado y toda esa zarasa.
Mientras tanto, lo de Marcó del Pont se puede aguantar. El costo político es mayor, me parece, en este caso, para la oposición.
Blejer se reunió días atrás con diputados peronistas de derecha. Que ahora, desde su bloque en el senado, van contra Merceditas.
El progresismo que juega de hermanito de la derecha, se hace el boludo en ésta.Su carencia de institucionalidad real como soporte político -un partido en serio, congresos, internas, discusiones programáticas- lo salvan de tener que sentir el olor a podrido que ya sienten sus seguidores.
Pero, ojo, lo que para algunos (incluido este muchacho tierno y bueno que esto escribe) son verdades evidentes, para mucha gente, más bien al medio del despelote, es nada más que algo raro y un poco incomprensible. Nadie, a pie, entiende bien qué pasa.
La radicalización anti institucional de la oposición posiblemente les quiebre el frente homogéneo que han logrado.Si Carrió no existiera, el kirchnerismo debería inventarla. En pos de lograr su objetivo, la señora constitución anaranjada, es capaz de cualqueir cosa. Es sabido, Carrió tiene tres prioridades ideológicas: primero ella, segundo ella y tercero, ella. En pos de ese programa republicano, le va a cortar la cabeza a quien le genere envidia. Cobos, en primer lugar. Morales, ahora conduciendo a Saá, Menem y Giustiniani, seguramente pronto será carne picada en su boquita pintarrajeada.
Hay que esperar unos días, resistir y negociar.
¿Cómo impactará socialmente el retorno de esta variante reaccionaria del radicalismo, la cara demacrada de Menem, la virulencia opositora? ¿Dónde quedarán los sueños húmedos del diálogo y el consenso? No puede, eso, saberse hoy. En los próximos días, sí.
No hay que hacerse muchas ilusiones, sobretodo teniendo en cuenta que lo peor está por venir.
A medida que se acerquen las elecciones y se vaya decantando la interna en el Grupo A, la virulencia será mayor. Y si el kirchenerismo mantiene su cohesión -y todo indica, con ésta oposición, que así será- es un piso muy alto que genera, por supuesto, más crispación en la derecha.
Lo peor está por verse, así que a aguantar.
Y saludos a Máximo, eh, que me enteré que lee esto. Así que ya somos 13 y no 12. Mi vieja, una tía que tengo en rosario, mi hermano, Eva, Degrossi, Mendieta y Máximo. Tá, no suman 13, pero quién no infla un poco las estadísticas, eh?
Clarín
Volvieron todos
Por Raúl Degrossi
Volvieron todos
Sin
el ruido de cacerolas de fondo, como en el 2001, pero con abundancia de cámaras
y micrófonos, volvieron, todos y por todo.
Volvieron
para explicarnos claramente, sin subterfugios y para que lo entendamos, hasta
donde llegan el diálogo y el consenso, que valor real y concreto tienen sus
apelaciones al respeto por las instituciones republicanas, su apego a las
reglas de juego de la democracia.
La
misma expresión de falsa sorpresa con que juran y perjuran estar desprovistos
de todo ánimo destituyente, es un claro indicio que la hipótesis de acelerar el
final del gobierno (o su colonización, haciéndole abandonar su programa para
ejecutar el trabajo sucio “que debe hacerse”) es algo que analizan a diario, y
desde lo que planifican sus acciones.
Han
asimilado ese cacerolazo inaudible -pero concreto y real- que trasuntan a
diario los editoriales de las principales plumas de Clarín y La Nación , se han entregado
con goce y sin culpa a hacer realidad los sueños de Mariano, de Joaquín y de
Ernestina, disfrutando todos -los acostumbrados todos estos años, el rescatado
del olvido por la fuerza de la necesidad- su estrellato mediático, que intentan
revalidar diariamente con un fervor orgásmico por acuñar la frase más
lapidaria, la iniciativa más corrosiva de la marcha del gobierno, el pronóstico
más apocalíptico sobre su suerte.
Saben
-aunque no lo digan- que a quienes les dispensan el ágora mediática no les
bastará el triunfo moral (si se me perdona el uso de esa expresión en este
contexto), y les exigirán de inmediato pruebas de amor más concretas, más
vinculadas a sus intereses objetivos.
Ha
pasado el tiempo de las medias tintas, que coincidió con el estrellato del
vicepresidente opositor, esa rara avis incorporada por la experiencia argentina
al bagaje conceptual de la ciencia política.
Ya
parece no hacer lugar para hombrecitos mediocres con cara de amables y mansos,
que proclaman decisiones transcendentes con voz temblorosa, lenguaje confuso y
apelación al consejo del núcleo familiar íntimo.
De
allí que aquél cuya permanencia se juzgaba imprescindible para dirimir el
empate, hoy es simplemente el burocrático encargado de recordarle al otro, a
aquél con quien no deben ser sorprendidos en una foto común (a tal punto llega
el culto de la imagen como instancia de construcción política), que no olvide
alzar su brazo para ayudar -de un modo decisivo- a consumar la maniobra.
La
hora es de los decididos, de los que no sólo echan a un lado los escrúpulos -si
alguna vez los tuvieron-, sino gozan de exhibir en público la incoherencia en
aras, claro, de fines superiores; que les exigen abdicar de delicadeces
estomacales a la hora de reclutar apoyos.
Empezamos
a entender por qué razón nos restriegan por las narices la experiencia
uruguaya. ¿Será tal vez por la búsqueda de una consagración democrática del
olvido y la impunidad, o por la sobreactuación obscena de un mensaje
tranquilizador para el capital, al que se promete seguir con la vista gorda a
sus tropelías?
Por
boca de uno de ellos, que persiste en presentarse como un estadista consumado y
un avezado piloto de tormentas, nos anoticiamos del aspecto principal en el que
hemos de intentar parecernos a Chile: el modo de encarar la protesta social, la
respuesta del Estado frente a la emergencia de los excluidos.
Adquiere
ahora cabal sentido su silencio cómplice frente al drama hondureño: no es
astuto criticar en público aquello que se piensa, en privado, en replicar.
Menos cuando se decide pasar rápidamente del pensamiento a la acción concreta.
Ellos,
los que volvieron -en realidad nunca se fueron-, disfrutan las mieles del éxito
que supieron construir como consecuencia de su unidad, demasiado parecida a una
confusa argamasa, pero no por eso menos efectiva; unidad que es también una
lección para nosotros, que desde la otra vereda muchas veces parecemos
incapaces de acumular fuerzas por sectarismo o por poner lo adjetivo, delante
de lo sustancial.
También
empiezan a entender que esa unidad que han logrado en sus propósitos inmediatos
se da de bruces con sus apetencias personales de cara al 2011, y probablemente
vuelva a estallar en pedazos en la medida en que el proceso se acelere.
Hay
allí demasiados egos convencidos de ser los principales (si no los únicos)
artífices de los logros, egos sutilmente aprovechados por el conglomerado
mediático para utilizarlos como instrumentos de sus propios fines, y en tanto
instrumentos, desechables si las circunstancias lo requieren.
Pero
si la unidad les garantizó el triunfo, y la fragmentación, por el contrario,
pone en riesgo los objetivos primordiales, ¿nos sorprenderán con otra
inesperada convergencia, esta vez en el plano electoral?
Constantemente
apelan, en defensa de lo indefendible, al voto del 28 de junio, “no hacemos
-nos dicen- más que lo que votó la gente, que nos pide que nos unamos para
ponerle límites al gobierno”.
¿Será
la criminalización del kirchnerismo, su expulsión del territorio de la
política, su reducción a una especie de asociación ilícita -tópico frecuentado,
por otra parte, por los lectores comentaristas de los diarios digitales- una
pirueta dialéctica para justificar otro rejunte, de aquello que se nos dijo no
se podía juntar?
En
el afán de traducir esos difusos deseos, ¿veremos converger a quienes expresen
de un modo más cabal y definido el tipo de país que “la gente” desea y añora,
con quienes puedan exhibir sus blasones de combatientes de la resistencia
contra un régimen definido como dictatorial y corrupto, desde las primeras
horas y sin ningún tipo de treguas ni concesiones?
¿Se
viene, tal vez, una fórmula Menem-Carrió?
Cómo que no, eh, cómo que no.
Mientras llovía, estaba en un bar que encontré por ahí, acá en Santa Fe. ¿Conocés, camarada, Santa Fe y los bares?
Hace un tiempo, algunos años, me acuerdo de haber estado en el bar Británico, en San Telmo, pensando lo mismo que pensaba hoy. Y hubo otra tarde, hace más años, en Paraná, frente a la terminal de ómnibus, el bar ese ya no existe, que también me paré a pensar eso, esto mismo.
Volvió la luz a mi departamento, tras la tormenta. Ya te mando, Patucho (pasa que lo leí y me pareció una porquería, lo reescribo).
De los dos viejos que tengo enfrente, hablando de obras de teatro de la época de la prohibición del peronismo, pienso, yo puedo hacer una historia, con este bar y esos dos viejos. No una gran historia. Casi ninguna historia a secas es una gran historia. Las buenas historias son como los secretos: no importan los hechos, importa la trama. Cómo se viven -los secretos-, cómo se cuentan, las historias. Hay un puñadito de personas que creen que sé contar una historia, y hay otro puñado, algo más grande, que cree que no. Las grandes mayorías, por cierto, son, con justicia, indiferentes. Y no soy el centro del mundo pero cuando me da la melancolía, nadie me convence de lo contrario. Por lo menos no durante esa madrugada.
Pero yo quería saber cómo contar una buena historia, siempre, desde chiquito, quise eso. Antes de ir a la escuela, quería eso. Y a los 20 años, me fui entrenando, no en talleres literarios ni, menos, en la facultad de comunicación, donde fui un pésimo alumno, sino en la fina dramaturgia de intentar levantarme cuanta mujer se me cruzara. Así que fui, verbalmente, afinando la puntería en el arte de contar historias. Una buena historia. Convincente, graciosa, emotiva, una historia que haga que las chicas en los bancos de la plaza se bajen la bombacha, que lloren las suegras, que se diviertan las meseras de los bares universitarios, que añoren las abogadas y sueñen las empleadas públicas.Apenas eso quería: comerme el mundo con la punta de la lengua.
Así que me senté. Quilmes? Quilmes no tiene?, tá, me estoy resignando a tomar cerveza Santa Fe. Si esto sigue así termino en Alcohólicos Anónimos diciendo que renuncio, odio la cerveza Santa Fe, basta, cuando los otros digan que perdieron su trabajo y su familia y sus amigos, yo diré, perdí la Quilmes, no sé si entablar un juicio millonario o abandonar la batalla, y sentarme con ustedes, a decir que, bueno, una cosa, convengamos: lo bueno de tomar una responsabilidad -como, de hecho, beber descaradamente- es que uno sabe de entrada que tiene el noble y sensual derecho a renunciar. Y yo renuncio, carajo.
Cómo me gusta renunciar, eh.
Aunque he renunciado a cosas, con dramatismo y vanidad, de las que al otro día me arrepiento, he querido renunciar a otras -los vicios, por caso- sin suerte. Es rara y arbitraria la renuncia.
Así que me senté y pensé, con mi cerveza, otra vez, solo. Otra vez. Adolescentemente solo. Alegremente solo. Tardíamente solo. Y pensé, por dios, cuántas cosas tristes se me ocurren, a quién se las cuento: necesito una promotora, bella y muy bella, que pase regalando alguna porquería entre las mesas -ponele una promotora de Quilmes- y entonces yo le diga, señorita, ¿sería tan amable de sentarse dado que se me están ocurriendo un montón de cosas poéticamente tristes, y posiblemente la haga llorar y sentirse una basura para luego, con cariño y cinismo, levantarle el ánimo y terminar mañana comiendo tallarines en la casa de su mamá?
Mmm, no funcionaría.
Pero, digo, por decir, si yo le dijera, por caso, señorita, disculpe, ¿querría sentarse? ¿tiene ganas de que le cuente un montón de mentiras? ¿sabe, acaso, que estuve cazando tigres y un león quiso comerle la cabeza a una mujer de minifaldas allá en Nigeria y yo la salvé; le conté, señorita, de la vez que en un submarino chocamos contra una ballena y tembló todo y cómo naufragamos en el océano acampando en un iceberg; sabe usted de cuando hice la colimba y escribí bajo la luz de una linterna 20 canciones de amor y un poema desesperado, no me diga que no se enteró, le paso mi tarjeta; ni que hablar de la droga secreta que tomé con una tribu del amazonas y me hizo volar, pero volar de verdad con los brazos abiertos por sobre la selva qué noche esa me quedé conversando con un cóndor y eso que yo conocía los cóndors de cuando crucé a pie las montañas camino a Chile o cuando en Mongolia tomé el tren que se descompuso y estuvimos sobre el Everest 10 días de sobreviviencia, eh?
Señorita, dígame cualquier cosa, pero me resulta intolerable que me diga que no le importa. Si tiene tiempo le cambio la historia. Siéntese, señorita, soy un boludo inofensivo.
Así que me senté y miré la pared. Tomé un trago. Prendí un cigarrillo. Pensé en escribir algo genial, algo que se lea en las escuelas, algo que se entere mi vieja por medio de sus amigas, algo de verdad. Un testimonio, un alegato, una sentencia inapelable, algo que, ponele, me trascienda. Y se me pasó ese rato de egocentrismo y fantasía. Y me reí. A las carcajadas, en voz alta, como se ríe un loco. Así me reí.
Los viejos que hablaban del tren se dieron vuelta, me miraron, terminaron con asombro su Amargo Obrero. El mozo, canoso y rengueando, se acercó.
Mis carcajadas rebotaban en la pared, protestaban los vecinos, escupía saliva con nicotina. Y una encía.
Querían una explicación o mi carnet de epiléptico.
Nunca van a entender que ya tengo una buena historia para contarle a Josefina.
Una historia de esas buenas de verdad. Una historia donde no pasa nada, pero nada, eh.
Cómo no me voy a matar de risa.
miércoles, marzo 03, 2010
El casamiento del año
sin dioses ha dejado un nuevo comentario en su entrada "Vuelva la república, las instituciones, el diálogo...":
Por intermedio de ud. Lucas Carrasco quiero hacer la invitación a la boda entre Giustiniani y Menem a realizar en la Capilla de la Ruralidad cita entre las calles Sociedad Rural y 80 el kilo, harán su presencia como padrinos el miembro del cubano-reutemismo Jorge Obeid y Vilma Ripoll todos miembros representativos de nuestra provincia. Desde el exterior se hará presente Luis Juez como contador de chistes. Oficiará de présbitero Agustín Feced.
Por intermedio de ud. Lucas Carrasco quiero hacer la invitación a la boda entre Giustiniani y Menem a realizar en la Capilla de la Ruralidad cita entre las calles Sociedad Rural y 80 el kilo, harán su presencia como padrinos el miembro del cubano-reutemismo Jorge Obeid y Vilma Ripoll todos miembros representativos de nuestra provincia. Desde el exterior se hará presente Luis Juez como contador de chistes. Oficiará de présbitero Agustín Feced.
Una preguntita
¿La suba de los bonos argentinos, pero a un bajo nivel de operaciones, a qué se debe?
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