Porqué el ex marido de Carrió es anticonstitucional
Los senadores nacionales hasta hace poco eran elegidos por
las legislaturas provinciales, a
propuesta del gobernador. Es decir que la naturaleza de un senador
nacional es representar a las provincias. La modificación constitucional del
año 94 –que abrió las puertas para que en el 2001 se eligieran por voto popular
los senadores- no alteró esta naturaleza dado que, producto del pacto de Olivos
que buscaba eternizar el bipartidismo- se amplió el senado con una banca para
la oposición pero se dejó la sustancia del asunto: hay tres senadores para cada
provincia, sin importar que posiblemente
en cuatro barrios porteños viva más gente que en toda Tierra del Fuego.
La semana pasada, los bloques más chicos del Senado se
amontonaron con el concurso republicano e institucional de Carlos Menem para
bloquear las iniciativas de este gobierno para pagar la deuda externa que
contrajo la oposición en anteriores mandatos. Aún cuando, los gobernadores, en
absoluta mayoría, apoyaban el Fondo del Bicentenario.
Incluido Binner, primero, para luego cambiar de postura
aunque por decreto en Santa Fe creó un Fondo de similares características.
¿Porqué sucede esto de que los gobernadores dicen una cosa y
los senadores no le dan bola?
Probablemente por la nueva variante que la ideología
reaccionaria de la antipolítica, hija natural no reconocida del neoliberalismo,
encuentra en estos días en el relato televisivo de la parlamentarización de la
política.
En argentina no hay parlamentos, hay congreso, que no es lo
mismo. Pero, atentos a la
Europa contada por las embajadas (europeas), queda lindo
hablar de parlamento y parlamentarios. Igual, ese es un asunto menor. El
trasfondo es otro: ante los presidentes sudamericanos que devolvieron a la
política la capacidad de discutir la economía,
hay un relato que supone que el congreso representa a toda la sociedad,
y por tanto, si se ponen de acuerdo ahí, reinará la armonía y resolveremos “los
problemas de la gente”.
Como suponen que la economía debe ser autogobernada por la
mano invisible del mercado, la política se reduce en su mundo imaginario al
slogan de Roca: “paz y administración”. Qué mejor, entonces, que el Congreso
para debatir largas horas sobre asuntos tales como si Tévez o Higuaín, mientras
Multicanal decide en el mercado –que concentra- cuáles deben ser las tarifas
que le paguemos.
Anular la política y su mediación –las instituciones- a
través de las instituciones, una innovación recontrarepublicana, eh. El rejunte
opositor sólo es posible bajo ese gran acuerdo: mostrarse consensuales (es
decir, negadores del conflicto inherente a lo social) frente a un oficialismo que sólo genera
crispación. Obviamente, por crispación se entiende: meter la mano estatal en la
mano invisible del mercado. Qué crispado, eh.
Que la política quiera gobernar (la economía) es propio de
quisquillosos y quilomberos, esa patota de arrabal que representan Evo, Chávez,
Cristina, Correa, Lula.
Lula resolvió este entuerto coimeando a los senadores,
Correa, disolviendo el Congreso vía reforma constitucional, Evo, que fue echado
de su banca de diputado tiempo atrás, logró destrabar el congreso
constituyente, después de varios muertos y desastres institucionales; Chávez
tuvo que soportar que la oposición no presentara listas al congreso (reformado
constitucionalmente). En cambio en Chile, Pinochet fue 15 años senador de la
democracia sin que nadie lo haya votado.
La parlamentarización que expresan constitucionalistas como
Mirtha Legrand y Guillermo Andino, esconde
una zarasa que bien representa Carrió. Para Elisa Carrió, si está despechada,
su ex marido es anticonstitucional. Sino le gusta más, ah, no, la república
institucionalista consensual no puede soportarlo.Fue, siendo su marido,
constitucional, hasta hace algunos años, pero ya no. Es que el amor es así.



