La mención en escalera de nombres de funcionarios al lado de la adjetivación insultante, peyorativa, revela el miedo ante lo desconocido y, peor aún, la pesadilla de intuir que hay una continuidad ideológica y política de lo que hoy están, de manera envenenada y obsesiva, combatiendo. Desde esa derecha antipolítica, ahora entretenida con el vocablo naif de "periodismo independiente", se acentúa el odio ante la incertidumbre y el desconcierto de un fenómeno que no preveían, no veían y no entienden.
No es una cuestión de edades. No es así. Es de espíritu.
El error nuclear en el análisis habita en haberse creído las propias fabulaciones: el kirchnerismo es Kirchner, solamente, solo, rodeado por tipos que lo odian -las voces que fabula Nélson Castro, por ejemplo- pero que están ahí por la caja. Y cuando cruzan el charco a la derecha, como Cobos, pasan a ser paladines republicanos. Más que paladines resultan paletas: de tanto que le lamen el culo las paletas se consumen. Como cualquier chupetín. Por más grande que sea.
Así, otroras paladines republicanos -María del Cármen Alarcón, hoy funcionaria del gobierno nacional, símbolo de la chantada política y la delincuencia ideológica-realizó el camino de ser estrella de TV a la nadería republicana, para volver adonde está el calor de la existencia. Lista que tiene ex emninencias como Pino Solanas, Claudio Lozano, Felipe Solá, Mario Das Neves, Alfredo Leuco, Jorge Busti, Carlos Reutemann, Humberto Tumini, Luis Majul, Alberto Fernández, Chichita Derquiaga.
Los mercachifles de la caja analizaban desde la perspectiva de la caja: tantos cheques me faltan, por tantos cheques entiendo a los "K".
La muerte del kirhcnerismo fue sentenciada tantas veces que la muerte de Néstor y la reacción popular los descolocó. Apunten a los jóvenes, lanzaron, como consigna, las dos familias (sí, todo este bardo es para salvar las fortunas malhabidas de dos familias emparentadas: los Noble y los Mitre) que corrdinan desde la AEA y sus satélites la ofensiva contra las medidas democratizadoras.
Todo muy feo, la verdad (no, esto no, esto es muy divertido, lo que es feo, de verdad, es) que hayas salido a desmentir así, dejándome sólo con la brocha mientras me sacabas la escalera. Te lo quería decir, zorra.







