jueves, enero 05, 2012



Parlamentarismo y Federalismo


¿Cómo se podrían conciliar estas dos formas de gobierno?
Yo no soy partidario (más bien lo contrario) de las democracias parlamentarias, porque son democracias habitualmente más restringidas. Ni soy partidario del antirepublicanismo que plantea "la separación de poderes" como un modo (que sólo ocurre en la teoría) de "control entre poderes". Todas esas boludeces, respetables en algunos teóricos, habitualmente son sacralizadas por las derechas cuando están en una situación de, digamos, defensiva estratégica.
El asunto del federalismo no es menor: habrá quienes crean que el sistema legislativo (el congreso, no hay parlamento en la Argentina) es bicameral por la cuestión de la separación de poderes aún al interior de un propio poder. Y...no, no es por eso. La historia fue conduciendo a esa institución legislativa, ya en la modernidad, como el canal de lucha política en dos niveles: uno puramente partidario y otro, digamos, territorial. Pero en la Argentina, como señala la constitución, las provincias son entidades preexistentes a la nación.
Vamos por partes.
En primer lugar, la separación de poderes, pretende canalizar la lucha política de una manera distributiva del poder, intentando evitar, básicamente, la aniquilación de un sector a otro. Intentando evitar la guerra. La política, en sí misma, no puede evitar la guerra. De hecho, la política no se suspende (hay divulgaciones de un autor militar muy reconocido que machacan sobre este error) por comenzar una guerra. En el momento de la guerra, la política sigue transcurriendo.
Las instituciones políticas a través de la separación de poderes pretenden equilibrar dos momentos, dos acontecimientos, de la república: el momento de la cristalización del cambio de correlaciones de fuerzas (por ejemplo, si esa república es democrática -no toda república lo es- ese momento es cuando un partido político le gana las elecciones a otro partido) y, a la vez, un segundo momento: el de la continuidad. Por este segundo momento es que tiene legitimidad la integración de las minorías en el congreso y, sobre todo, el poder judicial, encargado de custodiar los pactos políticos preexistentes (la constitución, el código penal, las leyes vigentes, etc) y regular, a su vez, que el cambio de estos pactos políticos se haga en tiempos largos y con correlaciones de fuerzas de mayor exigencia. Por eso es más fácil prorrogar un presupuesto por decreto que modificar, por ejemplo, la reelección presidencial en la constitución.
A esto, en el sistema político nacional, se le agregan condimentos particulares (pero a la vez, extendidos en el mundo) que para no hacerla larga, resumidos en dos espacialidades: la espacialidad federal (cada una de las provincias) y la espacialidad internacional, que cada vez cobra mayor relevancia. Ambas espacialidades son constitutivas y están relacionadas con los dos grandes momentos de la organización política. Basta recordar el rol del puerto en la sanción de la constitución, producto a su vez de la derrota de Rosas en Caseros y así.
Lo importante es que el conflicto político -inherente en toda sociedad- es anterior a las instituciones. La separación de poderes, entonces, busca que sea al interior de las instituciones donde se dirima el conflicto político.
Entonces, tenemos que si la separación de poderes tiene ese rol, no todas las separaciones de poderes pueden canalizar los conflictos políticos, dado que los mismos no son iguales en todas las sociedades.
¿Porqué sacralizar entonces la existencia de un poder judicial nacional, un congreso nacional y un ejecutivo nacional?
¿Es que acaso estas instituciones han resuelto los conflictos que se proponían en los pactos políticos de las entidades preexistentes?
No sacralizar la separación de poderes no implica abogar por su supresión, simplemente, llamar la atención de que se puede respetar el concepto de separación de poderes pero pensar en poderes que resuelvan la canalización de viejos y nuevos conflictos políticos preexistentes.
Por ejemplo: si se suprimiera la bicameralidad, o si se votase un congreso por padrón único nacional (como en la actual elección de presidente, por ejemplo) no se violaría el concepto de separación de poderes pero, en mi visión por lo menos, se agravarían más los problemas preexistentes. En el caso de la justicia, si se traspasaran a la órbita federal -al poder judicial de la nación- los hurtos, por ejemplo, no habría quién investigue o actúe en 23 provincias de nuestro país: la policía federal es una cosa vecinal, de los porteños, que paga el resto del país. O sí se eligiese el presidente, a través del senado -así funciona, por ejemplo, un modo de parlamentarismo- y el senado se eligiese como hasta antes del 2001, un cordobés votaría legisladores que elegirían un senador que elegiría un presidente, un concordiense votaría una lista de diputados y un candidato a senador (que no podría ser el mismo que elija yo, paranaense) que elegirían entre ambos un senador que votaría un presidente y así. Pequeño detalle: en Entre Ríos yo votaría, por ejemplo, un partido que no se llama peronista pero pongamos que sí, un cordobés votaría un partido que no se llama peronista pero pongamos que sí, claro que a uno lo maneja Urribarri y al otro De La Sota.
Bueno, me cansé de escribir esto, otro día sigo. Chau, buenas noches.



Del blog de Gerardo Fernández en relación a Felipe real.

La Abuela de Felipe

Todos tenemos algún familiar que lanza títulos minuto a minuto. Mi amigoFelipe se viene tomando el trabajo de publicar en Twitter algunos dichos de su abuela que son para coleccionar. Le he preguntado si efectivamente son reales y la respuesta a sido positiva. Es que todos aquellos que venimos de la clase media no tenemos que esforzarnos mucho para encontrar en nuestras parentelas casos similares ¿no?

Acá va un compilado hecho a las apuradas de frases de la abuela. Hay muchas más...










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miércoles, enero 04, 2012

Hank



Hank se sienta en la computadora y desgarra intimidades. Después y como si nada, lo borra. Hank se manda cagadas. Hank tiene muchos aciertos políticos. Hank escribe bien, aunque está un poco loco. Hank lidera lo que luego va a destruir. Hank no es Hank Soriano, sino una cosa parecida a Bukowski. Al Hank de Bukowski. Hank Soriano, quiero decir, es también el personaje que inventamos, un poco yo, un poco varios amigos, bastante muchos adversarios. Hank Soriano es un personaje ideado por la cabeza publicitaria de Hank Soriano, pero que se le escapó de las manos, como un pájaro azul, que remonta vuelo y se pierde en las inmensidades de la duda.


Pájaro azul
Hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.
Hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que esté ahí dentro.
Hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
hacerme un lío?
¿es que quieres joder
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?
Hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.
Luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?

Charles Bukowski. 

Esa es la clave: ¿llorás vos? ¿Te animás? 
Cuando era más higienista -Hank sirve, aunque para mí cualquier ocasión es buena, Hank sirve también para hablar de mí. Hank sirve porque una parte de Hank somos nosotros y porque una parte de Hank es nuestra demagogia y la otra parte es nuestra ruptura, las rupturas que no nos animamos a hacer- y quería moralizar el mundo pensaba que todos teníamos ese pájaro azul. Que algunos, los más valientes, los artistas, lo liberaban. Hoy, no sé. Hoy se menos que cuando tenía 20 años. Sobre estas cosas. Sobre otras cosas, leí más libros, amé mas mujeres, viajé más lugares, dormí y me durmieron durante muchos años más. Tengo 33. Cumplo en un mes, 34. Como Hank. 
En el barco de la edad vamos juntos. Y también. Cuando tiraron todo por la borda, de paso nos tiraron a nosotros. Y compartimos salvavidas y naufragio. Pero también cuando tiraron la casa por la ventana nos tiraron, de paso, a nosotros. Pero siempre nos cagamos de risa. Porque también nos tiraron tanto la goma. 
Hay un pacto secreto en esa vida de alcantarilla que, de pronto, se calza una corbata. 
El pájaro azul te da una inmensa verguenza. Lleva en carretilla y a contramano los escombros de la culpa. Para una obra en demolición. Para una metáfora mala. Para intentar e intentar decir eso indecible la puta madre, ese dolor tan allá adentro, tan lejos, el pájaro azul. 
A veces pienso que el pájaro azul nos toma el pelo. O sea, yo quisiera ahorcar el pájaro, vivir una vida apacible, olvidarme, volver a empezar, mudarme, a otro planeta, llevarme el cielo y los recuerdos que valen la pena. En una valija. El resto de la vida que se pierda en ninguna parte arriba de los vagones del tren para cartoneros. Soy ese baldío en pleno centro. Guardián de éticas que no practico, señalador de miserabilidades ajenas sin contar jamás de los jamases porqué mis dardos son tan efectivos. Porqué puedo herir con tanta facilidad. Sin que nadie se entere. Sin que nadie lo sepa. Pájaro azul, nosotros, sabemos, pájaro azul, sabemos porque somos peores. Pero no quiero hablar del pájaro azul que compartimos con Hank. Creo que, bah, no se si lo creo, me parece ahora, qué se yo. A veces pienso que el pájaro azul me toma el pelo. 

El poco pelo que me queda.
A veces, también se me ocurre, bueno, se me ocurren tantas cosas, pero, a veces, pienso que esa narrativa que se aloja en los hoteles de la culpa, en esos hoteluchos que tenemos dentro del alma, como al costado de la larga ruta nocturna en donde transcurrimos la vida, que en esos hoteles quedan cosas, guardadas, olvidadas, y se apaga, en la ventana del hotel, la luz a la distancia. Y sin embargo. Siguen ahí. En la oscuridad. Haciendo vaya uno a saber qué, pero siguen ahí. A veces se me ocurre que esa narrativa es falsa, que me poblé, como la panamericana, de hoteles de cuarta, de cuartos de culpa, y que en realidad el trayecto estuvo empujado, conducido por fuerzas que ni ahora logro entender. Y que no fui yo el que jodía, sino que me jodieron. Me tomaron el pelo. Que los signos, la balaustrada en la cabeza, de la edad, marcan esas marcas, como juegos de palabras, solamente, me da mucha desesperanza ya no confiar en las palabras. Necesito volver a herirme para retomar la confianza en las palabras. ¿O no son, acaso, las palabras las que hieren? Un te quiero a la hora del té, un te amo dicho en la brisa, un adiós en la terraza, un lamento de querer dejar de recordar garantiza la fuerza inconmensurable del lamento y qué carajo es en el fondo pero también en la superficie el recuerdo que se quiere olvidar sino una pila de palabras dichas o hartamente dichas en el lugar correcto y en el preciso momento donde los tribunales de todo el mundo van a juzgar delitos y pasar por el filtro de la indiferencia las palabras dichas que tanto me duele, Pájaro azul. Volverse a herir. Saberse uno provocador de esas heridas que van, con los años, haciéndote duro, haciéndote calvo, haciéndote un poco pelotudo. 
Me cansa mi demagogia, mi histeria, mi falta de precisión. Mi incapacidad para definir las palabras. Los juegos que hago. Lo que me harto. Volver a herirse para recordar que lo que más nos hiere son las palabras. Y volver, así, a creer en las palabras. En las esquinas, en las borracheras, en las discusiones, en las noches que pasé con Hank. En las esquinas donde esperamos el repartidor de ciclotimias que ya estaba preso, en las discusiones sobre minas que vos te cogiste y yo me cogí, en las noches tontas y mansas donde nunca pasaba nada pero yo podía sentarme en la banquina, con vos, con Hank, y el tiempo se escurría menos, y la vida tenía más sentido. Porque con Hank sabemos lo del pájaro azul, la inconmensurable estupidez de los días, del amanecer, del cielo, del viento, de la poesía. Nosotros, Hank, compartimos algo: nosotros hemos hecho papelones, nosotros hemos fracasado perdiendo hasta la dignidad, nosotros no tenemos un mango, nosotros pegamos tres billetes y pagamos la mesa, nosotros tenemos amigos que nos bancan a muerte, nosotros somos muy hijos de puta, nosotros en cambio, en nuestros parámetros de comisarías, trabajos mal pagos, trompadas de maridos, enamoramientos frustrados de travestis que ya cambiaron de orientación sexual, libros de saldo que en la facultad ya leyeron, eterna mala fama de tipos que andan armados con el 38 de la desesperación, nosotros, chicos tiernos de velorio, sensibles hasta la imbecilidad, cínicos hasta el colmo de la violencia verbal, caraduras, colados en esta fiesta, prestigiosos chantas que tememos lo que deseamos: bueno, sí, deschaven nuestro estilo de vida, cuenten todo, y qué. Pequeños impostores en la fiesta de la clase media. Haraganes de la concha de la lora. Grandes valores de nuestros barrios. Nos adoran los obreros de la infancia, sienten orgullo de nosotros los albañiles, los ferroviaros, los camioneros, las sirvientas, los municipales, las putas, los changarines que se ganan el mango, los policías. Los amigos de nuestro barrio. De nuestra infancia. Nos admiran. Nos quieren. Saben que somos cobardes, mentirosos, chapuceros, pero capaces de cruzar el mundo a nado para ir a salvar a un amigo. Nos odian los abogados, los médicos, los escribanos,los productores rurales, los dueños de la sartén, los dueños del mango. Nos junan arrastrados por tres pesos. Y nosotros, agachando la cabeza, vamos detrás del porvenir. Y sobrevivir. Somos expertos en cocinar arroz y fideos, en gastarnos el aguinaldo del planeta en una noche, en sentarnos en el banco de un parque a planificar quién puede pagarnos un porrón. Hank, estoy nervioso. Colgando de la cuerda. Bah, no, nerviosos están los ejecutivos de las multinacionales, yo estoy enojado. Y me siento a escribir. Y cuando me enojo me pongo así. Así de pajero. A veces me da miedo, Hank, qué será de nosotros. Metidos en un mundo ajeno. Haciendo la cola en la fila equivocada. Crédulos, soñadores, violentamente leales a ideales que nos hicieron conocernos. Pensalo. Ya nos hemos reído mucho. De esas cosas. Cuando la fiesta termina. Nosotros cagados de hambre porque nos da verguenza agarrar esa comida que no conocemos, que nunca cocinó tu vieja, en Santos Lugares donde soñó los poemas de la vida que no pudo hacer, que nunca cocinó mi vieja, enferma y luchadora, allá en Paraná.  Nosotros cagados de hambre, apartándonos al rincón, sabiendo que somos pibes de barrio, que nos queda grande, que siempre andamos peleando para llevar algo al barrio, que nos vamos, boludamente, resignando, a esta vida de mensualidades a casas ajenas, de puchos que le robamos a la mesa de al lado, de lo que parecen frustraciones, fracasos, perdiciones y son para nosotros, ja, la fiesta, el corso, la vida, la larga risa de todos estos años. 
Gracias, Hank, por haberme pedido que te haga el prólogo para tu libro. Quería decirte que me siento orgulloso. De que me hayas elegido. Que muchas veces siento que esta pena vale la pena. Ojalá, contra las burlas, contra los miedos, contra las tentaciones del éxito, dejemos volar libremento al pájaro azul en el cielo de nuestras almas oscuras. 

martes, enero 03, 2012

Rasguido doble

Hola, forros. ¿Ya se volvieron expertos en metástasis, además de saber de motores de aviones, patrones impositivos para los niños bien con tristeza, políticas monetarias, reclamos del GAFI, tipificación en el código penal, problemas causales de la inflación, crisis financiera internacional, cotización de la soja, formación de gabinetes, industrias del papel y constitucionalistas de la puta padre?
Abrite un blog si sabés tanto.
Antes, la opinión sobre TODOS los temas estaba reservada a nosotros, los periodistas. Que estudiamos, para opinar, siempre listos, sobre todos los temas, a Marcuse. En mi curso -con Silvia Delfino (nunca la aprobé a la materia, no me acuerdo porqué, pero la recursé. Y...tampoco. Pero creo que me iba antes de rendir o algo así. Sabía de la materia, la enloquecía a la profesora, que me caía tan bien, pero así eran las cosas)-nadie entendía un carajo sobre Marcuse y esa era mi oportunidad, después de clase, con las chicas. Siempre fui un turrito. Más con la dialéctica del iluminismo, de otros autores, claro, tesis que algún avispado con vocación notará que sostengo en las apreciaciones, por otra parte irrelevantes, de la modernidad. Me gustaban esos días. Yo era una especie de profesor itinerante, recorriendo casas, bares, explicando las materias. Las materias que no rendía. No estudiaba. Por eso me costaba rendir. Pero leía esas tonterías. Ahora me aburren. Ya sé, no son tonterías. Son cosas serias. Pero las dábamos sustraídas de los debates que despertaban y supongo que eso me aburría, no sé. Yo leía con más entusiasmo, por los debates, las revistas académicas. Después fui descubriendo el secreto. Hay un secreto guardado en las páginas misteriosamente soleadas, radiantes, intocadas, intocables, de las revistas académicas. Un secreto compartido por pocos. Por muy pocos. No voy a ser yo el que lo devele.
Hubo un tiempo en que me interesó el psicoanálisis, pero en los cruces (forzados, diría hoy, pero a quién carajo le importa lo que diga) con la teoría literaria. Sostuve muchas inútiles polémicas sobre categorías que ya entonces a nadie le importaban. Yo jugaba a la ruleta rusa de los conceptos. Siempre al borde. Era, como alumno, muy hinchapelotas. Entre otras cosas, porque sabía. Y no era, por supuesto, modesto. Incluso, era peor que ahora, que aprendí a disimular o reírme de mí mismo. Anoche escribía una cosa muy triste. Muy linda a la vez. Sobre aquellos años. Mi word está lleno de secretos. De apuntes. De novelas. De ocurrencias. De planes locos. De notas sin publicar. Como si un pibe caminara contra la montaña colgando de un palo una bolsa de equipaje. Como se iba, cuando se iba, Tom Sawyer.
Con Marcelo Luna estudiábamos, años antes, mis años marxistas latinoamericanos, cosas muy densas. Cuestionábamos, desde una perspectiva latinoamericanista, el marxismo. Nos habíamos ido, después de un paso fugaz por el Partido Comunista, al estudio de las cosas nacionales y populares. Yo tenía menos de 20 años. Gobernaba el menemismo, la brecha, sosteníamos, se abría en el interior del peronismo existente o no se abría. No nos hicimos menemistas, ni ahí, que no se malinterprete, pero sosteníamos esas cosas por la conformación de la Alianza. Visto a la distancia, no estábamos tan desencaminados. Y ese camino me iba alejando de psicoanálisis y la teoría literaria y la comunicación. Después vinieron años locos, de postestructuralismo y hubo un reencuentro, como superación. Oh, estábamos superados de todo. Del leninismo. O sea, creíamos, de todo. Qué cosa. Igual, cuando miro para atrás, yo era loco, siempre lo fui, pero tenía una conciencia realista de las cosas, sabía analizarlas con eficacia. Dije muchas boludeces, quién no, pero del conjunto de locos, por lo menos a veces yo tenía los pies sobre la tierra. Hasta ahí nomás, eh. Tampoco la pavada. Y así. No sé porqué cuento esto. Chau, los quiero a todos. 

lunes, enero 02, 2012

Gracias Cobos.


Gracias, Julio Cobos. Gracias a tu alianza con la izquierda de este país (el PCR, Vilma Ripoll, Hugo Biolcatti) la argentina se refuerza para afrontar la crisis internacional.
La baja de los precios de la soja, en tanto no está vigente la 125 (que bajaría las retenciones) implica un menor componente de inflación importada y un mayor recupero social de las exportaciones de la oligarquía. Con algunos ajustes en la balanza comercia (por ejemplo, no importar tanto...papel, ja) y con las reservas intactas en el cierre de año en valores nominales, se puede, en todo caso, modificar el concepto menemista de "libre disponibilidad2 y en vez de cubrir la mitad de los vencimientos con reservas, cubrirlo todo. Ah, gracias, nuevamente, Cobos, porque tu payasesca defensa del novio de Luciana Zalazar abre el camino para desmenemizar el Banco Central, tarea todavía pendiente. Incluso, podría ser presidido por alguien progresista, es una idea que tiro, manejalo.
¿Sería mejor para la argentina que aumentara el precio de la soja?
Dos cosas: 1) las exportaciones se han diversificado, aumentando la participación industrial y agroindustrial, a pesar de Vilma Ripoll. Pero la soja, se ha diversificado por destino. Es decir, se vende a muchos países. Lo cual, en esta crisis mundial, es bueno.
2)La importaciones aumentan, incluso por encima del crecimiento económico, pero se reducen los componentes sensibles en algunas industrias ensambladoras (los autos, por ejemplo, los balckberrys, también).

Ahora sí, ¿sería mejor un aumento de precio de la soja?
Sí, quizás sí. Sobre todo si la sociedad pudiera aumentar las retenciones a las exportaciones de la oligarquía. Pero, hay una decisión del G-20 de bajar el grado de volatilidad de las comodities, y bue.
La argentina está apostando a profundizar el modelo, un eslogan vacío -como todos los eslóganes, bueno, excepto el de Quilmes: el sabor del encuentro- pero que en la historia inmediata de tragedias, crisis, hecatombes y demases, la mera continuidad del tiempo, es un porvenir. Para la sacralización de las costumbres, el aprendizaje democrático, el avance de las capacidades estatales, y, corazones, para un necesario aprendizaje de la oligarquía diversificada que desfinancierice (¿existe esa palabra, se escribe así? No sé, pero se entiende el concepto) sus actividades menos productivas, como la agropecuaria.
Buenas noches, amiguitos, los quiero a todos. Incluido al Grupo Monopólico Clarín y al Grupo Monogólico Perfil.

Libre, suplemento de calumnias e injurias de Perfil, ahora hará otro trabajo para Clarín


Escondido entre los arbustos y con un largavistas, Darío Gallo, El Gordo Motoneta, espiaba a una mujer infiel cuando le vibró el celular.
Fontevechia, saliendo de un prostíbulo donde lo cogen con forro y silencio (no sea cosa que la gente se entere) le avisaba que Libre, el suplemento de calumnias e injurias de Perfil, dejaba de salir. 
Una pena para los amantes del buen periodismo y bien escrito, pero el paso de Lanata por esa cloaca, fue el broche para que se sincerar que no vende un carajo. Y que, el objetivo de psicopatear kirchneristas, resultó un fiasco.
Para adornar el asunto, desde Clarín le pidieron que hagan un paskín que se encargue de extorsionar jugadores de fútbol, que de última con esos vueltos, algo se puede hacer. El problema es que Clarín quiere que Libre aprete jugadores del Nacional B, que no tienen ni para un café.
¿Qué pasará?
Probablemente, Libre, el suplemento de calumnias e injurias de Perfil, no quiera prolongar los despidos y pague ahora las indemnizaciones, o sino que los intente aterrorizar para que vayan renunciando.
Los pendejos de TEA que fueron a escribir pelotudeces ya deben estar mirando adónde está la próxima parada.
Una pena.
Ya me divertían lo asquerosamente imbéciles que son.
Siempre nos queda Majul, por suerte.

Teléfono Rojo (2)

¿Porqué debería sacar mi tarjeta de crédito cuando, al igual que los pases electrónicos, bien podría, quedar en el bolsillo y un escáner debitar, claro que con mi consentimiento, lo que corresponda en el lugar que corresponda?
¿Y porqué mi tarjeta de crédito debería ser una tarjeta, si bien puede ser el teléfono el aparato que debite, acredite y opere?
Hoy eso no es posible por cuotas de mercado. No por competencia, sino por cuotas de mercado. En la fabricación industrial tanto de los plásticos de las tarjetas cuanto de los aparatos que todavía llamamos teléfonos.
Pero, en la historia del capitalismo industrial (y sin que éste esté financieramente globalizado) la lógica de los costos, siempre y cuando haya competencia imperfecta por lo menos, derriba las cuotas de mercado. Y el capitalismo industrial tiende a ser regido por la lógica financiera. Y el capitalismo comunicacional tiende a ser regido por la lógica financiera. Parece complicado, pero no lo es.
El mundo del cine, de las discográficas y de las editoriales tendrá que arreglar con internet -con los teléfonos- un nuevo patrón de ganancias. No se cómo será, sí se que, hoy día, la producción de contenidos que se consumen desde los teléfonos, no está mayormente en esas compañías productoras, sino en los consumidores. Con lo cual, es más negocio tener una plataforma que una productora de contenidos. A la inversa del viejo mercado de producción cultural en la era de la reproducción técnica. Y tendrá que existir, cuando los grandes jugadores del mercado se pongan de acuerdo, una legislación que lo respalde.
Facebook, Youtube, Blogger chupan contenidos legales (o sea, producidos gratuitamente por consumidores y ciudadanos) e ilegales (producidos por productoras) a un costo bajísimo. Son plataformas. Sus áreas de contenidos están enfocadas a la competencia y el mejoramiento de...las plataformas. Es un problema. Para los consumidores que producen, todo el tiempo, contenidos. Pero no tienen el poder político suficiente como para que importen a alguien en esta disputa. Es, entonces, solamente un problema (de fácil arreglo, ya se verá) para las grandes productoras de contenidos, como, por ejemplo, las discográficas. Que van mutando su negocio.
Antes una discográfica decidía con mayor poder político qué se escuchaba en cada radio. Y el negocio era vender discos. Hoy, el negocio son los recitales y son las plataformas las que principalemente deciden (aunque nosotros, los usuarios, creamos que somos nosotros). El cruce para una solución es una alianza, en vez de la actual guerra, entre plataformas y productoras. Si ambos rubros de empresas, en la actual situación embrionaria de financierización, terminan concentrándose, restaría el paso obvio de los acuerdos corporativos donde ambos maximicen ganancias.
Como sucedía con el mercado televisivo, de prensa gráfica y radial, esto otorga, además, un gran poder político. Y tenemos, entonces, nuevos monopolios.
¿Cuál legislación (nacional) puede impedirlo?
Es muy complicado, corazones.
Básicamente porque las plataformas otorgaron mayor poder político a los consumidores (yo, estoy escribiendo acá: hace tan solo 10 años no podía hacerlo. Debía escribir para publicaciones más controladas políticamente. Ahora puedo escribir andá a la concha de tu madre, publicarlo, listo. Pero no escribo con total libertad, no, los que creen eso es porque están alienados. No es sólo los condicionamientos sociales, psicológicos subjetivos y demás. Estas plataformas traen un manual de estilo, un contorno, una lógica que guía la escritura. Ese manual de estilo tiene la impronta cooperativa -engañosa, como toda cooperativa: ya Marx estudió estos problemas en relación a lo que llamó socialismo utópico- colaborativa, fordista de la escritura) y rompieron, así, la vieja lógica de la producción de cultura comercial, la que Walter Benjamin estudió acá.  Colisionaron con dos paralelas: la lógica militar, que creó internet, y la lógica de los monopolios de las industrias culturales que, vivarachos, se saltaban las fronteras, creando, sin saberlo, el germen de su propia destrucción. En la colisión de ambas paralelas (las paralelas no se chocan, claro, bueno, sucedió lo impredecible: tropezaron, por boludas. Como la farolera) están las plataformas.

El perfecto barro de la historia

Del blog de Aldo Jarma:

iernes 30 de diciembre de 2011

BUENOS AIRES ERA UNA FIESTA


La última película de Woody Allen“Medianoche en París”, es un homenaje a la época que describió Ernest Hemingway en su libro “París era una fiesta”: una ciudad revolucionada por personajes que pasean y sobreviven en un clima de bohemia creativa, una ciudad donde todo está al servicio de la pasión de escribir y donde los hombres sólo son fieles a cierta misteriosa clase de ensueños.
Muchos todavía no se dieron cuenta, pero uno de los motores del kirchnerismo, hoy triunfante, estuvo en esa Buenos Aires que era una fiesta, plagada de resistentes: los escritores, mis amigos los blogueros (y sus fiestas) y la infantería twittera.
Y es que ante las encrucijadas de la historia los hombres se dividen, irremediablemente, en dos grupos: los que pelean y los que no. Y entre los que elegimos pelear, se formó un grupo de amigos extraordinario a los cuales no los unió la buena suerte sino la lucha y los infortunios. El perfecto barro de la historia.
Por eso estoy convencido que además de Néstor y Cristina, el colectivo del kirchnerismo que pasará a la historia no será ninguna de sus ramas políticas sino el de los luchadores de la palabra (algo de eso intuye Beatriz Sarlo en su último libro): los blogueros, twitteros y demás artistas de la palabra y la imagen que consiguieron que Argentina toda fuera una fiesta estos años: logrando que la pelea fuera divertida, alegre. Que valiera la pena.
La vida y el destino, a veces, nos enfrentan a juegos sutiles que requieren soluciones creativas. Los blogs fueron eso: una guerra de guerrillas con las armas de la palabra hábilmente mezcladas con fotos y videos. El reino de la ironía al servicio de poner en ridículo a “los gigantes”. Varios David divertidos y jodones atacando a un Goliat triste y enojado.
Un veterano y reconocido periodista tucumano me dijo hace ya casi 3 años: “ustedes están haciendo una nueva forma de periodismo que no llego todavía a poder definir ni sabría cómo hacer, pero que nos sacude a todos”.
La historia registrará eso.
Vaya un gran abrazo, entonces, para todos mis amigos conseguidos en estos años maravillosos por intermedio de esta fenomenal herramienta de comunicación: a los blogueros, comentaristas y lectores. A todos los que se identifican, aunque sea un poquito, con esta canción:

No pienses que estoy loco
es sólo una manera de actuar
No pienses que estoy solo
estoy comunicado con todo lo demás.

Por eso cuando estés mal
cuando estés sola
cuando ya estés cansada de llorar
no te olvides de mí
porque se que te puedo estimular.


¡Brindo con ustedes para que el 2012 sea una fiesta que sigue!