En Artepolítica
Sin embargo…sin embargo, Sarlo es Sarlo y hay que tratarla como tal. Desde Barone, pasando por Sandra Russo hasta Forster, todos miraban con respeto y recato a la intelectual. Su ambivalencia y su poder discursivo la sitúan en un centro fugaz y deconstructivo que obliga a dejar un poco de lado la declaración repetitiva que defiende a CFK, y desviarse y naufragar en las palabras y declaraciones de la ensayista y ahí seleccionar qué puede ser inteligente o qué no en Sarlo. No subestimarla como podríamos subestimar a Nelson Castro o a Magdalena, pero tampoco bucear y quedar atrapado en su rizoma posmoderno que criticar fragmentos del kirchnerismo y nunca llegar a esa “ultima instancia fundamental” que es la magia y el proyecto kirchnerista.Y me atrevo a decir no sólo magia y proyecto, sino logros políticos y económicos que quedaron ya registrados en la historia
Y es que Sarlo no maneja esa filosfía “nacional y popular”, y ella puede citar a Baudrillard y a Deleuze y a Bourdieu, instrumentalizar bellamente sus conceptos como todo posmoderno , pero nunca haciéndose cargo del efecto discursivo de sus declaraciones. Pero claro, hacerse cargo de una declaración es pensar que el intelectual tiene una función política como decía Jean Paul Sartre, y la señora cree que el intelectual no debe hacerse cargo de esas cargas molestas que le endosa una época.
¿Qué defiende Sarlo? Si ella aclarara qué defiende sería más responsable con sus críticas… y sería menos Sarlo. La vemos ahí, sola, aislada, con su super ego y soberbia como apoyo y fundamento, con su responsabilidad de ser una intelectual “en el borde de todo”. Sarlo no necesita de mitos como los de Kirchner y el Eternauta, ella sabe qué teoría puede deconstruirlos, ella sabe qué funcionamiento maligno y sospechoso subyace en esas construcciones políticas calculadas.

