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jueves, abril 10, 2014

Por qué hubo Stand Up por Cadena Nacional




La presidente, no es un secreto, como hace un año contaba en el video que abre este post, quiere instalar a través de un libelo irrelevante escrito por Sandra Russo a su hijo Máximo, para continuar una alicaída dinastía desde la muerte del único político familiar, Néstor Kirchner. Tras la muerte de éste, la familia se decidió a gastar el dinero y el capital simbólico acumulado, llegando, con naturalidad de feriado puente, a esta desgracia de crisis autoinfringida.
Máximo, por su parte, carece de la formación política y la vocación para salir al ruedo, por eso se hace hablar a través de otros.
La irrupción de un conjunto de blogueros durante la batalla contra la Sociedad Rural del 2008 hizo que el gobierno, en toda el área de influencia de Máximo, se nutra de este semillero para cubrir funciones de gobierno y para que operen como correa de transmisión en el periodismo con suerte diversa. La suma de complejos de inferioridad y liderazgo de chequera le trajo una suerte despareja: el que le vendía los talentos ajenos, Patucho Alvarez, hoy presidente de Télam, se solía quedar con los mandados. Y en buena medida fue por eso el estrepitoso fracaso de Máximo, que es Cristina, en construir lo que imaginaron una generación de cuadros culturales. En el fondo, por su vida de nuevo rico y como se puede notar en su retracci´n, ocultamiento y secretismo, cualquier cosa de masas le pareció una grasada. Por eso, además, la elección de Sandra Russo, la promoción a funcionarios a muchachos creativos con pátinas intelectuales y así.
Pero, volvamos, al punto: hoy, todo eso resultó un evidente fracaso. Los ladris de Télam no tienen disimulo, la prensa comercial pro-K no funciona, los mercenarios alquilados actúan sin convicción y la resaca más torpe de ese semillero es la que les queda aunque ellos siempre la despreciaron, con justa razón. El Pájaro Salinas, Gerardo Fernández, la Agencia con la que quiere currar Abel Fernández, etcétera, no valen ni dos pesos. Y además, piden constantemente guita para no volverse "críticos".
De todos modos, no es por nada de esto el problema que atraviesa La Cámpora, sino por el giro a la derecha, el vaciamiento político y una línea delirante. De todos modos, ellos no pueden más que atribuirlo a una suma de alejamientos.
Ahí es donde aparece un chico Selsci, Damián, de mi edad y una trayectoria de rata editorial, de esos que andan mangueando un poco de relevancia narrativa en las periferias de los últimos eslabones de ésto. Después de una incursión fallida en mis peñas, trató de acercarse a Télam insultando a Martín Rodríguez y a este humilde servidor de cuero curtido en mil batallas. Y paciente como un buitre solitario, jejeje.
Una vez comprada la prensa, copada la libertad de expresión y más o menos aceitada la relación con los grandes jugadores del mercado, el mensaje, aunque vacío y con frecuencia estúpido, fue ocupado. Claro que desde las redes se les cae esa pomposidad y es ahí, como saben los lectores de este blog que siempre advertimos, desde donde se armaron las grandes marchas opositoras y donde se pulverizan hasta el ridículo las iniciativas del brazo que se pretendió juvenil y hoy es una comparsa de viejos chotos prendidos al presupuesto estatal y su maquinaria afónica de propaganda.
Selsci escribió una nota contra "los analistas" reivindicando la falta de sapiencia para el análisis político y la militancia ciega en los intereses de una familia, los Kirchner.
Como todo kirchnerista de hace media hora irrumpía con un fanatismo pueril que pasó sin mayor gloria, hasta que Hernán Reibel,el valijero de Máximo Kirchner y hoy una especie de Apold pesificado (la metáfora pertenece a mi amigo el Coronel Gonorrea, un hombre con el talento suficiente como para hacerse odiar por esta comparsa) le ordenara a Gerardo Fernández que lo suba. Lo cual me sirvió para romper lanzas definitivamente y así armar un pequeño escandalete que no sale de acá pero que es, siempre, leído por todos quienes integran cada vez con mayor desconfianza esa maquinaria afónica de la defensa melancólica del kirchnerismo y la tibia pancarta caricaturesca que es hoy.
Este muchacho Selci fue el encargado, también, de tratar de reflotar los d9ichos de Sandra Russo a nombre de Máximo, como acá contamos extensamente. 
Todo terminó, como se puede apreciar, en un enorme papelón. Pero como es la última bandita de alguaciles de bóbedas conceptuales fracasadas, les hicieron un espacio vía Télam dentro de la Feria del Libro K, donde la ausencia de figuras de peso en el campo cultural se suplió con el mamarracho de pasar atrás, en pantalla gigante, nombres de gente que creen tener en alquiler. (Razonan así, así les va).
Tenía que servir, además, esa feria, como relanzamiento de una plataforma de cuadros que batallen contra su ridiculización en Internet. Por eso el reclutamiento y oneroso pago a "famosos activistas de internet" de todos lados, marginando a los boludos que tienen hoy para cumplir esas funciones, cuyo fracaso se debe a que cumplen esas funciones. Para ejemplificarlos: si yo les hubiera hecho medio caso a sus indicaciones, no me leería nadie.
Pequeña digresión:
-En el año 2010 lo mandé a la concha de la lora a Reibel, ya no recuerdo por qué. Y entonces Máximo designó para que hable conmigo y tener un nexo con el gobierno al empresario sojero Wado de Pedro. Con quien ocurrió este único diálogo sobre ese tema (por teléfono):
-Hola, Lucas. Te llamo de parte de Máximo. Salió en Perfil algo que...
-Lo leí.
-¿Podés escribir algo al respecto?
-No.
Bueno, mandamelo al mail que yo se lo muestro a Máximo
-No, no escribo a pedido.
-Ah, pero me dijo que
-No escribo a pedido. Saludos.

La Feria del Libro K, pensada desde hace mucho, viene a suplir el mamarracho de que la feria del Libro anterior, en la Sociedad Rural, derivó en que Cabandié habló (con un discurso que le armé yo) sobre Identidad en la presnetación...¡del nuevo DNI! y una charla en el stand presidencial donde me burlé del gobierno.
Este año le abrieron a todos estos que pululan en derredor de Télamcon ánimos de enriquecerse fácil y ahí es donde llegamos a este mamarracho: el tío de Damian Scelci, hizo la payasada esa de Negro Ciruela, Mustafá Yoda d9o su aporte a la Encicplopedia Natural del Bobo y una serie de charlitas ocuparán el frágil currículum del Comité Literario de la Casa Rosada
Desde esa plataforma, la Feria del Libro K, pretenden entrenar un batallón de Spamnauta, tras el fracaso de los call centers de Hernán Reibel y con el objetivo de golpear con más argumentaciones en las redes sociales contra los principales críticos del kirchnerismo. Fracasó la de psicopatearlos, difamarlos en los foros y armar fakes sin gracias. Fracasó, también, el plan de construir desde Radio Nacional un búnker de guerra de guerrillas en internet (plan que conversé, en su oportunidad con Máximo).
Es desde Télam donde lloverán los contratos para los mercenarios de alquiler y, les paso un dato contundente: frsacasaran.
Si los que defendíamos la ideología nacional y popular lo hubiéramos hecho por guita y bajo ordenanzas peleados con la lectoescitura, nunca hubiera sido, como fue, eficaz.
Las ideas no se matan. Ni se compran.
Los quiero mucho.


El linchamiento salarial



El paro, desde la alcahuetería cristinista, está tratando de ser contrastado con el tradicional abanico de tácticas del 2009, con la pequeña diferencia de que quienes tenían verdaderamente talento intelectual para ese escenario de hace 5 años, hoy están apartados. Qué pena, los paros de tres de las cinco centrales sindicales no se frenan con abogados haciendo torpes análisis de medios o esa petulancia de mostrar biografías y prontuarios con un amateurismo conmovedor.
Mientras la CTA beliebers viene de hacer apenitas 17 días de paros en la provincia del único candidato a presidente serio del ya extinguido Frente Para la Victoria, mientras continúan los paros docentes en  otras provincias o está sostenida la continuidad de las clases, como en Entre Ríos, con la patria cautelar (ex mala de la película) y el titular de la CGT beliebers considera que los trabajadores se están cagando de hambr mientras le bronta despidos por todos lados gracias al boludito de Kicillof y su política anti industrial, además de la simiótica, ahora viene la nueva versión de ¡Volvió la política, qué cagada! con el muy menemista recurso de los que quieren ir a trabajar y no pueden, este paro es político, daña la productividad y así..
Todo muy De La Rúa, dicho sea de paso.
El megamacrohiperdrama es solamente un paro, livianito teniendo en cuenta el recorte salarial, los planes sociales congelados desde mayo del año pasado -hace casi un año, donde hubo una devaluación del 60/, la caía del empleo industrial, el aumento de la precarización, un tarifazo y las evidencias de corrupción que dejan la sensación (correcta) de que la oligarquía política y económica la pasa bomba a costa de nuestro sufrimiento.
Los intentos estúpidos por distraer la atención de este paro, que incluyen a la presidente violando la ley de medios para hacer un verdadero bochorno payasesco- o las arremetidas de Berni contra los dealers cuando se descubren con claridad los nexos de Cristina con el narcotráfico muestran con sencillez que los problemas del gobierno nada tienen que ver con la comunicación, sino con el giro neoliberal y la falta de gestión. Es decir, con la sacrosanta vagancia de Su Majestad y su familia.
Con su agenda pulverizada (nadie habla de grillas, Hlip Hop, Malvinas, Mortadela ) y sin capacidad de reacción, disfrazada de Heidi porque están linchando ladrones, la presidente abandonó también la política de no reprimir protestas sociales y como anticipo de ésto manda a decir a sus beliebers -que ahora solo caben en un patiecito de su poco concurrido despacho en la Casa Rosada- que no se reprime tanto por obra y gracia de su majestad y no porque corresponde constitucionalmente, en otra muestra más de que será poco y nada lo que deje su segunda presidencia. Probablemente la más mala después de la de De La Rúa.
Con los beliebers K que hasta ayer creían luchar contra la derecha y hoy se encuentran diciendo barbaridades de la izquierda y los sindicatos (los más audaces, suman a los trabajadores que paran) paralizados ante la imposibilidad de hacer análisis de medios en plena cruda ydesoladora realidad, el paro es simplemente visto con simpatía por todos quienes vieron sus sueldos tirados al piso y pateados por el gobierno.
Es el linchamiento salarial, sencillamente.
Si la SIDE comete la torpeza de armar desmanes, puede ser la chispa que encienda la pradera.
El pésimo humor social que se vive siempre puede espiralizarse. 

viernes, abril 04, 2014

La pensión del olvido




Vengo de un velorio.
Saqué varias conclusiones de sublime irrelevancia y contundente improbabilidad pero adjetivadas con una solemnidad de la concha de la lora.
Por ejemplo; en las salas de velatorio la gente va menos al baño que en cualquier otro lugar de reunión y mira menos la hora y habla menos por teléfono. Y se agrupan más; pero no se forman grupos de pertenencia o identidad, tipo peña universitaria, que buscan los rincones, algunos, otros el centro de la pista, los alrededores de la barra, el pasillo para faloperos, la puerta del baño. (Casi todo lo que había que aprender sobre el desengaño del amor y la revolución yo lo aprendí en las peñas universitarias de todas las universidades que abandoné: soy bachiller con orientación atorrante. Es una orientación que se consigue en las escuelas nocturnas. Esa melancolía del obrero precarizado). Sino que se agrupan de otra manera, hasta el punto que los dueños de las cosas están en el mismo perímetro circular que su empleado, por ejemplo. O el líder político le sirve un café al custodio mientras la segunda familia del finado va entrando con su prole desheredada.
Son grupos, los que se forman, obstructivos, por llamarlos de algún modo, aunque no, no es eso. Se rompe la dinámica espacial. Es decir, se forman grupos en la puerta, en los pasillos, en la salida del garage. No son grupos invasivos como una reunión de consorcio que, como todos sabemos, se engrupen ocupando tooodo el pasillo para decidir cómo capitalizar el dinero de los alquileres. En esa democracia directa de inmobiliarios llenos de rencores y chismes y cartas documento donde siempre por los honorarios de un albañil se está por desatar la tercera guerra mundial y tras un par de horas de insultos vuelven a sus departamentos aburridos a mirar un canal de cable para gritarle al televisor que los políticos deben generar consenso. Esos grupos de propietarios arrogantes que en última instancia solo se reúnen para avisarle al portero que por más que dialoguen sobre las banalidades habituales (fútbol, policiales, clima, política) usted es nuestro empleado, usted no es propietario, usted debe agradecernos que le digamos Buen Día y que le paguemos una fortuna. ¿Que los porteros no cobran una fortuna? Sí, es una fortuna: cobra 10.000, por nada. Barre. Dice Buen Día. Se culea al trolo del 7mo C. Yo, en cambio, me rompo el culo laburando toooodo el día en el estudio, haciendo los papeles de los campos, haciendo negocios, porque yo me hice de abajo, yo no le debo nada a nadie, yo pago mis impuestos. La balada del individualismo en las buenas se hace tango socialista en las malas: asambleísmo vecinal.
Son grupos torpes, los de los velatorios. Desubicados. Inoportunos. Como la muerte, digamos.
Es raro encontrar alguien solo. Las salas de velatorios son la antítesis de los casinos (donde todos están solos y salen más solos aún) y lo opuesto a los bares. En los bares, si alguien está solo, todos entienden que busca que no lo molesten. En los velorios, si alguien está solo, se interpreta rápidamente y con cierta ligereza que esa persona busca y desea y necesita urgente consuelo. Probablemente, en la mayoría de los casos sea así.
Se dice que los aeropuertos y los shopping son no-lugares. Podrían, también, serlo las salas de velatorio. Pero no. No son un no-lugar, son un reeee lugar.
Y esto es raro: cuando vas al tercer cumpleaños de 15 en el mismo salón (cosa muy frecuente en ciudades como Paraná) hay más, en el ambiente, del salón que de la cumpleañera. Y aunque hay más salones de bailes que salas de velatorio (lo cual no explica la supuesta superpoblación, sino la desigualdad económica), cada ceremonia fúnebre es distinta. Aunque el lugar sea el mismo. Como cuando vas al cementerio: no vas al cementerio, vas al hotel absoluto de tu abuela, del amigo que se suicidó, de la ex novia que murió, de la tía que te odiaba y un día te dejó de molestar.
Parecen cosas obvias: la tensión, el dolor, la singularidad de la muerte, hacen que una casa de velatorios no sea igual que cualquier otro lugar de los que frecuentamos socialmente. Pero...a todos nos habrá pasado alguna vez: en el lugar donde hubo una muerte inesperada (¿existe tal cosa, existe la muerte inesperada? No, lo que es inesperado es el momento. Como si todos supiéramos cuándo hemos de morir...pero bueno, todos sabemos que vamos a morir) y trágica, a ese lugar, cada vez que volvemos, rehacemos la escena. Una y otra vez. Queda marcado para siempre -en esa eternidad singular que es cada vida- el lugar con esa muerte.
Es cierto, esos lugares no están predispuestos para la ceremonia de la muerte: uno que abre la hornalla y escribe una carta y adiós, uno que se duerme para siempre en un geriátrico, uno que vuela en una esquina sin semáforos, uno que pierda una pelea y así. Ese lugar donde vivos morir a alguien ya no será una iglesia, una avenida oscura, un club de pescadores; será de ahora en más el lugar donde alguien murió. La sala de velatorios, claro, está para eso. ¿Pero cuál es la correlación entre recrear el mismo lugar -una sala de velatorios- ante cada evento mortuorio, rehacerlo en la percepción y que ese lugar esté, justamente, sobreinterpretado, que ese lugar sea ultraobvio, sin sorpresas, metaexplicado y sin embargo cada vez que pisamos ese lugar es un lugar nuevo?
 Otro dato. Las personas mayores conversan más sobre tópicos ajenos al muerto, las circunstancias de la muerte y los familiares del muerto. Solo lo justo y necesario. En el sentido práctico, más el morboso y el chismoso.
Los más jóvenes agregan largamente cara de circunstancia, además. A los comentarios prácticos del muerto (cómo murió, cuándo, por qué, para qué, etcétera) y los aspectos morbosos -esa manera de asomarnos a lo que nos espera- y los chismes que ordenan nuestro mundo cotidiano, le agregan la cara Lucky Luke de circunstancia. Cara de duelo protocolar y acné. Con esa fatuidad insegura de los adolescentes. Ensayando muecas de homenaje al trastorno irreconocible de la muerte. Cuando sos joven la muerte es un imprevisto escatológico.
Los adolescentes se juntan en la vereda y casi ni hablan. Se meten las manos en los bolsillos. Hacen zizag con las zapatillas. Como si en el fondo no supieran qué deben hacer, cómo deben comportarse, aunque tratan de encajar, respetuosamente. En esa rutina de jubilados y flores. Cuando sos viejo la muerte es un accidente doméstico.
El café de las salas de velatorio es de mala calidad. Se consume porque sí, para hacer algo, por la creencia compartida de que tomar un café es hacer algo cuando, claramente, es un velorio: no hay nada que hacer. Incluso, exceptuando el café, los llantos, el tirarse al piso y pegarle a los canteros, hacer cualquier cosa práctica está prohibido. Bah, es legal ir a un velorio y ponerse a tejer o hacer encuestas sobre imagen del ministro, pero queda mal. Por algo los heladeros no entran. Tampoco los que venden 3 pares de medias por 25 pesos.
Los empleados de la funeraria -este detalle es importante, compañeros- son invisibles. Como los mozos que sirven agua en las convenciones científicas. Además, no tienen nombre. Ni rostro. Incluso hay quienes aseguran que las funerarias no tienen, en realidad, empleados. Que son maniquís. O extraterrestres. O buenos tipos, esos que nadie recuerda ni tiene en cuenta.
Se apoyan para esbozar esta teoría en el hecho irrefutable de que nadie conoce a un empleado de funeraria. Es cierto. Pero uno tampoco conoce a otros burócratas de la muerte para quienes morirse es un asunto contable. Uno no conoce coroneles, ministros de economía, terratenientes, obispos. Uno apenas conoce algunos muertos, algunos nos conocen a nosotros, a todos nos van a olvidar tarde o temprano. Yo conocí a uno. Era familiar mío. Se mudó a la pensión del olvido. 

sábado, marzo 29, 2014

Recién: lincharon a un joven en Palermo

El caso no es del todo sorprendente, hay un clima cultural y social que propende estas aberraciones. Sin embargo, a partir de este mismo relato, surgen estas dudas



  1. Solo agrego una cosa: no quiero, me niego a que nos acostumbremos a esto.
  2. Les mando un abrazo, me voy a tirar en la cama a ver si se me pasa la angustia y el dolor de cabeza.
  3. Nada, eso. Disculpen si fui desordenado. Quería contarlo ahora, ver si así me lo sacaba de adentro.
  4. ¿Quién pone el pie en el freno? ¿Nadie se aviva de que estamos fuera de control?
  5. Son una sumatoria de locuras, una sumatoria de horrores. No sé cuál fue el primero, pero sé que no quiero pasar por esto nunca más.
  6. Esto pasó, también, porque todo indica que la cana liberó la zona hace unos meses.
  7. Como decía Marlon Brando en Apocalipsis Now: "El horror, el horror."
  8. Alguien me dice por privado (luego los respondo) que parece un relato de Stephen King. Sí, es el horror.
  9. Tampoco defiendo al pibe, que debe ser un jodido. Digo: es como que se enfrentan monstruosidades.
  10. ¿Para qué mierda vivimos como sociedad? ¿Para esto? Como decían alguien: "Paren, entonces yo me quiero bajar."
  11. ¿Qué es lo que nos hace sentir tan huérfanos de Estado que empezamos a actuar como el Estado?
  12. Insisto, ¿cuándo, qué, cómo nos transformamos en esto?
  13. Al pibe se lo llevó la cana. Ni sé si quedaba alguien para denunciarlo. Creo que no.
  14. Disculpen que me trabe o no sea coherente, pero estoy llorando.
  15. ¿Qué es lo que nos transformó en esto? ¿Cuánto influye que Massa diga que el Código liberará a los chorros?
  16. ¿Hasta dónde llegamos? ¿Cuándo esta sociedad se hizo así? Tengo casi 43 años, y NUNCA fuimos así. Nunca. Nunca vi esto.
  17. Las preguntas son diez millones. Me recorren la cabeza.
  18. Mi reacción fue miserable. Ni estuve entre los salvajes ni entre los contenedores. Me paralicé.
  19. A ver si se entiende: eran tipos normales, como ustedes o como yo. Y estaban dispuestos a matarlo.
  20. Estoy seguro de que cualquiera de los que patearon al pibe, en otra situación, uno les habla y parecen gente, buena gente.
  21. Nada, la cana medio que calmó la cosa. La gente se desperdigó. A mí me temblaban las piernas.
  22. Uno la mira a la vieja que más había pedido que frenen y le dice en voz baja (al lado mío) "a vos también te doy, hija de puta".
  23. Cuando llegó la cana, los que más habían fajado al pibe empezaron a rajarse a la mierda. Fueron los primeros.
  24. Una vieja me mira y me dice "esto es el hastío, estamos hartos, nos vamos a matar entre todos en cualquier momento."
  25. "No lo maten, no vale la pena. Si por mí fuera le vacío una 9mm en la cabeza. Pero ya está, no vale la pena."
  26. Su explicación para frenarlos era absurda, pero efectiva.
  27. Me acuerdo de un tipo que los frenó. Gordo, barba, pelirrojo, medio pelado, por los 50.
  28. No puedo explicar cómo, no lo sé, no sé por qué, pero en un momento las patadas se empezaron a espaciar hasta que terminaron.
  29. En el medio, la gran mayoría que seguía gritando que había que matar al pibe.
  30. Me entré a angustiar mal. La sensación era que si la cana no llegaba al pibe lo mataban.
  31. Ahí empecé a llamar a la cana. 911. Imposible.
  32. A la mina que pedía que no lo maten le empiezan a gritar "¡usted debe ser la madre y lo quiere proteger, hija de puta!".
  33. Otro asentía y decía "tiene razón, peguémosle de a uno, es más justo".
  34. Un pibe, veintipico, barba larga, rapado, planteaba que era de cagones pegarle al pibe entre todos. "Peguémosle de a uno, nos turnamos."
  35. La cosa ya se había ido a la recontra mierda. Dos viejas pedían calma.
  36. En el medio se acercaba más gente. La gran mayoría gritaba "mátenlo". La amplísima mayoría. "Mátenlo así no jode más".
  37. No sé si estaba horrorizado del robo, de la golpiza o de todo. Pero lloraba y decía "basta".
  38. El que le había pegado al pibe. "Basta", decía, "basta de todo esto".
  39. El flaco sentado en el cordón, el que le habían afanado la cartera a la mujer, se empieza a agarrar la cabeza y a llorar.
  40. Miro hacia el edificio. El pibe estaba descalzo. Se ve que corría, le metieron una patada y el impacto al volar le sacó las zapatillas.
  41. Sobre el pavimento, cerca del cordón de la vereda, dos zapatillas. Sueltas. A unos 5 metros de donde pasaba todo.
  42. No sé, la frase me impactó y desvié la mirada hacia Coronel Díaz (estábamos a mitad de cuadra). Ahí vi lo que no me olvido más.
  43. El pibe alza la cabeza. Tenía los ojos llenos de lágrimas. Me dice "le afanó la cartera a mi mujer, el hijo de puta".
  44. Me le acerco y le apoyo la mano en la espalda. "Ya está, flaco, basta, ya está."
  45. De repente uno de los que pateaba se apartó para tomar aire. Se sentó en el cordón de la vereda. Tenía unos 30/35 años.
  46. Era como ver animales. En los gestos no había restos humanos. Uno de los que lo pateaba hasta tenía un hilo de baba colgando de la boca.
  47. Una mina de unos 55/60 años se acercó corriendo y empezó a gritar "¡lo van a matar! ¡paren que lo van a matar!".
  48. El resto del cuerpo se lo protegía (no sé si sin querer) el portero que tenía encima, inmovilizándolo.
  49. En el medio, obvio, seguían pateando al pibe. Algunos en la cara, otros en las piernas.
  50. Realmente, no sabía qué hacer. Paralizado. No podía moverme. Parado, solo giraba la cabeza.
  51. Yo estaba petrificado, con la bolsa que compré esta mañana para el casorio de mi hermana la semana próxima.
  52. Medio porque me asqueaba la cara del pibe, miré hacia la gente. Estaban todos sacadísimos.
  53. En el medio de todo esto, el portero (supongo) teniéndolo fijo contra el piso.
  54. Cada vez que el pibe daba signos de que recuperaba la consciencia, alguien salía de la multitud y le pateaba la cara.
  55. Para que se entienda: de la boca le salía un río de sangre que primero formaba un charco en las baldosas y luego un reguero hacia la calle.
  56. Los otros que entraban y salían debían haber hecho lo mismo, porque el pibe ya estaba con la cara medio deformada.
  57. De repente, una de las personas del tumulto se acerca corriendo y le mete una patada en la cara al pibe.
  58. Ahí, un tipo grandote con uniforme de portero estaba arriba de un pibe de unos 16/7 años, inmovilizándolo.
  59. Era un edificio ladrillo a la vista, con la puerta de ingreso metida hacia adentro, había unos 15 m cuadrados de espacio.
  60. De repente salían para unirse al tumulto. Me termino de acercar y empiezo a ver lo dantesco.
  61. Al principio, de lejos, lo que se veía, era eso, un tumulto de gente. Personas que de repente entraban corriendo hacia un edificio.
  62. Cuando quiero cruzar Billinghurst hacia Coronel Díaz, veo un tumulto. Estaba empezando justo ahí.
  63. Ocurrió en Charcas entre Coronel Díaz y Billinghurst. Yo acababa de bajarme del coche de mi jefa, que me había acercado a casa.
  64. A ver. Lo voy a contar ahora. Entero. No voy a dialogar hasta no terminar de contarlo, espero sepan disculpar.
  65. Fue todo muy angustiante, horroroso. Denme un rato y se los cuento.