Desde el aeropuerto de Ezeiza, aprovechando los subsidios de Aerolíneas Argentinas a Miami, partió al exilio ayer la moneda de 10 centavos. Esperaba reunierse con sus familiares (5 centavos y 1 centavo) para esperar que el billete de 5.000 pesos reescriba la historia dejándolos afuera. Revisione, digamos.
Bajó amargada del avión la monedita en Orlando. Se cruzó con unos venezolanos ricachones volviendo a su país. Llevaban remeras de Nicolás Maduro.
La monedita fue recibida por sus padres de 25 centados. Le dio nostalgia. Había creído en la privatización de la emisión. Después se supo que se habían apoderado, previamente, de la única imprenta que, si se privatizaba, podía hacerlos. Los mismos del gobierno que privatizaban la emisión eran los dueños de la imprenta emisora. No podía salir bien. Y no salió bien.
Entró la monedita a un hotel de Miami. No la aceptaron. Duerme en la calle.
Fijó domicilio en una alcantarilla.
No la pasa tan mal.
Excepto cuando llueve y la corriente de agua la arrastra por las cloacas.
Eche veinte centavos en la ranura
A pesar de la sala sucia y oscura
de gentes y de lámparas luminosas,
si quiere ver la vida color de rosa
eche veinte centavos en la ranura.
¡Y no ponga los ojos en esa hermosa
que frunce de promesas la boca impura!
Eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.
El dolor mata amigo, la vida es dura
y ya que usted no tiene ni hogar ni esposa,
si quiere ver la vida color de rosa
eche veinte centavos en la ranura.
Raúl González Tuñón
El violín del diablo (1926)

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