Convengamos que todos quisiéramos vivir como Cristina: arrancar el día a las 11 de la madrugada, desayunar en la cama café con leche, medialunas, carpetas de la SIDE y jugo de naranja, hacer que trabajamos mientras hablamos de la nada, mirar series hasta altas horas de la madrugada y, mágicamente, ser dueños de medio país.
Al igual que sus adeptos, el Gobierno sabe qué es lo que pasó, pero se niega a aceptar la realidad de que tarde o temprano se acaba eso de vivir el día a día bajo el mantra de que la vaca sojera siempre dará Ades. La única diferencia -más allá del notorio enriquecimiento de cualquiera que haya caminado cerca del despacho de Cristina- radica en que la joda de los talibanes de la tarjeta de crédito la tienen que pagar ellos, mientras que la partuza del Gobierno la pagamos entre todos.
Que la Corte de Estados Unidos ni siquiera amagara a tratar nuestro caso era tan previsible como la citación a indagatoria de Amado Boudou. Tan esperable resultó, que el despacho de abogados del mismo Gobierno hizo la advertencia y envió algunas recomendaciones hace más de un mes.
Ante la adversidad anunciada, Cristina reaccionó como esperábamos: con una cadena nacional a la hora de la cena. Sadismo puro. Incluso ella sabe lo denso que resulta y dejó el mensaje grabado para que nosotros lo veamos mientras ella ya estaba en pantuflas.
Cuando no hay nada para decir, la Presi sale en Cadena y tira números al voleo, saluda al patio de las Palmeras Monotributistas y se toma el palo. Cuando la cosa viene peluda, graba el mensaje, medita las palabras y mira a la cámara, a nuestros ojos.
En este caso hay que agradecer que meditara las palabras, porque si la calentura no se le bajó ni con un mensaje grabado, de haber ido en vivo en este momento estaríamos refugiándonos en el segundo cordón del conurbano para resistir la llegada de los marines norteamericanos.
Como si la ensalada no fuera suficiente, en la crítica hacia la Justicia norteamericana, la ligó la hogareña, a la que tildó de “contreras”. Uno tiene la impresión de que si la Justicia argenta fuera realmente independiente, en el Gobierno van en cana hasta los caballos de los Granaderos, pero se ve que a la Presi no le alcanza con Oyarbide, Casanello, varios secretarios y algunos camaristas. Cristina tampoco está conforme con tener al Ministerio Público Fiscal sometido a sus caprichos, ni con haber copado de camporistas todas las fiscalías, incluso la destinada a la atención, orientación y protección de la víctima.
[N.del A: Al día siguiente de que un testigo del caso Ciccone-Boudou denunciara que se tuvo que ir del país porque nadie quería protegerlo como testigo, la Procuración de Gils Carbó encaró una "reforma" tan divina en la protección de víctimas y testigos que consistió en reventar la oficina anterior y crear una nueva, con miembros del Ministerio de Justicia y otros buenos muchachos/as, como Malena Derdoy, militante de Patria Libre - La Cámpora. Sí, si sos testigo de un caso que perjudica al Gobierno, ellos son los que te cuidan.]
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