lunes, enero 11, 2010

Juicio Político a Cristina




Abran sus apuestas.
¿Antes o después de mitad de este año, los radicales y la republisarna anaranjada, piden Juicio Político a Cristina Kirchner, eh?

Chocar



La foto ilustra el accidente de ayer, en Chajarí, Entre Ríos (ciudad donde está bajando el agua, por suerte: hay 150 evacuados). El joven que chocó, vive para contarlo.
El vehículo que indudablemente se desplazaba a gran velocidad perdió el control y después de chocar un árbol, la baranda del puente y pegar de punta en la barranca del arroyo Yacaré, dio una vuelta campana y quedó recostado contra la pared del local de Marcos Neumáticos en la avenida Belgrano.

Acá hay más datos. 

Intervenir en el Banco Central

gem ha dejado un nuevo comentario en su entrada "Panorama complicadísimo":

Se acuerdan de esto? alli no salieron a pedir q intervenga la justicia o el congreso, será porque los favorecia a ellos? no les importo la gente comun.•Plan Bonex de Erman González.
El 1 de enero de 1990, Erman González, flamante ministro de Economía del gobierno de Carlos Menem, anuncia el Plan Bonex. El mismo establece que los depósitos a plazo fijo y en caja de ahorro especial serán reintegrados a sus propietarios en Bonos Externos (Bonex). Como medida complementaria se suspenden transitoriamente las operaciones bancarias a plazo fijo. Se llega a esta situación después de que el 28 de diciembre de 1989, último día hábil del año anterior, el dólar cerrara su cotización a 2.000 australes y las tasas de interés treparan al 600 % mensual. En esta situación hiperinflacionaria se esperaba que el 2 de enero, al reabrirse los mercados, la cotización de la divisa estadounidense alcanzaría los 4.000 australes. Con la aplicación del paquete de medidas implementadas por González se reduce significativamente el volumen de recursos monetarios en manos del público y se elimina casi en su totalidad la carga de intereses a corto plazo de la deuda pública interna. El Estado queda prácticamente como el único demandante de divisas. Se produce una fuerte caída de la liquidez que reduce el valor de la moneda estadounidense. La inflación en enero, sin embargo, pese al contexto recesivo generado por las medidas, llega al 80 %, duplicando el porcentaje que alcanzó en diciembre de 1989. Las tarifas públicas, que no se modifican desde la asunción del ministro, muestran un serio deterioro. En febrero se decide un aumento que duplica los valores de los servicios públicos. Esta alza, unida a la creciente devaluación, acelera el ritmo del aumento de precios que en abril alcanza un incremento superior al 200 %. En marzo, Economía se hace cargo del control de la empresas del Estado y le prohíbe al Banco Central financiar el déficit del Tesoro. La confianza en la nueva gestión se recupera de a poco y la inflación cede paulatinamente. Hasta el último trimestre del año se alcanza una relativa estabilidad que desaparece en diciembre cuando las contradicciones del esquema llevado adelante por el ministro Erman González hacen imposible su continuidad.

domingo, enero 10, 2010

Panorama complicadísimo

Por Raúl Degrossi

Dificultades para imponer sus proyectos en el Congreso, porque en ambas cámaras la mayoría es opositora.

Inconvenientes para suplir esa dificultad dictando decretos de necesidad y urgencia, ante jueces dispuestos a involucrarse con naturalidad en los conflictos entre los poderes políticos.

Una Corte Suprema independiente, que por momentos sobreactúa su independencia y que no tiene reparos (al menos en algunos de sus integrantes) en jugar roles políticos.

Un Banco Central y otras entidades claves del aparato estatal con veleidades de autonomía del poder presidencial, y en manos de enemigos políticos, actuales o futuros.

Apoyo condicionado y condicionante de un aparato partidario enmohecido y vaciado de contenido, cuyos dirigentes máximos miran con desconfianza su liderazgo, atentos a la primera oportunidad que les permita cobrarse viejas facturas

Aliados de conveniencias circunstanciales, que se despegarán sin dudas buscando mejores horizontes ante la menor señal de conflicto o desgaste.

Grupos multimedios desesperados por defender sus privilegios a como dé lugar, privilegios entre los cuales figura en una lugar preferente la intención de seguir marcándole la cancha y la agenda al poder político.

Empresarios desbocados en sus apetitos por apropiarse del Estado para desmantelarlo y ponerlo (más aun) a su servicio, con poca paciencia para los tiempos de la democracia y escaso o nulo deseo de resignar rentabilidad.

Una oposición -engordada incluso por los aliados de otrora- con la que no hay puentes de convivencia, dispuesta a recuperar el poder aunque sea erosionando la gobernabilidad.

Panorama complicado el del gobierno de Cobos, eh.  
 

Perón, Pino Solanas, la deuda, Redrado, las reservas



Por Raúl Degrossi



Lecciones de la Historia

Más allá de la saga de los hechos del escándalo Redrado es interesante descubrir que es lo que verdaderamente está en juego; lo que cada uno busca a partir de las posiciones que toma en este asunto y -sobre todo- el rol que objetivamente termina jugando a partir de esas posiciones, cualquiera sea el que se haya propuesto jugar.

Que la impresentable derecha argentina (que en sus investiduras del PRO y la UCR acaba, por ejemplo, de votar en el Congreso la reapertura del canje de deuda) cuestione el pago de la deuda externa con reservas, sólo demuestra su grado de cinismo y sus verdaderos propósitos: sabotear el gobierno de Cristina Kirchner, socavar sus bases políticas, institucionales y materiales de sustentación, y obligarlo a hacer, hasta el final de su mandato (si es que lo respetan), el mega-ajuste que constituye la hoja de ruta de un eventual gobierno de Cobos o Macri (y porque no, de Duhalde), o sea los “tres o cuatro puntos” en los que se pusieron de acuerdo, hace rato, los verdaderos “poderes” de la Argentina.

Lo que es más difícil de comprender (cada vez más difícil) es la actitud de otros sectores como Pino Solanas y su Proyecto Yo, porque desde el cuestionamiento a la legitimidad de la deuda externa desemboca en la defensa del orden institucional creado por Menem y Cavallo para el Banco Central; sin reparar que lo primero forma parte de la historia documentalizada a la que es afecto, mientras lo segundo lo suma objetivamente a la coalición destituyente.

Y ya que de historia hablamos, dos ejemplos salidos del pasado para ilustrar lo dicho.

Pese a la creencia generalizada (alimentada incluso por el propio Perón con su famosa imagen de los lingotes de oro en los pasillos del Banco Central), el primer peronismo al acceder al gobierno en 1946, no se encontraba con una situación financiera desahogada, ni mucho menos.

El país contaba entonces con varios años seguidos de un importante superávit en su comercio exterior, como consecuencia del aumento de sus exportaciones agropecuarias en los años de la guerra (para abastecer a los países en conflicto, sobre todo Inglaterra) y del brusco descenso de las importaciones, por el mismo conflicto y la implantación del control de cambios.

Como consecuencia de ese superávit acumuló reservas por 1650 millones de dólares, inmovilizadas en bancos ingleses y de los EEUU de las que no podía disponer libremente, al mismo tiempo que el Estado argentino tenía un elevado endeudamiento externo, cuyos servicios insumían nada menos que el 30 % de su recaudación anual de impuestos (para darse una idea, hoy deben andar por el 10 %).

Es decir que lo que era un superávit comercial, se diluía en un impresionante déficit de la balanza de pagos por las divisas que se iban del país en concepto de pago de la deuda, y de remisión de dividendos de las empresas extranjeras en el país, la gran mayoría los ferrocarriles ingleses con su régimen de utilidades garantidas.

Entre los préstamos que configuraban esa deuda externa, había algunos contraídos por provincias (como Santa Fe y Mendoza) y luego asumidos por la nación, y dos grandes empréstitos de 1936 y 1937 (es decir plena Década Infame) llamados de Conversión, porque absorbían muchos préstamos contraídos con anterioridad; hasta los pedidos por Mitre para aniquilar al Paraguay en la Guerra de la Triple Alianza, cuando al diario que fundó le preocupaba un poco menos el clima de crispación.

¿Y qué hizo entonces Perón frente al problema, repudiar la deuda declarando que era ilegítima por haber sido contraída por gobiernos fraudulentos, onda Pino Solanas o Vilma Ripoll; o declararla en default con una sonrisa y en medio de aplausos en el Congreso, como Rodríguez Saá?

¿O, por el contrario, pagarla con un enorme ajuste sacrificando toda política de promoción económica o redistribución del ingreso, como han hecho prácticamente todos los que gobernaron entre 1983 y 2003? (la dictadura, se sabe, hizo bastante más que eso)

Ninguna de esas alternativas, el 16 de julio de 1946, apenas a las seis semanas de haber asumido como Presidente, y luego de anunciarlo en el Congreso en su toma de posesión, instruyó al Banco Central para cancelar la totalidad de esa deuda, usando para eso entre ese año y 1948, 264 millones de dólares ¡de las reservas internacionales acumuladas en los años de la guerra!

El diario Clarín del 17 de julio del mismo año titulaba como noticia central en su primera plana “Argentina salda su deuda externa”, y en el desarrollo de la noticia poco menos que transcribía un comunicado del Ministerio de Hacienda (igual trato que ahora para la información oficial, ¿no?), en el cual se decía que “la operación comportará para la economía del país evidentes ventajas. En primer lugar, permitirá utilizar divisas que no producen renta, en cancelar deuda externa sujeta a un interés que resulta elevado si se atiende a la posición económica-financiera alcanzada por la República Argentina…” (y) “…evitará asimismo, en lo sucesivo, el empleo de divisas para atender el servicio de intereses que sólo en el corriente año hubieran representado 920 millones de pesos”.

Como se ve, las similitudes del problema existente y de la solución adoptada son notorias, y el gobierno de Perón no se detuvo allí en la utilización de las reservas: otros 850 millones de pesos se destinaron a las nacionalizaciones de los servicios públicos (entre ellos los ferrocarriles), no sólo para recuperar el control de sectores estratégicos de la economía, sino para detener la sangría de recursos que significaba la remisión de utilidades del capital extranjero invertido en esos servicios.

Antes que se me diga que la situación era diferente a la de hoy, porque el gobierno contaba con otros recursos a su disposición (como los depósitos bancarios nacionalizados y el monopolio del comercio exterior a través del IAPI), digo que el razonamiento es el inverso: si en esa situación de fortaleza no se apeló al defáult o al ajuste en relación a la deuda (tales parecen ser las alternativas subyacentes en los reclamos opositores frente al Fondo del Bicentenario), ¿por qué razón hacerlo hoy, cuando no se cuenta con esos recursos, pero sí se tienen reservas?.

Por otra parte, los que proponen veladamente el defáult no tienen ni por asomo el poder político para imponer su  programa (ni siquiera parecen poder obtener o conservar la personería electoral de un partido), y los que postulan por lo bajo el ajuste, nunca estarían dispuestos a llevar adelante un grado de ingerencia tal del Estado en la economía; me remito al conflicto agropecuario por la Resolución 125 (en el que, por cierto, ambas vertientes opositoras confluyeron).

Y vamos a terminar con otro ejemplo del primer peronismo, de un tema caro al pinosolanismo.

Para 1955 el país vivía un clima convulsionado y la oposición conspiraba contra el gobierno en todos los frentes, y en ese contexto se conocieron las tratativas del gobierno peronista con una empresa norteamericana, subsidiaria de la Standard Oil, para explorar y explotar petróleo en la provincia de Santa Cruz.

El gobierno se proponía aumentar la producción petrolera para disminuir las importaciones de petróleo y combustibles, que representaban casi la mitad del total de las compras externas del país, pero el convenio desató críticas no solo entre los opositores a Perón, sino en las propias filas oficialistas.

Desde el radicalismo, Arturo Frondizi encabezó la crítica y hasta llegó a escribir un libro (“Petróleo y Política”), cuestionando duramente al gobierno que, a través de la Constitución de 1949 (a la que su partido se opuso por razones de forma, abandonando el recinto de la Convención, como el año pasado la Cámara de Diputados al discutir la ley de medios) y su artículo 40 había nacionalizado los recursos naturales estratégicos; y un nacionalista de derecha como Adolfo Silenzi de Stagni (profesor de Derecho de Minería en la UBA) pronunciaba conferencias criticando el convenio, y llamando a las fuerzas armadas a deponer a Perón.

Claro que Frondizi podía exhibir por entonces los blasones del radicalismo en la materia a partir de la obra de Yrigoyen y Mosconi, mientras que hoy Gerardo Morales y Sanz cuestionan al gobierno que juntó 40.000 millones de dólares en seis años, desde los estrepitosos fracasos de Alfonsín y De La Rúa.

Pero volviendo al 55’, una figura emblemática de la izquierda peronista como John William Cooke se opuso frontalmente al convenio petrolero, mientras la CGT instruía por intermedio de Amado Olmos (los Moyano y Recalde de entonces) a los diputados de extracción obrera que votasen en contra cuando se discutiese en el Congreso, al que también por entonces se acusaba de “levanta-manos” ante los proyectos del Ejecutivo.

Frondizi y Silenzi de Stagni contribuyeron decisivamente al golpe del 55’, que permitió instaurar una dictadura que derogó la Constitución del 49’, desnacionalizó los depósitos bancarios, disolvió el IAPI y decretó el ingreso de la Argentina al FMI (además de fusilar opositores, instaurar el delito de opinión y otras bellezas); y el primero accedió al gobierno en 1958 pactando con el peronismo para obtener su apoyo, para llevar adelante luego una política petrolera ubicada en las antípodas de sus posiciones del 55’ y de su famoso libro.

Cooke, en cambio, descargó su 45’ contra los aviones de la Marina que bombardeaban la Plaza de Mayo el 16 de Junio de 1955, fue encarcelado luego del golpe y al fugarse pasó a encabezar virtualmente la Resistencia peronista; pese a que sus objeciones al contrato petrolero no eran menos virulentas.

¿Qué hubiera hecho por ejemplo Pino Solanas de haber tenido protagonismo político entonces, defender al gobierno amenazado por el dispositivo golpista, aun manteniendo sus previsibles críticas al convenio petrolero -o al pago de la deuda con reservas, por qué no-, o repartir copias de la conferencia de Silenzi de Stagni entre oficiales de las fuerzas armadas, como hoy pasea por los estudios de televisión del Grupo Clarín o escribe con frecuencia columnas en La Nación?

Diferencias de perspectiva en la comprensión de los procesos históricos, que le dicen, pareciera que ahí está la respuesta.