El campo no existe

El voto del campo




Leí tantos análisis que decían que "el voto del campo" se fue con o de Binner, Rossi, Del Sel; no sé, debo ser yo, entonces, el equivocado, camarada Escriba. Nunca en mi vida vi algo parecido al "voto del campo". No sabía que eso existiera. Menos, aún, en la Pampa Húmeda. Dónde -bueno, ésto ya es más discutible, ja, todo es discutible, claro- el campo, no existe. El campo existe y a duras penas fundamentalmente fuera de la Pampa Húmeda, adónde aún (muy pocos reductos) no llegó la lógica de la Pampa Húmeda.
¿Las manzanas de Río Negro, el tabaco de Jujuy, la yerba de Misiones, el limón tucumano; existe, ahí, el campo? Mmm, sí, ponele que sí. Ahora, que exista "el voto del campo" eso sí que no tengo noticias.
En Jujuy siempre fue hegemónico el peronismo; convivió con partidos procesistas aliados al radicalismo -llevó a Angelóz de candidato a presidente en el 89, por ejemplo- en Tucumán, el peronismo alternaba con partidos provinciales procesistas; en Río Negro siempre ganó el radicalismo, en Misiones, gobierna un radical K. ¿Cuál vendría a ser "el voto del campo"? Si hay algo así, entonces ese voto está en el barrio porteño de Belgrano, cerca del río en el boulevard Oroño de Rosario, en el barrio Nueva Córdoba de la capital mediterránea, en Yerba Buena de Tucumán, algo, en Recoleta, en Olivos: ahí puede que exista "el voto del campo".
¿Qué cosa sería "el voto del campo"? ¿Una interpretación lineal del marxismo, trasladada al resto que "vende su fuerza de trabajo" vía el salvoconducto de "ser una clase en sí más no para sí"? No. No cierra mucho.
¿El voto del empresario sojero? Bueno, ponele. El tema es que el entramado empresarial para la exportación -aún sin valor agregado de materias prima- está radicado en las ciudades en general, las portuarias en particular, y fundamentalmente en la ciudad de Buenos Aires. El campo -la Pampa Húmeda- es Puerto Madero, donde hasta la servilleta te la sirven en plato cuadrado y con una ramita de perejil. Una cosa bien grasa. Pueril, vulgar. Gente que sabe de vinos, por ejemplo.
Julio Cortázar decía que el campo es ése lugar donde los pollos se pasean vivos. La mayoría de los pollos que exporta nuestro país salen de Crespo, ciudad entrerriana a pocos kilómetros de Paraná. Conozco gente que trabaja con los pollos, y no me parecen muy distintos que los plomeros. ¿Hay un voto plomero?
Los plomeros, y los que trabajan con los pollos, se parecen, hoy en día, bastante: no tienen sindicatos, su relación de dependencia es débil, su lugar de trabajo rotativo, su pericia, por encima de la categoría de "obrero no calificado". No hay un voto plomero.
El campo es una ideología. O mejor: el componente de una ideología, en mutación. El cura, el milico y el gaucho. En alianza con la supina imbecilidad cultural de un Macri, De Narváez, Olmedo, Aguad, Benedetti, Del Sel. Gente que, a diferencia de los viejos conservadores estancieros -como el mentor de Hermes Binner, Estévez Boero- que no se divorciaban, eran recatados, jamás harían el ridículo y no querían ser eternamente jóvenes, más bien lo contrario. Ese viejo conservadurismo está en mutación. Ese viejo conservadurismo, aún sobrevive. En las grandes ciudades y en el campo, ése lugar, de la Pampa Húmeda, que no existe.
Así como para escuchar a Atahualpa Yupanqui, no hay mejor lugar que la República de Recoleta, el campo, el de la Pampa Húmeda, es éso que está de calle Corrientes para éste lado: ahí, los que rumian, se ponen bosta como desodorante, y puede que no hayan heredado nunca un campo ni sepan que viven del campo, pero ésos son el campo. 

El voto del campo 2





¿Acaso trabajar en la cosecha de soja -o sea, manejar una sofisticada máquina- te lleva a una conexión de orden natural con lo natural -esa tierra que está, y lo bien que está, hecha mierda de fertilizantes y rotación de cultivos de acuerdo a las variables financieras de los EEUU (y siempre fue así)- dónde uno elabora un disquisición sofisticada y une "el campo" con el voto y entonces, etcétera, etcétera?
No, suena completamente ridículo el planteo.
Hay un campo para consumo de la ideología del campo. Se muestra, todos los años, con espuelas, en la exposición rural. República de Palermo. Los niños, si gustan de los caballos, tanto como empresarios de mucha plata gustan y laboran con caballos tanto como con oro, divisas, prostitución asiática y otros placeres de ricos muy mersas, pueden ir a ver caballos a la Rural. República de Palermo. Niños, por ejemplo, de Gualeguaychú. Ciudad de campo, de mucha ideología campestre -la del milico, el cura y el gaucho-pero dónde, naturalmente, no hay caballos. ¿Para qué querría hoy un "hombre de campo" un caballo? ¿Para el arado? Los niños de campo que visiten la Exposición Rural pueden ver caballos, si son de Gualeguaychú, pueden aprovechar para conocer las vacas. Mientras sus padres pueden ir a escuchar folclore. Aprovechando que pasean por la República de Palermo. Podrán ver hombres grandes jugando-como Del Sel con La Tota- a vestirse de gauchos. Una profesión -la del gaucho- hoy con poca demanda. En las fiestas nacionales -televisa canal 7 porque "se ve mucho en el interior" ja- ya no contratan tantos gauchos como antes. Para hacer de gauchos. Incluso, aprovechando su visita al campo -la República de Palermo- señor cordobés, puede usted, jugar a los burros. Y si tiene suerte, hasta mirar alguna jineteada. Y ver gente joven (en el campo, eso no se consigue).
Descubrirá, con sorpresa, que en el campo los colectivos son mucho más baratos. Y hay subtes. Usted los paga. Disfrútelos.
En el campo -la República de Palermo- pueden verse toros. No es difícil encontrar un toro en un campo con vacas. Pero, buenos toros, de esos caros, en la República de Palermo, en el campo, a la vista de todos. Hay gente que en vez de mirar el auto que cambió mira su toro. El toro, aclaremos, es más caro que la media del parque automotor. Y se le deben mayores cuidados. Le van a convidar comida tradicional del campo: empanadas, guisos de nombre rimbombante y dulces "caseros". Pero si su paladar no está acostumbrado a esas cosas, porque es Chaqueño, tranquilo: frente a la exposición rural puede comer una buena pizza. Thames y Santa Fe. En el quiosco de al lado venden, por las dudas, superpanchos. Yo vivo por ahí. Soy del campo. No puedo contarle de la peña de Uriarte, es ilegal.
Sí, cayendo a noche, aún no está harto del campo, puede escuchar en La Trastienda, música de campo. Rubén Patagonia. Muy recomendable. Es campo mezclado con indigenismo. En Paraná eso no se consigue. Bah, capaz que hay algo en la facultad de comunicación. De campo e indigenismo. Pero no es muy auténtico. El auténtico campo está en la República de Palermo.
No hace falta ir -cuando visite el campo- con botas. La avenida Santa Fe está pavimentada. Y por Sarmiento, la entrada. Y la Rural -para que sus hijos no le rompan las bolas- tiene Wi-Fi.
Espero que disfrute su turismo rural.
Después vuelva y vote como hombre de campo.
A Macri. A Del Sel. A la Unión Cívica Radical. En fin, a la gente de campo.




El voto del campo 3



Es innegable que el triunfo en primera vuelta de Maci se debe al impacto que generó entre los portuarios el giro de Mauro Viale al incluir en su programa a Samantha y Natalia. Es el voto Samantha. Explica a De La Rúa, Ibarra, Macri.
Puede parecer un delirio, mi teoría.
¿Pero acaso, en las recientes elecciones de Catamarca, no había claves explicativas en torno al caso María Soledad?
-Hay elecciones en Santa Fe, ¿sabés algo de Santa Fe? Ehhh, no, ¿hay campo, no?
Si los números dicen que una zona vive de la explotación rural -por ejemplo, la República de Palermo, o el distrito cumbiero de Puerto Madero- ¿hay una traslación mecánica a un voto-soja? ¿Se dice, el voto-soja al voto Samantha de Puerto Madero?
El problema de generar un relato falso es que uno se lo termina creyendo. Así, se lo puede ver a Claudio Lozano festejando un triunfo ajeno en Rosario: ahí está el mismo diseño institucional municipal que es la base política del Tigre Caballero (ex intendente socialistas, hoy candidato del FPV) y de Binner. El mismo diseño institucional que existe en José C Paz. En uno hay buenos administradores, prolijos, blancos, hasta -en la fabulosa imaginación de un hombre corrido a la derecha como Lozano- de "centroizquierda", en el otro, malos y feos intendentes del conurbano.
La única diferencia, en la buena o nueva o mala política, es que antes los mismos diseños institucionales, y funcionamientos distintos, tener un puerto o no tenerlo es definitivo.
Desde los puertos se elaboran relatos funcionales a los puertos que totalizan la otredad: el problema es cuando se las creen. Entonces, Menem es el candidato de Cristina porque es La Rioja, Salta requiere voto calificado porque hay mucho estado (no lo dijo Cavallo, sino Pino Solanas, quien recreó la mitología profundamente reaccionaria del país de las Grandes Riquezas Naturales) Insfrán es malísimo porque se asesinan -como Julio Argentino Roca, se llega a decir, en el colmo de la ignorancia y la banalidad- porque es malo, y fue reelecto casi tantas veces como Martín Sabatella, pero lejos del puerto, Gioja es un criminal que asesinó a todos los sanjuaninos, y la zona periglaciar hace que Cristina Kirchner -esto lo escribió, hace poco, es bruto salvaje y bastante ranquel que es Luis Majul- no sea progresista porque votó una ley que escribieron Bonasso y Filmus, dos expertos en, bueno.
El problema es luego creerse esas limitaciones. Esas agresiones. Esos prejuicios, de derecha. Esas "explicaciones": la derecha, racista, agresiva, violenta, que expresa Del Sel, es, en realidad, el "voto del campo".
¿Porqué entonces el voto a Alfredo Palacios -durante la proscripción del peronismo, que según Atilio Borón, en el 61 se dio porque "defendió la bandera de la revolución cubana" (juaz!)- no es el voto a Samantha?
El mismo dispositivo explicativo.
U otros, más retorcidos: el puerto no quiere al peronismo, justo en vísperas de la reelección del oscuro duhaldista, Mauricio, que es Macri. Hasta la fecha, el duhaldismo sólo cosechó una victoria electoral en lo que va de las 8 elecciones (descontando la fraudulenta de quien, en ese entonces, no era duhaldista en Chubut) y es en la ciudad puerto. Tiene, ese voto, una lógica económica bastante clara. Pero el reduccionismo economicista no se aplica. Sí, en cambio, para explicar "el voto del campo" en Reconquista.
Claro, hubo un escrache a Rossi...hace 2 años!
El núcleo militante de la derecha hizo ese escrache. Sus aspiraciones políticas -no acompañadas, por ahora, por los grandes flujos sociales- son hacerse cargo del puerto: sea con Binner en la presidencia, o esperando al 2015 junto al intendente del puerto, Mauricio, que es Macri. A eso, por piruetas lingüísticas del cinismo de la historia, se le llama, ja, "federalismo". Es, más bien, lo contrario. Pero esa es otra discusión (de todos modos, a la luz de analizar esta nueva derecha, es estratégico comprender que la apropiación de los liberales conservadores hicieron de las tesis confederales yanquis, previas a su revolución,  para homologarlas con el federalismo: así, la etapa confederal "argentina" y el paso al federalismo arrodillado con autoritarismo político, que llega hasta el triunfo radical de 1916, es la panacea a recuperar).
El Voto del Campo es un cacho imposible. Porque en la Pampa Húmeda, núcleo de disputa de un país para pocos, el campo no existe, el campo es un espacio vital que opera -con arados, espuelas, Martín Fierro y mucho siglo 19- solamente en la imaginación de la gente de campo, la de la República de Palermo. Donde se escuchan -por suerte-las mejores vidalas del norte argentino -en el norte argentino, no se consiguen.
Borges decía, profético, que de tanto pasar tango en la radio, a la gente iba a terminar gustándole el tango. Sucedió.
El campo es esa insistencia, pétrea como los granaderos, la mazamorra (esa comida típica de los argentinos, que sólo escuchamos mencionar en la escuela primaria y, ahora, se consigue pero en wikipedia).
Vidala tengo una copla, no me la vas a llevar. Escribió Chango Rodríguez. Pa cuando vuelva a mi pago. Porque las buenas vidalas son las que hablan de la lejanía, el destierro, el exilio, el desgarro, por eso, quizás, en el norte no se consigue.



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Entre los más complejos y profundos factores que desactivaron el alzamiento de la derecha sustentada en empresarios del mercado exportador de soja -además de la obvia, se perdió la 125- hay una que no es lo suficientemente analizada. O no, por lo menos, con la mirada que yo al tema le daría: la creación de un ministerio de subsidios a los ricos, llamado de Ganadería, Pesca y no sé qué otra cosa.
Existen, también, otros ministerios de subsidios a los ricos: el de Seguridad y el de Industria. Sintonía fina, que le dicen. Para elogiar, esas concesiones. O quizás, esa impronta del "proyecto nacional y popular" que, se sabe, no plantea ningún clasismo. Pero, si se analiza el crecimiento exponencial de los flujos de dinero para el ministerio de pobres, también, agudizando la mirada, se ve que ese dinero se va en consoltorías, universidades, y estudios zoológicos. Ministerio de Desarrollo Social. El gran miedo de Alfredo Coto, porque les ponen panaderías cooperativas al lado de sus supermercados. Es un chiste. No es de mi autoría. Factura B, estudios zoológicos, licenciatura en trabajo social, posgrado del BID, un primor. La Pastorial Social, pero perfumada. Francisco de Quevedo escribió la sátira Don Dinero.

Por importar en los tratos
y dar tan buenos consejos,
en las casas de los viejos
gatos le guardan de gatos;
y pues él rompe recatos                    
y ablanda al jüez más severo,
poderoso caballero
es don Dinero


Biolcatti dividió su empresa de lechería en dos, para empequeñecerse y cobrar los subsidios del estado. Sería muy feo contar quién me contó ésto. Realismo mágico, pero la Pampa Húmeda tiene un estado que socializa las pérdidas de esta clase de empresarios primitivos y privatiza sus ganancias. El campo, que como sabemos, no existe, es la actividad empresarial más subsidiada. Históricamente ha sido así. Incluso, el estado mataba -y se hacía cargo de esas inversiones- para favorecer al campo. A un puñado de familias.
Un plan estratégico, o sea, nada, se lanza, para el campo -que no existe- cada 6 meses. Los empresarios primarios y primitivos, miran, a ver cuánto les toca. Del estado. Ese Don Billetón que, cuando da, es Luana Pascual saliendo de la ducha. 


Cuando el estado, así sea tibiamente, pide, los empresarios primarios y primitivos, ven cómo Luana se transforma en La Nena Monstruo.


Ezequiel Martínez Estrada escribió, sobre los cadáveres calientes de los fusilamientos de la dictadura democrática del 55, ¿Qué es ésto? Ahí -no lo tengo a mano- dice más o menos que, su empleada de la estancia, se animaba a mirarle a los ojos. Culpa del peronismo. Los peones, no lo traban de usted. Un escándalo. Se "enfermó" y se internó en un hospital. Durante el peronismo. Enfermedades estéticas. Para los estetas. Estetas es una palabra rara. Quiere decir, en una primera acepción -así la usa Hermann Hesse en El Lobo Estepario- y refiere a una persona que entiende el arte como un valor esencial. La segunda, apropiada para el libro -ése, esa "catilinaria"- de Martínez Estrada, refiere a quien hace de la "belleza" un valor esencial. De lo que entienda por belleza. Que no es, obvio, una cosa íntima y personal, sino un concepto atravesado por hegemonías, emergencias y residuos de las disputas culturales de la sociedad.
Los estudios de Basualdo durante los útimos años del primer peronismo muestran que, en la industria por lo menos, no fue una tasa negativa de ganancias el factor de la pérdida de apoyo al peronismo. Sino, una disminución de la tasa de ganancia exorbitante. Salió en un estudio que, como librito, publicó la CTA hace muchos años. En "el campo" sucedió algo parecido. No así en la especulación inmobiliaria. El caso es que la tasa de ganancia relativa no es nunca una explicación totalizante, sino una herramienta más para comprender lo ocurrido.
El "voto del campo", también. Más precisamente: la derecha, la nueva derecha, que incluye al mito del cura, el gaucho, el milico (la santísima trinidad); pero la supera. La derecha populista, posmoderna (un fenómeno tardío en nuestro país, con características, obviamente, singulares) es fundamentalmente la antipolítica, pero entendida de la manera en que un estado no industrial, del tercer mundo, que incluye una nación en construcción, necesita garantizar los negocios de una oligarquía diversificada, incluso en ramas industriales, ensambladoras pero integradas regionalmente.
En La Posibilidad de una Isla (manifiesto literario de esta nueva derecha) hay dos mujeres, prototípicas, con las que se enreda Daniel. Isabelle y Esther. Una es más "intelectual", profunda, se puede hablar de cosas interesantes: le importa poco el sexo. La otra, es promiscua, fatal, vive cogiendo y lo disfruta.
La Posibilidad de una Derecha es la conjunción de esas dos mujeres. De esos dos prototipos. Imaginarios. Metafóricos. Que en la realidad, no se consiguen. Pero sirven de instrumentos explicativos, aproximaciones, a esta nueva derecha.
El campo es ése lugar que no existe pero tanto joder con el campo -en la Pampa Húmeda- vamos a terminar creyendo que existe. Y vendrá la moda de nominar Zoilo a los niños de la República de Palermo. Para diferenciarse de Los Pibes Chorros. Del conurbano. Industrial.




El eje Matanza Riachuelo que, el editor del suplemento campo de Clarín, traza en el eje del mal. No se extiende sobre las geografías -dinámicas, como la realidad misma, corazón- porque sabe que fuera de la Pampa Húmeda, hay espacios de disputa. No resuelta. Porque no está resuelto el patrón de desarrollo nacional. Nuestra "inserción en el mundo". Está, en disputa. Y no es nacional, sino regional, sudamericana. 



Pablo Lescano está en el programa de Susana Giménez, junto con Miguel Del Sel. Del Sel hace un par de chistes contra los peruanos. Siga la música.
El campo es ése lugar donde va preso un caballo. 
Conté esa historia- la del caballo preso- en una charla donde dije que el campo- en la Pampa Húmeda- no existe.  Para llevarse preso al caballo (no sé si sigue detenido) tuvieron que seguir procedimientos científicos, y hurgar buscando sospechosos en el principal empleador de ese rico distrito rural: la municipalidad. Sí, los policías parecen los canas De Dioses, Hombrecitos y Policías. Son, esos policías, los mismos que tendrán hijos policías, en el conurbano. Son, esos policías, sindicados por corruptos por todo el patronato rural. Que jamás, a diferencia de peones borrachos, pasarán una noche en la comisaría. En ciudades chicas se nota más la violencia del clasismo. Las clases sociales, además, importan más: porque se mezclan más. En el campo -República de Palermo, boulevard Oroño, Nueva Córdoba, Parque Urquiza, Recoleta -no se consigue.
La cultura es el terreno principal de disputa y cruce con esta nueva derecha.
Ellos crearon el campo. Nosotros, desde el campo popular, no hemos sabido o podido o querido, crear nuestro campo. Bah, para mí, no hay que crear un campo. Hay que facilitarr, a los banderilleros, una notebook, la asignación universal, a sus padres -peones negreados- la jubilación. Televisión satelital, decodificadores, escuelas públicas. Por esas cosas, voy a votar a Cristina. A pesar de los ministerios para ricos, que pueden entenderse como concesiones a las relaciones de fuerza.  Lo entiendo así porque no encuentro, por más que busco, el campo. No sé dónde queda el campo.
¿En la misteriosa ruta del puchero? El campo no existe. Por eso es un lugar cultural, la posibilidad de una isla, un espacio -ideológico- en disputa.


Pablo Lescano, en el video de Zambayonny -tambien está éste servidor- en el medio del campo -República de Palermo. Mi amigo Martín, en Paraná, fue a comprar el CD. Dice que está muy caro. En el campo se consigue más barato. Porque los sueldos, en el campo, son más altos. Y los servicios -el subte, por ejemplo, elemento sustancial acá en el campo- son más baratos. Cortázar no estaba equivocado, pasa que las décadas trajeron cambios: el campo es ése lugar donde los pollos se pasean congelados, arriba de un changuito.
Yo te conozco, Coto. Vos sos el campo.  


el voto del campo 5



La Naranja Mesiánica visitó Paraná, ayer por la noche. Mucha gente fue a escucharla -17 personas-. Los candidatos de Carrió en Entre Ríos son los de la Sociedad Rural, ex UCR; y el socialismo. A Victoria Donda, qué pena, la dejaron afuera. Carrió fue a sembrar de bosta a sus aliados entrerrianos.
Sus candidatos a diputado nacional son empresarios primitivos que, de tanto repetir que el campo existe, quizás, se lo crean. La patrona que, por Entre Ríos, la representa en silencio en la Cámara de Diputados de la Nación, es sí, además de empresaria primitiva, del campo: vive en Recoleta.
El empresario primitivo que habla, desgrana qué es el campo. Es, en síntesis, Paraná -la ciudad capital- contra Concordia- segundo distrito electoral, bastión del peronismo, ex distrito industrial (hasta el peronismo de Menem y Busti) ahora, nuestro conurbano entrerriano- es decir, un barniz de geografía conservadora, de mapas escolares, para la vieja disputa de derechas e izquierdas que, por ironías de la historia, se sitúa en el eje peronismo versus republicanismo.
Si el campo existiera, sería la patria. 
Las conjuraciones y los miedos. Cabecitas negras. Un gran cuento de Germán Rozenmacher
En el video, alguien, que no se ve -de acento campestre: bien de la República de Palermo- dice "Concordia fue una potencia". Pino Solanas supo explotar este mito -profundamente reaccionario- que engalanó a la miserable cultura  de la oligarquía. El natural, el buen salvaje, el indigenismo, el criollismo, la ecología anti industrial, el mito de la nación rica empobrecida por la política, requieren de La Hora de la Espada.
“Llevo en mi la patria entera
Que es una dulzura cordial,
Como la miel del panal
Lleva en una gota la pradera”

 Suena contradictorio. No lo es.  El miedo es la "conurbanización". Ese miedo se conjura inventando un campo, que, como sabemos, no existe. El campo es una invención literaria. Y musical. De Ricardo Guiraldes. Una vuelta de rosca de el gran José Hernández. Si "el mundo demanda nuestros alimentos" es, entonces, prueba irrefutable de que el campo existe. Sí. Pero como invención literaria. Es la inversión, la contracara, de El Matadero, de Esteban Etecheverría.  Sombra terrible de Facundo, el campo existe, para evocarte.  En reproducciones de Molina Campos, al lado de las fotos de minas en pelotas, se consigue en los talleres mecánicos. Como en el Segundo Sombra, el campo -un género literario- es fundamentalmente, un asunto Moral. Con mayúsculas. Un contrato. Con minúsculas. Un Pacto, pero republicano. Una joda para Tinelli.


El brasilismo


En ocasión de la campaña electoral para la intendencia porteña, un sector del kirchnerismo porteño fue hasta Brasil a sacarse una foto dirigentes del oficialismo del Brasil.
La ciudad de Buenos Aires concentro el puerto por donde obligadamente tienen que pasar las riquezas primarias del país. Limita, sólo con un país extranjero: el conurbano bonaerense. El Conurbano, al igual que la ciudad de Buenos Aires y Brasil, integran el Mercosur. Por las características portuarias, en la ciudad de Buenos Aires se forma la élite intelectual, alejada completamente de las variables económicas reales del país. A eso, se le llama "progresismo". No en el sentido positivista -bah, un poco sí- y menos todavía en el sentido de izquierda política. Sino como expresión alienada del proceso económico y productivo del país. En ese sector -en buena medida porque no comparte fronteras reales con Brasil- Brasil es casi una ideología, además de una playa veraniega.  Trasciende el kirchnerismo: abarca toda la dirigencia política portuaria -toda es progresista- y las universidades y sectores del pensamiento disociados del proceso productivo. Que, como antaño las damas de la oligarquía, o los galeritas del socialismo, se desentienden de las cosas mundanas y de apestoso criollismo. Se piensa, con amor, como contracara de "el voto del campo".  Contracara de El Campo- ese género literario- el brasilismo es más bien una modalidad festiva de la crónica periodística, una tía denigratoria de nuestra parentela pobre, una estudiantina que se desplaza con la irresponsabilidad propia de la juventud. Lula, ciertamente, no tiene nada que ver con el brasilismo. Que, nace, en la indignación sesentista de "habernos latinoamericanizado". Frase patentada por quien hoy sería, qué duda cabe un brasilista: Arturo Frondizi, dictador argentino.
El brasilismo podría, incluso, meterse en algún aula de las universidades que pagan Misiones y Corrientes y enseñan Antropología en Parque Centenario para explotar, turísticamente, el brasilismo. Pronto, muchos europeos vendrán a ver ese museo. Incluso, no faltarán quienes quieran llevarse -vía doctorados y viajes de iniciación en las vanguardias literarias futuristas- su propio brasilista a sus pagos. Claro que no va a ser tan fácil, por cómo viene la cosa, en el viejo continente. Donde los bruselistas están sorprendidos de que la criminalidad, el terrorismo de estado y el saqueo colonial de la Unión Europea no haya funcionado. Si hasta tenían monedad común! Los bruselistas son como los brasilistas: independientemente de los resultados, lo importante, siempre, es la vacuna de las buenas intenciones.
Por eso, el brasilismo, se permite la adoración, de un Chacho Álvarez, por ejemplo. Ídolo brasilista y autor del libro La Memoria Emocional, bet sellers en las usinas intelectuales del brasilismo. Plantea que, más que la memoria real, de lo sucedido de veras, lo importante es la memoria emocional. Conservar, en la memoria, las buenas intenciones. La vacuna de las buenas intenciones.







Hay una narrativa sobre las zonas rurales que es para consumo urbano. Está bien que sea así. Nunca se puede más que pintar una sociabilidad, "reflejarla", desde cualquier intuición artística, no sólo es un imposible (en el sentido de una búsqueda) sino que además, sería, muy aburrido. El realismo social intentó, en la literatura, algo así. Décadas y lugares atrás, de un mundo que ya no existe. La ciencia, en cambio, tiene esa pretensión de captura, con las salvedades del caso, que bien explica la epistemología.

Ahora, en buena hora, se ponen en cuestionamiento las tesis freudianas. La "herida narcisita" que "al hombre" como tipo ideal, le propinó la aparición del psicoanálisis: nuestras actitudes y pensamientos, no son la fusión de lo real y lo imaginario, no son la transfusión de una racionalidad depositada en la cosa. 
Ya había, desde los orígenes del campo específico de la filosofía, estos planteos. Pero Freud, con el rescate de lo irracional como parte de las motivaciones, dificulta el pensamiento científico. Aunque con pretensiones científicas.

Esta canción de Teresa Parodi la escuché en una peña, hace muchos años, en la ciudad de Buenos Aires. Donde puede escucharse el mejor folklore regional. El menos conservador. Donde vienen a parar los hijos de los dueños de la tierra. A estudiar. Y se quedan. O vuelven, a ocupar las gobernaciones, las intendencias, las principales posiciones empresarias. En la República de Palermo, en Córdoba, la capital gorila "del interior", en Rosario, la ciudad que disimula la envidia con una sutileza tan urbana; la pampa húmeda, la geografía cerealera, es la que manda en el país. Produce no sólo la cultura que está de espaldas "al interior", mirando el Río de la Plata como extrañando los míticos barcos de donde nunca bajaron. Pensando si no fue todo un error. Una gran equivocación. Si elabuelo judío no hubiera hecho mejor quedándose en Rusia. Si lo alemanes del volga, si los tanos de una Italia que no existía, si los catalanes que acá se hicieron gallegos, apodados con cariño, no debieron...


Hace un tiempo ya, varios años (no estaba todavía el kirchnerismo) dije en una charla que no creía que "el campo" exista. Que esa mitificación del próspero y buenudo campesino medio de la pampa húmeda, aislado de las urbanidades, con poncho, guitarra y una pava junto al fuego, que eso, no existe. Es una invención. Lo dije en un centro cultural donde los que escuchaban no habían pisado jamás ese mítico campo -yo tampoco, puesto que no existe- aunque estoy seguro de que la mayoría de mis amigos porteños, si fuera a Concepción del Uruguay, durante 3 semanas, al tercer día grita desesperado que no aguanta más el campo.
En Concepción del Uruguay se fundó la patria, en 1815. Ahí se declaró la independencia nacional, con delegados del Oriente (actual Uruguay), Corrientes, Misiones, Entre Ríos, Santa Fe y parte de Córdoba. Un año después, en la Casita de Tucumán -ese lugar del centro de San Miguel donde venden alfajores- sin diputados del Oriente y de Entre Ríos, se volvió a declarar la Independencia. Ahora se conmemora con feriado y Te Deum.

Fuera de la zona cerealera se van construyendo mitos, profundamente urbanos. De la República de Palermo. Por ejemplo, el Humahuaca. Leer a Eduardo Galeano y viajar a Jujuy como mochilero es una experiencia, "alternativa", que ningún joven de la Patria de Caballito debe privarse.
Lástima que ya no existe la literatura argentina, la regional, que se inventó en Buenos Aires, paralelo al invento europeo de la literatura latinoamericana, por que en el sur, ese lugar del desarraigo, podría erigirse un redituable mito de indígenas crudos.
Rubén Patagonia -me gustaba escucharlo en la Fiesta Nacional del Mate, en Paraná (después se volvió muy caro y dejaron-dejamos- de llevarlo. Y en la Trastienda, las entradas están muy caras)- daría la talla para esta movida turística.



Mis amigos, saben de mi obsesión por la historia, y por cruzar las clases sociales -después de todo, me formé en el marxismo: me divierte mucho decir esto, que es casi nada hoy en día y a mi edad- con las tragedias y avatares de la distribución desigual de la riqueza, la distribución espacial. La geografía radical exploró estos caminos para desnaturalizar las fronteras latinoamericanas. Había, en la intelectualidad de izquierda, una mirada sobre esto. Que tenía su correlato en pensar el país. Ahora, me parece, eso ya no existe.

Las escuelas y hospitales públicos porteños no se caen a pedazos: son los mejores del país. No es necesario ganar ninguna intendencia para erradicar villas, menos en territorio federal, pero en todo caso, bien vendría hacerlo en todo el país.
De tanto pasar tango, en las radios, la gente termina por creerse que es una música propia. Original. De acá. Con el folklore pasa algo parecido. Pero tiene su correlato en fenómenos políticos que necesitaron inventar un país, unificarlo. Tanto como la tanguería, alocadamente impostada, de las milongas porteñas del sur, expresan esa necesidad de quedar intermedio entre la necesidad de ser "parte del mundo" y dar la espalda al país. Sobreactuaciones. Chiquilinadas. Firuletes de gente que toma mucha merca. O papusa.
De hecho, si uno anda con ganas y sale con Patucho, puede cruzarse con chicos que toman verdaderamente en serio al tango. Que lo bailan bien.
En Montevideo pasa algo parecido, con las murgas. Con los afroamericanos. Acá, a falta de afroamericanos (hay, pero venden rolojes...quieren pagar la pensión, en vez de decorar nuestros mitos históricos) tenemos esa búsqueda desesperada de encontrarse una identidad. El carnaval -que si siguen insistiendo, quizás hasta lo pongan de moda- ese maravilloso invento estatal, seguramente (ahora que es feriado) sea motivo de tesis re locas de estudiantes de antropología. Y conecte con el osopandismo, nuestra amargada falta de afros posta (no éstos que venden relojes...) y el indigenismo que tapa la indigencia.
Algo, al tango, debe reconocérsele. Dos cosas: 1) No se dignan -como en el folklore de Palermo, que representa las provincias argentinas, donde esa música no se escucha- a crear canciones nuevas. Porque Gardel canta cada día mejor. Eso está bien. Sería pueril que se escucharan los buenos tangos de ahora en desmedro del aburrimiento de lo que ya era grasa en los años 40: no habría significaciones rimbombantes ni esta nadería que permite impostar una identidad histórica.
2) No tiene, el tango (como el folklore, sobre todo el que habla de los peces, las flores y los bichos) pretensiones de realismo social. Más bien, en este punto, se toma el pelo.



Las viejas ideas federales, según mi criterio, tienen aún la potencia para captar y trazar un diseño, un horizonte de país posible. Generalmente, cuando digo estas cosas, nadie me da bola. Lo cual, por cierto, está muy bien.
Ahora, la cuestión federal, pongámoslo en mayúsculas: la Cuestión Federal, latente en el devenir del país (y a mi juicio, modalidad de integración regional y afrontar el reto globalizador, pero bue...) cuando no se cruza con variables sociales y productivas, no sirve para un carajo. Para una ontología del ser porteño, del ser del interior... Naaa. El nacionalismo que fue deviniendo con la primera y segunda guerra "mundial" entró por ahí y se fue, en la mayoría de los casos, al carajo. Al antisemitismo, al elitismo oligárquico, al revisionismo de derechas.

Hay una novela, de Enrique Medina, se llama Transparente. Estuve toda la tarde en librerías de usados, buscándola. Para un trabajo que tengo que hacer. Adaptar una obra de teatro. Llevarla a los años en que transcurre la de Medina. Bueno, no la encontré, todavía. Había una librería en la que compraba esas ediciones de Galerna, cuando venía a Bs As: ya no existe más.
La vida cotidiana es imposible de narrar. La historia, el arte, incluso la ciencia, pueden dotar una imagen, como una huella fonética, desde la cual imaginar esa cotidianidad en tiempos que no vivimos. Pero también en tiempos que vivimos.
Ahora, me parece que hay que tener un sano escepticismo con esas cosas.
En la novela que nombré, de Enrique Medina, hay un secreto genial: uno siente que puede escribir eso mismo. Que es simple. Es una pura ilusión del lector, más que nada, del lector, pendejo y atrevido, que yo fui. Otro gran escritor argentino, dice sobre esta novela:


El relato de "Transparente" corresponde a la gente que más quiere Medina, los humildes, y el hallazgo es la figura central, su procedencia rural, es decir la criatura del interior sin preparación para la vida y sin preparación escolar, en quien se insertan los estigmas de la ciudad: atropello, explotación, desconsideración... Sea como empleada en la casa de familia, sea como obrera en el taller o la fábrica. No es sin embargo –al menos no lo es explícitamente- una protesta social. Esta queda a cargo del lector, quien podrá asumirla o no, según su conciencia, aunque de ningún modo podrá negar que lo acosa y lo muerde; porque Medina no acude a lo panfletario ni a demagogia alguna. Simplemente, narra. No recurre tampoco a un lenguaje objetable, quizás esto lo aleja del cuadro de los duros, pero lo instala en el de una pureza que condice con el título del libro. Para éste conviene notar que el título, elegido sabiamente, si bien puede participar del significado de las palabras diáfano, lúcido, translúcido, hialino, cristalino, sin ser todas sinónimos, se comunican su sentido y caracteres, que son, de otra parte, los del relato todo, redondeando la condición ejemplar de esta obra que avanza y quedará en la narrativa sin necesidad de la intriga, ni ningún golpe bajo que sacuda el erotismo del lector. Su claridad y pureza, que la hace sumamente transitable, aparte las virtudes líricas de su prosa y esa admirable serie de fotografías de época en sepia tomadas de un archivo o colección de los años 30, la colocan cómoda y legítimamente en lugar de privilegio entre la producción de los autores argentinos que constituyen de todos modos, con Medina sin duda, lo mejor de la hornada que "llegó", paradójicamente con los años más impiadosos de la vida civil Argentina.

ANTONIO DI BENEDETTO, Buenos Aires, 1985

En estos días, se cuecen discusiones ideológicas, recubiertas de tácticas electorales. Se cuecen discusiones centrales para la formación política, para el compromiso social, para una mirada, integral (pero abierta) sobre el país. Es un debate profundo, es apasionante.
 Se cruza, sabiamente, inteligentemente, con el proceso político "concreto". Con los requerimientos del día a día. Con el calendario de disputa. Con las reglas del juego institucionales. Con las previsibles desmesuras y rencores. Con las necesarias diatribas. Con respetos inéditos, difíciles de encontrar en las discusiones apasionadas. Se debate, se complejiza, en conjunto con la formación de un nuevo conglomerado -necesariamente caótico, difícil, creativo- político, cultural, que da esperanzas hacia el futuro.

Es decir, tengo una mirada positiva.
Pasa que no me sale expresarla muy bien.





Hoy estaba almorzando, en Paraná. Frente al río. En la costanera. Un lindo día, de primavera. Un anticipo estival. Una boludez, de esas que se me ocurren, junto a la urgencia de escribirlas. Con las patas apoyadas en la mesa. El mozo, total, es amigo mío. Y almuerzo a las 5 de la tarde. Me levanto a las 3. Leo los diarios. Y escribo, cuando empieza la noche. Con una botella de agua en el escritorio. Escribo horas enteras. De eso vivo. Paro un rato. Miento en twitter. Escribo algo, en el recreo, en este blog, de madrugada. Hoy estaba almorzando. Queda feo almorzar con las piernas subidas a la mesa. Pero tengo experiencia. Lo que me falta de estilo lo tengo de experiencia. Y se me ocurrió eso. Esta idea que te contaba. Bah, no, todavía no te la conté. Tampoco es la gran idea. Pero yendo al punto: vivir como esperando algo es una boludez, una cosa de la adolescencia, un fastidio, una pelea, vulgar, contra la ansiedad. Y mucha gente vive así. Como esperando abril. Como esperando el premio, la consagración, un día de gloria, el amor que vuelve, el amor que viene, la paga de fin de mes, el aguinaldo de la vida. Y yo no tengo esa virtud. A mí, francamente, me chupa un huevo. No es una gran idea, ya sé, pero te la quería contar igual, pelotudo.

Yo almorcé pescado, a la parrilla, con papas glacé (creo que se escribe así) y me comí todo el pan de la panera. Un dorado. Pescado de río. Mientras leía unos apuntes. Cosas que imprimí. Las escribí anoche. Me parecían geniales. Pasa que había cambiado el agua por cerveza. Eran puras porquerías. Muy dolorosas. Hay horas donde todo me duele. Hay horas tristes. Quietas, de la noche. Como esperando abril. Desesperado. Mirando la luna, entre otras cursilerías. El río Paraná, tiene esos encantos, del camalotal, del sonido bello de la palabra quietud, de la imbecilidad de los escritores olvidados, meados encima, renegados, patéticos, los escritores que me formaron, antes de que el mejor folklore de la patria, el de la República de Palermo, nos cante loas, ensimismadas, nostálgicas, inexistentes, las coplas de la patria, el patrioterismo, la barrabrava de la cultura, esa chicana, confiada, en la argentinidad, cantada desde lejos, desde el puerto, pero puerto madero. El puerto de Paraná es triste. Porque es un puerto de verdad. Con barcos y humedad, con obreros paraguayos, pescadores pobres, un río marrón extenso, sojeros forrados en guita, islotes como manchas del horizonte, manchas de nacimiento, prefectos, putas, holgazanes, narigones, yo creo que en todos los puertos de verdad el de prefectura es un narigón que va de marica aunque tiene siempre la espalda remilgada, poca sofisticación, como los marineros: manos curtidas, boina sucia, músculos, putosidad al palo, no jodamos. Y me río solo. De la pavada que escribo. La palabra putosidad, que no existe.
Todo es tan torpe.
Uno se hace alcahuete del propio ego.
Y allá afuera hay un puñado más grande que el puñado de amigos, que buscan que uno tropiece, que caiga, con la fuerza del fracaso, por las barrancas del parque Urquiza. Ahora que estoy tratando -me insiste un amigo, urquizista- en tratar de entender a Urquiza, ese traidor. Hijo de puta. La soberbia de estos dedos. Un dorado, a la parrilla, no es tan bueno como un sábalo entre amigos. Relleno de cebolla de verdeo. Gran invento de la química, ése. La cebolla de verdeo. Y morrones. Diarios viejos sobre un tablón. Un tenedor. Todos pican. Alguien canta canciones de Palermo. Por ejemplo, una zamba de Luis Profili, mendocino, como Armando Tejada Gómez. Cafrune le dio sentido a esa zamba. Las zambas de Palermo, de la República de Palermo, suenan mejor en el campo. Ese género literario -el campo- tan lindo y tan caro a la imbecilidad nacional. Yo con las patas sobre la mesa. Escribiendo tonterías. Pensando cosas. Provocando abuelitas. Las espinas del sábalo. Esta madrugada, silenciosa, inmóvil.

Fumando un habano, mirando el río, me acomodo la boina, bajo los pies y los dejo en una silla. Las cosas salieron bien. Pasa, de verdad, y muy lento, un camalote. En serio. Pasa por ahí, al lado de una canoa. Los puertos de verdad son puertos tristes. Llenos de ausencia. De gente que no espera nada. Barcos, húmedos, gigantes, que parten cargados de alfalfa hasta China. Llegan a un puerto, chino, mugriento, con trabajadores mal pagos, prostitutas industriales, del Birc, millonarios en sus oficinas del Partido Comunista, que mundo nos espera, dios mío, a los gurisitos, costeros, que juegan en la hamaca amarga que puso la municipalidad. Para pibitos que no tienen play station. Que no saben nada de historia, que no saben quién fue, en tiempos inmemoriales, Mario Bross. Guardián de la infancia, Mario. Y éramos tan chiquitos, jugando en la hamaca, creyéndole a nuestros padres, mirando los adultos, como si siempre tuvieran razón. Ahora, que yo soy adulto -así, todo boludo, lleno de dudas, de cositas, de miedos, de cinismo- quiero testificar, señor juez, los niños deben saberlo, su señoría, hay que decir la verdad: nosotros, este mundo extraño y autocomplaciente que es la adultez, nosotros no sabemos nada, nosotros nos desquitamos, nos mentimos, nos engañamos, nosotros estamos jodiendo a los chicos, no les estamos contando la verdad, no nos animamos a decir, simplemente, pibe, no sé. Yo, no sé. Disculpame, pibe, pero no sé.
-¿Cuánto te debo?
-¿Te sumo lo de la semana pasada? Te olvidaste de pagar, todo bien. ¿Me lo pagás ahora?
-Sí. No, pará, no traje plata. Vengo otro día.
-Muy bien. ¿Andás bien, Lucas, de la pierna?
-Ando muy bien. Se está haciendo de noche. Zamba del carbonero....ésa era.
-¿Cómo, Lucas, perdón?
-Que la Zamba del carbonero, ésa era la canción con la que tenía que poner RE en la guitarra. Me gustaba poner RE porque son los tres dedos juntos, y yo tenía los dedos chiquitos...
-La canta Horacio Guaraní, muy buena.
-Pero le pone bombos. Igual, cuando dice "quemando la leña...junto con su corazón", me gusta.
-¿Qué tal estaba el pescado?
-Bien, muy rico. Me voy. Ah, sabés qué, odio el pescado.
-Ah...¿sí?
-Sí. Buenas noches.


"Hay un niño en la calle"

Luego del derrocamiento de Perón en 1955, Tejada Gomez pegaría un giro tanto en su arte como en su posición política. Él contó varias veces que el elemento detonante para el cambio en su manera de escribir fue un comentario crítico de su hermano, obrero de la construcción, que le mencionó que sus compañeros de trabajo decían que "escribía cosas que nadie entendía".2 El comentario influyó notablemente en Tejada Gómez, quien decidió entonces orientar su poesía hacia los problemas sociales y los temas populares. Uno de los primeros poemas de esta nueva etapa fue su conocido poema "Hay un niño en la calle":2
A esta hora exactamente hay un niño en la calle.

(...)
y saber que a esta hora mi madre está esperando,
quiero decir, la madre del niño innumerable
que sale y nos pregunta con su rostro de madre:
qué han hecho de la vida,
dónde pondré la sangre,
qué haré con mi semilla si hay un niño en la calle.



Las convenciones sociales organizan la imagen de la paloma, volando. O paseando entre el gentío de una plaza (una paloma es un elemento urbano, que define si el arquitecto ha trabajado en lo suyo tras salir de la facultad: si les gustan las palomas, no entiende nada). Comiendo de la mano de los dos terrores sociales que representan los viejos y los niños (aunque, en la posmodernidad, los viejos son una especie en extinción). Las palomas, se asocian a John Lennon, que es el músico que fue asesinado por Paul, su compañero. El vendedor de la fábula, pero Zambayonny, que acertó en descubrir quién mató en realidad a John, se creyó la fábula de que John Lennon era buen músico.
Es un avance, en relación a Lito Nebbia, pero no alcanza. Falta saber que John Lennon, en realidad, nunca cantó. Hay videos, sí, pero son montajes que hizo la CIA, porque Paul, el asesino de Lennon, obviamente es un agente de la CIA.



Y las palomas, simplemente, no mueren. Bienvenidos al posmodernismo, a la era de internet, a la cosmovisión digital. Desatada, en la modernidad tardía -la modernidad siempre es tardía, lo descubrieron los postestructuralistas, al rastrear la invención de la infancia: la modernidad vieja es una tautología, corazones- la posmodernidad acabó con la ideología, por eso el PRO será la futura derecha. Y el peronismo se correrá a la izquierda, pero sin ser, en tanto ente (en tanto devenir, claro que sí) que se baña dos veces en el mismo 17 de octubre, no, no será, el peronismo es nada, ES nada, se correrá a la izquierda, porque el peronismo, que ES nada, es una máquina deleuziana de resignificaciones, que no vienen, nunca, de afuera del peronismo, porque el peronismo no cree que exista un afuera.
La realidad es de los tiempos de las galletiterías.
¿Existen las galletiterías?
La de Reula, en Paraná, cerró en el mismo momento en que se marchitaba el último presidente democrático, Alfonsín. Reula creyó siempre que su galletitería cerró culpa de la hiperinflación. Y los radicales, también. Por eso murieron sin gloria. La galletitería de Reula murió con la modernidad. Como murieron, con la modernidad, los radicales.
Pero existen radicales, obvio. Son como los católicos. Radicales no practicantes. El radicalismo es el amor a la familia. Una especie en extinción. Antagónica a las palomas. Los niños pueden creer si uno les miente que las palomas son una especie en extinción y que los radicales volverán a gobernar, como en el 83 (volverán a gobernar, quizás, pero como en el 99), pero los niños se creen cualquier pelotudez.
También hay galletiterías, pero no en los barrios de Paraná, esos lugares de hiperrealidad, sino en el mundo virtual. En la República de Palermo, no creo, pero ponele que algún freak ponga una galletitería, como invención, como constituyente de una realidad nueva.



En la Máscara, en San Telmo, ese barrio de conservadores petulantes, puede haber galletiterías, porque ahí abunda la nostalgia de lo que nunca existió en el pasado. Como el tango. Eso que los pendejos creen que se escuchaba antes. No, corazones, nunca se escuchó tanto tango como ahora. Nunca se insistió tanto con el tango como ahora, nunca tuvo tanto prestigio, hay que recorrer el país, en todos lados se canta tango. O se baila (más ridículo, todavía). Las academias de tango son las canchas de padle de los 90 o las películas en los primeros 2000. En el año 2002 deben haberse producido cientos de miles de películas, sanamente olvidables, con un español actuando. En las provincias argentinas vive, entre los jóvenes, el tango. Siempre y cuando no se enteren que en La República de Palermo el tango ya fue, ahora la onda es el folklore. Supongo que en 5 o 10 años, en Entre Ríos, sobre la costa del Uruguay (la costa del Paraná está demasiado recostada sobre el río aguinaldo) florecerá la chamarrita, género trasnacional, como la polka, bien aborigen, como el tango. Ese verso que los chinos, forros, no nos quieren comprar. La burocracia de Cancillería -esa modernidad- trata de venderles verdura elaborada y los chinos compran, porque saben que en el corso viajan familiares y entonces los chinos pueden vendernos todas las más maravillosas porquerías producidas, eso sí, con sus propios esclavos, esclavos copados, porque el Partido Comunista (el partido del posmodernismo) les liberó la conciencia, esclavos top, digamos. Les liberó, el Partido Comunista chino, la conciencia. Y la guardó para tiempos porvenir, en una caja fuerte yanqui. A 0,25% de interés. Si la FED no recorta la tasa. Los chinos tienen el secreto de la esencia de las cosas: devaluar la moneda y sobrevalorar las mentiras.
Si los ucranianos y las provincias pobres de México tuvieran plata, nos comprarían su música, que viene a ser lo que acá se llama folklore.


Pero, un secreto, en Ucrania, y las provincias pobres del México lindo, van las palomas a morir. Ahí mueren las palomas. En donde nadie las ve.
Las palomas mueren.
Y otra paloma las reemplaza.
Repetitiva y obsesivamente.
Una muerte posmoderna.
Pasa que nadie se da cuenta que las palomas mueren, porque las palomas son una plaga, cada vez son más, las palomas van a invadir el mundo (ya lo explicó Hitchcock en Los Pájaros, película posmoderna, claro) y van a apoderarse, de manera conspirativamente moderna, del mundo, de las maquinarias de guerra, del enriquecimiento de Uranio, de las cosas, obviamente, modernas. Las cosas que manejan los hilos del mundo. Las cosas que están, obviamente, en EEUU. Las cosas que quiere China. Las palomas nunca mueren ahí. Las palomas mueren, imprecisamente, en cada olvido.