Cuando Hernán Reibel -vocero de La Cámpora- me dijo "no vas a cambiar el mundo solo, Lucas" le corté el teléfono, más vale. Después me volvió a llamar. Porque me habían des-echado para suspenderme (todo verbalmente, son gente que sabe cómo hacer, y por ende evitar, juicios al estado) por 5 días, bah, tres, pero con el sábado y domingo en el medio.
Y me agregó que "no sos tan importante, no sos el centro del mundo".
Más vale, sólo me echaban a mí. Que lo toquen a él y arde troya.
El tema, a pesar de la censura y autocensura que impera (lo que explica por qué casos parecidos pero menos soretes patronalmente, son tratados de otra forma: la diferencia es la honestidad intelectual y penal) como el tema creció, y crecío porque hay gente que me quiere y otra que coincide y agradezco mucho, en serio, mucho, y entonces, ya no se trataba de mi laburo, que como demostraron ampliamente no les interesa si no es para adularlos a ellos y sus laburos, sino que ahora se trataba del de ellos. Se ocuparon del tema. Después de amagar -me lo decían sólo a mí, obvio, como que yo soy un boludo que recién empiezo en ésto- con que echaban a María Seoane y Federico Vazquez, por la serie de calumnias que desparramaron sobre mí para salvarse ellos. Bueno, me reí: hagan lo que quieran, son sus funcionarios, yo soy un trabajador. Y en muy malas condiciones.
Al final, me suspendían y mientras tanto, Zambayonny quedaba -él tiene contrato- y presentaba temas musicales, como carnero.
Se sorprendieron de que Zambayonny renunciara, en solidaridad. Y que le causara horror aparecer como traidor.
Han olvidado algunas cosas en el camino de la alcahuetería.
De hecho, cuando nombro esta gente se ponen como locos: necesitan la sombra, estar escondidos, actuar siempre en nombre de otros. Son gente rara. Con la cual la discusión política o la política es casi imposible.
Hay que hablar de poder. Solamente. Y recubrir, para que no quede tan cínico (después de todo
están hablando con una persona que no tiene sus mismos valores, como, por otra parte, la mayoría de los seres humanos) con que son mis amigos. Siempre y cuando no me desmarque.
Sino, como me llamó Reibel, soy un borracho que no entiendo las reglas de juego.
La cantinela de siempre.
Ya los conozco.
Pero a mí siempre me chuparon un huevo, los desprecio, nunca lo oculté, al contrario, me hacen reír
cuando el jefe misterioso les ordena que me manden llamar, como si yo fuera una especie de mucama con cofia que cuando les deja de convenir tiran a la basura. A todo ésto, el gobierno reglamentó la ley de servicio doméstico, de una enormidad histórica. Que regula el empleo negrada y negado. Una enormidad genial lo que hicieron.
Lástima, para mí, que yo tenga que tratar de defender mis derechos laborales, que hoy son menos que los de las empleadas domésticas.
Que por lo menos, tienen trabajo. Ninguno de estos chicos dóciles conocen empleadas domésticas fuera de su estricto ámbito laboral.
Ni conocen la desocupación ni el despido. Pero hacen estas cosas, como la ley que contaba. De manera que hay que apoyar este gobierno.
Aunque sus valores, sus vidas, sus estilos, sus lenguajes, sean lo más ajeno a los mismos sectores que los votan. O a mí. O a la inmensa mayoría de sus militantes. Por eso practican, con tanto esmero y temor, el secretismo. No es una ideología antiperiodística. Ni siquiera es un pensamiento elaborado, es una cuestión más banal. Es esto.
Retomé el control de mi twitter, que había sido hackeado en Radio Nacional, el único lugar fuera de mi casa, donde lo abrí. Es cierto que me entraron a robar a mi casa y yo creía que había sido por ahí, porque me sacaron la computadora y plata en efectivo.
Pero que, tras ir a La Plata a cubrir las inundaciones, hacer desde ahí un programa, cuando no había ningún medio -al otro día, estaban todos los empresarios de medios K, porque leyeron en Clarín que estaba la hija de Cristina, a quien yo no mencioné, trabajaba como una militante más y yo respeto eso- pero lo hice con mi dinero, el que me quedaba. Yo renuncié a la otra radio para venirme a ésta (iba a empezar en enero, todo se demoró: desde enero a ahora, mediados de Abril no tengo ingresos) porque iba como director Federico Vázquez, que pertenecía a mi mismo espacio, aunque él no supiera, ni quiera aprender, nada sobre medios.
Tomé una mala decisión, a la luz de las circunstancias, pero no me arrepiento.
Cuando la Comisión Interna se quejó de que yo haya hecho los móviles- cosa que no hice, transmití, con mi teléfono, desde allá: y trabajé, además, 48 horas de corrido, pero si lo hubiera hecho...¿qué? ¿el problema es que el móvil de Nacional estaba con Scioli? Digámoslo claro, muchachos, yo en cambio estaba en La Plata, entrevistando al Cuervo Larroque (sin hacerle preguntas incómodas: sino me iría bien. Pasa que yo no critico a los que ponen el pecho, critico a los que en sus escritorios y bien sequitos toman decisiones) - y no ellos y los viáticos y etcétera, le recordaron a Vázquez un episodio bochornoso de 15 días atrás. Sí, 15 días.
No había ido nadie a trabajar, ninguna de las autoridades, era un desierto. Y yo tuve un operador suplente.
Estaba solamente el equipo de amigos con el que salgo al aire.
Zambayonny y Pablo Vázquez. No nos dejaban poner la música que querramos por que nadie tenía la llave de donde están los discos, como si no fuera el año 2013.
No nos dejaban conectar nuestras computadoras, tampoco. Por que...
Bueno, en fin. El operador suplente nos dejó hablando al aire solos...y se fue. Simple. Se fue.
Entonces conté al aire que no estaba el operador, que no podíamos mandar el corte, poner el tema, sacar una entrevista, ni parar de hablar, de lo que sea: el operador no estaba, era una joda, así de simple.
Volvió, no sé de dónde, nunca hablé con él. Puso el corte. Terminó el programa sin problemas.
Dicen en la radio que se quejó. Verbalmente. Por escrito, obviamente, no podía. Están los audios.
Lo que sucedió, según me contaron los trabajadores que sí van a trabajar, es lo de La Plata. Más la venia de María Seoane para que me hagan mierda a la primera de cambio.
Cosa que me contaban, desde que llegué, los mismos que trabajan en la secretaría privada de Seoane.
Que sienten cierta simpatía por mí. No sólo por los constantes maltratos de la delegada de Magnetto en Radio Nacional hacia todos los que no sean estrellas de mediso K que van a recibir el subsidio patronal ahí o que sean la Comisión Interna que maneja de hecho la radio privatizada, sino por que pertenecen, cultural y generacionalmente, a lo mismo que yo. Leen éste blog. Se divierten. Se ríen de estos solemnes que se ganan
la vida con adulación, ceremonial y protocolo, y concesiones a los chantas que defienden los derechos laborales de su familia.
Y me acusan de menemista, jajaja. Por unos viáticos de mierda!
Entraron a la página de facebook del programa para sacar dos audios -que igual recuperamos- donde habla al aire, cuatro días después de mi supuesto maltrato...EL OPERADOR! Y nos cuenta que su casa está inundada. Y nos lo cuenta con la mejor onda.
Bueno, me puse triste.
Traté de bajar un poco el tema.
Pero el comportamiento de los que me echaron fue de cuarta.
Así que no les voy a dar el gusto.
El lunes vuelvo a Buenos Aires, voy a ir a cobrar lo que me deben, no descarto -¿siempre voy a ser el boludo que negreen total yo no hago juicio?- "iniciar acciones legales"
(ji ji ji: qué feo suena eso) por mi despido, el trabajo en negro y el maltrato y voy a aceptar alguna de las muchas ofertas laborales que tenía y se multiplicaron desde que fui despedido sin causa legal de Radio Nacional. No me van a callar, en algún lado, voy a éstar. Y sino, esperaré. Trabajaré de otra cosa. Quizás no sea mi momento.
Quizás no hay espacios para la voz que expreso. No lo sé, veremos.
Adonde vaya lo haré, si acepta, con mi amigo Zambayonny, que tuvo la nobleza de comportarse como un tipo decente.
Nada de ésto modifica mi posición política. Tampoco antes me creía -y lo escribí mil veces- sin reservas lo de la pluralidad de voces.
Yo no aposté por la ley de medios esperando reventar la banca en los casinos de Cristóbal López.
Antes tambiéen creía que la alcahuetería y la corrupción le hacen más daño
a este proceso, que viene algo aburguesado, que el partido Clarín y la oposición.
Antes también lo decía.
Y con más fuerza lo decía.
Ahora no hace falta gritarlo. Ahora soy una muestra gratis de lo que denunciaba.
El jueves, también llevé, lo conté al aire, donaciones de Nacional Rock, donaciones que jamás se les ocurrió hacer. Cosas que compré yo, enfrente de mi casa, cuando Pablo Vázquez, en su auto, me pasó a buscar, con la plata que me quedaba compré mercadería que metimos y llevamos, en nombre de todos, incluidos los que desde ese momento empezaron a planificar cómo echarme. Para defender unos viáticos miserables que yo les arruinaba.
Tres días después volvía a ser el borracho que, encima que hablo mal del Papa, quiero cambiar el mundo.
Qué déjà vú , muchachos:
