sábado, julio 24, 2010

Hasta parece que defiendo a Macri

Cuando el "Jefe" de gobierno, Aníbal Ibarra, intentó realizar un plesbicito para decidir su continuidad (ni siquiera logró juntar las firmas, aunque puso todo el estado portuario a su servicio) fueron escasísimas las voces que se alzaron contra esa payasada. Recuerdo, casi solitaria, la voz de Horacio Verbitsky.
En fin, que ahora, los que se rasgan las vestiduras por la jugada de Macri, mmm.
Hay que ser verdaderamente ciego para no notar que un aval de la legislatura portuaria, condicionaría a jueces de la talla de Oyarbide. Y de la cámara federal.
Así como Oyarbide no es serio, no es serio tampoco acusar a Kirchner por una causa gravísima que a simple vista toca directamente a Macri, etc, pero conviene detenerse en pensar porqué la mitad de los porteños cree que efectivamente Kirchner está detrás de esta jugada.
La falta de reflexión sobre esto, me preocupa. La coyuntura política, a veces, nubla la vista. Es Oyarbide, y son los tribunales .Hay muchas razones para desconfiar de la repentina valentía de los tribunales.
El centro estratégico de la baja calidad institucional argentina son los tribunales. Ahí, por caso los ex jueces misioneros, está la mafia organizada con una impunidad increíble: los ex jueces de la corte suprema de Menem, De La Rúa, Chacho Alvarez y Duhalde, fueron acusados de delitos gravísimos. No hay uno solo preso. Más aún; el estado les  paga, jubilaciones de privilegio. Esa fue la cabeza del poder judicial, mamita: en qué cabeza cabe que no está todo el sistema podrido? ¿Cómo se puede convivir, tratándose de un poder no democrático, con una cabeza podrida, en la corte suprema, con los jueces de la servilleta 8ninguno preso) y no suponer que toda la estructura está corrompida? ¿Cómo se sostiene un poder en el que nadie cree, al que todos desconfían, que es repudiado por la mayoría de la ciudadanía? Por el temor que generan y por la impunidad que gozan.
La actual corte suprema, que al lado de la anterior, parece Heydi, permite la continuidad ilegal, putrefactamente ilegal, de su par Fayts, como si nada. La oscuridad y opacidad en la que se manejan, el evidente entongue con los periodistas gráficos más visibles, permiten darle un manto de discrecionalidad que muy lejos están de merecer. Nadie eligió a la cabeza de ese poder estatal, que no pagan impuestos, no van presos, cometen los delitos más aberrantes o son siempre cómplices, tienen en cana a miles de tipos sin procesar, inocentes, les joden la vida a los más pobres, se sientan en los clubes de los ricachones, invierten usando información confidencial (bienes raíces y bonos, con preferencia) trabajan sin horarios, sin nadie que los controle, se protegen sus chapucerías entre ellos, curran con estudios jurídicos amigos, y si  hay algún honesto entre ellos, jamás de los jamases hará honrar la ley y denunciarlos, como corresponde, es una corporación, mal llamada Poder. ¿Qué poder se arroga el poder de la independencia, sino es el poder que se sabe impune?  Nunca saben nada del narcotráfico, qué casualidad. Nunca saben nada de la venta ilegal de armas, oh. Nunca saben nada de la trata, ay.
Ciro James, y aún el Fino Palacios, son la resaca de un sistema cloacal, podrido desde la cabeza hasta la médula. Mauricio Macri, incluso, es un pichón en esta trama.
¿O los tribunales nada tienen que ver con cada aspecto de este caso, dónde el único que paga es el funcionario del poder estatal democrático? ¿O la violencia que genera encarcelar a inocentes y procesados no es directa responsabilidad de tribunales?
La tribunalización de la política, eventual y coyunturalmente puede ir en detrimento de un delincuente de guante blanco como Macri, pero: tarde o temprano, irá en contra del campo nacional y popular, de los sectores más débiles de la sociedad.


¿O puede un simple policía, aún un jefe de policía, montar una SIDE paralela sin un buen resguardo en tribunales? ¿Puede? ¿De verdad que puede?
¿Acaso los milicos no tienen experiencia, no saben que si la cosa sale mal, por la razón que sea, van a pagar ellos y nunca jamás nadie de tribunales?

Solamente la Legislatura puede avanzar hacia las complicidades en tribunales de esta aparente asociación ilícita.Es el poder democrático el que tiene que ir a fondo y penetrar en las estructuras podridas de ese resabio de monarquía.
Es la política la que tiene que resolver un problema que no es moral, sí evidentemente penal, pero no moral (individual, aislado, de mal comportamiento) sino profundamente político: cómo es que se pueden cometer estos delitos en y desde tribunales y es la política la que los hace notar, y es a la política a quien quieren condenar los tribunales.

Si tuviera que votar, aún junto al PRO, por el juicio político a Oyarbide, lo votaría con las dos manos. Y con los dos pies.