sábado, octubre 23, 2010

Lo que pasa y se esfuma




 Ayer tuve uno de los días más difíciles. Es todo tan raro. Tan triste, estos días. Yo estaba en la izquierda cuando llegó el kirchnerismo. Y estaba en el kirchnerismo cuando los policías formaban filas sin armas.
Quiero, algún día, contarle a un hijo que no sé si tendré, estas cosas. Yo vi, por la tele, cuando descolgaron el cuadro de Videla. Vi cuando marchaban los piqueteros -mis amigos, mis hermanos- por la Panamericana en el año 2003. Yo quiero encontrar las palabras. Quiero poder decirlo.
Pero cómo resignarse a no creer.
Me quedé dormido en el sillón. No fui a trabajar.
Me queda poca plata pero me la voy a gastar en una comida especial.
Puedo comer. Puedo dormir.
Mientras en las redacciones se teclea con furia, en los ministerios se gastan teléfonos, en los comités se elucubra y especula, en la tele se busca la carroña cotidiana, mientras los chicos se besan en la plaza, los estudiantes, cuando toman las facultades, cogen en un aula medio oculta, hacen las cosas que hicimos. Que fuimos. Antes de seguir siendo.
Hay una familia que no come, que no duerme. Que tampoco encuentra las palabras.
No sé.
Capaz que es mejor que lo indecible siga siendo indecible.
Capaz que no. Y en todo caso, qué importa.