lunes, junio 30, 2014

¿Cazar brujas o llevarlas a la cama?

Argentópolis





Esta cuenta vaticinó hace tiempo lo que nadie vissslumbraba ni se atrevía a considerar: Daniel Osvaldo Scioli sera el próximo presidente.
Muchos se reían.
Otros lo tomaron como una operación de sondeo mediático.
O un ejercicio de ficción.
Esta cuenta está acostumbrada a esas reacciones: el argento promedio tiene un umbral de atención de 48 horas.
Todo lo que exista más allá de ese lapso cognitivo no computa en la materia gris criolla.
Así nos va.


¿Por qué Scioli?
Porque es el mejor político del país lejosss.
Un essstratega en serio.
Nunca actúa en caliente.
No escucha los consejos de los gilipollas de turno.
Sabe ver el “big picture” como nadies.
Mide sorprendentemente bien después de años en el spiedo.
Cuenta con una chequera y un aparato que, hoy por hoy, ninguna fuerza puede enfrentar.
A ver, vuelvo atrás unos renglones: dije que Daniel Scioli es el mejor político del país.
No el más inteligente, no el más formado académicamente, no el más visionario.
No le pidan que cabecee.
No es un hombre de grandes ideas fundacionales ni está rodeado por una usina de pensadores brillantes.
Ni siquiera es el más honesto.
Lo suyo es la plancha y la lancha.
Una cosa es hacer política y triunfar en ella.
Otra muy muy distinta es gobernar bien.
Perdón por el cliché pero los vocablos político y estadisssta por lo general son antónimos.
En fin.


Ahora hago otro vaticinio: Martín Yeza también será presidente de los argentinos.
Martín es el extraño caso de un político que no es político.
Es mucho más que un puntero o un alcahuete trepador.
Es un pibe con formación teórica, con solidez académica.
Martín, por su juventud, su buen corazón, su querible ingenuidad y su espíritu de consenso, se muestra favorable a una iniciativa que, si no me equivoco, proviene del radicalisssmo rancio: la Conadep de la corrupción.
En teoría me parece un concepto loable.
En la práctica me resulta imposible de ejecutar.
El ovillo es demasiado largo.
No va a quedar nada ni nadie en pie.
Ni los gerifaltes del crimen organizado (no, no son los Kirchner, ellos son sólo los country managers).
Ni los ordenanzas suplentes de mesa de entradas de la última repartición pública de frontera.
La trenza es demasiado densa.
Están todos mezclados, revueltos, amontonados.
Los tres poderes.
Todos los partidos.
Todos los sindicatos, cámaras empresariales y agrupaciones civiles.
Las fuerzas vivas y las muertas, también.
Los empresarios, los empleados y los desocupados también.
Italia, de donde hemos heredado unas cuantas cosas, intentó hace no mucho lo que se llamó el Mani pulite (manos limpias).
Circa 1992.
Una campaña nacional de moralización y decencia.
Una cacería judicializada de corruptos.
Lo único que lograron fue que asomara a la luz la llamada Tangentópolis (tangente significa coima).
La ciudad del soborno.
Una sociedad entera construida sobre los cimientos de la corrupción, el nepotismo, el engaño.
Una cultura cochambrosa que simplemente no funciona sin venalidad.
La cruzada del Mani Pulite, liderada por el ególatra y mediático juez Di Pietro, arrojó como resultado 1.233 condenas y 429 absoluciones.
Recordemos que la justicia italiana en la puta vida condena a nadie y los pocos que reciben condena jamás la cumplen.
Imaginemos a la ya inoperante justicia argenta aun más abarrotada por casos de corrupción.
No saldría una sucesión ni un divorcio hasta el año 2050.
En Italia todo empezó con un tal Mario Chiesa.
Un funcionario de tercera línea, un perejil.
Un día Marito cayó en una emboscada judicial por un vuelto insignificante y, tras sentirse ninguneado por la mafia, no tuvo mejor idea que empezar a hablar.
A dar nombres y cifras
A explicar el modus operandi.
Googleen, no sean vagos manga de gilipollas.
La marea se llevó puestos, nada menos que a Bettinio Craxi, Giulio Andreotti y Arnaldo Forlani.
Los tres políticos más importantes del país por aquel entonces, que se juraban enemigos acérrimos frente a la opinión pública pero, según se supo, estaban mutuamente entongados hasta el caracú.
¿Amado podría ser nuestro Mario Chiesa?


¿CFK podría ser la Bettina Craxi argenta?
Craxi, para los poco leídos, se vio obligado a huir al exilio en Túnez, donde ¿murió? en enero de 2000 a la edad de 65 años (tal vez está con Yabrán y Néshtor tomando un mojito en las Seychelles).
Pregunta: ¿por qué no se “suicida” Amado, de preso en la intimidad de su loft de Puerto Madero, carcomido por la culpa y el remordimiento?
Hay que desconfiar de un sistema político en el que de vez en cuando no muere alguien en circunstancias sospechosas o aleccionadoramente ajusticiado a luz del día.
Significa que son todos cómplices, que están todos entrecruzados, que todos tienen los pies en el plato, que se protegen unos a otros.
Omertá.
Por eso desaconsejo la vía de la Conadep de la corrupción.
We can’t handle the truth.
Vamos a terminar dando risa y pidiendo un Punto Final de la corrupción.
No estoy exagerando: en 1994 el gobierno de Berlusconi tuvo que dictar el “decreto salvaladrones”, un Punto Final para chorros que excluía de la pena de cárcel a los delitos de Tangentópolis: cohecho, fraude, abuso de poder y financiación ilegal.
Nos nos conviene mirarnos en el espejo ni mucho menos revolver la ropa sucia.
Además, lo único que vamos a lograr es que los corruptos perfeccionen sus métodos, oculten mejor sus rastros y, como consecuencia, aumenten su voracidad.
Exactamente lo que pasó en Italia.
Algo parecido a lo que ocurre en EEUU donde está de moda el bienpensantismo de denunciar racistas.
Lo único que se ha conseguido es que los racistas sigan operando con la discriminación de siempre pero de manera solapada e imperceptible, casi imposible de detectar.
Los poderosos, los hijos de puta, tienen los mejores abogados y los mejores contadores.
Por algo son poderosos.
Ningún funcionario público con caspa puede contra ellos.

Ningún planta permanente tiene las ganas ni la preparación para enfrentarlos.

Y cuando 20 mocosos del Nacional Buenos Aires quisieron hacerlo fusil en mano ya vimos lo que pasó.

La Argentina no tiene arreglo.
La Argentina es así.
¿Existe la remota posibilidad de un cambio?
Tal vez sí, si ocurriera un cataclisssmo bíblico o una conflagración terminal.
Por ejemplo: lo que le pasó al pueblo judío.
Los sopainas se vieron obligados por fuerza mayor a dejar de ser los científicos, profesores universitarios, comerciantes, sastres y violinistas pacifissstas de Europa para volver a ser un pueblo guerrero con territorio propio.
Mmm.
Mejor no.
El precio es demasiado alto.
No somos el pueblo judío.
No tenemos ese temple.
Somos criollos, católicos, somos disssstintos.
¿Me equivoco?
En lo que a nosotros respecta, hasta próximo aviso esta es nuestra normalidad.
No hay otro escenario posible.
Nos gusssta así.
Al que no le guste así, Ezeiza.


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