Un militante que no mida las relaciones de fuerza para ordenar así sus tácticas en pos del objetivo, es medio boludón. Hay muchos, pero las batallas se ganan, casi siempre, de a muchos. Siempre y cuando sean bien conducidos.
Cuando las relaciones de fuerza son desfavorables durante un lapso mediano para la serie completa y se persiste en no leer esta nueva situación -como le sucede al kirchnerismo- se aumenta el desgaste, que será más rápido por cuanto ya estaba baqueteado por la poca sustancia que portaba.
En una situación como la de 2008/09, que no fue igual pero que lo que queda de oficialismo tras el giro a la derecha y también parte de la oposición razonan traspolando aquellos años, el kirchnerismo construyó una minoría intensa ubicada a la izquierda del cuadrante político, resistió y esperó el cambio de las condiciones políticas que llegaron de un inteligente combo de minoría intensa y transversalidad hacia izquierda y la muerte de Néstor Kirchner, junto con el estratégico recupero del precio internacional de los granos en la República Unida de la Soja. Pero las elecciones de 2009 se perdieron. Y la muerte de Néstor Kirchner no solo le sumó a Cristina votos/lástima, que no fueron pocos, sino votos/aliviados, dado que en última instancia el usufructo del estado llegaba, inexorable como la Constitución, en cuatro años.
Cristina, demás está recordarlo, no hizo este análisis. Prosiguió con su cuñada de ministra, hizo hablar a la hija en la prensa, a la hermana pedirle la eternidad y se hizo escribir que su hijo lideraba algo. Y encima se creyó todo eso. La cosa no podía terminar de otro modo, que en este patetismo.
Incluso, la defensa cerrada y condenatoria a Boudou, mostraba que Cristina ni ahí que estaba entendiendo el mensaje de ese voto/alivio, así como la transformación del movimiento popular en la idolatría de su familia, espantó el voto/lástima. Lo entendió tarde, cuando dejó de santificar a su marido, apartó a su familia del primer plano, dejó el luto y se cuidó de chorear menos alevosamente.
Y la táctica, absolutamente subsumida a su situación penal y la de su familia, con completo desinterés por cualquiera que no sea ella, hasta el punto de inaugurar ¡un carril! y creer municipalmente que si no habla del cacográfico, la situación no existe. Lo que también explica por qué el gobierno no aplica la ley de medios, excepto como extorsión a Magnetto para que no le investiguen el patrimonio mal habido.
La táctica es rehacer la minoría intensa pero hacia el cuadrante derecho. Por eso esa actitud de cerrarse, de no poder contestar preguntas siquiera de la prensa, ya no de debatir, siquiera en una unidad básica.
Porque ni ellos se la creen. Es la respuesta clásica. Que explica por qué dos menemismtas reconvertidos a su religión como Hernán Brienza y Jorge Rial pueden entrevistarla sobre lo genia que es y cómo anda su nietito. Todo más vale, de un declarado y banal menemismo que prolonga la eterna indagatoria en la que está el gobierno, dándole un toque agónico que sería gracioso si no fuera que los trabajadores bajo el regresivo sistema fiscal tenemos que pagar la joda de esta mersa.
El kirchnerismo está extinguido y comienza la dura lucha por la sucesión, donde no participarán ni podrán terciar, en el cada vez más dudoso caso de que logre complatar el mandato sin adelantar las elecciones o pegar un brusco giro en esa política sin sujeto social, que solo busca autohomenajearse con prescindencia de la realidad, para lo cual solo queda hacerse una televisión a medida y un INDEC que los aplauda. Lástima que la gente ya esté recontrapodrida de tanta tilinguería.

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