lunes, junio 30, 2014
Tiempo de policías
Ya no hay hippies tristones. Ni brotes psicóticos de ingenuidad. En el kirchnerismo no hay nada por salvar hasta tanto se evalúe la tierra arrasada que deje esta nueva oligarquía política, jocosa de controlar el ADN del campo nacional y popular. Es muy probable que la borrascas de la historia suavicen estas líneas.
Veremos.
Por ahora, el sentido del kirchnerismo no se discute a la madrugada en los bares baratos. Se decide en los restoranes caros, al mediodía. Ajetreados e importantes, como suelen ser esos insustanciales de siempre.
Los amigos que se entusiasmaron vuelven a sus antiguos placeres: vuelven a ser periodistas, artistas, bandidos, aburridos asesores de legisladores aburridos, actores, escritores, desocupados, cosas así. Menos dramáticas que la épica torcida de estos años. Que se alejan. De a poco. Le pongas o no mayor resistencia, se alejan.
Las charlas vuelven a tópicos de familia, de libros, ya ni nos queda la pasión por las mujeres. Fuimos creciendo. Apartándonos. Adquiriendo responsabilidades. Curtiéndonos en el cotidiano tonto que nos proponen los traidores.
Mientras desfilan, con sus amigos yupies, buscas de recoleta y financistas, rodeados de espías y alcahuetes, los otrora gloriosos mánagers de la liberación nacional. Firmándoles autógrafos al chofer y la secretaria, que los odian con la sumisión tímida de los burócratas.
Los que fuimos jóvenes promesas dejamos de ser jóvenes y de ser promesas. Nos empezaron a importar otras cosas. Volvimos a lo nuestro. Los menos se endulzaron, hoy son empresarios, se agarran a la teta frígida del estado manteniendo la ficción del privilegio. Ya ni se juntan con nosotros. Mejor para todos.
Mientras, la gente sigue igual que ayer. Comprando en la despensa, viajando en colectivo, yendo a trabajar, criando hijos. Esperando un milagro. Mirando partidos y telenovelas. Votando a alguien. Rezando a un dios que se demora. Paseando perros y ahorrando para la peluquería.
Después Messi hace un gol.
Los dueños del mundo nos tratan de inquilinos. En el diario dicen que alguno va preso. Que mañana va a llover. Que se estrena una película sobre algo muy polémico que traerá controversia, oh. Y así.
La injusticia social es la misma de antes. Nosotros cambiamos y nos duele menos. Probablemente también tenga que ver con la edad. Nunca lo sabremos. Coincidió con el último ataque de esperanzas.
Los policías ideológicos sacan su bastón de excusas ante la menor insinuación de crítica. Cazan rebeldes para vender la cabeza en los mataderos educativos.
Sentimos a veces un poco de lástima por ellos. Otro poco de culpa. Ya ni siquiera bronca.
Y la gente sigue yendo a la despensa, haciendo la cola para pagar el gas, trabajando, mirando telenovelas.
Hay una sensación falsa de guerra perdida entre nosotros, que todavía somos jóvenes para ser cínicos y viejos para la melancolía. No hay nada que esperar.
Nunca lo hubo.
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