Qué cosa, no? Hay, en la sociedad, una crisis de valores. Esto antes no pasaba.
Seis mensajes de texto, apenas me levanto, de mi pequeña con instrucciones para colgar la ropa, dejar una ventana abierta, etc, etc, etc.
Esto, revela, crudamente, una crisis de valores, de los valores de nuestros abuelos. Antes no pasaba. Uno volvía a su casa y preguntaba: ¿Qué hay para comer? Y listo, comida caliente y servida, cosa loca.
Bien, vamos a los temas importantes: yo, que tengo nombre y apellido, no
escracho a nadie cuando digo el nombre del otro. Muy de valientes de andar diciendo hijo de mil putas a otro, desde el anonimato, no te parece, che?
No sé qué opinará
Mariano T, de todo esto.
Yo pienso eso, y lo firmo, con mi nombre, mi apellido, y demás.
Las muy valientes
patotas de empresarios rentísticos, que en su disputa por volcar
al estado en su favor -en épocas de vacas flacas en el mercado de
Chicago- operan desde el anonimato y, curiosamente, quienes los avalan, muchas veces, también. Otros no, como
Biolcatti, De
Angelli, pero se
desdicen, se arrepienten, se pelean con el contexto, etc.
Entonces es muy difícil discutir: porque el otro es siempre portador sano de ideas nobles, no personas de carne y huesos que, como yo, operan también de acuerdo a intereses, pujas sectoriales, mezquindades, pasados, afectos, odios, y también, claro, ideologías simbólicas.
Las personas son complejas de por sí, pero cuando las atraviesan los fantasmas de las ideas, la militancia política, el espíritu de disputa en torno a lo simbólico, son personas más complejas.
Pero los que tiran la piedra y esconden la mano, siempre me cayeron mal.
Yo puedo comprender que algunos amigos
utilizan un seudónimo, en clave de anonimato ( o con la misma función del anonimato) pero eso también implica una responsabilidad mayor: por ejemplo, no ser cobarde, no insultar al otro.
Porque si
Lucas Carrasco le dice hijo de mil putas a otro, se la tiene que aguantar. Es así en este blog, en un
ring de
box o en los salones del Club Social de Diamante, donde sirven una taza de café con leche más grande que mi cabeza.
Si yo fuese
Lucas C debería, por lo tanto, ser aún más cuidadoso, aún más medido, aún más valiente: porque defender cándidamente mis ideas, que vienen a ser que vos sos un hijo de mil putas, desde el anonimato, implica un mayor grado de responsabilidad social y personal, por respeto a mi integridad, y a quienes insulto, y a quienes dan la cara.
Bue, en fin, el asunto es que me voy a ver el documental
"Porotos de soja", de Coco
Blaustein, en ATE Santa Fe, a la
nochecita. Mientras mi Pequeña se entretiene en un colosal seminario de
Pacaying (ni sé cómo se escribe) en la Facultad. Vaya seminario.
Pero, ahí en ATE, donde no me conoce nadie porque es en Santa Fe, yo puedo arrastrar mi panza, mi calvicie y mi metro cincuenta sin problemas, como en ATE de
Paraná, dónde un poco más me conocen.
Pero difícilmente hubiera podido ir al lanzamiento de las
Escuelistas de Formación Política de la Sociedad Rural, meses atrás, en
Paraná.
Porque la presencia de
Biolcatti y Vicente
Massot junto al Rabino
Berga mucho no me entusiasma, y porque, convengamos, alguno me puede llegar a conocer y me sacan a las patadas.
Es así, qué le vamos a hacer.
Debería haber escrito con nombre
Lucas C, o R, o P, o no haber escrito lo que escribí; o
aguantármela.
P/D: todo este post viene al caso porque le tengo verdadero aprecio a Andrés el Viejo, y a Primo
Louis.