martes, junio 23, 2009

Todos putos


¿7 puntos arriba con Kirchner en la provincia de Buenos Aires? Ahora son, por lo menos, 9 puntos. De nada.

Como suena, se llaman “Agrupación Putos Peronistas” y son oriundos de La Matanza. Dirán presente en el programa de TV y chatearán con la militancia conectada desde todo el país. Tambien estarán presente en el canal referentes de Movimiento Evita, que como todos sabemos, son todos putos (y faloperos).
La TV Peronista está en www.votamospositivo.com/tv y la cita es el martes 23 de junio a partir de las 20Hs.
Por supuesto, yo no miro esas cosas.
Pero tiene que haber también, una TV direccionada a la grasada.
Me fui.
Tengo que trabajar; una porquería. No hay día más lindo para dormir una siesta como éste, Gallego. Posta.

Kirchner denuncia un pacto:


Entre Néstor Pitrola y Martín Sabatella. Para Kirchner, crispado, sacado, violento y descabellado como siempre, decíamos, para el loco de mierda de Kirchner "aunque el Partido Obrero lo niegue, tienen un plan para hegemonizar el estado si llegan al gobierno"arremetió.
Esto, según el ex presidente en funciones, revelaría un "acuerdo por lo bajo con Martín Sabatella, para hacerle creer a la gente que la elección está polarizada entre ellos".
Tremendo, nadie hace nada y está todo mal.
Y encima, no se debaten propuestas en esta campaña donde faltan ideas; institucionalidad, república, consenso, son palabras vacías para una dirigencia de mierda que destruye a la gente y al campo que son tan buenos que no se merecen esto.
Respiro.
Inspiro.
Expiro.
Pausa, y luego, con cara grave: por eso estamos como estamos y somos como somos.
Aplausos.
Muchas gracias.
Un corte, y enseguida volvemos.

lunes, junio 22, 2009

¿Sale segundo, che?


¿Y, sale o no sale segundo el Partido Verde (en Sepia)?

El búnker de campaña dice que sí, vamos todavía. Las encuestas le dan un 12,5 a la lista 125.

¿Vuelve la transversalidad?


No se qué opinará el Escriba, pero para mí, las cartas ya están sobre la mesa. El kirchnerismo gana en todo el país por más del 63%, excepto Vicente López, provincia de Buenos Aires.

Y puede, ojito que puede eh, perder Capital, Santa Fe, Córdoba, Catamarca, Tierra del Fuego, Mendoza, Corrientes.

Peeeero, ojito de nuevo, Escriba, que Tierra del Fuego no está del todo dicho, en Neuquén ganan los aliados, Catamarca, la derrota puede ser más ordenadora hacia el interior de esta modalidad predominante del peronismo que es el kirchnerismo y, encima, para colmo, traigan un respirador, que resucita la transversalidad.

Sí, señora, señor, los muertos no están muertos por falta de votos, como bien sabe Alfonsín que le heredó al hijo un 10% de votos en la provincia de Buenos Aires.

Para gobernar, de cara al 2011, y para pensar una alternativa en el 2011, el kirchnerismo tiene dos posibilidades: una, hacer valer su estatuto de modalidad predominante al interior del peronismo, para desde ahí negociar con el peronismo que no está volcado totalmente a la centroderecha (tamos re finos: la derecha es, ahora, centroderecha) del PRO y la Coalición Cívica y Rural; o bien, intentar recomponer una construcción abierta hacia el centroizquierda (por su potencia simbólica en ciertos distritos ricos; que hoy revelan que la enfermedad infantil del comunismo, el izquierdismo, los entusiasma para subirse a cualquier tren conducido por el encantador de serpientes) más una estratégica recomposición con el radicalismo que supo ser K y hoy navega en el limbo.

Este radicalismo, tiene importancia en Tierra del Fuego, en Río Negro, en Mendoza, en Corrientes, en Santiago del Estero, en Catamarca. Y por tanto, traslada su importancia institucional hacia dos planos: el senado y distintos ejecutivos.

El desgaste de Cobos, la deblacle delirante de Carrió, el naufragio radical orgánico, son datos que abonan y posibilitan esta lectura.

Pero, será central, para la elección de uno u otro camino, el modo en que se vaya conformando la oposición. Ya que, en cierto sentido, Macri, Reutemaaaaan, Binner, el Escriba, también tienen la misma opción y las mismas oportunidades de juego.

Nada nuevo, al parecer. Sólo que, a mi juicio, la alternativa de pejotizar la modalidad de construcción política, no es, ahora, la única opción disponible -más allá de preferencias de cualqueir tipo personales-. Y eso es una novedad.

Que puede durar unos días, ya que el pueblo, y también la gente (y el campo) votan la semana que viene, y son tan desgraciados que suelen votar de un modo dirijido a romper los pronósticos. Cosa jodida, no?.

La transversalidad, entonces, puede resucitar de su muerte por autoasfixia erótica, pero no será ya, en el formato de movimientos sociales; esto es, en el formato provincia de Buenos Aires, sino en la más desangelada forma del oportunismo radical. Si es que no se opta por rejuntar el oportunismo peronista.

Dicho con onda. Que acá somos todos amigos, nos queremos, nos respetamos, dialogamos, de cara al país que comienza a nacer el 29 de junio, jeje.


"Menem nos hizo progresar

De visita en Entre Ríos, Mauricio Macri asegura, en entrevista con Informeteve; que disputan el "segundo o tercer lugar en la provincia", cosa dudosa, elogia a Reutemaaaaan; a Busti, a Tinelli y a Menem.

"Menem nos trajo progreso y modernización, pero le faltó la parte ética", definió. Lo que, a buen entendedor, implica que Macri propone hacer lo mismo, pero agregándole la "parte ética".

Sin dudas.

domingo, junio 21, 2009

Salta

No sólo en Santa Fe presidenciables compiten y se anulan mutuamente, hoy con más chances Binner (un pequeño triunfo sojero, alrededor de la de máxima del complejo sojero: la gran esperanza blanca; Reutemaaaaan!).
Hay que prestar atención a las elecciones salteñas: entre Urtubey y Romero, se juega un interesante partido, palo a palo, con repercusiones importantes.
La derecha con discurso federalista y conservador, de intereses asentados en la producción primaria (se soja, de marihuana, etc) puede articular con el presidente del PJ salteño (gracias Kirchner) si su pollo le gana a Urtubey.
Y por el contrario, el joven gobernador, cara del recambio de los apellidos de linaje en la provincia, puede consolidar su poder en esta elección, con las cartas más claras y un escenario mejor definido.

Oficialismos


Oficialismo y yo
(afirmación, pregunta, claro, por qué no, depende, jamás y ojalá)
Néstor Borri
nestorborri@gmail.com



¿Oficialista yo? Sí. Incluso: claro que sí


En esta etapa, en este momento, la verdad, me resulta entre insuficiente y eventualmente mediocre –perdón si la palabra es muy fuerte– la retórica del “apoyo crítico”. A esta altura, creo que tiene más consistencia de coartada que de argumento. Creo, más bien, que es un momento crítico para apoyar. ¿Para apoyar qué? ¿a qué? ¿al gobierno? ¿al oficialismo? Sí. Apoyar, siendo que hoy apoyar es votar. Y argumentar a favor del voto. Para mí y por mí, para otros, frente a otros y confrontando a otros que votan otra cosa, apoyan otra cosa o promueven el apoyo a otra cosa, abierta o sumergidamente, superficial o estructuralmente. Sé que el apoyo no se agota en el voto, y que hay mucho más que hacer además de votar. Y que cada ámbito tiene su propia racionalidad y lógica, mediaciones de apoyo, de disidencia o de combate.


Puestos hoy: creo que hay que votar al kirchnerismo, sabiendo que, en esta elección legislativa, se vota lo que ha de condicionar, sino las leyes, las reglas de juego de los próximos años. Lo que se vota es la legitimidad de la acción de gobierno y representantes para sostenerla. Y esto, según lo veo, no se debe a que haya algún tipo de intención distorsiva de la geometría republicana de la representación, con las llamadas “candidaturas testimoniales”. En todo caso se debe a que una elección adquiere sentido y consecuencias en la relación de fuerzas concretas que, en la sociedad, justamente, le asignan significado y le imputan consecuencias.

Afirmo esto, lo asumo, con todos los límites del caso que se quieran señalar –límites a los que les doy la más franca bienvenida porque la democracia es el reino de los límites, la imperfección y hasta de la desprolijidad.
Siendo que lo que se vota es eso y en esas condiciones –y ya que lo que se vota no es idéntico a lo que se elige y, estrictamente, tampoco a lo que se decide– creo y sostengo que para seguir consolidando los procesos en los cuales los sectores populares –identidad y actor siempre en construcción, siempre parcial, siempre incertero– puedan seguir avanzando, no retrocediendo o al menos abriendo condiciones de avance o de no retroceso, el mejor escenario a la vista –y en perspectiva– es que el grupo que actualmente administra los resortes del estado desde el gobierno siga haciéndolo. Así podrán seguir desarbolándose unos procesos en curso en la sociedad y en el estado que benefician y beneficiarán a los sectores populares. A la consolidación política de sus intereses, por un lado. Y a su calidad de vida, por otro.


Al decir esto respecto a la elección y su sentido y consecuencias, no dejo de recordar que hay otros resortes del estado que no son el gobierno, que hay diferentes estados y sectores del estado, y sobre todo que hay otros poderes que no son el estado… a los que vale siempre tener en cuenta a la hora de analizar. Considerando este panorama decía, considerando que eso es lo que se elige –quiénes podrán seguir administrando esa cuota parcial de poder, lo mejor que veo a la vista, y lejos la verdad, es que el kirchnerismo pueda seguir gobernando, mantenga una legitimidad suficiente para continuar haciéndolo, de manera que se sostengan activas al menos algunas de las posibilidades abiertas por la secuencia histórica iniciada entre 2001-2003.


No se trata además de que sólo es lo menos malo que veo. También es, claramente, lo mejor que veo, en términos positivos. De lo real, de lo que está en juego. No de lo que quiero, desearía, me gustaría que haya. Eso no se juega en la elección. Dónde se juega eso otro es otro cantar.
Desde donde lo puedo analizar, lo analizo así: aún multiplicando por dos los errores, y dividiendo por dos los aciertos, seguiría sosteniendo la misma opción. Y, si me permiten exagerar, diré que admito incluso más que “dos” como factor de división y multiplicación.


¿Estaré ciego? Parcialmente, sí. Claro. Tengo visión limitada, sesgada, no veo que no veo, no sé lo que no sé. Sé que tengo esos límites: en el pensamiento, en las opciones y en el asumir esas opciones en acto. En estas condiciones decido, no en otras. Y, sabiendo más o menos eso, más o menos esto decido, y trato de expresarlo así.


En las condiciones actuales, considerando las relaciones de fuerza, considerando las opciones disponibles, lo que se puede votar, quiénes pueden ganar y perder y las situaciones y los diferentes escenarios intermedios, creo que hay que votar, cantado y casi me atrevería a decir cantando, al Frente para la Victoria. Justicialista, cierto.

Quizás pondría un pequeño matiz: creo que hay que construir frentes para triunfar en las elecciones, pero que debajo, al lado o alrededor de esos frentes debe haber frentes para construir poder político en las elecciones y más allá. Y que esos frentes han de ser para la victoria, el empate y la derrota. Ahí veo limitaciones, evaluo errores, discrepo en puntos no marginales.
Pero esto pienso: en ese movimiento trato de identificarme con los intereses populares a los que sólo puedo sumar y en los que sólo me puedo reconocer si tomo el riesgo de ir definiendo (definiéndolos, definiéndome, definiéndomelos) en el mismo momento en que los asumo y los nombro, porque no están ahí afuera como una realidad terminada antes de que mi “yo” y, en el camino, mi “nosotros” los reconozcamos. Que pena que no sea más simple, pero así es. No encuentro, mientras tanto, ningún camino de transformación que no comience con una furiosa bienvenida a lo que es.

¿Oficialista yo? ¿Por qué no? Y ¿cuál es el problema? ¿"Oficialista" o "yo"?

¿Cuál es el problema? ¿O, en realidad, no es un problema sino, acaso un pecado o sucedáneo de pecado?
¿Alguna ley de "la naturaleza", de la moral o de la religión –de cuál, además– indica que debo ser oposición, no oficialista, estar en contra del gobierno, del estado, del kirchnerismo, del peronismo, de este gobierno, del gobierno este, esta vez o todas, “en contra de” o “en contra” nomás?
¿Tiene otro status estar en contra? ¿Desde cuándo? (Esta pregunta, por la historia de esto, me parece que es importante) ¿Se pierde qué cosa, qué dignidad, qué alma, qué pureza, qué lucidez, qué razonamiento al no estar “en contra”?

¿Cuándo se naturalizó que sólo oponerse, criticar o estar a “distancia de” –en el mejor y más sofisticado de los casos– es lo correcto, lo bueno, lo espléndida, cómodamente lúcido?
O, quizás, quién sabe, lo que molesta es el “yo”. No sólo el cada uno, el cada cual. El “yo”. Ese pasar del “se” al “yo”. El expresar adhesión en primera persona. Del singular.

¿No será que, en tiempos de tanta condena al individualismo, cuando alguien dice, decide, decir yo adhiero, alguna cuerda secreta pulsa, alguna frontera oscura cruza, y reconstituyendo una opinión personal, individual, singular, transgrede el mandato de (someterse a la) tribu, aunque más no sea de la paradójica tribu de los que no adhieren a nadie salvo al no adherir?

¿Oficialista yo? Jamás.

O quizás: oficial es el poder de lo ya constituido. El poder concentrado, fáctico. El consenso concentrado del poder hegemónico, valga la redundancia. Que no es el Estado. Que no es “el oficialismo”. Ese poder concretado es “lo oficial”: el pensamiento único –contradicción en los términos, pero, al mismo tiempo, realidad contundente, aplastante, omnipresente, asfixiante en tal grado que parece ser el aire mismo. Realidad única. Posibilidad única. Futuro fatal. El debe ser. Como es. Statu quo.

Apoyo a un partido político, a una propuesta de gobierno, a este oficialismo, al kirchnerismo, sí –si es que hay que decirlo, finalmente con las palabras de la moneda de cambio, para entenderse, porque tampoco puede uno andar hablando definiendo cada termino, o en jerga de politólogo que uno no es…–. Apoyo, decía, creo que hay que apoyar, tengo argumentos para apoyar y –en este caso específico votar– al kirchnerismo para oponerme –aquí sí, sí…– al poder concretado, a la concentración del poder, que a veces declama llamados a la pluralidad, y al poder de facto, que se desvive por la institucionalidad.
Apoyo al kirchnerismo porque estoy contra el oficialismo de los poderes fácticos, del poder constituido. Mediático concentrado, económico concentrado, de hecho ajeno a todo cuestionamiento porque se escapa, se esconde como “poder” a todo cuestionamiento: se autoinvisibiliza…

¿Oficialista yo? Depende


Puedo elegir. Puedo pensar. Con mis herramientas, mis recursos limitados. Creo en eso. Como posibilidad y como característica constitutiva. Creer eso es una posición ética, previa a lo demás.. Entonces, depende. Depende de qué signifique ser oficialista. Depende de qué grado, qué márgenes de elección tenga. De qué haya para elegir. Todavía siento que hay demasiado más margen para optar entre lo que existe que condiciones o posibilidades para crear esas opciones entre las que se elige. Esto me acucia en mi vocación y en lo que quiero, pero no me resulta desesperante. Y, con esto, en situaciones siempre provisorias y parciales, dependientes, mortales, puedo ejercer un margen de decisión propia, de pensamiento mío, y entre esas opciones, para que sean efectivamente opciones, para ser pensamiento, tengo que hacer el esfuerzo de no dejar, a priori, ninguna opción fuera del abanico. Ni siquiera la de ser oficialista. Con todos los depende que quieran, y debido al valor positivo que les asigno a esos “depende”, la respuesta es “sí”, entonces.

Oficialista, yo: sí, pero ojalá pueda ser algo mejor. O nombrar, conversar y construir mejor lo que soy y puedo ser.

Prefiero otros cortes para definirme. Tengo que crear condiciones, fuerza social y capacidad subjetiva para pensar en otro idioma que no sea “oficialismo-oposición”. Aún sabiendo que también algunos de los que proponen otros cortes en realidad quieren pensar o invitan a que me piense desde a impotencia política, o desde fuera, a secas.

Las definiciones circulantes me resultan insuficientes. De un lado, porque en gran medida son impuestas por un conjunto de “administradores” de los a priori del pensamiento y del “repertorio de categorías” para pensar y para ponderar las ofertas y las opciones.
De la otra orilla, porque como sociedad nos pensamos pobremente; el tipo de cultura política que reproducimos no está a la altura de nuestras propias circunstancias.
La tercera orilla es la que no hemos construido: no hemos invertido suficiente fuerza, probablemente, personalmente yo tampoco, para ofrecernos, ofrecerme, ofrecer, confrontar, aportar, con otro tipo de categorías políticas para pensar, con otros ámbitos para debatir y otras identidades con las que batallar, con las que marcar el campo de batalla y con las que comprender en qué campaña se está, qué se nos juega. Y de qué lado estamos.