
El neodesarrollismo que, con sus particularismo nacionales, a tono con sudamérica desarrolló el gobierno nacional desde el 2003 -con algunos tibios amagues desde el 2002- no ha tenido una particularidad que, también a tono con sudamérica y en un contexto de guerra fría tuvieron los gobiernos anteriores de esa óptica ideológica. El desarrollo planificado -o la ausencia deliberada del mismo- de las fronteras.
Muchos gobiernos militares -con la clara excepción del último de facto- incubaron esa contradicción: su alianza con la Iglesia, de concepción económica medieval- y con la oligarquía, que pretende un país para pocos y de tinte bananero (o sojero, en su variante nacional); no siemrpe era posible de congeniar con su concepción militarista, propia de un patoterismo, perdón, patriotismo de revista Anteojito, nacionalismo entre conservador en lo político y liberal en lo económico (y a la vez, el nacionalismo en su variante hueca y estética: el criollismo hispanista) y el latente miedo al peligro interno.
En este devenir, la ausencia de desarrollo industrial (en la acepción militarista alemana del industrialismo, que incluye el desarrollo de industrias claves y cierta noción de la "guerra total") en las fronteras norte fue deliberada, tanto como el desarrollo del sur.
Las hipótesis de guerra incluían un paisaje geopolítico paranoico, subordinado relativamente a occidente (lo relativo viene de cierta noción de autarquía necesaria para la "guerra total"), y un papel de la argentina en el mundo donde, a la par que se vendía materias primas de acuerdo a la división internacional del trabajo, del devenir de los términos de intercambio, nuestro país debía jugar el rol de garante de la civilización cristiana, amenazada por el comunismo en sus variantes nacional populista.
El actual esquema de neodesarrollismo en sudamérica, cuando es comandado por militares o se les asigna un papel ponderante (el caso de Venezuela, Bolivia, por otras particularidades ecuador y Colombia, que tiene, también, muchos rasgos neodesarrollistas, aunque también sus derechas bananeras, en este caso, merqueras) tiene algunos componentes de incentivo ald esarrollo de fronteras, que junto a nociones de justicia social, implica una búsqueda de equilibrio geográfico en el mapa de la equidad social. No siemrpe se logra. Pero es claro que la oposición de las capitales a los liderazgos populistas, neodesarrollistas y distributivos, es un incentivo que potencia estos rasgos de equilibrio geográfico y social.
En la argentina sucede, pero sin planificación ni mayor racionalidad de fines y medios.
El avance del sur y el avance del norte durante el kirchnerismo fue notable. De hecho, dejando de lado la simbólica Santa Cruz, los números electorales reflejan esto, entre otras cosas, quizás más importantes, que reflejan.
Las variantes de centroderecha sustentadas (aún con discursos y partidos visualizados, a mi criterio de modo erróneo, como progresistas) en el sujeto social al que objetivamente le conviene un regreso mítico a la patria bananera, o sojera, en este caso, implica también pensar que el impulso débil al norte y al sur de nuestro país, se irán lentamente evaporando, en pos de una serie de medidas hoy puestas en el tapete, que acentuarían la inequidad regional.
Que Formosa tenga que pagarse su policía y la Ciudad de Buenos Aires no, que las cooperativas tabacaleras (alto: nada de hacerse ilusiones con las cooperativas tabacaleras jujeñas o o las yerbateras misioneras: son de terror, pero de terror de verdad. Lo saben los campesinos envenenados, expulsados, explotados y, en el caso misionero, hasta cagados a palos. Eso es Ramón Puerta, estrella del "peronismo disidente") tengan soportar los vaivenes del mercado, como cualquier empresario, pero los pequeños y medianos milloneros sojeros sigan teniendo aseguradas por el estado las ganancias, habla de esto.
Y con el próximo gobierno, sea de la formación política que sea, todo indica que se acentuará.
Más allá de que todos sabemos que el principal problema nacional está en San Juan, con la minera no se cuanto. Ah, y la ley de glaciares. También.