miércoles, marzo 11, 2009

¿Qué te pasa, Clarín?


Ponele todas las consideraciones que quieras -sobretodo en la oposición enceguecida- pero hay un dato, quizás subjetivo, quizás sobredeterminado subjetivamente, que le pone color a todo esto. Fundamentalmente, a periodistas, militantes lúcidos, gente de la cultura: discutir una nueva Ley de Radiodifusión, en un contexto dónde el ex presidente (principal sostén político de la coalición gobernante) marca la cancha, no a la defensiva sino a una ofensiva -acorralado, como tantos gobiernos democráticos, contra las cuerdas- con una frase sin mucha sintaxis, pero contundente: ¿Qué te pasa, Clarín? Discutir así, éste es el dato que quería mencionar, es, con perdón de los valientes defensores de la libertad de expresión que se callaron la boca cuando fueron cómplices de las dictaduras, es, decía, es una alegría y a la mierda. Todavía sonrío. Aunque, otra vez, perdamos. No puedo, muchas veces, dejar de sonreír. Yo, soy de los pocos o muchos, no importa, yo creo que el Grupo Clarín (y la Asociación Empresaria Argentina que integra y digita) es una pistola en la cabeza de la democracia, creo que es el problema, no la solución, creo que son, hoy, acá, uno de los principales peligros para la convivencia social y la democracia. Yo creo eso. Por eso, sonrío. Al fin, alguien más, con más poder, con más posibilidades, con audacia, al fin, alguien en este país, lo dice. Y ya no es D elía, ahora es Kirchner. El que tumbó la Corte Menemista, el que encajonó a los represores, el que nos desligó del Fondo Monetario, el que permitió discutir el aborto y la legalización de las drogas. Yo, si fuese un abnegado defensor de las mariposas y el Grupo Clarín, me preocuparía. Como deben estar, seguramente, preocupados. Al fin son ellos, los pequeños y medianos millonarios, paladines de su libertad de expresión, los que se preocupan. Ahí vienen las hordas autoritarias a multiplicar las voces, a atenuar (o siquiera, y ya vale, intentar) a los voceros empresarios disfrazados de una ética libertaria que no merecen ni merecieron nunca, pero de caraduras, han ensayado muecas de rigor mortis vendiéndolas como loable preocupación por el futuro incierto del agua en el planeta Marte. Al fin se preocupan. En una. Y yo sonrío. Ese es, convengamos, todo un dato.