viernes, septiembre 18, 2009

Predicciones de Raúl Degrossi



Corre el año 2002, el país está sacudido por una de las mayores crisis políticas y sociales de su historia.

Un presidente ha huido en helicóptero de la Casa Rosada, lo suceden cinco en una semana, se declara la cesación de los pagos de la deuda externa y se devalúa la moneda después de diez años de alinear su valor con el dólar.

La economía se desploma, el billete verde se dispara, la inflación crece alimentando el terror de los argentinos, los ahorristas ponen sitio a los bancos reclamando que les devuelvan los fondos atrapados en el “corralito” y las protestas de desocupados y trabajadores se multiplican, acrecentando el temor de un estallido social.

El tronar de las cacerolas en las plazas del país no alcanza a silenciar el grito estruendoso de la multitud: “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”, repudiando al conjunto de la clase política.

En ese contexto hace su aparición en televisión un extraño personaje, cuyo nombre real se desconoce, y él se niega a revelar.

Se hace llamar Nestordamus, y dice ser una especie de pitoniso, capaz de adivinar los acontecimientos del futuro.

Como la crisis hace estragos en la salud mental de los argentinos, y acostumbrados como están a personajes similares como Horangel, Lily Sullos o Elisa Carrió, la aparición de tan raro espécimen no llama la atención de la población en general y de los grandes medios; por lo que Nestordamus queda en un principio confinado a aparecer en Crónitca TV en la sección La Pavada, como una especie de Zulma Lobato de aquellos años.

El autodenominado pitoniso comienza a descerrajar sus vaticinios uno tras otro, como poseído por un espíritu extraño, ante la incredulidad y -por que no decirlo- la burla general de los pocos que lo es cuchan.

“El país pronto saldrá de esta gran crisis” -señala-, “el presidente provisional llamará a elecciones, en las que Menem se presentará como candidato y será el más votado pero no podrá ganar en primera vuelta, y habrá ballotage”.

“En la segunda vuelta -continuaba el adivino- deberá enfrentar a un ignoto gobernador de una remota provincia de la Patagonia, y cuando advierta que las encuestas lo desfavorecen desertará de presentarse, dejándole el camino libre al otro candidato, que así llegará a ser presidente, con un número muy escaso de votos.”

Estas primeras predicciones de Nestordamus ya generaron dudas sobre su salud mental, aun para la rubia periodista conductora de La Pavada, -lo que es mucho decir considerando el caletre de los fenómenos con los que debía tratar a diario-; pero eso lejos de arredrar al adivino, lo impulsaba a querer reforzar su credibilidad, lanzando sin cesar nuevas predicciones todos los días.

“El ignoto gobernador convertido en Presidente -decía Nestordamus- se sacudirá rápidamente de encima la influencia del presidente provisional, y empezará desde el primer día de su gobierno a tomar medidas tendientes a demostrar que él es el que manda en el país.”

Consultado por la periodista sobre cuales serían esas medidas, Nestordamus no duda un instante, y vaticina con total seguridad: “echará a los ministros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y los reemplazará por juristas prestigiosos a través de un procedimiento por el cual los ciudadanos puedan opinar sobre sus candidaturas, y entre esos nuevos ministros designará dos mujeres, una de las cuales se manifestará públicamente a favor del aborto. Entre los restantes ministros nuevos, habrá uno que está a favor de despenalizar el consumo de drogas, como por ejemplo la marihuana.”

En la medida que las profecías de Nestordamus abundan en detalle, crece el interés por su figura, pero todavía al nivel de los programas que se ocupan de la farándula, o los comentarios risueños de café, al estilo “viste las profecías del tipo ese que sale en Crónica, que joda, está re limado el pobre.”

Más por el ráting que garantiza que por la credibilidad de sus pronósticos, Nestordamus deja de ser exclusivo de Crónica TV, y comienza a aparecer en los diferentes canales y radios del país, dejando satisfechas las ansias de sensacionalismo con la catarata de predicciones que dispara a diario, sumido en una especie de trance del que parece no poder salir.

“Este nuevo presidente descabezará la cúpula de las fuerzas armadas, cuestionará en público los dichos de los columnistas de Clarín y La Nación y les recordará su pasado de defensores de las dictaduras.”

“Se enfrentará en público -vaticinaba- con la cúpula de la iglesia católica, echará de su cargo al obispo castrense, no concurrirá a los tedéums del 25 de mayo y nombrará un ministro de Salud que organizará campañas públicas para el uso de preservativos y se manifestará partidario de la legalización del aborto.”

“Se negará terminantemente a reprimir a los piqueteros y a todas las formas de manifestación de la protesta social, y abrirá canales de diálogo con sus organizaciones, mientras las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo serán invitadas permanentes a los actos oficiales en la Casa Rosada.”

Las predicciones de Nestordamus se convierten en la comidilla de cuanta reunión social o de trabajo existe, y es tema obligado de conversación en oficinas, trenes, subtes y en encuentros familiares, donde todos coinciden: el tipo es un demente, un orate total que dice sandeces, anuncia cosas que jamás de los jamases podrán suceder en la Argentina.”

La hilaridad que sus dichos provocan en la población en general llevan a que en el programa de Marcelo Tinelli aparezca un falso Nestordamus que compite con el verdadero, redoblando la apuesta con la predicción de futuros sucesos inverosímiles.

Este personaje, interpelado por el conductor del programa que le advierte que sus predicciones no resultan muy creíbles, responde con la misma seriedad del original: “nada de eso, Marcelo, mis visiones anticipan con exactitud lo que sucederá en la Argentina.”

“El futuro gobierno -decía el falso Nestordamus- rechazará la ingerencia del FMI en la política económica, tomará un rumbo hetedoroxo que le asegurará al país varios años consecutivos de gran crecimiento, con baja del desempleo a través de la creación de cuatro millones de puestos de trabajo.”

“Las leyes de obediencia debida y punto final serán anuladas, se reiniciarán los juicios a los represores y el jefe del Ejército será obligado por el presidente a descolgar un cuadro de Videla que hay en el Colegio Militar.”

La risa desmesurada del conductor del programa ponía en gesto la reacción que generaban en la sociedad los dichos del falso Nestordamus, tan increíbles como los del real, y que a su vez despertaron la iracundia de éste por no ser tomado en serio.

El enojo del adivino se tradujo en una frenética maratón de apariciones suyas en los diferentes canales y radios, a toda hora, multiplicando sus anuncios sobre los sucesos de los tiempos por venir.

“Durante el nuevo gobierno, volverán las negociaciones paritarias y los trabajadores recibirán al menos dos aumentos de sueldos todos los años, los jubilados tendrán quince aumentos y dos millones de personas a las que les faltaban años de aportes, se podrán jubilar”, decía por la mañana en el programa radial de Majul.

“Las reservas internacionales se quintuplicarán, se renegociará la deuda externa consiguiendo una quita de más del 75 % y la Argentina pagará la totalidad de su deuda con el FMI, sin implementar ningún plan de ajuste”, auguraba por la tarde ante Jorge Rial en la televisión.

“La Argentina entablará relaciones estrechas con los gobiernos de América Latina, y junto a un obrero metalúrgico presidente de Brasil, un indio presidente de Bolivia y un militar socialista presidente de Venezuela le dirán al mismísimo George Bush que rechazan sus políticas de libre comercio”, sentenciaba por la noche en otro de los programas habitualmente dedicados a la farándula.

“Cuando concluya su mandato este nuevo presidente, postulará como candidata a su mujer que se impondrá cómodamente en las elecciones en primera vuelta, duplicando en votos a la segunda candidata que será Elisa Carrió, convirtiéndose en la primera mujer elegida presidenta”, decía Nestordamus almorzando con Mirtha Legrand, quien tampoco pudo escapar a la atracción morbosa que provocaba el singular personaje.
“Esta presidenta designará a una mujer como ministra de Defensa, y durante su gestión se derogará el Código de Justicia Militar y la ESMA se convertirá en un espacio cultural entregado a los organismos de derechos humanos”, sentenció ante la risa contenida y disimulada de la conductora.

El incansable pitoniso seguía con sus predicciones, ante cuanto micrófono o cámara le pusiesen por delante, y así decía por ejemplo: “los fondos de jubilación y pensión volverán a ser manejados por el Estado, desaparecerán las AFJP y el Congreso sancionará -a instancias de la presidenta- una ley estableciendo la obligación de aumentarles los haberes a los jubilados al menos dos veces al año.”

“Se producirá en el mundo una crisis económica y financiera solo comparable con la de 1929 donde los países europeos y los Estados Unidos verán quebrar bancos y grandes conglomerados industriales mientras aumentan por millones los desocupados, pero la Argentina la atravesará prácticamente indemne, sin plan de ajuste ni estallido social.”

“La presidenta impulsará una ley para regular a los medios de comunicación radiales y televisivos, para reemplazar a la que rige desde los tiempos de la dictadura y desmontar los monopolios formados por Clarín y otros multimedios.”

Por alguna extraña razón, este último anuncio en particular pareció haber traspasado el umbral de la tolerancia con el personaje, y a partir de entonces comenzaron a ocuparse de él los programas de periodismo político, con el argumento que sus predicciones sumaban confusión y malestar a un situación social y política del país, de por sí convulsionada.

Pese a no terminar de acordar un diagnóstico unánime sobre la naturaleza de su enfermedad mental (unos hablaban de esquizofrenia, para otros era paranoia o trastorno bipolar, y hasta había quienes decían que era producto del afloramiento de tensiones reprimidas desde el colegio secundario), un comité de evaluación compuesto por Jorge Fontevecchia, Joaquín Morales Solá y Nelson Castro -que aportó el consejo médico del caso- llegó sí a una única y terminante conclusión: Nestordamus era un demente, y cualquiera podía corroborarlo con solo escuchar sus dichos.

Pero no cualquier clase de loco, sino uno peligroso para la convivencia social en un marco de diálogo y consenso como el que el país reclamaba para salir de la crisis, y por esa razón recomendaban enfáticamente su internación en un establecimiento de salud mental.

Su consejo (proviniendo de fuente tan autorizada) fue seguido por las autoridades: Nestordamus fue a dar con sus huesos a un hospicio y ya no se supo más de él. Lejos de los micrófonos y las cámaras, pronto fue olvidado y el país siguió su vida más o menos normal.

Los años pasaron y se llegó al 2011, el país se encamina a realizar elecciones para elegir un nuevo presidente, y en la maraña de candidatos, declaraciones, alianzas, enfrentamientos, encuestas y especulaciones, se produjo una sorpresa: Nestordamus había vuelto.

Las cámaras y micrófonos se abalanzaron sobre él, ávidos de conocer detalles sobre su liberación, y -por que no también- de obtener nuevas predicciones del futuro que sirvieran para títulos sensacionalistas que aportaran una nota de color a la campaña, pero lo que diría el pitoniso provocaría mayor conmoción aun.

“No voy a realizar más predicciones, mi intención en este momento es presentarme como candidato. Quiero ser presidente de los argentinos, y tengo mi propio slogan de campaña: Con Nestordamus, el país tiene futuro”.

Se negó terminantemente a responder preguntas sobre las circunstancias de su liberación, y a partir de su reaparición en público se dedicó a realizar campaña electoral por todo el país, como cualquier candidato normal.

Su incursión en la arena política (aunque en rigor sus vaticinios siempre refirieron a la actualidad nacional) atrajo otra vez la mirada del periodismo especializado en esos temas, que comenzó a indagar a sus eventuales contendientes en la elección, buscando conocer su opinión sobre el polémico personaje.

Todos ellos, desde Julio Cobos a Carlos Reutemann, pasando por Mauricio Macri y Pino Solanas, se expresan en forma coincidente: es poco serio dedicarse a este tipo de cosas, con todos los graves problemas que el país tiene pendientes de solución, y se niegan de plano siquiera a tomar en serio al pitoniso como un competidor real.

Pero conforme transcurre la campaña, los sondeos de opinión arrojan una conclusión unánime: Nestordamus encabeza la intención de voto, por encima de todos los demás aspirantes a la presidencia, y la tendencia se consolida conforme se acerca la elección.

Como el panorama es similar cualquiera sea el encuestador, desde Artemio López hasta Poliarquía, las risas iniciales que suscitó su candidatura se han transformado en rictus de preocupación, y una certeza extendida recorre los comandos de campaña de los principales candidatos presidenciales: hay que detener de algún modo el ascenso de Nestordamus.

Es así entonces que Ricardo Gil Lavedra, Elisa Carrió y Mauricio Macri efectúan una presentación ante la justicia electoral patrocinados por un grupo de prestigiosos constitucionalistas encabezados por Fernando Sabsay y Gregorio Badeni, que aportan argumentos tendientes a convencer a la justicia: Nestordamus no puede ser candidato, su cordura está en tela de juicio, no reúne la habilidad mental necesaria para ser presidente.

En el escrito señalan que no los mueve un simple interés de cálculo electoral, sino el deseo de aportar a la calidad institucional, rodeando de un contexto mínimo de seriedad el próximo acto eleccionario.

Los editorialistas de los principales diarios, radios y canales de televisión abonan a diario la conclusión de los impugnantes: personaje tal no puede ser siquiera aspirante a la primera magistratura del país.
Lo cierto es que, cualquiera fuesen las dudas que su estado de salud mental planteara, los jueces que deben atender el reclamo no hallan elementos para proscribir al candidato, por lo que Nestordamus queda habilitado para participar del comicio.

Llega el día tan esperado en que se realizan las elecciones y, para sorpresa de muchos, esta vez los resultados confirman las encuestas: el vidente gana, está en condiciones de asumir. Será el primer adivino presidente de la República.

La oposición y los constitucionalistas más connotados del país realizan un último intento desesperado por impedir su asunción, aduciendo su cuando menos dudosa cordura, pero el planteo es rechazado de plano por la Corte Suprema.

Ya no hay más dudas: Nestordamus, electo por amplia mayoría popular, se calzará la banda presidencial.

Mariano Grondona expresa toda su decepción con la situación en una columna de opinión en La Nación, cuyo título, aun en tono de interrogante, es toda una definición: “La Argentina ¿es un país de locos?”.



2 comentarios:

  1. Donde el dibujo dice "que barbaro", lease: y nadie hace naaaada", no?

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  2. PUEDO REPRODUCIRLO EN WWW.PSICOUSINA.BLOGSPOT.COM, O EN USINAEDUCATIVA.BLOGSPOT.COM?
    gracias mil y pico.
    emiramontes@gmail.com

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