jueves, noviembre 19, 2009

Secretos del asado


Te sentís, de pronto, un director técnico. De un equipo de chicos de 9 años. Los papás, en la cancha, te explican porqué tenés que ponerlo al hijo y sacarlo al hijo del jefe. Te dan instrucciones desde la tribuna. Se las saben todas. Claro. Pero el técnico, sos vos. Si perdemos. Si ganamos, ganamos todos, especialmente mi hijo, gran jugador.
Hacer un asado es igual. Todos te dan instrucciones. Todos ya saben en qué te vas equivocando, te lo remarcan, con onda. Se acercan a la parrila, relojean. Si sale bien. Qué buena carne, dónde la compraste. Si sale mal. Yo te dije que lo estabas apurando. Nunca hay que apurar un asado. Aunque haya diecisiete chicos gritando que tienen hambre. Aunque tu mujer te avise que ya preparó la ensalada, que ya cuereó con su hermana a tu vieja, que en todo caso, hay una pizza en el frezzer, si es que vas a demorar mucho. Porque no es la carne la que demora, sino vos.
Contra viento y marea, apretás los dientes, imaginás a los que resistieron antes que vos, tomás un trago de vino y aguantás la presión. Nada de apurar el asado. Pero cada uno que otee el horizonte en busca de respuestas, vendrá con su tenedor a probar qué tal va la cosa: pincha la carne, el jugo mana como sangre, como sandreeee decía yo cuando era un tierno niño camino al altar de la comunión, qué tiempos: mi madre estaba convencida que yo sería un buen hombre, pobrecita, también creía que Néstor Vicente podía ser presidente, y los tarados cortan la carne al medio para ver si está roja y así la secan boludos así no y cada uno de la parentela viene y cuenta cómo le gusta más allá de que uno haga como deba hacer las cosas y listo y te dicen echale más carbón, y los chicos piden permiso para prender fuego, sí, chicos, prendan fuego que es re divertido, pero no acá en la parrilla, ¿porqué no van a jugar al fueguito en el auto del tío?, las mujeres odian con una secreta complicidad hacer ensaladas de frutas y que los hombres hablen de fútbol pudiendo hablar lo más mal de todos los vecinos, planchar y hacer ensaladas de frutas son la condena moderna, mirá qué pavada que digo pero que bien suena, son la condena bíblica de las mujeres modernas, una mujer como vos, que usa detergentes ala y jabón en polvo no sé cuánto, a mí, de verdad, me intriga porqué hay en la tele tantas publicidades de jabón en polvo, posta, los pre adolescentes de la familia están siempre fastidiados, con cara de hastío, mandando mensajes de texto y esperando que termine esta tonta ceremonia familiar, no son niños, no son grandes, están ahí, en el medio, sin saber qué hacer con sus cuerpos crecidos y torpes y escuchando las anécdotas mil veces repetidas de cuando Lucas era chico y jo jo jo qué travieso era, todo mentira, por supuesto, oscilaba entre ser un pelotudo católico y después un grandísimo hijo de puta, pero la escala intermedia, así tipo que un chico travieso, de eso no recuerdo nada. Claro que mi madre como todas las madres narran nuestras vidas a su antojo. Salen los chorizos. A la siesta hay fútbol, sobremesa, Página 12, alguna pelea, y otro más, lentamente, que se va, otro domingo de mierda.