miércoles, mayo 19, 2010

Me tienen podrido con el Bicentenario


¿Cómo se va a llamar el nuevo subte porteño? Atento a la pavada grandilocuente del Bicentenario, no estaría mal ponerle "Subte Fernando Séptimo". Va a tono con esta vulgaridad que, en la avenida...9 de julio!, se prepara para "conmemorar" la derrota cultural, a 200 años, de los independentistas. Y el triunfo de los entusiastas colonialistas.
La pavada del Bicentenario no se pirva de nada: habrá "stands de las provincias" anuncia Canal 7. Qué bueno.
El 25 de mayo de 1810 hubo en Buenos Aires un cacerolazo de los sectores propietarios (una ínfima minoría) que bregaban contra el corralito del comercio exterior, siempre respetando las formas y siguiendo a las Juntas de Sevilla, pero teniendo en claro que se juraba lealtad al estúpido rey de España, quizás el rey más estúpido que tuvo España.
Ciertamente, de la asonada, participaron también algunos liberales avanzados, quizás, progresistas para la época. El rápido golpe de estado a la Primera Junta les dio aire a estos sectores. Que oscilaban entre poner un monigote al frente de la nueva monarquía (un "rey inca" quería Belgrano) y declarar el idioma francés como oficial (la generación del 37, furibundamente antirosista).
Como lo cortés quitaba lo valiente, se ignoró supinamente los movimientos independentistas de liberales radicales y democráticos, como el que encabezaba en la Liga de los Pueblos Libres, el gran patriota sudamericano Artigas.
La exclusión de Artigas -así como la pelea de éste con, fundamentalmente, los caudillos entrerrianos- es la condición de posibilidad del comienzo de nuestras guerras civiles, llamadas por la derecha "el período de anarquía" que comienzan, formalmente, el 9 de julio de 1816.
Así como el irigoyenismo posibilita que Manuel Gálvez resucite de la ultratumba de las injurias a Rosas, a pesar de que Irigoyen se despegara mansamente de sus antiguas simpatías; así como el peronismo originario da un marco institucional a los revisionistas históricos -a la par que bautiza grandes obras, por caso los ferrocarriles nacionalizados bajo la influencia de Scalabrini Ortíz, con los nombres de la oligarquía portuaria- hoy sucede una de esas encrucijadas incómodas.
Mariano Grondona viene jodiendo hace rato con resucitar una mística golpista: bajo un chamuyo vinculado al Pacto de la Moncloa (rajaron en España a Baltazar Garzón por no respetar el punto nodal del Pacto de la Moncloa: no investigar los crímenes de lesa humanidad cometidos por el franquismo)  dice que el Pacto de San Nicolás es nuestro Pacto de la Moncloa, y que bajo esa influencia hayq ue terminar con el kirchnerismo: sin vencedores ni vencidos. Para hacerla corta, está diciendo, Grondona, que hay una continuidad del exabrupto de la historia: que Rosas, Perón y ahora Kirchner están discontinuando el manso devenir civilizatorio, que hay que rajarlos a patadas y decirle como Urquizas a Rosas y como Lonardi a Perón: sin vencedores ni vencidos, se van a la puta que los parió. Al exilio de la historia.
Pero, Cristina, organiza el acto del Bicentenario en la avenida 9 de julio y con "stands de las provincias". Una joda, una ironía, un disparate.
Queda bien, socialmente, ponerse escarapelas y decir giladas de ocasión. Para darle un ritual funerario a las ideas rebeldes, federales, populares y, nunca mejor utilizado el término, nacionales. Nacionales y Populares. Esas ideas se pasearán, silenciosas, invisibles, en un coche fúnebre por la avenida 9 de julio, la semana que viene y, quizás, invisibles, coman empanadas salteñas y tucumanas y paseen por el stand de La Rioja, con Felipe Varela, con Martín Guemes, con Dorrego, con Artigas, intenten reeditar las últimas montoneras de López Jordán y ahí se sepan, tomen conciencia, que son invisibles y por lo tanto, el sable que San Martín le regalara a Juan Manuel de Rosas, sea de juguete, inútil, desapercibido. ¿Se sentarán en la vereda, resignados, a escuchar a Fabiana Cantilo?