martes, mayo 24, 2011

La bancarrota de la socialdemocracia


Era el año 98, creo. Aunque mi amigo, en este bar paranaense, me dice que fue más cerca de las elecciones: año 99. No sé. Pero la foto, me la acuerdo.
Fernando De La Rúa, el popular "jefe" de gobierno porteño, encabezaba el encuentro de la Internacional Socialista en Buenos Aires.
Estaba de moda la Tercera Vía, que salía de las usinas del gobierno reaccionario de Tony Blair en Inglaterra. Suena difícil de creer, pero esto sucedió.
La bancarrota socialdemócrata no es de ahora. Ni, De La Rúa, expresión argentina de esa socialdemocracia -y, sí: ¿yo qué culpa tengo que el progresismo realmente existente sea ESO?- una excepcionalidad puramente argentina.  En los años noventa, Bill Clinton y Tony Blair, entre una y otra carnicería petrolera alrededor del globo, consolidaban el neoliberalismo, desde la Tercera Vía. Con Francia, repartiendo bendiciones ideológicas a  quienes quieran sumarse a la Internacional Socialista, previamente empomados por el Consenso de Washington. Unos años después, la, ya pasada de moda, Tercera Vía, se sumaba a los genocidios contra el Eje del Mal y perdía su inmerecido prestigio.
Pasaron apenas meses, quizás un año, desde que nos podemos cagar de risa de la socialdemocracia dando lecciones sociales o democráticas a suramérica. En la derecha progresista europea, cuando la crisis internacional les barrió la ceguera, insultar al presidente más votado y plesbicitado de suramérica, Hugo Chávez, ahora tiene otro precio. Hasta hace meses cualquier financista de morondanga lo escupía sin costo. Más aún, a costo del escupido.
La derecha progresista aplica los ajustes del consenso de Washington sin consenso de los votantes, ese incordio, con la cara de la socialdemocracia -del socialismo, corazón- en Grecia, Portugal, Irlanda, España. La convertibilidad, el corset con el cual litigaron Francia y Alemania contra Inglaterra, y ahora todos contra todos, en la disputa por encontrar un lugar en el mundo como furgón de cola de los EEUU, no tembló cuando éstos incorporaron, para legitimar los contemporáneos campos de concentración, el eje anglosajón dentro de la Unión Europea. Ni ahí: los muertos, al fin y al cabo, los ponía África y Medio Oriente y los operativos de prensa los ponía suramérica. La condición humana de estos huesos empetrolados -para los conmovidos por los pinguinos empetrolados- no está demostrada científicamente, eh.
La convertibilidad que estalla a nuestros ojos como la ruptura del sueño tilingo del lavacopas en España, consolidada vía ajustes brutales por socialistas "modernos", no fue como prometía la entonces Tercera Vía. Una pena.
La bancarrota socialista estaba en el germen de la caída del Muro de Berlín. Pero daba muy psicobolche decirlo.
En fin, que estamos aislados del mundo.