lunes, agosto 01, 2011

el Antiperonismo

La Bella y la Bestia 1

Como El Campo, el Antiperonismo es un género literario. Típicamente nacional. Saussure, apuntaría: en su significante. En su huella psíquica. Fonética. Más, saliendo del terreno semiótico, en la antropología, el antiperonismo es -en su significado- el miedo a los bosques medievales. Aunque, cueste, también es válida la noción de que, más que el MIEDO consagratorio a la ilusión, es, también, los fantasmas que habitaron en los bosques medievales. Que habitan, aún hoy.
Saussure consagra también el principio de la arbitrariedad del signo linguístico. Tal arbitrariedad -antirepublicana, terciarían los Antiperonistas- nace de la convención que se establece entre un sonido y otro sonido. Por ejemplo: INDEC e INDEK, suenan igual, el fonema es "igual", denotan un significado diferente. En un contexto y en un lugar. Presumiblemente, en el imaginario Antiperonista. Que es, más que un imaginario, un género literario. Poniéndose rigurosos, sería un discurso, más que un género, literario. Pero eso sería, convengamos, subirle el precio. Arbitremos, más que convenir, que es subirle el precio. Y meterse en callejones de la precisión. Al pedo.
Más vale dejarlo, al antiperonismo, dentro del género literario del drama. Adentro del subconjunto de la "pieza". Se destaca, la pieza, por su realismo. Por sus personajes, que se acercan -ahí el drama- a situaciones "límites! y no por ello, se modifican, los personajes, internamente. Aunque comprendan la naturaleza dramática de su situación límite. Esta pieza literaria, el Antiperonismo, se encuentra al sur más austral de latinoamérica, en un país llamado Argentina. De relativamente reciente fundación. Que aún discute, más que los méritos de su fundación, discute si hubo alguno. Un sector, importante, de sus élites creen, fervorosamente, militantemente, que no.
El morfema Anti es el prefijo que delata -la delación es también una categoría pasada de moda en el psicoanálisis, pero no es culpa del bello y viejo arte de delatar en el lenguaje: la culpa es del psiconálisis, porque es él el que está pasado de moda- la asunción, como identidad, de la otredad.
INDEC e INDEK suenan parecidos, más no son lo mismo en su denotación. Antiperonismo y Gorila tienen la misma composición fonética, más no son, estrictamente, lo mismo. El Gorilismo es una actitud ante la vida, la asunción de la tesis 11 sobre Feuerbach. El Antiperonismo es, ya lo dijimos, un género literario. A menudo, por comodidad, confundido por un Sujeto Social. Mal. Es una pieza dramática. Con personajes realistas.
Si un signo es todos los signos que no es, el Antiperonismo es la negación de esa premisa filosófica. Es parte del mundo. Del mundo verdadero. Del mundo, ideológicamente hablando, auténtico. Desprecia, por tanto, lo real lo particular nacional, lo criollo.
El Antiperonismo nace como modalidad nacional a la reacción nazi-fascista. La conformación de alianzas -como en la segunda guerra "mundial"- entre liberales al estilo yanqui y comunistas al estilo soviético. Todos los galeritas y doctores, se encolumnaron ahí.  No faltaron los obreros sindicalizados ni las mujeres de avanzada. Que pedían  los derechos sociales y el voto femenino, respectivamente. La historia, en su tosquedad y torpeza, se empeña en no registrar estos decires y prefiere los trazos gruesos de "lo real". De ahí el enojo profundo del Antiperonista con "lo real". Y con el abandono de los detalles, de los matices, de las complejidades. Que deriva, a menudo, en la furia contra la jerarquía: es entonces cuando un detalle nimio pasa a ser el organizador de un relato social, político, económico e histórico; con tanta grandilocuencia que termina reducida, la furia, a un género literario. Del conjunto de los dramas. Subconjunto de las piezas.

Se esfuerza, el profesor, en sortear obviedades. El prefijo Anti, participio de præfigĕre (en latín), que "significa" "colocar delante", es un derivado. Crea una nueva palabra. Al oponerle el CONTRA -eso es Anti- a un signo linguístico ya existente, en este caso, el peronismo. Con minúsculas.  Si un prefijo derivado denomina un género literario, entonces, la conclusión,  lógica (inferencia válida) es que significa una contra a otro género literario.
El profesor, duda. Va por el costado. En estos últimos tiempos, las chicas más lindas de la clase, son kirchneristas. Se consideran, además, peronistas. En un país donde nadie regala el peronismo. Y donde se sospecha de las sobreactuaciones. Quizás, por esa compulsión al psicoanálisis y a los talleres de teatro. Producto típico de capitales de provincias. Acentuado en zonas portuarias. Hay mucho Antikirhcnerismo y queda poco, residualmente, Antiperonismo. Lo emergente, más no lo dominante, es el kirchnerismo. Escuela de vanguardia literaria. Futurista:
"un automóvil rugiente, que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia"
Se dirá que Marinetti, redactor de esa frase -síntesis- del Manifeste du Futurisme, derivó en el fascismo. O siempre fue fascista. 
Pero el futurismo proviene de la escuela patafísica, de ese gran humorista que fue Alfred Jarry. Proviene de ahí, aunque está en discusión, a partir del propósito de los futuristas, de no provenir de ningún lado. Quería, Marinetti, ese imposible de hacer tábula rasa. El futurismo es un anti pasadismo. Que, cobró, mayor relevancia -ciertamente, fugaz- que el pasadismo. Más que resignificarlo.
Esquiva, el profesor, el terreno resbaloso de la coyuntura política. Sin dejar de mirar a la chica de la primera fila. Presumiblemente de La Cámpora. Trata, el profesor, de congeniar. Antes de que se de cuenta. La chica. De adónde la está llevando. No es adonde, precisamente, quisiera.