miércoles, mayo 23, 2012

Angola.





Me llega un mail (no pude pagar el teléfono, me lo cortaron) pidiendo hacerme una nota sobre Angola. A partir de cierta cosa, al pasar, que escribí en Twitter. Ese lugar donde no se puede tomar en serio a nadie. Declino el ofrecimiento. Porque los productores suelen creer que te hacen una especie de favor y no, como correspondo y es, a la inversa. El productor me vuelve a enviar un mail. Medio enojado. Por lo que acabo de explicar. Los medios de comunicación, además de corporativos, son lugares donde reinan los desequilibrados emocionales. Mi ámbito, digamos, natural. Le respondo, entonces, que no puedo hacer la nota por que no tengo teléfono. Cosa real. Pero me quedo molesto. ¿Por qué tendría que negar la argumentación real? Se me pasa, casi enseguida. Mi vecina sale al balcón, a fumar. Y en todo caso, no tengo que darle explicaciones a nadie.
El punto es que entiendo el juego.
Se necesita un freaks que defienda Angola. Su gobierno. Y si lo dice de manera "polémica", mil veces mejor. E instala, en realidad legitima la instalación, del tema. Tema del que, además, en los medios del empresariado que cree en la patria socialista, no se toca. En buena medida por ignorancia. Los periodistas, formados en TEA u alguna otra escuela de genuflexión sindical, jamás leyeron sobre África. Para eso, suponen, están los de "internacionales". O sea, los que cursaron inglés en la Alianza Francesa. Pobre Sartre, pero así estamos.
Entonces, dejo pasar varios días. El circo. Los análisis, así de chiquitos, sobre qué dijo El Semanario Chaqueño, sobre la visita de Cristina a Angola. Las previsibles indignaciones de unos y otros. El notable aburrimiento de la máquina de escribir obviedades. Y ahora, como si yo manejara los tiempos de algo, escribo sobre el tema. O, digamos, me siento a escribir sobre el tema. Y, de nuevo, me siento un poco ridículo. Hay buenos periodistas, muy buenos, que saben del tema. Falleció Oscar Cardozo, lo leí, con atención y vocación de aprender. Supongo que no hubiera dejado pasar la oportunidad. Está Santiado O Donell, con su visión liberal, meticulosa, realista, de las cosas. Una opinión culta y bien escrita, con humildad. En Página 12, el diario, junto con La Nación, mejor escrito. Aunque La Nación, hoy, días 2.0 le saca varios cuerpos. La Nación es el mejor diario del país, hoy. Antes, lo fue Página 12, que, para mí, como lector, hoy es un semanario. Hay que leerlo los domingos. Y pasar de largo las gacetillas pegadas. Leer sus columnistas. Y me voy de tema. Como siempre. Y a nadie le importa.
Pedro Briegue, ¿se escribe así?, con Aliverti o en Canal 7, cuando Patucho, mi examigo, estuvo en la gerencia del noticiero le dio la relevancia que merecía, hasta entonces, desaprovechado. Patucho es parte de la novela que, con personajes reales, y por que me aburre tratar con editoriales, además de que soy un resentido, voy a terminar subiendo, online, para frenar el proceso de la melancólica neurosis de reescribir permanentemente. Narra las experiencias, alocadas, del kirchnerismo cultural. Cierto desencanto. Exclusivamente mío, pero parte de un paisaje. Y los amores fugaces, las chicas. Trata de un grupo de izquierdistas que quieren hacer entrismo en el peronismo, dado que, a pesar de su naturaleza, je, reformista, han parido el kirchnerismo, la izquierda que encarna el clima de época. Las esperanzas. Y entonces deriva, todo, en un pastiche del género policial. Dejemos eso ahí. Angola. Le decía a mi hermano: es difícil, por ejemplo, debatir la situación de los derechos humanos en abstracto. Sin las posibilidades concretas. Y con quien no tiene, oh la soberbia, pero cierta densidad en su mirada del mundo. De esta carnicería mundial. Quien no haya pensado, nunca, la guerra. Así, secamente. Matar. Las técnicas de matar. Las tecnologías. Su rol en la economía. El suelo, corazones, que pisamos. Está manchado con sangre. Es una de mis obsesiones, La economía de explotación es la continuidad de la guerra por otros medios. Sin historizar la entronización, saludablemente positiva, de los derechos humanos. Como conceptos jurídicos. Resultantes de una guerra. Del holocausto. Coartada, también, para nuevas matanzas. Sin reconocerse, en la tradición que incurro, en los errores garrafales de haber pataleado contra la Conadep. Contra el Juicio a las Juntas. Haber apoyado ataques a locaciones militares. Revoluciones que dan asco. Sin pararse, en definitiva, en un lugar de duda.
De las dos partes que Europa organizó para la matanza de Angola, yo estoy más cerca, ideológicamente, de los vencedores. Y más lejos de la CIA. Los que, Lanata, por ejemplo, no pudo, qué pena, hacer entrar en su programa. Los mercenarios. Financiados por Estados Unidos. Que claman por los derechos humanos. O sea, los derechos de los vencidos. Las vinculaciones de este país con el nuestro, con el peronismo, son muchas. Ponerlas sobre la mesa...Una cosa, difícil. Pasó de largo el discurso de Cristina. Que sí, tocó estos espinosos asuntos. No le hizo asco al tema. Pasó de largo. Incluso el Canciller dijo que no sabía, qué...Nada. Ahora lo estoy viendo en 678 y cuenta lo de la mitad del superavit comercial de la Argentina. Y acierta, lo dice claramente: la clase dominante argentina quiere que se comercie con Europa. Cierto. En realidad, maticemos, quiere que comerciemos con África vía Europa. O vía Brasil. Con quien durante todo el período kirchnerista, jamás tuvimos superavit comercial. La presidenta no se hizo la boluda. Sentó una posición. Que yo reivindico. La sospechaba, por la pompa, que en el lenguaje idiota de la diplomacia, pasa por jerarquía, que se le puso al tema.
superavit con África, producto de la soja y vía Europa. Cuando podríamos vender cosas, hechas. Como sucede con la feria de La Salada.
Dos Santos no es un socialista. Perteneció al bando socialista durante la guerra civil que Europa creó en Angola. Por que, además, Europa creó las divisiones de la geografía militar que colisionaron étnicamente, una vez ya no hubo qué más robarle al continente negro y se desplazó, entonces, el eje de dominación, de la lisa y llana invasión, que comenzó a agotarse en las coordenadas económicas del capitalismo dorado del estado de bienestar, al maltrato cíclico de la deuda externa y las "ayudas humanitarias".
La intervención, en las crónicas matanzas africanas, siempre fue, por parte de las potencias imperialistas, selectiva. Regida por el mercado de las armas. Por el mercado negro de las armas. Y el diseño petrolero. Ahora, se expande de manera de controlar que no se zarpen las dictaduras yanquis en Medio Oriente. Y en la aceitada relación chino-africana.
La inquietante hipótesis de Mankell en su novela El Chino, de que el pobrerío rural de China podría colonizar África, a través del Partido Comunista que gobierna ese país, se refuerza con el triunfo durable del ala derechista en China.
En concreto, la política comercial argentina con Angola y con áfrica en general está mediada, principalemente, por Brasil y China. Y eso, señoras, está mal. Ellos tienen intereses que no son complementarios con Argentina. No son antagónicos, como en buena medida los de Estados Unidos, pero tampoco complementarios. Y en el caso de China, son una bomba de tiempo.
Yo quiero vivir en una argentina que respete a Angola. Que se integre con el sur. Que piense el mundo con una mirada profunda, compleja, dilemática. Y creo que, aunque a veces me agarra el desconsuelo, creo que estamos yendo en esa dirección.
Y mientras tanto la OTAN sigue bombardeando y saqueando África.
Que se refugia en la calidez cortoplacista de los BIRCS. En especial, de China. Que financia la agricultura, la infraestructura, los puertos. Como Inglaterra hizo con Argentina. Tras su guerra civil. El saldo, aunque lejos de ser positivo, no es del todo negativo. Con sus matices. Con sus opacidades, Argentina es ejemplo mundial de aplicación concreta de la doctrina de derechos humanos. Algo le debemos a los carniceros europeos. A los genocidas. Fueron ellos, con la ilustración, los que parieron estas promesas. No fueron ellos los que las llevaron a cabo. Pero todavía están a tiempo. Es la vieja dialéctica marxista. Que, por supuesto, también requiere, un examen grave y puntilloso. Aún por hacerse. En este culo del mundo, en Sudamérica, donde viven, todavía, las esperanzas de la izquierda mundial. Las que ojalá contagien al África y, en especial, a Angola.


5 comentarios:

  1. Loco, está rebueno, en serio, rebueno y para variar se entiende fácil.
    muy bueno ...
    muy claro ...
    cosa e loco ¿no?
    abrazo

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  2. Me gustó, me faltan elementos para entender mejor el tema de los BRICS y África, pero creo que no estamos yendo sólo mediados por Brasil y/o China, me puedo equivocar, ya me equivoqué antes

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  3. soy bastante -por ser blando- nabo en general en política y en este tema en particular, pero tu texto es esclarecedor y de gran ayuda... impresionante...

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  4. No entiendo por que en 678, un programa que se autoproclama "progresista", resaltan que Hilary Clinton viajo a Angola como si eso le diera legitimidad política a dicho país. Eso solo se lo pueden creer los neoliberales de pura cepa, porque a mi me parece todo lo contrario. Osea, los yankis invaden países a sangre y fuego... no tienen autoridad moral diplomática y se los "respeta" sólo por ser potencia economiaca y militar.

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