jueves, noviembre 22, 2012

Solano Lima y la banda de los chetos




La viuda de Solano Lima se reunió con Cristina, la presidenta. Los símbolos, en la política, dicen tanto por ausencia como por presencia. El compadrito Cristian Ritondo, encargado en La Banda de los Chetos de hacer el trabajo sucio de tener un amigo pobre, armó una empresa, le puso La Solano Lima: son un conjunto de pibes contratados para poner la cara en una serie de calumnias publicitarias que apuntan, en general, contra La Cámpora. Trabajan con Federico Kirchbaum, el hijo del editor de Clarín, hacker -es decir, delincuente- de profesión. Y operan cuentas truchas en redes sociales, blogs con pocas visitas y cloacas de los servicios de inteligencia paralelos, esos que le gustan a Macri. Los que le hacen hacer papelones a Piumato. 
Los que se dedican, sistemáticamente, a pegarme. 
Entre otras cosas, por que el boludo prestigioso dirigente que pusieron a decir que hace los videos ofensivos contra la presidenta y Máximo Kirchner, en un debate, no supo explicarme quién le hacía los videos. Y me dijo que sí, que los hacen, cuando le sugerí un programa de edición, con ese. Con Paint. Es un programa tan viejo que las nuevas PC ya ni lo traen. Es para copiar y pegar imágenes. No podés ni hacer un afiche con eso, vas a hacer un video. Trabajado en islas de edición. Y replicado en las cuentas truchas que alaban a Ritondo. Un puntero de alquiler. Todo muy poco serio, convengamos. 

Ya mi amigo Valdéz, conductor de Café las Palabras, había formado la agrupación Solano Lima. Apuntando a resguardar la memoria de un dirigente que fue, y cuánta vigencia tiene la categoría, un conservador lúcido. Un conservador popular, categoría precisa de corte un poco paranoico, pero que observa cierta corriente existente y muy fuerte culturalmente al interior del peronismo. 

La trayectoria de Solano Lima no será, jamás, defendida en este blog. Fue lo que fue y el olvido de la historia lo juzgó, de esa manera, con amabilidad. La viuda no es la dueña de su marca registrada. Ni tiene más derecho que la banda de los chetos a usar su nombre, como contracara de Cámpora (lo que, de paso, habla muy bien de La Cámpora). 
Pero queda feo quedar descolocado de esa manera. 
Haciendo, Ritondo, el ridículo. 
No hay necesidad. 
O sí. 
Pero uno quisiera disputar, en el terreno simbólico de lo cultural donde las palabras son guerrillas, con alguien que esté a la altura de la circunstancias. 
Y Ritondo es un mamarracho. 
Si yo fuera Macri navegaría por Mercado Libre o los símiles del conglomerado Clarín. Venden, de paso la comprás en vez de alquilarlas, servilletas de mayor calidad. De nada.