jueves, noviembre 22, 2012

Una cruz de metal


Después del piquetazo, el feriado obligatorio en conmemoración a San Magnetto, después del cacerolindo, no quedó nada. Más que cierto robustecimiento del desconcierto opositor, las relaciones de fuerza previa no se conmovieron. Vuelve el rico a su riqueza y vuelve el pobre a su pobreza. Mientras tanto, se duplicó la clase media. A fuerza de subsidios y patadas. Por que el kirchnerismo te lleva de la clase trabajadora a la clase media a las patadas.
Y queda un núcleo de riqueza estructural que es el principal obstáculo para el desarrollo nacional y regional. Por que las políticas de estado en Brasil para sostener la peor distribución del ingreso del mundo (Lula y Dilma, por eso la derecha los ama) inciden, también, en la ya de por sí tibia estrategia argentina para atenuar apenas y no en su cúpula la desigualdad social. Ahora, en estos días, en que se debate, con ceremonial y protocolo, la desigualdad cultural. La regresiva distribución de los prestigios. Que tiene, como homenaje a Marx, una raíz nuclear en la propiedad. Y parte de eso se discute en la ley de medios audiovisuales.