domingo, junio 08, 2014

Poema al Honduras que ganará el Mundial Brasil 2014

A mi entrañable hermano, el poeta Martín Rodríguez 





Es mediodía.
Entra el sol.
Toso un pulmón
negro, feo, negro

¿Dónde estará la magia del poema
en lo que dice o en cómo lo dice?

En la pared
al lado de una mancha de humedad
quedó pegado el pulmón
adherido con nicotina

Llego, arrastrado, literal
En cuatro patas
qué pelotudo lamentable
hasta la cocina
tomo agua
más agua
mucha más agua
se me quema la cabeza
Un molinofundido de neuronas
sobre el amanecer, allá al fondo.
Perspectiva.
La veleta de mi inteligencia emocional
gira fuerte, ruleta idiota occipital,
gallito de lóbulo izquierdo,
hemisferios del e´xito
corteza de mendincante.

APLAUSOS, APLAUSOS

No va que cuando me quiero atar los cordones
vomito
agacharme.
Esta panza.
Continente de excesos.
Territorio liberado.
3 pedacitos de palmitos
parecen rebanadas de apio
en el vómito.
Y la panceta ahumada (ALABADO SEA DIOS)
ha salido, cloacalmente, como chicharrón de rulemán.
Todo el vómito se hace charco.
Junto al poste.
Espero
Ceremoniqlmente.
Y vomito
de nuevo.
Otro poco
Y el cielo está estrellado.
Y se me para la pija a media hasta.
Pensando perversiones:
total, la noche ya está chiripiolcada.

/> más agua
aspirinas
promesas de dejar de beber
ciento cincuenta mil cosas que debí hacer a la mañana

Tengo un lindo sillón
¡A la mierda!
Anoche me encaré por Facebook
a una mina que todo bien.
Quedé en ir a la casa
la otra me mandó a la mierda
y mirá vos, quién cayó,
jamás se me hubiera ocurrido.
Debí haberle abierto la puerta

Copiar y pegar
chupar y bombear.
No hay muchos secretos.
Ya no quedan casi.
Es una pena.





Cogíamos mejor cuando había misterio.
Ya no siento sartreanas náuseas.
Vamos a comprar un porrón.
Cierto. Mierda. Disculpá.
Ojalá se mejore pronto tu hijo.

No, boludo, no.
No me largo a llorar por eso.
Es de alegría.
No, no te voy a contar.
Pero, créeme, es de alegría.
Dejá de joder. Nos vemos.

Ey, compañero!
Te dije la verdad.
Yo vuelvo todas y cada una de las noches de mi vida
solo, a casa. A mi nadie me espera. Nunca.
Nunca nadie me esperó.
Me hace llorar que algunos amigos no me abandonen a pesar de eso.

-Sí, bah, no. Yo creo que sacando a Messi, Mascherano
bah, la veo difícil. Pero sí, creo que ganamos el Mundial.
No me importa mucho ganarlo o no.
Me importa defender el azar, la violenta posibilidad
de que nadie pueda prever el futuro con una calculadora
me importa la epopeya, no me importa el fútbol.
Mirá, Martín; si este Mundial lo gana Argentina
o Brasil o Alemania o España o Francia
el coronel pelota ya tiene quién lo escriba.

Si gana Honduras, Martín,
no hay -creen ellos- quién lo narre.
Los escribas del poder querrán destruir sus propias reglas.
Y lo lograrán.
Pero vos te vas a enojar y vas a bancar a Honduras.
Y no te darán bola.
Te van a marginar.
Nada nuevo.

Y un pibe, suboficial del ejército mercenario de turno
en un remotísimo país caroibeño
leerá tu texto y quién sabe,
quizás, ese soldadito
se cambie de bando.

-Sí, estoy loco.
¿Pero dónde ganamos nosotros,
los locos, en la calculadora para medir un equipo
de una Nación? No, ahí ganan los jerarcas del mundo.
Nosotros ganamos con el imprevisto.
Ese instante de confusión
que muchas veces sucedió en la historia.

Alguien tiene que explicarlo.
Para dejar tranquilo a los burgueses.
Y así ganar tiempo.
De descuento.

Ellos son los tanques y los bancos.
Nosotros, de pendejos escribimos poesía
porque somos patovicas de los héroes.



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