El frío
encuentra los huesos.
Intento calmarlo
como calmo todo,
pero no funciona.
Un pucho
y sacar la frustración
de no acabar sola.
La ceniza y el fuego,
hipnóticos.
Mi viejo
me pide que fume
afuera, en el patio.
Salgo, hace frío,
apagué el cigarrillo.
Me acuerdo
cuando parí
mi morbo, y la estupidez
del pibe que no supo
lo que había hecho.
Ahora
solo sé pensar
en la cera de una vela,
sacramente se derrite
en el poema de Belén.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario