martes, julio 28, 2015

¿Esto era nomás?




La nueva política es aburrídisima. Aunque nunca se termine de definir, siempre aparece por izquierda o por derecha, pro Frepaso o por PRO, algo así, que instala en el imaginario cultural que rodea la cosa pública una nebulosa separación de bienes con línea temporal: lo nuevo es bueno, lo malo es viejo.
Cada tantos años, esto se repite. Sin que derive en nada concreto. La ilusión de transparencia, en la plenitud de su sentido, es inherente al tiempo que nos toca. Trasladarlo como promesa al campo de la política es atractivo pero irresponsable. Termina estallando contra sus propias contradicciones.
Pero además, aburre. Ese es su suicidio y su trastorno. Porque nace de un malestar pequeño burgués, que en esta época criminaliza literariamente el aburrimiento para que a fuerza de repetición, termine aburriendo.
Fin.