martes, julio 07, 2009

El punto justo de la morcilla


Aníbal Fernández dijo, en plena campaña electoral, una frase que, como varias de las suyas, es desopilante. Dijo que, cito al pasar, "las encuestas son como las morcillas, es rico consumirlas pero es un asco cómo se hacen".
Voy a esto.
Anoche, con mi amigo el Gallego, mirábamos Angeles y Demonios. La película es como el libro: entretenida, con un final de mierda, muy malo. Y se pierde un poco, la películas (así como el libro, tan mal escrito pero atrapante) en vagas explicaciones, de un cine demasiado guionado, tipo película argentina de la época alfonsinista. Y comíamos la mejor morcilla que he probado, lo juro, en mi vida. En la cuadra donde vive el Gallego, un pequeño almacén vende una morcilla, traída de algún lado del campo, que es un manjar. Mezclada con aceitunas, tostadas con aceite de oliva, esa morcilla es una canción de Edith Piaf.
Pero nunca hay que pensar, como con toda morcilla, así sea la más mía, la lejana y acaso te llamaras, solamente morcilla y eras como el eco de una vieja canción; nunca hay que pensar cómo se hace. Porque es, sencillamente, un asco el proceso de hacer morcillas.
Con muchos conceptos téoricos y con muchos teóricos pasa lo mismo. Nunca falta un Sebreli que lee todo linealmente, con mucho talento (sí, creo que Sebreli tiene talento) pero linealmente.
Por este asunto de la morcilla, hay algunos téoricos, y conceptos extraídos de teorías que no necesariamente una avala, que es mejor invisibilizar.
Larga la introducción, ok. El decisionismo es un modo de ejercer la autoridad estatal -sea que ésta provenga de cualquier fuente de legitimidad- y en general, produce modelos de democracia agonística opuestos a fuerzas o momentos políticos más de tipo consensual. Cómo quién más trabajo esta modalidad del decisionismo, además de nazi fue un hombre que despreciaba el parlamentarismo, da como cosa citarlo. En cambio, los que mejor trabajaron esta perspectiva agonal son mas presentables, y si uno quiere comrpender el populismo como un devenir del decisionismo, a donde se suman las cadenas equivalenciales y dónde, a la vez, se combinan momentos de institucionalidad, tiene, también, alguien más presentable para citar. Aunque implique, en la práctica política concreta, hacerse cargo de ciertos legados ( y cargas) setentistas que a mí mucho ni me van ni me vienen. Y además, convengamos, que utilizar palabras como "decisionismo", "populismo", "agonistica" y la campeona de las campeonas en el concursod e fealdad: CADENAS EQUIVALENCIALES!!!!!!; convengamos, es como para que mi pequeña me mire y piense si no estoy perdiendo la cabeza. O el encanto.
Por eso el asunto de la morcilla, a veces, es mejor no saber cómo se cocina.
Ahora bien: ¿no será que la misma sociedad que requirió en determinado momento un gobierno de tipo decisionista, capaz de convocar diversos significantes flotantes que lo dotaron de momentos de ruptura populista, sea víctima de su propio resultado? Dado que buena parte de su conformación social al interior de su alianza de sustentación (acá me salió el lenguaje más viejo de Carlitos) resueltas sus insatisfacciones -no sólo de tipo material, sino, más bien, simbólico: y hasta diría, de clase de referencia- requiere, reclama, ahora, un momento de mayor institucionalidad que consolide lo hecho, que congele el momento social y las injusticias que éste contiene?
En ese caso, ¿será que los que durante 6 años fueron acérrimos opositores, ahora se acercan porque hay adrenalina, y los que fueron vergonzantes chupamedias, ahora se alejan porque hay adrenalina?
¿No será que la disputa con la siempre subestimada (en su poder de fuego) clase social decisiva de la historia argentina en torno de la resolución 125 apareció justo cuando, el voto a Cristina Kirchner fue una apuesta a la ruptura populista y al momento de mayor institucionalidad?
¿Y de ser así, qué tendríamos que hacer los que considerábamos que era (y es) necesario profundizar ciertos aspectos y romper ciertas limitaciones del kirchnerismo, tendríamos que irnos a casa?
Me deprimí.
Igual, ahora tengo que, con estas anotaciones, no mostrar cómo se hace la morcilla, intentar decirlo en un lenguaje de terrícolas, y ver si tiene sentido. Doy una pequeña charla esta noche. Acá se puede ver las fotos de la emoción con la que me esperan. Pero, en estos momentos, no es fácil evitar la tentación de resumir todo en una sola frase, seca, convincente, como de policial negro: perdimos, la puta madre que te parió.
Hasta para putear hay que tener talento, porque, convengamos, decí lo que quieras de las películas del ciclo alfonsinista, pero, convengamos, nadie dice la puta que te parió como Federico Luppi. En eso, no jodamos.
¿Y qué opina Federico Luppi de la Gripe A, burbujistas, eh?
Me voy a dormir la siesta.