martes, julio 26, 2011

El voto del campo



Leí tantos análisis que decían que "el voto del campo" se fue con o de Binner, Rossi, Del Sel; no sé, debo ser yo, entonces, el equivocado, camarada Escriba. Nunca en mi vida vi algo parecido al "voto del campo". No sabía que eso existiera. Menos, aún, en la Pampa Húmeda. Dónde -bueno, ésto ya es más discutible, ja, todo es discutible, claro- el campo, no existe. El campo existe y a duras penas fundamentalmente fuera de la Pampa Húmeda, adónde aún (muy pocos reductos) no llegó la lógica de la Pampa Húmeda.
¿Las manzanas de Río Negro, el tabaco de Jujuy, la yerba de Misiones, el limón tucumano; existe, ahí, el campo? Mmm, sí, ponele que sí. Ahora, que exista "el voto del campo" eso sí que no tengo noticias.
En Jujuy siempre fue hegemónico el peronismo; convivió con partidos procesistas aliados al radicalismo -llevó a Angelóz de candidato a presidente en el 89, por ejemplo- en Tucumán, el peronismo alternaba con partidos provinciales procesistas; en Río Negro siempre ganó el radicalismo, en Misiones, gobierna un radical K. ¿Cuál vendría a ser "el voto del campo"? Si hay algo así, entonces ese voto está en el barrio porteño de Belgrano, cerca del río en el boulevard Oroño de Rosario, en el barrio Nueva Córdoba de la capital mediterránea, en Yerba Buena de Tucumán, algo, en Recoleta, en Olivos: ahí puede que exista "el voto del campo".
¿Qué cosa sería "el voto del campo"? ¿Una interpretación lineal del marxismo, trasladada al resto que "vende su fuerza de trabajo" vía el salvoconducto de "ser una clase en sí más no para sí"? No. No cierra mucho.
¿El voto del empresario sojero? Bueno, ponele. El tema es que el entramado empresarial para la exportación -aún sin valor agregado de materias prima- está radicado en las ciudades en general, las portuarias en particular, y fundamentalmente en la ciudad de Buenos Aires. El campo -la Pampa Húmeda- es Puerto Madero, donde hasta la servilleta te la sirven en plato cuadrado y con una ramita de perejil. Una cosa bien grasa. Pueril, vulgar. Gente que sabe de vinos, por ejemplo.
Julio Cortázar decía que el campo es ése lugar donde los pollos se pasean vivos. La mayoría de los pollos que exporta nuestro país salen de Crespo, ciudad entrerriana a pocos kilómetros de Paraná. Conozco gente que trabaja con los pollos, y no me parecen muy distintos que los plomeros. ¿Hay un voto plomero?
Los plomeros, y los que trabajan con los pollos, se parecen, hoy en día, bastante: no tienen sindicatos, su relación de dependencia es débil, su lugar de trabajo rotativo, su pericia, por encima de la categoría de "obrero no calificado". No hay un voto plomero.
El campo es una ideología. O mejor: el componente de una ideología, en mutación. El cura, el milico y el gaucho. En alianza con la supina imbecilidad cultural de un Macri, De Narváez, Olmedo, Aguad, Benedetti, Del Sel. Gente que, a diferencia de los viejos conservadores estancieros -como el mentor de Hermes Binner, Estévez Boero- que no se divorciaban, eran recatados, jamás harían el ridículo y no querían ser eternamente jóvenes, más bien lo contrario. Ese viejo conservadurismo está en mutación. Ese viejo conservadurismo, aún sobrevive. En las grandes ciudades y en el campo, ése lugar, de la Pampa Húmeda, que no existe.
Así como para escuchar a Atahualpa Yupanqui, no hay mejor lugar que la República de Recoleta, el campo, el de la Pampa Húmeda, es éso que está de calle Corrientes para éste lado: ahí, los que rumian, se ponen bosta como desodorante, y puede que no hayan heredado nunca un campo ni sepan que viven del campo, pero ésos son el campo.