lunes, mayo 28, 2012

la Patria, la Matria y el Paria.









El Paria es un sujeto presente cuya razón de ser se fundamenta en ese presente pero cuya condición de posibilidad es la historia por venir. Sabe de sus imposibilidades. Sospecha de su trascendencia. O, acaso, la imagina. La busca. Como consuelo. Es el hombre que está solo y espera. A la Historia. Con mayúsculas. Pero persistir bajo el consuelo de que la historia se retractará tiene a la improbabilidad como miedo; en ese sentido, conecta con todas las religiones. Cuanto más imposible y lejano resulta el postulado, mayor es el grado de fanatismo, en el caso de la religión, que se pretende como requisito de ingreso. Incluso, en el caso de las religiones, la ansiedad por que todo sea mentira, conduce a un martirio, cuanto pronto, mejor. 
El Paria es errante, no busca, tampoco, la síntesis, en el sentido hegeliano del término, como superación de la negación. Como síntesis de una tesis y una antítesis. 
Humberto Constantini escribe De Dioses, Hombrecitos y Policías en medio del exilio y la persecusión política. Candidato a Paria por su espíritu estricto, burlón, por los odios y amores que consiguió, muchos de los cuales, le opacan hoy el brillo que la muerte, con piedad, trae a los escritores.  Como militante, primero, del Partido Comunista, y luego, ya lejos de la burocracia de los calendarios (eso es el partido comunista), en el PRT, el partido revolucionario de los trabajadores, es demasiado pariente de la Matria, en nuestra zaga. Pero burlarse de un país que ya no existe -el país que resistía el estado de bienestar vacilante, lo que Tulio Halperín Donghi llamó La Larga Agonía de la Argentina Peronista- tiene el encantador efecto pedagógico de contarnos cómo fue ese país.
Néstor Perlongher, el de Austria y Hungría, también. Por su devenir libertario, escéptico. Pero coincide con esa vocación anticipatoria, donde lo paria, en realidad, es una cuestión de almanaque. ¿Cuál necesidad de ubicarlo entre los paria, ahora, que vive -póstumamente- de homenajes consagratorios, acaso porque total ya está muerto, porque se impusieron la mayoría de sus causas ásperas, por que reina su estética neobarrosa (el barroco del barro del Río de La Plata) como estilo propio y en las borracheras de los poetas menores de 25 años, que en las capitales de provincia, lo recuerdan entre ediciones viejas y nuevas escuelas de trinchera? 
El Paria de Perlongher ya habita los arrabales, un poco en el límite finito, de la Patria. Sobre todo por que a la Patria no le gustan los arrabales, cosa de suburbios, pero de ciudad. La Patria, se ve, no entendió a su mejor exponente, Borges. 
Como Leopoldo Lugones, como Ezequiel Martínez Estrada, como Baldomero Fernández Moreno, Perlongher no es un conservador como la mayoría de los Patria, es patriotero, en el sentido de patotear al cura, al milico y al gaucho, la putísima trinidad de la Patria. Escandalizarlo. 30 años antes de que existan los programas de televisión que, de manera neoconservadora (menemista, pero con derechos humanos) hacen lo mismo. Pero es que su estética, finalmente, triunfo. Los folletines escandalosos, bordes de Manuel Puig, hoy guionan los realitys de la TV. Quizás y sólo quizás a Puig no le hubiera desencantado. Del folletín de valores universales pero formatos nacionales a la mundialización del pastiche al que lo llevó, paradójicamente, el destierro, a Perlongher, el que hizo poesía de la antropología, hay conexiones, estéticas, emocionales y temporales. La obra que lo trascendió hoy no puede escandalizar. No era ése su núcleo. Sino estaría enterrado en la pieza de arriba, donde iban, antes, los mogólicos. O en un presidiario de putos. O en un pabellón evangelista. Hoy hay nuevas fronteras. Ha triunfado, póstumamente, en la Argentina del matrimonio igualitario (institución burguesa y católica si las hay, y es que, en el tercer mundo, liberalismo y conservadurismo están casados) su prédica en el Frente de Liberación Homosexual. Y el programa, liberal, de Liberación, guía, en su espíritu de luz mala, los designios de la principal fuerza política del país que ya no es culturalmente conservadora. Quedó la literatura, Perlongher. De Perlongher. Lo otro quedó inscripto en el umbral de la Patria. Como corriente de izquierda. Liberal, claro. Como la Patria, cuando no está enojada.
El vicio de la clasificación tiene que recaer en David Viñas. Por lo menos, a modo de homenaje. Pinta para candidato perfecto de Paria. Pero, no. Demasiado perfecto para paria. Hay una anécdota, que vaya uno a saber si es cierta, así que mejor obviarla, que puede hacer de puente con Enrique Medina. Nuestro Paria. Aunque sería mejor un puente literario. Desde Boquitas Pintadas, de Manuel Puig, a Transparente, novela de Enrique Medina, que escribe ahora, a veces, en las contratapas de Página 12, el último diario en papel. Que no fue Crítica de Aerolíneas, que tuvo, por ejemplo, en las contratapas, a Enrique Symns (otro que pinta para Paria; pero es demasiado rockero, y el rock es conservador, patriota, en cada país, por que después de todo es el folklore de la globalización. Al rock, estéticamente, sólo se lo puede salvar si deja de ser género y se hace polisémico. Como género es, hoy, acá, pura potencia conservadora). Transparente es una novela escrita con un lenguaje neobarroso. En la argentina que ahora se insiste en narrar como revolucionaria. Y se pone patéticamente nostálgica. Los años setenta. Prohibida, por que había que prohibir todas las novelas de Enrique Medina. Posterior a Las Tumbas, que encierra los dilemas (un problema tiene solución, un desafío varios caminos de salida, un dilema es un encierro, una imposibilidad con la cual convivir) del peronismo, quizás, sin proponérselo. No es sólo eso la novela Las Tumbas, pero sí es un puente para abordar la siguiente novela de Enrique Medina, cronológicamente, Sólo Angeles, que encierra los dilemas de la izquierda, armada, y de la izquierda cultural, con sus imposturas. No, imposturas, no. Su parte del aire. Solo Angeles se sitúa en Montevideo. Y narra de la mejor manera lo que sucede en ese Uruguay de periodismo militante y literatura militante. Gran Problema. No dilema, Problema, pero con mayúsculas. El dilema fue el de la izquierda armada en tándem con la izquierda cultural. Lo del periodismo militante y la literatura militante fue y es un problema, aunque hoy se insista en negarlo, en reducirlo a un asunto de mala fe. Sus novelas están prohibidas. Cuando viene la primaversa democrática y se le levanta la prohibición, lo siento, señor Medina, Uruguay ya tiene su rito literario autoconsagratorio. Sus Ernestos Sábatos. Pero, encima, los ritos literarios autoconsagratorios del Uruguay son militantes de verdad. No militantes del poder como Ernesto Sábato. Es Mario Benedetti, perdón por la comparación, es a los efectos, digamos, simbólicos. De clausura. Y tiene sus Borges. Y es Eduardo Galeano. Debería ser Onetti, y Galeano el Nicanor Parra, el de la antipoesía chilena, pero a los efectos...otra vez, simbólicos, clasificatorios, ilustrativos. Como una licencia poética escolarizada, cuando las malas maestras te decían "explicalo con tus palabras" No había lugar, para Solo Ángeles, en el imaginario de época, y encima, Enrique Medina, saca, después de Las Muecas del Miedo y otras novelas y cuentos que exploraban las zonas oscuras de la especie humana -en momentos donde se necesitaba, políticamente, que los malos sean muy malos y los buenos, muy buenos- publica Con el Trapo en la Boca; para joder la estudiantina, la juvenilla de Franja Morada que, en eso, se parece, a La Cámpora. Pero a los efectos...otra vez, simbólicos. Después de Las Tumbas, después de Sólo Angeles, una novela como Transparente que a Bioy Casares y Victoria Ocampo, sino hubiera escrito las otras dos, les hubiera gustado. Con desdén, por la falta de técnica académica. Por su factoría. Por su contexto. Por sus intersticios. Transparente es la novela paria. La que narra el destierro, el desgarro, de gente de a pie (otra vez, a los efectos simbólicos, como literatura de gente de quien nadie, en momentos de grandes luchas ideológicas, se ocupaba) Con las salvedades de que están todos vivos y pueden desmentirme con facilidad, hay algo en esa búsqueda de aquel Enrique Medina que hoy se puede leer en Washington Cucurto. 
El destino del paria es la trascendencia. Por eso puede morirse, suicida (aunque no alcanza, también puede morirse suicida Alejandra Pizarnik o Marta Linch, "polémica", para las oscuridades de la Patria, polémica como fue Silvina Bullrrich; aunque la literatura de ésta fue sensiblemente mejor, la vida de Lynch, en sí misma una gran empresa literaria, una vida de riesgos, fue, quizás, el último exponente del escritor, en el sentido cabal, del siglo anterior a su muerte, de nuestro país. Lo que quedó después es tierra arrasada por los refinamientos del lenguaje), joven como Milcíades Peña. Hoy "recuperado", como fábrica que no sabe producir símbolos, por el revisionismo (editorial Planeta hizo algo maravilloso: juntó, con una cuidadosa edición, toda su obra. Historia del Pueblo Argentino, altamente recomendable). La manía clasificatoria lo pone ahí. Pero sus tesis no aparecen en la producción del Instituto de Revisionismo Menemista, o Histórico. Decretado por presidencia de la nación. Me gusta burlarme de estos rebeldes institucionalizados. Cansados. Entregados. Alquilo un departamento frente a la Sociedad Rural, aunque siempre me voy cambiando. Se hacía la feria del libro. La Exposición Rural del Libro. Era un día, como hoy, que escribo ésto (25 de mayo del 2012, Día Nacional del Pastelito, el Instituto Revisor de Cuentas Históricas no dice, sobre ésto, ni una palabra. Son los Gordos de la historia, han comido muchos pastelitos) lluvioso, el Día Nacional del Pastelito original, hace 212 años también, dicen, llovía. Tenía, apenas, que cruzar. Para una charla, en el stand de presidencia de la nación, en la exposición rural con libros. Ese circo que escenifica todo lo que odio. Lo que odian muchos, que agachan, como yo (je), la cabeza. Y rinden pleitesía. La charla era una por día, organizada por esa verguenza nacional que es la secretaría de cultura, de recato y "rescate de próceres olvidados", bueno, sí, cualquier cosa. Sabía que el secretario de cultura no iba a estar. No va a los eventos donde no se habla de él. Y el "prócer" elegido, supuestamente por tener el mérito de ser olvidado, era Castelli. Como no habían conseguido ningún freaks que vaya gratis -el dinero lo ganan, en estos circos de la cultura, los empresarios y funcionarios, nunca los que hacen las cosas, los que les ponen los contenidos, no, esos mueren pobres- a hablar sobre Castelli, en su pequeño abanico de conocimiento sobre los freaks, pero reclutaron a uno que hizo un libro de Monteagudo, militante de esa causa, recopilador valioso de eso, bueno, ahí estaba. Y me metieron a mí (sin consultarme, lo difundieron) para ponerle onda. Cien minutos de ese entierro de la alegría, por que un amigo funcionario quedaba implicado en el papelón si yo no iba (aunque él tampoco fue, es gente ocupada) fui. Los próceres olvidados no eran tales, dije. Aunque sí eran olvidados por el funcionariado, que no estaba. La gente me miraba, aburrida. Dije lo que suelo decir acá de la revolución de mayo, de las luchas entre los caudillos y contra el puerto. Etcétera. Nada de mucho interés. Voy, a que todos caemos, un poco, en esas trampas institucionales. No es nada personal. La historia es un terreno de la lucha política. La literatura, también. Y la lucha política tiene que merodear, así sea conceptualmente, el estado. Es decir, estas cosas son, en cierto modo, inevitables. Y evitarlas, además, es en cierto sentido, una torpeza política. Quizás, de esas torpezas estéticas, trate el Paria. Está la Patria, está la Matria, está el Paria. Y están los que, como Arturo Jauretche, se negaron a firmar una solicitada para que el gobierno peronista levantara la prohibición de Solo Ángeles. Estaba, Jauretche, demasiado ocupado en pelearse con Victoria Ocampo, digamos. Bioy Casares -lo que probablemente le molestó a Jauretche- la firmó. Miserias que no opacan a Jauretche, pero que escenifican la ingrata presencia de los parias en la cultura.
La Matria y la Patria se necesitan. Se quieren. Se enemistan. Se odian. Se reconcilian. Es, el Paria, el que complejiza el cuadro. El que hace pensar todo de nuevo. Milcíades Peña es el Paria. Enrique Medina es el Paria. David Viñas es el Paria. Y Beatriz Sarlo es el Paria. Acá, ya sé, se pudrió todo. Qué me importa.
Horacio González, con su vocación de síntesis, es el Paria. Tomás Abraham, Jorge Asís, Elías Castelnuovo, Martín Caparrós, Roberto Arlt, bordeando los contornos de la izquierda de la Patria o de la Matria. Jorge Dorio, que por sus ganas de cagarse risa y tomarse la noche en joda, opaca su literatura, sus ganas de joder con las letras.
Estoy queriendo decir que la clasificación, que en momentos se torna densa, de dos campos de disputa, no acota el panorama de las letras, de la intelectualidad. Que hay mucho que queda afuera. Que la lucha política, con sus efectos de no dejar nada librado al azar, rompe las terceras posiciones pero que siempre, de algún modo, queda un lugar, solitario a veces, ultraconsagrado otras, para dejar, con más o menos matices, con más o menos pelotas, algo para decir. Escrito en algún lado. Como Hugo Chumbita, en los costados ocultos de la academia, esa cosa pesada y gris. Como Felipe Pigna militando el revisionismo dentro de los ritos autocelebratorios del show televisivo (y, previsiblemente, denostado, en los aparatajes del laboratorio de prestigio, por el impronunciable pecado venial de tener éxito). Las divisiones tajantes no funcionan. Son eficaces en las luchas políticas. Y luego, se desvanecen. Las manías de los suplementos culturales por llevar a su campo escritores "recuperados" es parte de la lucha política. 
Pero yo escribo desde este blog, asociado de manera mecánica -y correcta, aunque no exenta de conflictos- al kirchnerismo. Pero soy hijo cultural de esos parias que han poblado la historia, que han trajinado la literatura, que le han dado sentido, a un camino que permanentemente se reinventa.
Por suerte. 




Sigo creyendo, de todos modos, que merecen, los grandes parias, como Manauta y Juan L Ortíz, un espacio en las galerías de los descentrados. Pero esas galerías, donde también podrían estar los hermanos Lamborghini, no existen. Si existieran, reeditarían las obras de Enrique Medina. 
Pero, Manauta y Juan L Ortíz pertenecen, por derecho propio, a las Galerías Desnacionales. Otro carril por donde circula la literatura argentina y el drama político. La Patria, la Matria y el Paria concluyen acá, y quedan por desarrollar las Galerías Desnacionales. Las Galerías Desnacionales tienen, siempre en terna y trilogía, dos capítulos abordaje: los Funitarios y Unirales. 
Ricardo Guiraldes (el escritor de los tiempos de las diéresis, tiempo compartido con Horacio Quiroga, escritor de terror escolarizado), Manauta, Javier Villafañe, Héctor Tizón, Mempo Giardinelli, Andrés Rivera.
Había una economía integrada, articulada, que marcó la posibilidad de despliegue de estos escritores, hoy opacados, en la centralidad de la derrota.
Chau. 



2 comentarios:

  1. Leí "Las Tumbas" a eso de los quince años y fue desgarrador. No me esperaba semejante crudeza. Creo que es uno de los mejores libros que leí, pero que me da cagazo releer por el dolor que provoca. Solo hojear el prólogo te muestra que estás ante una joya, pero duele lo mismo que una piña en la boca del estomago. Más si uno piensa que estamos en el 2012, y "Las tumbas" sigue reflejando la actualidad de los institutos de menores. Muy buen texto! Saludos

    El Beto Mágico

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