domingo, noviembre 25, 2012

qué tanto.

Estoy volviendo a tocar los récord de visitas en este blog. Es todo muy divertido. Y arrancando nuevos trabajos, una nueva etapa. He cumplido todos los contratos y requisitos. La argentina es una hermosa pero más loca que yo. Se inclina a una locura. Ya estoy, en las habituales y permanentes dicotomías que ahora han vuelto a ser visibles, de un lado. Hay que seguir ahí. Pero romper más las pelotas. Ni sé de qué estoy escribiendo, pero bue. Es domingo. Me voy para Lanús. En un centro cultural, que inauguramos hoy. Conurbano Mundial. Vamos a hacer un programa en vivo,  incorporando gente al equipo. Para las radios, no me acuerdo el dial, pero la AM es 1140 y la FM ya la busco. Retransmitido online desde la página del centro cultural: www.casasururbana.com.ar Voy a estar todo el año descubriendo esos lugares, el Conurbano. Me aburrí profundamente de la mersa de Palermo. Terminamos ya en radio América. Veremos el año que viene. No soporto los domingos. A la tarde. Me entra una tristeza. Más si tengo, como hoy a la tarde, que quedarme solo. Estoy hasta con ganas de lavar los platos. Por que no estoy en casa. No sé qué días voy a ir a Paraná, ahora que los fines de semana arrancamos esto. Emilia se fue a trabajar. Los platos del asado, se fueron mis amigos. Antes solía, los domingos, dar un paseo. Qué lindo suena pensar así, dar un paseo. Es linda frase. Tiene consistencia fonética, si es que tal cosa existe. Y sino existe se la inventa. Qué tanto.  También es lindo escribir qué tanto. Voy a preparar el mate. Bajar la persiana. Leer el diario que siempre leo, el mejor, Página 12, aunque no lo soporto, últimamente. No sé por qué. Bah, sí, ya no soporto a nadie. Ni a mí mismo. Tengo un infierno, a veces, en la cabeza. Otras veces tengo ganas de dormir la siesta. No es, tampoco, mal plan. 
Quería contártelo. 
No, a mí tampoco me importa mucho. Ni tampoco debería importarme. Qué tanto.