lunes, enero 28, 2013

Los ricos y su ética




Cuando la farándula, esa subespecie privilegiada por su escaso talento hasta para su especialidad: el suicidio moral, cuando discute de dinero, da un poco de tristeza social. Están alimentando una violencia que no logran dimensionar. Es la de quienes miran todo por la ventanilla. Pero del lado de la calle.
Un viejo conservador como Enrique Pinti, que ha vivido del "antes estábamos mejor" unos 50 años sino más, acaba de decir algo sensato para lo que en sociología se llaman los deciles altos. Los ricos. Que en el lenguaje mediopelo pasa por clase media. En la sociología, no. Dijo, con la suficiencia de quien habla al pedo pero con inusitado respeto,  que no quiere pesificar sus dólares. Y también dijo que estar en Santa Fe y Callao es lo mismo que estar en la Villa 31.
La poca calle que manifiesta no es nada del otro mundo: siempre representó las aspiraciones berretas de la clase media alta por igualar, de manera que en ese mundo se considera progresista, para arriba económicamente a ese sector.
Y antes de que esto se use para decir que "atacan", desde el kirchnerismo, a un desgraciado moral que está promocionando algún espectáculo que se se haga en un teatro a través de estas diatribas inconsistentes, aclaro: Pinti es respetuoso, en su lenguaje pobre y cloacal de siempre, con Cristina. Y si no lo fuera, a mí, sinceramente, qué me importa.
Alimentar la violencia social es otra cosa, más intangible, y lo excede.
Incluye tantos políticos, incluida la presidenta, que llegó a anunciar que "pesificaba" no sé cuántos millones de dólares. Por favor.
La falta de pudor, de recato, la lisa y llana indecencia de mofarse de los que trabajan de verdad, rubro que no incluye a quienes, como en mi caso, nos dedicamos al periodismo, da cosa.
Es la naturalización de la desigualdad. Es decir, es la naturalización de la violencia social que ninguno de los que la alimentan, sufre. Deberían. Pero no. Los cuida la policía, la policía que está hecha para ellos. Que no es la misma policía, siquiera, que el resto. Da un tristeza que se hayan perdido, y esto es en serio una derrota acumulada en décadas, el decoro.
El país donde esta gente con dudas o certezas pesificadoras vive es el país del 3% de los argentinos. El resto, los sufre. Y hasta sin saberlo, los festeja.
Cualquier albañil, electricista, cloaquista, operario, ceramista, etcétera, sabe que nadie hace plata trabajando de verdad. Y vive en el límite de la subsistencia moral, mirando estos giles que juegan con cosas que no entienden, y los desesperados sociales, los excluidos para que estos histeriqueen con "su" dinero, los excluidos que están cada día más violentos. Por su culpa. Por culpa de los dolarizados o pesificadores que nos toman por boludos. Por invisibles.
Un poco de recato con los patrimonios, vendría bien.
Esos patrimonios -a mí me chupa un huevo lo que diga el Poder Tribunal- fueron a costa de la gente que de verdad trabaja.
Por lo menos, déjenla tranquila.
Cállense la boca cuando quieren, ahora que ya la juntaron, encima quieren ser éticos.
No jodan.
Porque del ridículo no se vuelve.
 El país no se divide entre quienes pueden explicar su patrimonio millonario y pesifican y los que no pueden explicar su patrimonio millonario y no pesifican.
Sino entre los que trabajan y quieres trabajar y los que viven del trabajo real ajeno. Como esta gente y sus problemas financieros.