domingo, febrero 03, 2013

Aspirinetas



Habrá que prestar atención más profundamente al registro de cómo se procesa, al interior de sudamérica, la enfermedad de Chávez y la transición en Venezuela. En los países de mayor interdependencia comercial con Venezuela no ha habido cambios, al interior de Sudamérica, tampoco. Por lo menos en los países grandes. Sí, con probabilidad, se debilite la intensidad del bolivarianismo hacia América Central, justo en momentos donde la zona no es prioritaria para los Estados Unidos, embarcados en otras carnicerías e invasiones.
Pero la ola sanmartiniana y su conjunción con la ola bolivariana parecen sólidas en el cono sur. El aislamiento del Paraguay implica, para cuando salgan de la situación golpista a través de elecciones (donde la candidatura de Lugo a Senador le otorgaría un valor simbólico de cierta importancia) la derrota como cabeza de playa yanqui en el Mercosur, situación que el imperialismo fallido de Brasil jamás permitiría, y que aisló al paraíso financiero de Uruguay en las jugadas más reaccionarias que el Frente Amplio tiene en carpeta, archivadas, por ahora. Pero un retorno de la derecha de Tabaré Vázquez a la presidencia del Uruguay tras el fracaso del ala centrista de Pepe Mugica, hoy y por este cuadro, no modificaría las cosas. Estaría igual que en su presidencia inaugural, aislado.

Todo esto, naturalmente, puede cambiar. Y el eje sigue siendo la continuidad o no de Cristina en el gobierno  y el tenue corrimiento de la oposición brasilera hacia la izquierda, mientras Dilma y el Partido de los Empresarios (PT, por sus siglas en portugués) insisten en desplegar el viejo sueño expansionista del Brasil imperial, que fracasará, tanto como su conservadurismo social, en la medida en que a los yanquis les importe tres carajos darle aire al país más desigual del planeta.

Tanto Ecuador como Bolivia dependen del contrapeso a esta política del Brasil que, hasta ahora, viene realizando con eficacia el gobierno argentino con mejor política exterior en décadas. Los resultados hay que medirlos en el grado de unidad, que ciertamente no avanzó para nada como se esperaba, pero sin embargo es el mayor avance en siglos, y en el debilitamiento de los instrumentos al servicio de los países industrializados al interior del bloque sudamericano.