sábado, febrero 02, 2013

¿Qué es esto, Quintín?


Eduardo Antín, alias Quintín, es un bloguero marginal ubicado en una derecha furiosa y fanática. Que, como los kirchneristas que se hicieron funcionarios, abandonó su blog, porque hoy escribe en Perfil. Acá su blog. Es una especie de hermano menor de Fernando Iglesias pero con un lenguaje más básico pero con infinita mayor cultura que el casique de la Coalición Cívica (casique diputado, casique escritor, casique periodista).
Quintín es un crítico de cine destacado al interior de ese ámbito y fue una referencia en ese sector.
Pero fue gracias al kirchnerismo que logró un poco de relevancia, merecida, porque tiene cierto estilo para transmitir un evenenado resentimiento que surgió cuando, siendo director de la prestigiosa revista de cine El Amante y entusiasta kirchnerista junto con Gustavo Noriega, recordado por su paso en Duro de Domar (como a mí, je). El problema es que Quintín, que había apoyado -de eso vivía- todos los gobiernos desde el final del menemismo fue echado de su cargo de funcionario porque robaba. Junto con su esposa, encima. Entonces abrió su blog, junto con otros intelectuales, luego se peleó con todos por ese asunto que relato, de ahí a Perfil y la constante calumnia militante en los comentarios de los blogs más leídos: ya lo verán por acá. Personalidad oscura y amargada, vive del resentimiento militante, como Fernando Iglesias pero con talento y formación cultural. No así formación política y eso se nota un poco. Ya no escribe de cine hace rato y esta ya larga introducción es para destacar su columna de hoy en el sitio que lo merece: el blog de Fontevecchia. Como todos sabemos, Fontevecchia es rico y por lo tanto a su blog lo hacen empleados, a veces sale en papel y aunque está conectado a todos los echados de esa cueva de delincuentes que es la SIDE y vende carne podrida que si no está acordada con Daniel Hadad o Héctor Magnetto, nadie se entera; y Fontevecchia, un agudo analista, desperdicia con caprichos de niño rico que heredó dinero -más el aporte de la Embajada de los Estados Unidos- o sea, citando con liviandad intelectuales que desconoce y dirigiendo la sección "Hablando bien de mí", que es, paradójicamente, la mejor por lejos. Fontevecchia se llena de elogios éticos y se autonombra periodista y todo el resto de las secciones son chimentos de baja estofa.
Vamos a la columna de Quintín, quien viró de un duhaldismo kirchnerista a una especie de izquierda a lo Fernando Iglesias, una izquierda que encuentra en Carrió su principal referente, con el agravante de que ni Carrió los puede ni ver. Lo que van a leer es un enfermizo viaje al desvarío, pero de colección, una postal de lo idiotamente fascista que te vuelve el odio ciego:


SIN LOS K

La izquierda futura

Por Quintín
02/02/13 - 12:38
Nadie tiene la bola de cristal y menos con el kirchnerismo, pero da la impresión de que el fracaso económico y social del Modelo unido a la prepotencia, la alcahuetería, la mentira, la corrupción y la ineficacia son demasiado notorias como para que el sistema vertical de Cristina Kirchner se perpetúe: hay un aroma cada vez más penetrante a final de régimen, a dictadura que se queda a mitad de camino.
Mientras seguimos pensando si el vaticinio se cumplirá, es natural preguntarse por lo que viene después. Tal vez la única coincidencia entre quienes aborrecen a este gobierno sea que el futuro sin los K no será maravilloso. Pero a partir de allí, los temores se dividen radicalmente.
Los antiperonistas clásicos –que cuando Duhalde asumió la presidencia pensaron en el fin del mundo– y los progresistas –que cuando Macri asumió la jefatura de gobierno hicieron otro tanto– creen que la llegada al gobierno de un peronismo más tradicional o de un partido de derecha será más un retroceso que una solución. Mientras que otros estamos convencidos que la disyuntiva que el kirchnerismo instaló en el futuro de la Argentina es entre una democracia republicana y una dictadura populista. Así, advertimos que el kirchnerismo no es el único en admirar a Chávez y a los hermanos Castro, en impulsar una geopolítica de corte soviético y un sistema político sin respeto por la libertad.
No existe entre nosotros una izquierda democrática sólida, y la que hay sigue coqueteando con el nuevo totalitarismo latinoamericano, desde la ambigüedad de Sarlo o del FAP a las certezas de Laclau y de La Cámpora. Para poner un ejemplo, acabo de enterarme de la existencia de un grupo llamado Marea Popular, que controla los centros de estudiantes de cuatro facultades de la UBA. Chavistas locales, no se diferencian en nada de los kirchneristas más acérrimos salvo que (por ahora) no pertenecen a sus estructuras leninistas aceitadas con el dinero público. Pero el país que quieren no se parece a Suecia sino al de los sueños huecos y violentos de los setenta.