sábado, diciembre 07, 2013

Entretelones de los premios Tato




En el año 2001 tampoco había hambre. La clase media hace el siguiente razonamiento: si a mí me va mal, qué mal les debe ir a los pobres. Y entonces imagina hambre. Ese razonamiento lineal tiene su contrapartida: si hoy me va bien, entonces no hay hambre. Es correcto. No hay hambre. Pero en el 2001 tampoco hubo hambre. El dato a tomar en cuenta SIEMPRE es el precio relativo de los alimentos.
En 2001 estaban, aún con deflación, carísimos; por una sencilla razón: el mercado de trabajo dejaba afuera de los derechos laborales a la mitad de los trabajadores; como sucede hoy. Pero entonces la desocupación era altísima, lo que provocaba los salarios bajos. Hoy, la desocupación es baja, lo que tira para arriba los salarios. Pero el negreo es alto, lo que los baja. Igualmente, en promedio, es incomparablemente mejor la situación laboral hoy.
El drama como siempre es la desigualdad.
Agravada por lo que en la tele llaman "el modelo": tasas negativas, alta inflación, bancos humillantes, financieras que explotan, trabajadores de cuello blanco y poder sindical, resultado: a gastar que se acaba el mundo. Y esa fiesta del consumo de un tercio de la población -menos los dos deciles más altos, que solo se ven por televisión, todo lo que vaya de la mitad para arriba de la pirámide social.

Conclusión: para la mitad de los trabajadores los alimentos vuelven a estar carísimos. Porque no posibilitan, con su apropiación del salario, otros consumos. Los del tercio blanco.
Ese tercio de trabajadores de la mitad para abajo de la pirámide social, el tercio negro, es el único que derrama hacia abajo. Pero si los alimentos se encarecen, no hay derrame.
Por eso vemos los cartoneros, la gente comiendo de la basura o durmiendo en la calle, los niños pidiendo en los bares, toda la escena social del 2001 (que nunca se fue del todo, pero es evidente que los dos últimos años, empeoró en relación a los últimos cuatro años).

Vamos por partes: es más difícil morirte de hambre en cualquier rincón de argentina que en Nueva York. Dos ejemplos (para demostrar la siguiente tesis: en el actual estadio de las fuerzas de producción, la cultura incide de manera directa sobre el hambre) bien del palo nacional y popular: Wal Mart y Mac Donald.
Basta pararse en cualquier Mac Donald apenas cierra para comprobar las hordas de trabajadores-el frepasismo actual, que es el mismo que en el 2001, no los llama trabajadores, pero lo son, claro que desocupados crónicos- que esperan la basura. Para comer. Y engordar. Comiendo porquerías.
En el año 2000, cuando los mismos encuestadores de hoy decían que la imagen de De La Rúa y Chacho estaban en el 115% de admiración, Mac Donald, siguiendo una política de su casa matriz, anunció que procesaría su basura para que nadie pudiera comerla. Hubo una ola de repudio y dejaron de hacerlo.
En Nueva York ni por error te acercas a la bolsa de basura de Mac Donald.
Wal Mart, en Paraná (que en el 2001 les pagó las balas a los canas para que repriman) tiraba directamente al volcadero municipal, el supermercado de los excluidos sociales, los alimentos vencidos. Quiso empezar a venderlos para procesarlos y hacer con eso alimento para animales. Quejas. No pudo.
¿Se vencen los alimentos en la fecha que dice el envase?
Un diezmo de la población sabe orejear si el alimento está bien o no. Sin importarles un carajo la fecha. Ese diezmo es el de los cartoneros, basureros, cirujas, villeros, evangelistas, golondrinas, peones (de campo y albañilería), siervos de la gleba.
¿Y si en el 2001 no había hambre, porqué había tantos chicos desnutridos?
Por la falta de leche. Y de vitaminas.
En fin, el tema es larguísimo. Pero hay que agregar otro dato: la pobreza rural.
Es muy común encontrar en los ranchos de las villas, aunque cuando yo era niño era infinitamente más común, gallinas, huertas, etc. Son muchas las municipalidades que entregan animales vivos. O que los crian en criaderos municipales. El gobierno nacional tiene, a través del INTA, desde mucho antes que el menemismo actual o su primara fase de los 90, el programa Pro-Huerta (tuvo distintos nombres, pero es lo mismo: te regalan semillas) y casi nunca funciona. ¿Por qué? Por el fácil acceso a los alimentos. De cualquier manera, quienes siembran para autoconsumo, como sabe cualquier productor, no compran las semillas. Te las regala el estado. Y está bien que así sea.
Lo que sucede, en el paisaje social más castigado, los más pobres, es que vieron alguna esperanza durante los años dorados del kirchnerismo. Hoy esa esperanza está extinguida. Volvieron los bolsones. Con la salvedad de que durante la mayor parte del gobierno de De La Rúa el gobierno nacional no compraba alimentos. Como tampoco durante la mayor parte del gobierno de Cristina (sí en el de Néstor), aunque por razones diametralmente opuestas.
Después, obligados por las circunstancias (como ahora) tuvieron que comprar.
La ineptitud de la cuñada social podía pasar desapercibida mientras había derrame, según la tesis neoliberal de derrame (que es correcta, pero módica y cruel), desde las clases medias bajas -esos de la motito- hacia los más pobres, que nunca participaron, dicho sea de paso, de los saqueos. Hay simples cuestiones físicas a veces de por medio (familias básicamente de una mujer y muchos hijos, largas distancias, cuestiones religiosas, mayor miedo a la represión, mala alimentación, etc).
Que ese derrame se haga también a través de la iglesia católica, el menudeo de drogas de malísima calidad, los robos, las violaciones, la pedofilia, las instituciones represivas para la niñez y juventud, la prostitución, etc, es otro cantar. Pero también hay un derrame basado en changas y caridad y punteros.
Pero ese de la motito trabaja, por ejemplo, pintando casas. A gente que ahora que tiene que pagar un impuesto miserable por su auto, ese del tercio blanco, que se asusta fácil y suspende las reformas de su casa. Dejando un tendal de heridos sociales. Todo por el dólar turista...

Así funciona una parte de nuestra sociedad. Les guste o no a los menemistas con derechos humanos.




¿Y qué sucede con la Asignación Universal?
Es la que agrega unos billetes al análisis anterior. Y encarece los alimentos. Pero los posibilita.
Es la que hace que los más pobres estén relativamente menos violentos contra la propiedad de los blancos. Pero el rol fundamental ahí, en las villas reales -no lo que la gilada metropolitana llama villas, ahí no hay miseria, ahí hay trabajadores que viven mejor que un empleado municipal de casi toda Catamarca- es la universalización de las jubilaciones.
En hogares donde viven 3, 4 y hasta 5 generaciones, con esos ingresos, hasta hace unos años, no hacia falta comer en el comedor popular, y las instituciones de caridad (la Iglesia Católica, el Partido Justicialista, la Policía, la Escuela Pública y la Mano de Obra del narcotrafiquito) se habían replegado, enfocándose en otras necesidades: fundamentalmente, la ropa. Y el gas. Eso trajo un grado de autonomía, individuación y libertad...que ahora se paga. Esa es la juventud de Cristina, ja.
Bueno, ahora tienen que volver a dar de comer.
En Córdoba saquearon un galpón de Cáritas con alimentos. ¿Porqué Cáritas tenía alimentos; acaso no escuchan los discursos de Cristina sobre la Asignación Universal?
 Qué divertido es este menemismo, convengamos.


¿Quiénes son el caldo de cultivo para los saqueos entonces?
La generación de la motito.
El producto social más genuino del kirchnerismo. Los que estuvieron a punto o cayeron en algunos casos, varios escalones más abajo durante el 2001.
Ascendieron en los años dorados del kirchnerismo y su infalible olfato social les dice que nuevamente los van a cagar.
Y todas las señales del gobierno representativo y federal así lo indican.



¿Porqué en diciembre?
Por la cuestión del amiguito imaginario de Bergoglio, obvio. Pero también porque aumenta el consumo y ellos la ven pasar. De esa franja social, la generación de la motito, salen, además, los policías.
El derrotero que va del 54% al 30% es por el alejamiento de esa generación de la motito. Los que ahora hacen quilombo o amagan con hacerlo. Para las paritarias del relato: ¿quieren que reprimamos? Ok, pero queremos consumir...
 El relato se sostiene con la policía. Esta es la segunda fase de las paritarias del relato. Y el emparentamiento de la policía con la generación de la motito (por eso hubo 100 detenidos en un día en Córdoba) sirve para asustar a la única clase con conciencia de clase: la clase política.
La generación de la motito acecha la propiedad del tercio blanco.
Es la que puebla las cárceles y las academias de la policía. Fabrica gendarmes y curas, piquetes y dealers, trapitos y albañiles. Es la franja social, la de la motito, que ve cómo las niñeras son paraguayas, los albañiles y quinteros bolivianos, los despenseros chinos, los dealers de la buena peruanos, los revendedores de joyas (robadas) africanos. Es la más racista de los trabajadores.
Es la que sabe cómo hacer tronar el escarmiento.
Es la que terminó con el cristinismo.
Es la que hizo que el cristinismo renuncie a los honores pero no a la dieta.

¿Qué necesita la generación de la motito?
Tasas chinas y redistribución
¿Qué les dan?
Premios Tato y represión