Cortito, el post, pero alguien tiene que decirlo; posta. Liberen a Mendieta. Sea el laburo, la flía, las patrullas perdidas de la cruzada sanitaria ligth porteña; los bares cerrando temprano, los despertadores ansiosos, lo que sea.
Pero alguien tiene que decirlo.
Y nadie, así como en el hacer, en el decir, dice y hace nada. Me veo obligado. Aún cuándo, Mendieta, en una reunión de producción de La Bloguera, lo cortó a Willie (legendario personaje de la Secta de la Síntesis, hombre con DEMASIADA capacidad de trabajo para mí) y aclaró los tantos, tremendo este puterío que cuento, aclaró los tantos contra Gerardo Fernández y sus segmentos musicales donde enamora viejas locas que escuchan radio (nadie quiere decirlo, excepto Capusotto, pero la radio es SOLAMENTE escuchada por viejas locas con ruleros y sueños húmedos) y lo cortó al toque para aclarar la cosa:
-Viejo, (así habla Mendieta) acá los galanes de la blósfera somos Carrasco y yo, que nos matamos compitiendo para que vengas con voz ronca a meter boleros.
Justa apreciación del compañero Mendieta, que puso las cosas en su lugar.
Y si bien, todas sus restricciones me convienen, ya casi hay que ir a la Comisión de Defensa de la Competencia. No quiero ganar por abandono. Que Mendieta vuelva a escribir, que tenga tiempo. Quie quiero rivales a la altura que yo creo que tengo, no a la altura real.
Posta.
Un llamado a la solidaridad.
Más noches y bares para Mendieta, que hasta yo, tu íntimo enemigo, te termino extrañanado.
Posta.
No pongo link porque estoy en un ciber de teclado borrado (escribo por adivinanza; pero siempre con dos dedos) y mañana, mi Pequeña y Extraña Dama, dirá que qué hacía despierto y eso (además de decirme que quién es tal o cual que comenta, no sé si te pasará con Rulitos, pero a mí, sí). Perdí el cole; me refugié en la terminal, algún día escribiré el Gran Libro de las Terminales, pero ese día se retarda, si no vuelve mi enemigo,
al que le robo ideas.