Será en todos los países, será un signo de los tiempos, será algo natural en países jóvenes? ¿Porqué esa ansiedad por compararse con “otros países del mundo”? A ver: el provincianismo, me parece insoportable. El particularismo, en su versión de ontología conservadora o en su modalidad posmoderna; también.
Cierto situasionismo puede ser entusiasmante; es más, hasta necesario. Cierta perspectiva, sobretodo regional, inevitable. Ciertos estudios, fundamentalmente en contraste del tercer y primer mundo, iluminadores.
Pongamos un ejemplo; rápido, medio azaroso: ¿es justo predicar la ecología de sentido común mirando a los Estados Unidos y no, por ejemplo, a los Tigres Asiáticos? A mí no me parece justo.
Ahora bien, cualquier tipo con cierta curiosidad elemental entiende que “el mundo” es diversidad. Que cualquier tema, discutido a partir de “lo que pasa en el mundo”, es un poco naif. “Lo que pasa en el mundo” para los superpoderes, los derechos aduaneros, la política de estupefacientes, la construcción en pilotes, nunca es una sola cosa. Y cada interés, sea ideológico o material, tendrá de sobra abundantes ejemplos de su visión local ya realizada “en el mundo”.
Un modo de posicionarse internamente es mentar ciertos países y ciertas épocas, del pasado o del futuro (ambos son, sin inventario del rigor, construcciones simbólicas). Lo hacen los neoliberales, los conservadores, los izquierdistas, los liberales, los nacional populares. Es legítimo; está claro. En ciertos casos, es alienante; en otros, abre la imaginación. En otros casos, opera como chicana: la más común, afín a ciertos creadores de campañas electorales, es endilgar “chavismo”. O bien, “imperialismo”. Existe el chavismo y existe el imperialismo, y existen también los intereses nacionales; muy frecuentemente asociados a los intereses estatales de cada nación. Y cada nación tiene, cada vez más, intereses que superan, se diseminan o se pierden en los márgenes acotados del estado de cada nación. Pero ese es otro tema. O no: quizás un reflejo, o una causa; de esta ansiedad por “lo que pasa en el mundo”.
A mí me sorprende, de verdad. Entiendo que debatir de este modo tiene un indudable interés de clase. Entiendo que hay clases sociales que odiarían verse en donde algunos creemos que deben mirarse, en sus intereses, accionar y comportamiento: en Bolivia, en Sudáfrica, en la región Vasca. Entiendo que algunos crean que hay que vernos en Venezuela, en Brasil y China en el mejor de los casos, en Rusia en otros.
Pero siempre hay un “algo” que no agota el problema, que quizás, apenas, lo ilumina, y no más. Sin embargo, supongo que hay que estar muy metido en los debates de “otros países” –como si alguien pudiera agotar la nómina, como si cualquier selección no implica a priori un sesgo ideológico que a su vez condiciona la mirada sobre ese país y ni que hablar sobre lo que de nuestro país se quiere decir- para conocer si sucede en otros lados; si esto es aplicable a naciones que fueron colonias, a naciones con guerras civiles sin cicatrizar, puertocéntricas por un lado y productoras por el otro; o bien si se debe a la raíz latina, hispánica, católica; o al tercer mundo; o a los términos de intercambio; o a la teoría de la dependencia o a un patrón latinoamericano; en fin; no sé. Quizás suceda en todos lados. Quizás, no.





