lunes, agosto 17, 2009

En los países serios.

Será en todos los países, será un signo de los tiempos, será algo natural en países jóvenes? ¿Porqué esa ansiedad por compararse con “otros países del mundo”? A ver: el provincianismo, me parece insoportable. El particularismo, en su versión de ontología conservadora o en su modalidad posmoderna; también.

Cierto situasionismo puede ser entusiasmante; es más, hasta necesario. Cierta perspectiva, sobretodo regional, inevitable. Ciertos estudios, fundamentalmente en contraste del tercer y primer mundo, iluminadores.

Pongamos un ejemplo; rápido, medio azaroso: ¿es justo predicar la ecología de sentido común mirando a los Estados Unidos y no, por ejemplo, a los Tigres Asiáticos? A mí no me parece justo.

Ahora bien, cualquier tipo con cierta curiosidad elemental entiende que “el mundo” es diversidad. Que cualquier tema, discutido a partir de “lo que pasa en el mundo”, es un poco naif. “Lo que pasa en el mundo” para los superpoderes, los derechos aduaneros, la política de estupefacientes, la construcción en pilotes, nunca es una sola cosa. Y cada interés, sea ideológico o material, tendrá de sobra abundantes ejemplos de su visión local ya realizada “en el mundo”.

Un modo de posicionarse internamente es mentar ciertos países y ciertas épocas, del pasado o del futuro (ambos son, sin inventario del rigor, construcciones simbólicas). Lo hacen los neoliberales, los conservadores, los izquierdistas, los liberales, los nacional populares. Es legítimo; está claro. En ciertos casos, es alienante; en otros, abre la imaginación. En otros casos, opera como chicana: la más común, afín a ciertos creadores de campañas electorales, es endilgar “chavismo”. O bien, “imperialismo”. Existe el chavismo y existe el imperialismo, y existen también los intereses nacionales; muy frecuentemente asociados a los intereses estatales de cada nación. Y cada nación tiene, cada vez más, intereses que superan, se diseminan o se pierden en los márgenes acotados del estado de cada nación. Pero ese es otro tema. O no: quizás un reflejo, o una causa; de esta ansiedad por “lo que pasa en el mundo”.

A mí me sorprende, de verdad. Entiendo que debatir de este modo tiene un indudable interés de clase. Entiendo que hay clases sociales que odiarían verse en donde algunos creemos que deben mirarse, en sus intereses, accionar y comportamiento: en Bolivia, en Sudáfrica, en la región Vasca. Entiendo que algunos crean que hay que vernos en Venezuela, en Brasil y China en el mejor de los casos, en Rusia en otros.

Pero siempre hay un “algo” que no agota el problema, que quizás, apenas, lo ilumina, y no más. Sin embargo, supongo que hay que estar muy metido en los debates de “otros países” –como si alguien pudiera agotar la nómina, como si cualquier selección no implica a priori un sesgo ideológico que a su vez condiciona la mirada sobre ese país y ni que hablar sobre lo que de nuestro país se quiere decir- para conocer si sucede en otros lados; si esto es aplicable a naciones que fueron colonias, a naciones con guerras civiles sin cicatrizar, puertocéntricas por un lado y productoras por el otro; o bien si se debe a la raíz latina, hispánica, católica; o al tercer mundo; o a los términos de intercambio; o a la teoría de la dependencia o a un patrón latinoamericano; en fin; no sé. Quizás suceda en todos lados. Quizás, no.

sábado, agosto 15, 2009

La pobreza

La actitud caritativa puede o no ser una característica asociada a la religión católica. Pero es indudable que es el puente conector para que los factores de poder y los enclaves del conservadurismo encaren la cuestión de la pobreza en nuestro país.
La cúpula eclesiástica que responde a la única dictadura europea, jamás ha elaborado propuestas consistentes para afrontar la desigualdad social, los costos (y beneficios) políticos que tal afronte necesariamente conlleva. Porque la inequidad y la desigualdad remiten a la contratara de la pobreza; que es la escandalosa riqueza. Por el contrario, ayer y hoy han apoyado a sectores políticos que promueven valores que consideran superiores a la inequidad social. El modelo político que procuran los septuagenarios secretarios de estado católicos se basa en un conservadurismo cultural; liberalismo económico y subordinación política a un modelo corporativo autoritario. En ese esquema de máxima, que hoy por suerte parece imposible, hay distintos grados de apoyos y bendiciones; pero en general, el clientelismo eclesiástico elige cuadros políticos de la mayoría de los grandes partidos para hacer entrismo.
De todos modos, sus tesis de la caridad, que bien entendida (por ellos) significa que otros pongan la guita que ellos reparten; aunque ellos no hayan sido elegidos para tal fin y a su vez subordinando este fin al punterismo religioso y al sostenimiento de su poder basado en el cotilleo de salón; a la espalda de la sociedad y ciertamente de la tan de moda institucionalidad republicana; esas tesis de caridad son las que permiten que la Sociedad Rural, el diario La Nación y la Asociación Empresaria Argentina rueguen un milagro gubernamental para “terminar con la pobreza”. Las asignaciones “universales”; que cuando son puestas en práctica son repudiadas (el caso de los subsidios de tarifas, de planes sociales, etc; muestran tácticamente las limitaciones políticas reales de esas urgentes medidas) operan del mismo modo que una confesión: lavan las culpas y permiten seguir pecando.
En tanto la riqueza escandalosa no es puesta en el tapete, y para alegría de la derecha, la supuesta izquierda formalista está dispuesta a apoyar este escándalo en tanto no se respeten las formas y modales para la transferencia de renta; o bien es puesta en términos de imposibles o de correr siempre el arco; se puede garantizar que la pobreza los escandalizará hasta que lleguen al gobierno; y logren duplicarla.
¿Qué es lo que hizo persistir a un tercio de los argentinos bajo la línea de pobreza durante los años del crecimiento a tasas asiáticas? La inflación, por un lado. Que no es culpa del Indec, aunque la manipulación la agrave: es culpa y causa de quienes se benefician con la inflación. Los grandes beneficiarios de la inflación hoy son recibidos como dialoguistas en pos de una nueva república, así de triste. Son auspiciantes de programas políticos donde se los trata de un modo galante. Son quienes reclaman seguridad jurídica y los que la hacen mierda, son quienes procuran “mayor institucionalidad” entendida esta como que se respete que ellos mandan; son quienes, beneficiarios de la inflación, en el fondo están contentos con la ineficacia de Guillermo Polémico Moreno; sólo quieren ponerles límites al poder político. No sólo la escalada de precios diferenciales (los aumentos que impactan sorbe los más pobres, como los de los alimentos) que coincide con la intervención al Indec pone un techo a la reacticación de zonas del mercado sumergidas bajo la línea de pobreza, sino que además pone un techo a las aspiraciones de una clase trabajadores todavía en relativo crecimiento y a una clase media baja informal que está pendiendo de un hilo.
Podrán quedar viejas y descolocadas las viejas tesis de que el estado es un estado de clase, pero cobrar un bono indexado por Cer aún con el Indec como está es mejor que cobrar un plan social cuyo monto está congelado desde que Duhalde le hizo una quita del 25% en el año 2002.
Los empleos en negro acompañaron y superaron durante los primeros años del kirchnerismo, tras un piso bajísimo, la inflación; pero jamás lograron consolidarse como un salario digno y serio.
¿Es sólo el estado, el gobierno el responsable de esta situación? Hay quienes creen que sí, hay quienes creemos que no. Que no solamente.
El alto crecimiento y la persistencia de un núcleo de pobreza, más allá de los “inempleables” y pobres extructurales, se explican por la persistencia de la escandalosa riqueza. Esa que ostentan en la Asociación Empresaria Argentina, en la Mesa de Enlace y en el despliegue de nuevos ricos que llegan a Puerto Madero. Esa que expresa la goteante pero constante fuga de capitales.
Las distintas asociaciones de bancos; los concesionarios de servicios o favores públicos, los menos vistosos beneficiarios de exenciones fiscales; los ya recompuestos lobbys de la construcción en manos de empresas diversificadas, los que se benefician de un dólar caro y de la inflación; son los responsables de la pobreza. Si un gobierno siempre débil fue acusado de hegemónico; si ese gobierno albergó por primera vez en muchos años cuadros políticos que sostengan que el problema es la inequidad, y fue atacado con dureza por la derecha, entonces el panorama que a mediano plazo no espera no es para derrochar alegría porque la Sociedad Rural, la cúpula católica, el diario la Nación y la Asociación Empresaria Argentina quieren “terminar con la pobreza”. Quieren terminar con los pobres. Ya han querido hacerlo en otras etapas de la argentina. A punta de pistola.
Los mismos que predicaban hasta hace dos años el voto calificado –o votos dividido entre gente como uno y descerebrados negritos del interior- los mismos que nos consideran un zoológico, rehenes de la irracionalidad y la dádiva; presos del clientelismo y la incapacidad; de pronto, andan preocupados. Dicen que ya no existen las derechas y las izquierdas. Dicen que hay que terminar con la pobreza.
Es para preocuparse en serio.

jueves, agosto 13, 2009

Aire

(hinchas festejan que el Canal Encuentro ahora será masivo)






Entonces vas, te comprás a muuuuy bajo precio una antenita, tipo la de Direct Tv; y con esa antena, podrás ver Telesur, Canal 7; Canal Encuentro; y canales de la Televisión Pública Europea -de gran prestigio y calidad- y canales públicos latinoamericanos. Y una señal de noticias las 24 horas,´próxima a crearse.

Y en el mediano plazo, canales corporativos de iglesias, universidades, etc. Y a la vez, podrás ver canales de aire privados; de cable (¿sigue el cable, o nuestro apagón analógico comenzó a ayer, eh?) canales digitales, etc.

Sin dudas, una programación que le va a gustar a más o menos el 0,5% de los argentinos. O menos. Muy lindo el Canal Encuentro, la verdad. Muy lindo Telesur, ok. Pero no son ni serán muy masivos, una pena, pero es la verdad.

Y bue...





Por ahí levanta un poquito el entusiasmo si en el paquete se incluye un canal deportivo que pase gratis todas las transmiciones de fútbol. No sé, es una idea.

Por ahí sale más barato que el Canal Encuentro y la oposición, a quien está destinado este canal por su composición social; no suele decir hijos de puta y el hambreeeee, y el hambre y el hambre!!!! saquen el Canal Encuentro que gasta mucha guita y el hambre y el hambre y el hambre!!!!


De todos modos, qué lindo sería que una parte de la renta agraria se trasladara a la industria, otra parte a la asistencia social directa; y que se desmantelaran las prácticas corporativas de la Asociación Empresaria Argentina, incluido su vicepresidente, que algo tiene que ver con la dinámica de lo impensado, el fútbol, tal y como lo conocemos desde hace 15 años.

Hay que dialogar y consensuar: junto al Diputado De Narvaez hay que estatizar YPF, junto a Biolcatti aumentar el financiamiento estatal para paliar la pobreza y junto a Carrió concretar una asignación a la niñez; buenísimo.

Y a Pino Solanas, le pasamos uno de esos bodrios que filma, un sábado a la tarde en el Canal Encuentro: y que los flogger se diviertan!!!

Acá estoy, Hugo


Acáaaaaaaaaaaa; sí, el de la gorra de Ñuls, Hugo!. ¿Alcanzás a verme? Bueno, te espero en Entre Ríos, en noviembre. Dale.
Acá hay un montón de periodistas pavotes que me preguntan: che, ¿es cierto que viene Chávez?
Por supuesto, querido, por supuesto.
Mandales un saludito a todos, compañero Hugo.

Cómo quedó a Mariano Recalde tras un mes de gestión en Aerolíneas Argentinas: hecho bolsa!!!

El compañero Mariano Recalde, de treintaytantos años, muestra a las claras (clik en la foto para paragrandar) que la gestión del estado, ante tanta crispación; te deja hecho pelota.
Ustedes que son sus amigos, díganle que se relaje, que se tome las cosas con calma, che!!!

Izquierdómetro

Aún esquivando las simplificaciones, si el peronismo es esquivo como identidad asible conceptualmente, ni que hablar la izquierda.
Una categoría que, por mérito o demérito de los dirigentes autotitulados de izquierda, representa, con suerte, el 5 o 6 por ciento del padrón nacional. Con lo cual, habría que decirlo: la izquierda no tiene cabida en nuestro país.
Una vez, me acuerdo, un concejal uruguayo del partido comunista me dijo, en Rosario, que el problema de la izquierda argentina era el peronismo. Obvio, claro. Pero lo que sigue me hizo encender una luz de alarma. En Uruguay, dijo, la izquierda tiene un fuerte desarrollo, porque no tuvo fenómenos como el peronismo.
En ese entonces gobernaba Menem en la argentina, y yo tenía muchas esperanzas en el Frente Amplio Uruguayo, ni que hablar en el PT brasilero, ya no tengo tantas. Menos que menos con la izquierda uruguaya.
Uno de mis mejores amigos es el candidato eterno del Partido Comunista en Entre Ríos. Ahora es kirchnerista, pero hasta el 2006, no. Es decir, en los mejores momentos del kirchnerismo. El caso es que entonces era insoportable queriendo construir un Frente Amplio argentino. Si había un lugar en el que una imitación a la uruguaya, en aquellos años, no era posible (y hasta desquiciado) era Entre Ríos.
El caso es que los dirigentes de partidos minúsculos, cuasi familiares (el PC no entra tanto en esta categoría por su larga tradición) están convencidos de “ser” la izquierda. Hay, ahí, hasta un problema ontológico: difícilmente la izquierda sea esencialista, y por tanto se pueda “ser de izquierda” en vez de “estar a la izquierda”. La izquierda debería devenir, quizás lo único que pueda “ser” es devenir. Y por tanto, interminable discusión: siempre será inacabable, quiero decir.
El caso es que, puestos en perspectiva, cada cual en esos espacios dirá si, el PCR y el MST con la Mesa de Enlace están a la izquierda del Partido Comunista, que estuvo en las plazas de mayo en defensa del gobierno (el secretario general, o presidente, no sé cómo se llama el cargo del jefe, de la Fede, estaba hablando conmigo mientras Luis D elía, al lado, se peleaba con el boludísimo de “Gonzalito”, el banana de CQC, en determinado momento, este amigo de la Fede, cambia el tono y sin tomar distancia de mí, de la charla, empieza a cantar a los gritos la consigna que coreaban un pequeño grupo del PC: “reforma agraria, la puta que te parió”. Todo bien, pero confieso que me dio un poquito de vergüenza, como que algo no encajaba. Ojo, por ahí soy yo el que veo mal la película).
O de una pequeña escisión del PC de los años ochenta, que se llaman Congreso Extraordinario y estuvieron y creo que están en el gobierno; o del partido Obrero que lanzó una tercera consigna: algo así como ni con la Sociedad Rural ni con el kirchnerismo, una consiga tipo revista Barcelona (que se pregunta porqué los garcas que están con la Mesa de Enlace y Clarín y Techin no se ponen de acuerdo con los garcas que están con las mineras y petroleras: es un muy buen chiste, convengamos. Eso sí, expliquenle a Pino Solanas, o a su novia brasilera, que se trata de un chiste), pero la Barcelona está escrita por neuróticos y para neuróticos, y es en joda. Bueno, por ahí el partido obrero también es en joda, quién sabe.
Convengamos que da como un poco de vergüenza, para quienes nos sentimos de izquierda, decirse, en este país, de izquierda. A mí que me perdonen, pero esa del socialismo tradicionalista de llamarse “de centroizquierda” me parece una pelotudez, ni que hablar la palabra “progresismo” que remite a Chacho Alvarez o a Terragno conversando con Paolo Rocca. Na, eso no.
Creo que siempre el problema hay que enfocarlo desde el lado del sujeto. Pero esto es complicado: no porque de este modo es difícil ubicar conceptualmente a Rucci o a Vandor en la derecha, o a Barrionuevo, sino porque también, algunos nacionalismos autoritarios europeos tuvieron, por lo menos en su génesis, un fuerte componente obrero. El facismo italiano, en este aspecto, se destacó. Tanto el facismo como el nazismo tuvieron, originariamente, un ala izquierda. Me viene a la mente el libro Mi Lucha, de Hitler, cuando cuenta su dura vida como obrero. No quiero complicarla tanto, pero en síntesis, y como provocación de un tema complejísimo, hubo más obreros en el ascenso del Duce que en el de Mao y, en cierto sentido, en los soviets leninistas.
Así que enfocar el problema desde el sujeto no siempre soluciona el problema. O sí, pero entonces hay que considerar que en determinados momentos históricos, digamos en la primacía conceptual de la dictadura del proletariado, la izquierda tuvo un componente autoritario central, de lo que deriva que a mayor radicalidad mayor autoritarismo interno. Y las nociones de vanguardia, de revolucionario profesional, de conciencia, han llevado también a estas pequeñísimas formaciones que, según los casos, pueden estar en veredas contrarias con las mismas consignas. Qué se yo.
Hay un viejo libro, previo al gobierno de la Alianza, lleno de ese optimismo revolucionario que generaba el entonces Jefe de Gobierno Fernando De La Rúa, que se llama “La Izquierda en la Argentina”. Entrevista a distintos intelectuales (la asesora de Graciela Meijide, la patética Beatríz Sarlo, muy de moda en esos años, dice algo patético: “yo no conozco ningún trabajador”. Divina total, chiqui; esta califica para un almuerzo con Mirta) y ahí, Martín Caparrós dice algo que cito más o menos como me acuerdo: “no me gusta decir que soy de izquierda por todos los errores y horrores que a lo largo de la historia ha cometido la izquierda, pero me gusta decirme de izquierda ante todos los tibios y los adversarios de la izquierda”. Siempre me acuerdo de esa frase, a mí que me da vergüenza, decir, que me siento de izquierda. Y no por las carteras de Cristina, la minería en San Juan y otras contradicciones de primer orden, sino precisamente por quienes jamás aceptarían que yo me diga de izquierda. Y me gusta decirme de izquierda por todos esos que están convencidos que yo estoy a la izquierda, y también las carteras de Cristina, el gobernador Gioja y la solapa de Polémico Moreno.

miércoles, agosto 12, 2009

¿Quién viene a Entre Ríos e invitamos a todos los blogueros, en Noviembre?


Concurso:


Quién es?

Te Hice


Octavioooooo; vuelve la guerrilla del Frepaso, los montoneros, el neomarxismo, el flaco Soñéz, las canciones de María Elena Walsh y las expropiaciones de Chávez y Binner, todo mal. Asustate, che, si querés ser de clase media. No son muebles, cuando apaguen la luz serán fantasmas. Satán te persigue. La crisis causó dos nuevos muertos. Volvé Rob Rufino que lo mejor está por comenzar. Je, Ja, Jo, jiji; ningún Ja, somos respetuosos.

Ringggggg!!!!

Diez de la noche, teléfono de la oficina.

-Hola

-bieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeennnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn!!!!!!!

Grito aturdidor, nada dialógico y consensual; pucha, quién será. Mi hermano menor. ¿Qué te sucede, pequeño sorete que sos tan cagador de estar a punto de recibirte, sólo para dejarme como un boludo, eh?

-¿No viste nada?

-No. ¿Qué pasó?

-Le cortaroooooooooooooooonnnnn el contrato a Clarín!!!! Hagan cacerolazos, boludoooos!!!! (el grito penetra las paredes de sus vecinos que, yo lo ví, fueron activos caceroleantes en toda la cuadra; en toda la manzana, en todo el centro.

-No, Eugenio, creo que no hay que ponerse así de contento, ni incrementar la crispación. Ya somos un país maduro, debemos ser un país normal. Tratar de ponernos de acuerdo en tres o cuatro puntos que le interesen a la billetera de los garcas, total la negrada no entiende nada.

-Ja.




Fuera de broma, Tomás, estas no son cosas que uno deba festejar.

A lo sumo, moderados, repúblicos y circunspectos; lo buscamos a Andrés el Viejo y nos tomamos unas cerves, y cantamos; pero tranqui, algo así de humilde y sin resentimientos. Podemos cantarlo abrazados por San Telmo, lo sumamos a Manolo, también. Pero, eso sí, mo-de-ra-dos. Ok.
Porque tampoco es una cuestión de andar hablando de lo que Te Hice o no Te Hice.