Prontos a recibir los panfletos (ahora invertidos: visibilizan unos, invisibilizan otros; descomplejizan los primeros, complejizan los segundos) en que se ha convertido la prensa gráfica tradicional (cada vez más aburrida, previsible e ilegible) entera; hay cosas que llaman la atención de lo que sucedió en Catamarca:
1) El clima de oficialismo renovado se trastocó. Ha sucedido en climas parecidos (1995, 2003, 2007) que existan excepciones.
2) La votación tiene sólo dos efectos nacionales: a) pulverizar el llamado peronismo federal y b) mostrar que la única corriente política -con sus peculiaridades distritales- de carácter nacional, es el kirchnerismo.
Leer al partido de Brizuela del Moral como una formación radical es un error: se trata de un conservadurismo popular, de carácter provincial, estrictamente. Lo mismo que Macri y Binner, Brizuela se acomoda a las coyunturas porteñas y a los climas nacionales; pero sobretodo, resguarda su quincho como prioridad. Esta vez, fue derrotado.
El radicalismo no gana ni pierde con esta elección nada de lo que tenía antes de ayer. Apenas si Cobos demuestra una falta de olfato para jugar en las grandes ligas. No es novedoso: unas de las razones por las cuales el kirchnerismo lo puso a Cobos, más allá de que era el único de los 5 gobernadores radicales K que no tenía reelección y que gobernaba de manera horrible (hasta el punto de perder las elecciones provinciales en su provincia en el 2007) un distrito electoral relativamente importante como Mendoza, es su ineptitud para jugar en las grandes ligas.
La política es así: muchas veces te honran con un cargo de iluminador sólo para que no les hagas sombra al protagonista.
El kirchnerismo es la única corriente política de carácter nacional. Brizuela del Moral provincializó la campaña, tal como hizo siempre el Frente Cívico y Social, contra el sadismo y el barrionuevismo. Ambas variantes de la crueldad sexual, esta vez, fueron derrotados interna y externamente por el kirchnerismo. El caso de la hermana de Barrionuevo, cuñada de la presidenta de la comisión de asuntos constitucionales del Grupo A, es ilustrativo también de una tendencia nacional: la muerte simbólica del peronismo federal. Formado por el club de ex gobernadores, el peronismo federal se proponía recuperar cada uno su provincia golpeando no contra el gobernador alineado con el kirchnerismo sino contra el kirchnerismo; conducidos por los que sí podían controlar distritos electorales, como Saá, Das Neves, Macri y un triunfante De Narváez. La marginalidad política los fue acercando a desgano a Duhalde; pero en esencia, lo que muestra el desastre electoral de Barrionuevo en Catamarca (extrapolable al desastre electoral del payaso de Pino Solanas que demostró no tener un proyecto provincial alternativo para los catamarqueños que insulta desde su comité de Todo Noticias) es que la inversión de imagen de un año a esta parte -la presidenta Cristina tiene más intención de voto que cualquier gobernador del palo, hace un año, era a la inversa- es la muerte del relato fundante del llamado peronismo federal.
Los primeros en huir del peronismo federal fueron, casualmente, quienes no tienen grandes e insalvables cuitas con los gobernadores de su partido y/o provincia: De La Sota, Reutemann, Obeid. Cada uno atentos a su realidad provincial, vieron que nada ganaban cuando se modificó la correlación de fuerzas de un año a esta parte, nada ganaban prendidos al tren fantasma supuestamente federal en cada una de sus provincias.
El resto, pide a gritos zafar de la contingencia: Busti, Puerta, Romero, Solá, se ven en el espejo de Barrionuevo.
Los sistemas electorales provinciales tienden a la polarización y, mal leídos, a una articulación precaria que se denomina nacional y bipartidaria. La verdad es más compleja. Aún dentro de la única formación de carácter nacional que es el kirchnerismo.
La electa gobernadora -sólo la presidencia, las intendencias y las gobernaciones son los cargos ejecutivos alcanzados por mujeres: hay lugares más atrasados y conservadores donde jamás una mujer podría ganar, por ejemplo, una jefatura de gobierno- fue antes senadora nacional, antes vicegobernadora y antes funcionaria de cuarta línea del gobierno nacional.
Ninguno, en cambio, del 90% de los ministros porteños está en condiciones de ganar una elección en su distrito. Y no es sólo chicana.
Es prestar atención a cómo se maneja la política real.
La electa gobernadora no fue una destacada senadora para la vulgata hegemónica portuaria de qué es ser un buen legislador, en un año de fuerte presencia del congreso. En ese ranquin tallan fuerte quienes tienen muchas horas de TV y ninguna elección ganada: Carrió, Pinedo, Rossi, Zamora, Olmedo, Giustiniani, Pichetto. Así son las cosas.
¿Porqué sucede esto?
Porque desde las provincias se entiende el rol de senador nacional tal y cómo lo estipula la constitución.
Representan ante la nación a las provincias.
Sólo y coyunturalmente pueden aliarse por regiones; pero prima la relación partidaria. ¿Porqué? Porque es el mejor modo de obtener conquistas para las provincias.
Veamos un caso emblemático: todos los diputados y senadores porteños, de minibloques y monotributos y cambios de camiseta varios, están a favor de que las provincias sigan pagando la policía vecinal porteña, pero que sea "traspasado" su manejo a las autoridades locales. Es decir, financiamiento federal pero control municipal. Todos están de acuerdo. Jamás lo lograrán. De hecho, de seguir jodiendo con esto, probablemente el resultado sea favorable: hagan su policía municipal, pero que los usuarios municipales paguen los correspondientes impuestos para mantenerla.
Por eso no hay bloques del NOA: porque se enfrentarían al resto de las provincias. Lo mismo vale para la pampa húmeda, para el sur, etc.
Ojo, existen estas articulaciones regionales -pero más de otro tipo, a partir de producciones específicas como los cítricos, o promociones industriales, o cuestiones de frontera, etc- pero priman las articulaciones partidarias.
La confederación de partidos provinciales es mejor comprendida en el peronismo que en el radicalismo, por eso hoy no gobierna ninguna provincia. Efectos de no haber leído correctamente los alcances del neoliberalismo y los alcances del kirchnerismo reconstructivo.
Hay, entonces, varios kirchnerismos. Uno Hegeliano -y si se quiere, de izquierda- y uno marxista, que dice muy linda la dialéctica pero hay que ponerla patas para arriba, materialismo histórico, puro y duro. El primero es progresista -y aporta un surtido de votantes estratégicos para ganar y más aún para gobernar (por eso el 90% de los ministros son portuarios)- y el segundo es peronista de paladar negro. Ni yanqui ni marxista, peronista, en aplicación del materialismo dialéctico, usurpando, dirían los viejos socialistas independientes (como el abuelo de homónimo Pinedo) banderas ajenas.
El bipartidismo es, en concreto, nada, hoy día; tal y como lo lee la vulgata hegemónica. Ayer en las internas radicales de Río Negro y San Luis, ganaron los radicales K y los alfonsinistas, respectivamente. La institucionalidad tiene plena vigencia y un equilibrio inestable pero sólido y en camino a consolidarse a partir de un sistema partidario donde las categorías de izquierda y derecha dicen mucho en su estricto sentido sociológico, en el resto y las paparruchadas moralistas, dicen nada.
Los sistemas electorales provinciales son, con sus más y sus menos, sistemas de relativo cogobierno. Hay más políticas de estado de lo que se cree, no surgen grandes cambios sino alternancias más o menos tranquilas y al ritmo, más o menos turbulento, del país.
Es decir, los componentes pueden variar partidariamente, pero no habrá grandes cambios en Catamarca. Sería ilusorio presuponer que una provincia históricamente discriminada cultural, política, económica, geográfica y socialmente de un país medio en el culo del mundo cambiará radicalmente porque...se aplique la ley de medios. O el matrimonio igualitario. Banderas que, ni hace falta aclarar, desde acá bancamos.
Pero la flamante gobernadora propuso dos obras públicas a los catamarqueños, conectadas a su vez a sistemas interprovinciales que les traerán gas natural y agua potable. Cloacas, agua potable, gas natural.
Materialismo dialéctico, puro y duro.
Oportunismo, clientelismo, feudalismo, traición a la patria socialista, conservadurismo, etc. Que se diga lo que se diga; no cambia la realidad pura y dura: se enfrentaron dos contendientes en una elección muy pareja. Ninguno de los dos es muy conocido fuera de sus provincias. Ninguno de los dos ha sido entrevistado en profundidad más que en ocasiones electorales.
Terminaron parejos.
Ganó una kirchnerista.
Pero.
Más que ganó una kirchnerista, perdió discursivamente el peronismo federal. La otra promesa de construcción nacional real: que quedó confinada al racismo del semianalfabeto funcional de Mauricio Macri. Ha muerto el peronismo federal.
Aunque gane, la semana que viene, el partido de Das Neves en Chubut. Nuestro pequeño Sobich. Y su partido provincial. Aunque gane. Si es que gana.