sábado, febrero 04, 2012

Informe sobre ciegos

Escrito por Felipe Real

Memoria del Jueves: 1 - Año II

La 1era noche del Año II de la peña de los jueves se realizó con el lema “vienen por el agua”.

Aparentemente, con tal advocación, ofendimos a Tláloc, el omnipotente dios azteca del agua, que nos castigó con una lluvia torrencial que dejó a la República de Palermo bajo el nivel del mar logrando que tomara un cierto parecido, no ya con Venecia, sino, más bien, con la mítica Atlántida.

Como era de esperar en una noche submarina, la primera en llegar al secreto lugar de encuentro fue @CeciScotti: una eximia nadadora, émula del tiburón Candiotti, que en 2009 lograra el tercer puesto en su categoría en la tradicional carrera de aguas abiertas Santa Fe – Coronda.

El debate se centró en los temas referidos a la cuestión acuática. Con la primera cerveza, la discusión se polarizó entre el periodista Fernando Amato –definido por la prensa roja como “un referente del kirchnerismo que defiende la minería”–, y Lucas Carrasco, padre fundador de la peña de los jueves. El primero postulaba que la minería es altamente contaminante para los osos pandas y otras especies en vías de extinción como los riojanos. Mientras que el entrerriano más famoso alegaba que no hay datos científicos que corroboren esas teorías darwinistas como si existen estudios que demuestran que la Av. 9 de Julio es contaminante y, por ende, habría que cerrarla para siempre. Preso de la intolerancia, entregado a la furia, Amato atentó contra la vida de Carrasco convidándolo con un vaso con agua.

El magnicidio –para otra cosa que no sea magna, el ego de Lucas no está– fue frenado por las fuerzas de seguridad dirigidas por Flor Arietto, la Kill Bill de policías.

Amato no encontró paz durante toda la noche, ya que sufrió como un "desubsidiado" con el match Boca vs Ramón Santamarina. Al contar con la presencia del reconocido tandilense Ruben Sentis, pudimos saber quién carajo fue ese tal Ramón Santamarina. Aparentemente, era un vecino de Tandil que tenía carretas y administraba la posta. Con esa ventaja estratégica, se adueñó de bastas extensiones de tierra, mérito suficiente para que un club lleve su nombre.

Cuando la marea lo permitió, arribó un conjunto de 30 comensales a bordo de lanchas, canoas, jet ski y del Crucero Costa Concordia, para entregarse a un menú tentador: lomo al Malbec de los viñedos del Famatina; pollo a la mostaza Merlo; y Ñoquis Municipales con salsa bicolor.

Cabe destacar que el @Pajaronauta aportó glamour y emoción al encuentro al llegar con un yate cargado de comprometidas militantes en bikinis. Poco después, acostumbrado a la excelencia gastronómica que rige en su propio local, se peleó a golpes de puños con el propietario del lugar de encuentro. El motivo de la reyerta: las papas fritas no eran TAN crocantes.

Entre los asistentes se encontraba Sebastian Lorenzo, pastor calvinista; Fecundo Cornejo, triatlonista panamericano; Nico Toranzo, hermano carnal del jugador de Racing que casi muere por una muela podrida y Ciru, delegado de UATRE, adicto a las tutucas. Disfrutamos también de la sonrisa de Nat Devoto, titular de la ONG Un Techo Para mi País, que le brinda alojamiento a cuanto desamparado vague por el territorio de Caballito. No podemos dejar de mencionar que Virgy de Lanus y Paula la publicista, que debutaron con nosotros y tuvieron que someterse al duro ritual de iniciación.

El único ausente que no deberá traer certificados médicos es Gerardo Fernández, ya que debía madrugar para producir este programa en la Radio de las Madres.

Finalmente, en la cena se establecieron pautas para organizar la celebración del natalicio de Lucas Carrasco, con una fiesta el 17 del corriente, en lugar a definir, con la presencia de estelares artistas.

viernes, febrero 03, 2012

Cerrá bien cuando te vayas, corazón


Muy rico todo pero ahora, por favor, las mujeres retírense al otro salón, que vamos a hablar de sindicalismo. Cosa de machos.
Un sector del kirchnerismo -el pro moyanismo exrabioso, en tránsito lento a abandonarlo- tiene tiempos más republicanos, más cansados, para asimilar los nuevos escenarios. Es natural. Provienen de la familia cultural del radicalismo. Son, quieren ser, peronistas de La Nación. Entonces, suponen, que a un peronista se le puede correr la vaina con "el peronismo de Perón y Evita", naaa, corazón, esas es la tristeza de los perdedores. Y el peronismo es como River: la cultura del éxito, la nostalgia y la cosmovisión. A un peronista, claro, no se le puede decir -a riesgo de que piense que se le habla en mandarín- "no se puede gobernar sin la CGT". No, eso es muy de niños bien, del peronismo de La Nación. El peronismo -que eligió su presidente, se llama Daniel Scioli, y representa todo lo contrario, por derecha, que Moyano (y estoy grandecito para distinguir justicialismo de peronismo: el verdadero peronismo y justicialismo es el que gana la elección)- reserva un lugar muy marginal para los marginales de la política. Y hoy, señores, los sindicalistas en general y los de la CGT muy en particular, son políticamente marginales. En parte por su propio mérito. La contradicción, dialéctica, rojita, que contienen en su ser. La que les delegó un verdadero peronista como Onganía (oh, las cosas de la vida: la mitad de la CGT, con Vandor a la cabeza, estaba con Onganía) Las obras sociales. Las patéticas obras sociales de los sindicatos. La gente, los laburantes, les tienen bronca, mucha bronca, por eso.
Cuando transcurría la dictadura de Frondizi, Framini, un dirigente sindical, pudo ganar las elecciones democráticas que, por error, el radicalismo permitió. Y rápidamente, corrigió. Anulándolas. Para las actitudes antidemocráticas el radicalismo es decisionista.
En la clave de lectura universitaria, ese hecho es narrado así: el dictador no quería, en el fondo de su ser y su bella alma (traigan de nuevo a las mujeres del salón de té: ahora les vamos a hablar de historia según la UBA, esto es para sensibleros y mentirosos, las mujeres lo son: los hombres son fornidos, trabajadores y peronistas) masacrar con los tanques como hacía ni anular elecciones porque no ganaba el radicalismo, que es el respeto a la república, la división de poderes y el fortalecimiento institucional, señoras, pero pasa que los que ganaban las elecciones, según el dictador, no lo eran, entonces no podía haber elecciones, bueno, hacía esas cosas, pero en el fondo quería hacer lo contrario: le leímos la mente y, más aún, le escaneamos el corazón. Pobre Frondizi, nuestro dictador de corazón bueno!
Y Framini, señoras, ganó la elección porque era combativo. O sea, no era peronista. No lo dicen así, pero lo entienden así. En clave universitaria el peronismo es Rodolfo Walsh, y la carta de Walsh a la dictadura última, es descontextualizada porque Walsh tiene que ser peronista, básicamente, para no parecer, en clave universitaria, el enunciador historiográfico, lo que es: un gorila. El peronismo auténtico (je) contesta simbólicamente con la reivindicación de Rucci. El Wachiturro, Facundo, nuestro ídolo parecido a Pablito Ruiz, gran trabajador de los peajes, lo dice en crudo: reivindica el programa de La Falda (el programa combativo de un grupo de sindicatos durante los 50 y 60) y a Rucci. Se trata, según la coyuntura, de acentuar uno u otro. Un viejo muy pícaro y brillante, el General Perón, sabía hacer esto muy bien. Para la consecución de fines precisos que hacían a la justicia social. Su legado no fue sólo táctico, pero fue lo táctico lo que más impregnó. Bien. Corazones. Framini podía ganar las elecciones porque, más o menos (más o menos) era el delegado de Perón. Los delegados de Perón eran los que ganaban las elecciones. Los herederos, el pueblo. O sea, nadie. Framini podía ganar las elecciones porque el brazo armado de la iglesia católica que alternaba las dictaduras con la UCR no pudieron, no supieron o no quisieron desarmar el estado peronista. Tuvo que hacerlo, el peronismo. "De los años 90". Framini podía ganar porque los intereses que representaba sindicalmente representaban a la mayoría de los trabajadores y partes de las clases medias. Todo lo contrario al sindicalismo posterior a Onganía, posterior a Videla y posterior al peronismo de Menem y Duhalde. Que hicieron mierda tanto la sociedad que hoy, sencillamente, la CGT es un edificio histórico. Donde los dueños de cada sindicato, obtienen y deben su poder a cada sindicato, la propio. Después, para algarabía de la sesuda prensa analítica, se dividen en secretarías en la CGT, asi como los centros de estudiantes secundarios. Pero en estos últimos, manda el presidente. En la CGT no manda nadie porque no hay nada sobre qué mandar.
Así como tres partidos trotkistas arman cinco cuartas internacionales, tres sindicatos arman las 62 organizaciones peronistas. El brazo político de la CGT. Formado, hace mucho tiempo, por comunistas -saquen a las señoras del salón- y peronistas, y eran 62 "organizaciones", porque estaban filiales de gremios también. Hoy, lo comanda al Tío Tom, Momo Venegas, con tres sindicatos que, bueno, el Tío Tom cuando vende humor suma erróneamente para arriba y cuando hace balances contables suma erroneamente para abajo. El Tío Tom, qué chistoso personaje. Peronista de alquiler. Y firmes convicciones.
Los sindicalistas deben su poder al modo, sea cual sea, se encaramaron al sindicato. Nada más. Las paritarias, se hacen sin ninguna confederación. El cargo de secretario general confederal es un modo de mocionar por un columnista televisivo, que en el fondo no le importa a nadie. Está, cada cual, en la suya. Con entramados federativos que agrupan, también pero según los casos, a las patronales. Como en el caso de Moyano. Y, aprovechemos que no están las mujeres para decirlo, es el ministerio de trabajo el que permite que tal o cual se quede en su sindicato. Las elecciones, cuando hay alguna (sólo cuando un pesado, tipo Moyano, se mete en otro sindicato como el del más pesado Cavallieri: pero sabe que no puede ganar, sólo le está mojando la oreja al gobierno, por la guita de las obras sociales: quizás alguno de los lectores de este humilde y modesto, sobre todo humilde, por su autor, blog, recuerden que hace casi medio año contaba esto como el inicio de una pelea de Moyano contra los fantasmas y contra Cristina) las manejan desde el ministerio de trabajo. Donde manejan los padrones. Donde se acordó la paz social, por decirlo de alguna manera bonita. Donde se firman o no los convenios colectivos que, señoras, pueden llegar a trabarse un montón por qué empresa lleva sánguches a la fábrica. Dado que la empresa es de....
El mundo laboral está fragmentado. Los analistas de opinión sólo conversan con porteros, mozos y taxistas.Nunca le hablan de sus respectivos y muy conocidos sindicalistas. Raro, ¿no? Santamaría, el periodista, Barrioviejo, el mafioso, Viviani, el estereotipo, son conocidos socialmente, están ahí desde antes que Napoleón invadiera Costa Rica (¿Napoleón no invadió Costa Rica? Ah, entonces están desde mucho antes) y como yo no creo en la renovación -me parece que cuanto más tiempo se permanece más se sabe- pero sí en la democracia, no me gusta que los sindicalistas sean elegidos mediante los mismos métodos oscuros que los jueces, los columnistas de los diarios o los blogueros asesinos: burócratas aferrados a su sillón que pontifican cuánto debe durar el otro en su cargo. Los trabajadores perciben como ajenos los intereses, ya no de Yaski o Pedraza (por citar dos modelos sindicales antagónicos), sino de cualquier sindicato de otra rama que no sea la propia. Porque objetivamente, además, colisionan.
No hay un problema con la CGT, hay un problema con Hugo Moyano. Y en realidad, Moyano tiene un problema con Cristina. Y tiene un problema, entonces, Moyano, por tener un problema con Cristina, con el resto de la CGT. Que sobrevive gracias a las planillas de Trabajo. A los padrones del ministerio de Trabajo. Como sobrevive Moyano. Como sobrevivió durante el menemismo. Qué lindo es el amor, señoras.
Moyano tiene un problema con Cristina. El peronismo, la CGT, esperan calmos el obvio desenlace. Y Scioli juega su propio partido. Contradictorio con el partido que juega Moyano. Pero tácticamente convergentes. Si la economía sigue bien, esto tiene un final previsible y cantado.
Buenas noches, mis amores.
Ya pueden volver las mujeres.

miércoles, febrero 01, 2012

Nostalgias...como la balada del álamo carolina.

Foto del Living de la diputada Victoria Rodra (la foto es real, en un ataque de cursilería, la diputada Victoria Rodra se la dio a la revista de La Nación)

Cansancio.


Y de los replanteos
y recontradicciones
y reconsentimientos sin o con sentimiento cansado
y de los repropósitos
y de los reademanes y rediálogos idénticamente bostezables
y del revés y del derecho
y de las vueltas y revueltas y las marañas y recámaras y remembranzas y remembranas de pegajosísimos labios
y de lo insípido y lo sípido de lo remucho y lo repoco y lo remenos
recansado de los recodos y repliegues y recovecos y refrotes de lo remanoseado y relamido hasta en sus más recónditos reductos
repletamente cansado de tanto retanteo y remasaje
y treta terca en tetas
y recomienzo erecto
y reconcubitedio
y reconcubicórneo sin remedio
y tara vana en ansia de alta resonancia
y rato apenas nato ya árido tardo graso dromedario
y poro loco
y parco espasmo enano
y monstruo torvo sorbo del malogro y de lo pornodrástico
cansado hasta el estrabismo mismo de los huesos
de tanto error errante
y queja quena
y desatino tísico
y ufano urbano bípedo hidefalo
escombro caminante
por vicio y sino y tipo y líbido y oficio
recansadísimo
de tanta tanta estanca remetáfora de la náusea
y de la revirgísima inocencia
y de los instintitos perversitos
y de las ideítas reputitas
y de las ideonas reputonas
y de los reflujos y resacas de las resecas circunstancias
desde qué mares padres
y lunares mareas de resonancias huecas
y madres playas cálidas de hastío de alas calmas
sempiternísimamente archicansado
en todos los sentidos y contrasentidos de lo instintivo o sensitivo tibio
remeditativo o remetafísico y reartístico típico
y de los intimísimos remimos y recaricias de la lengua
y de sus regastados páramos vocablos y reconjugaciones y recópulas
y sus remuertas reglas y necrópolis de reputrefactas palabras
simplemente cansado del cansancio
del harto tenso extenso entrenamiento al engusanamiento
y al silencio

                                           Oliverio Girondo

lunes, enero 30, 2012

Noches así. Todavía tengo ganas de alzarme en gritos contra cualquier injusticia.


Me acosté temprano, noches así, sin escenas a la almohada. Que sorprendida, la pobrecita, creyó que podía, yo, estar enfermo. Porque de pronto, apenas anocheciendo, y de la nada, me deslicé silencioso, calmado, bajo las sábanas. Apretando, como bailando un lento, a la almohada.Y no me hizo reproches, la maltratada. La almohada sola. La cama toda. Entera. Estirar la punta de los dedos del pie, los brazos, mover la cabeza. La cama tierna, amigable. El continente todo, hermosa la cama, extensa, inexplorada. Como una señorita que de pronto dice que sí. Abrazando lo nuevo. Y sonó el teléfono. Un arcoiris de penas. El maldito teléfono. No el de la línea, ése con cable, al que sólo llama mi mamá. Presa de una generación vieja, sin identificador de llamada. Sino el celular. Clave. ¿Porqué no apagué el celular? Porque le cambié el chip. Porque es MI OTRO número. Y sonó. Solamente podía ser una persona y no era esa persona. Esperanzas viejas, tengo el corazón duchándose en un telo. Me vestí, bajé, todavía las veredas mojadas por la lluvia. Los vecinos volviendo a cocinas solitarias con un bife y con puré de papas, en bolsa, deshidratado. Bolsas de supermercado. El rengo durmiendo sobre el container de la basura. Una vez lo vi desarmar el esqueleto de un pescado, riéndose del manjar, tomando una botella de un whisky carísimo, que le había regalo yo, porque me lo regalaron y no me gusta. Pero escribo estas cosas, de borracheras, de noches talentosas. Un regalo corporativo, empresario, de esas anécdotas, de hacer el ridículo a veces, se nutre un nerds, como yo, que sale poco a los bares del infierno, que lee libros que ya nadie lee, que escribe, obsesivo, en todos lados, que va con la libreta de almacenero anotando los nombres que tienen las calles, recuerdos de la infancia, la fachada de una verdulería, el perfume de una chica de vestido floreado que espera el colectivo, la amenaza nuclear del miedo inmenso al mirar una playa de estacionamiento. La calle de mi barrio. El farmacéutico chamuyándose la paraguaya que limpia casas de viudas ricas. El dealers del taxi. El cana y su ronda nunca redonda. La esquina sin misterios. El barrio, tan torpe. Tan, no sé, nada. Y yo boludeando. Todavía con la corbata. De mi abuelo. Ya falleció, pero es que yo no tengo corbatas. Y corrí de urgencias a buscar una corbata. El cura no me dejaba, sino, entrar al bautismo. Y yo era por vez que se yo cuántas, padrino. No quiero ser más padrino. Se lo dije a Luciana, mi amiga. Ahora embarazada. De Cristian, castigado, también, por sensible. Cuando todos los adoquines se prendan fuego los mejores vamos a ganar. No sé qué, no importa. Quiero fuego. Quiero que arda. Quiero alegrías. La puta madre, siempre escribiendo cosas tristes. Sobrenombres bien merecidos. Este tierno desprestigio en el que hundir adversarios. La pira de la nada. Fogón viejo y gastado.
Me senté como de costumbre. En la mesa de la esquina. Y escuché, mirando la ventana, a mi interlocutor. Ni me molesté en preguntarle cómo consiguió mi teléfono. EL OTRO, el del chip, el que espera, al pedo, que vos me llames. El que pongo para dormir con esperanzas y sin interrupciones. Se largó a llover, un poco. Después más fuerte. Después me olvidé. Después silbé, al doblar la esquina, cuando volvía a casa. Con una mochila de tristezas nuevas. Malas noticias. Y subo, pesado, la escalera. Hay un plantín en un escalón. Pero está seco. Me da pena. Yo lo vi, creo que la primavera pasada, encendido de flores. Sonriendo como dando la bienvenida, qué pelotudo, mirá de las cosas que me acuerdo. Tengo pocos muebles. Y están cansados. Entro y no me saludan. Corto lechuga, finita. Le pongo, a la operación, mucha concentración, mucho volúmen, como si en el corte de la lechuga se me fuera, no sé, algún horizonte. Y caliento la sartén, tipo parrilla. Le pongo, hoy, esta noche, pimienta blanca al bife. No puedo comer sal. Voy, con los años, perdiendo batallas. De esas peleas tontas. Las otras, las del orgullo, las de la dignidad, las de ponerme de frente ante las cosas que soñé en el pasado, ésas, bueno, en ésas voy bien. Pongo el plato. La botella de agua. Abro la novela que estuve leyendo. Página 139. El asesino es el mayordomo. Puedo seguir contando y escribiendo. Algunos lo notan. Otros, no. Acaso se burlan. De la tristeza que siento. ¿Las personas se sienten, aunque sea un rato, todas, así?
Yo solía regar el plantín de la escalera. Después la vecina, con ruleros y pantuflas, me dijo que no había que regarlo tanto. Que se iba a secar. Ahora, igual, se secó.
¿O soy anormal, soy la excepción, a mí que a veces me palmean y me dicen bienpibe, la puta madre nadie se da cuenta de esta banquina, de este miedo a que se den cuenta de la profunda verguenza que siento de mí, les pasa a todos acaso o soy yo, a quién le grito, a la ventana, a la mesa que le falta una pata, a los rincones opresivos de este monoambiente, a los hoteles de arañas, a la nostalgia de mis carpetas, al word que me paga el alquiler, a la vida, al balcón, a los recuerdos, a las comisarías, a los hospitales, al futuro negro, a la miseria de los otros, a mis vanidades, a mi tonta capacidad de escribirme y escribirme sólo para que me quieran? Para cubrir mis defectos. Para llenar la heladera. Para que me aplaudan. Para que me digan. No sé, algo. En noches así. Qué bien vendría un llano y sencillo Lucas, te quiero. Un, si querés, para bajarle el precio, un  a pesar de todo, Lucas, te quiero.  O sino escuchar mi nombre, dicho por alguien, detrás de ese vidrio, empañado. Y que tengas los duros ojos de la ausencia.
Noches así. Donde la almohada, otra vez, se decepcionó de mí. Tengo que reducir la sal. Y la sinceridad.

domingo, enero 29, 2012

Nos vemos el jueves


Este jueves, vuelvo de Paraná y retomamos la peña. Tengo en Bs As unas notas de cosas que estaba extrañando. Notas, recortes, apuntes guardados, datos, gráficos, todas cosas que voy leyendo y que voy guardando. Por eso, me reía, ayer: enero, para mí, siempre fue un mes de mierda, porque no pasa nada. Porque no hay trabajo. Porque no hay adrenalina. Porque no hay emoción. Porque, además, los amigos se van. De vacaciones. Yo odio con toda mi alma las vacaciones. Ir a un lugar, estar ahí, no hacer nada. A eso no se le puede llamar descansar. Descansar es estar en tu casa sin hacer nada. Frenar. Parar la mano en el momento justo en que estás por volverte loco.
Durante el kirchnerismo se dio una continuidad que arrancó con De La Rúa y el columnista de Página 12, Chacho Álvarez. Tenían cierta predilección por los asesinatos y tirar el país a la mierda durante el mes de diciembre. Chacho era ya entonces columnista de Página 12, Lanata nos mostraba el nuevo gobierno cuán brillante era, la revista Noticias se hacía ultroficialista, existía el gabinete político y el gabinete económico, y el país se iba a la mierda. Era triste, pero no aburrido. Al año siguiente Cavallo era desarrollista (oh, los recuerdos...) y se relanzaba la Alianza y Chacho Álvarez abandonaba el periodismo y los asesinatos para dedicarse a la política: quería ser Jefe de Gabinete. De La Rúa, por suerte, no lo dejó. Sino andá a saber cuántos hubieran sido los asesinatos.
Este enero también, fue triste, la enfermedad de la presidenta, la redefinición de las alianzas, pero no aburrido.
Y si vienen por el agua, iremos por el fernet.
Buenas noches.