
Se debilita el kirchnerismo pero esa debilidad no es capitalizada por la oposición política. Resultado, se fortalecen las corporaciones. Que la sequía no sea un problema financiero, sino político, lo demuestra. Que estemos escuchando, a tanto papanata, hablar de este país y su relato agroexportador con menos vergüenza que Patrón Costas, demuestra que hemos vuelto a confrontar dos modelos (los únicos dos posibles en toda la historia nacional) con sus respectivas alianzas sociales. Uno de esos sectores, el que está ubicado a la derecha (aunque siempre tuvo su furgón de cola de izquierda, así como el otro bloque puede tener un Sergio Massa, digamos) no apela a sus clásicas herramientas tácticas: la conquista del desierto, la represión a los trabajadores, el fraude patriótico, los bombardeos a Plaza de Mayo, la proscripción de las mayorías, la apelación a un occidente cristiano y medievalista, la bendición de las armas, la represión cultural, las desapariciones de cadáveres. En ese sentido, y acorde a lo que sucede en la región, hemos dado un paso adelante. Quizás, si Menem no aniquilaba al Partido Militar (correlato inevitable de la demolición del estado de bienestar), quizás si Menem, con el acompañamiento de la mayoría de la dirigencia peronista y radical, no gobernaba hacia la derecha en un relativo marco de respeto institucional, quizás si eso no hubieses sucedido, la situación sería otra. Así que, he aquí mi reconocimiento a Carlos Menem. La delincuencia organizada de alto nivel denominada PRO, es mil veces preferible ganando elecciones que llevando, carpeta en mano, planes económicos al radical de turno que se preste a la farsa democrática. Lástima que, de las viejas corporaciones reaccionarias, la oligarquía esté vivita y culiando (nos) y también la Iglesia. Pero todo no se puede. Paso a paso. Ya vendrá el gobierno de la alianza de Altamira y Otto Vargas para hacer la reforma agraria y eliminar las retenciones.