
4) Mañana, cuando los siempre inocentes constructores de esta derrota cultural, en este país donde nadie renuncia a ser progresista y de clase media, mañana, cuando se rasguen las vestiduras, y vuelta a remar contra la normalidad, el moralismo corporativo, la restauración conservadora, mañana habremos aprendido muchos cosas.
Una, muy importante, es que se bajan del barco a la primer turbulencia los que quieren representar la superación del pensamiento grasa, ese que irremediablemente somos.
Basta verlos desfilar en el programa de TNmabum a los progresistas sin memoria ni pasado.
Sin memoria, sin pasado, por eso son la superación de esta gronchada.
Otra, que el partido justicialista, ese conglomerado de partidos provinciales, renunció a las banderas de Perón y Evita por la actualización doctrinaria para la toma del poder, que huele a menemismo en todos lados.
¿Qué es, entonces, lo que queda?
Ni idea, quizás nada.
Esta certeza brutal, más que una invitación al vómito, debería ser un menú a la carta donde elegir y reservarse el sueño loco del postre ideal que, como todos los gordos sabemos, se construye ya, en el paladar, desde el primer plato.
Así es también la política argentina.
Si el cura, el milico, el gaucho, si somos, qué grandeza, los que alimentarán las vacas de todo el mundo, el mundo, miralo, nos aplaude, y vos te quejás, siempre crispado, siempre peleando, siempre sacado. Incapaz de construir riquezas, incapaz de construir un país, ni siquiera de trabajar en serio, te dejamos estar acá, y vos mordés la mano que te da de comer. Si el campo es la patria yo soy boliviano, soy africano en españa, soy paraguayo en la frontera con brasil, soy musulman en texas. ¿Debo pedir perdón, debo agradecer, tomar el último tren del oportunismo, ser, también, inocente?
6) Cantemos todos la canción de la importancia de la producción.
La lechuga en Santa Fe se trae, en estos días, de otros lados. El gobierno nacional subsidia a los empresarios más rastreros, explotadores de familias bolivianas que trabajan a destajo al lado de los prostíbulos con adolescentes paraguayas, en la zona inundable donde vive la negrada, y yo pago la lechuga doce pesos el kilo. Culpa de la sequía. Qué problema la sequía, no para mí, ¿o sí?. Sí, por culpa de la sequía yo pago la lechuga a doce pesos, los bolivianos dejan de recibir los 20 pesos semanales y los verduleros se funden. ¿Ahora entendés? Entiendo. Pero, una pregunta. ¿Porqué es un problema también para los empresarios que reciben subsidios gracias a la sequía? Pibe, no provoqués: siempre crispado, siempre peleando, siempre sacado.
Que vuelva el Lole entonces, que sabe de aguas. Que la legislatura decrete lluvia, que la conchuda haga algo. Si el campo es la patria, si el gordito que oficia de obispo bendice el arado en la Sociedad Rural y el batallón de milicos toca alta en el cielo, el equivocado debo ser yo. Infiltrado en la calma campechana, debería irme.
10) No renuncies al regimiento de patriotas si no es para irte a Francia. El campo es la patria, pibe, pero hay lugar para todos. ¿O acaso no convocamos al diálogo? A ver, sí, vos tenés los ojos un poquito verdes, aprovechá, ahí se va el último tren. Por la Ley de Glaciares, hasta la victoria siempre y en el nombre del padre y del hijo y del espíritu santo que el campo, pibe, es la patria. Por eso soy entrerriano, del interior, boliviano, creo pero en secreto que la patria es la calle de la rayuela de mi infancia, pero está bien: soy de bolivia, viva Evo. Viva Eva, porque si el campo es la Patria, ok, me voy, con andate conchuda y mi perro Polémico que, fijate, como yo, no es de raza. Ustedes vayansé a la repppppampísima soja, y sean felices; que mi patria grande es siempre otra, toda la que no sean ustedes, toda, todo eso.
Y, pa que no decaiga, cuuuuumbia, cuuuumbia, ponele onda, a ver el disk yokey, poneme ésta eh!

