jueves, diciembre 23, 2010
¿Filmus o Bidú?
Los grandes debates nacionales continúan, por ejemplo, éste: quién pone la geta para el 10% de los votos que tiene el kirchnerismo en capital? Quién pone los concejales que luego tendrán posturas "críticas"?
Temazo.
¿Filmus o Bidú?
Esta noche en A Dos Voces, el debate.
¿Un experto en zona periglaciar o un entendido en Papel Prensa?
Mientras tanto, apenas 6000 porteños se organizaban para tomar un baldío. Apenas 6000. Ninguno de los tantos ministros porteños se enteró. Porque eran apenas 6000 porteños, y Débora Giorgi está en los grandes temas internacionales: apenas 6000 porteños a los que les chupa un huevo la especialidad de uno (Papel Prensa) o la zona periglaciar.
Marcianos.
miércoles, diciembre 22, 2010
Los blogs ya fueron?
Eso dice Artemio. Ya está, cree. Se llegó a un techo, hay que cambiar, pasar a otra etapa.
Como me puse a tomar cerveza con el Conu, me olvidé del asunto, pero hoy pensaba sobre eso. Puede ser.
Quizás sea así, se haya llegado a lo que sea. Y nos estemos repitiendo, aburridos, no sé.A mí, que no me gusta trabajar y el periodismo me tiene podrido, escribir estas porquerías me divierte. Pero puede que vaya siendo hora de hacer otra cosa.
Cumple 4 años este espacio. Pasa que hace dos años lo cerré, por unos días, y entonces todo eso no está en los archivos, ésto, por caso. Tampoco es para tanto, ojo, que no soy humilde pero tampoco pelotudo. En 4 años hice un montón de amigos, enemigos también, de buen tamaño, me cagué de risa, mandé a la concha de la lora a unos cuantos, me agarré la cabeza, hice varias macanas, quedé, a veces, como un boludo, fallé en todos los pronósticos, le di un beso a Marisol, conocí a un marciano como Paladino, me hice amigo de Pablo, organicé una campaña ridícula para que me de bola Anabel Cherubito (no funcionó), hice enojar a un payaso de la sociedad rural entrerriana, el balance es bueno, cuatro años, valió la pena, qué se yo. Sobretodo porque sé, aunque ella no diga nada, que viene por acá Jimenita para ver cómo va avanzando mi enfermedad mental. Estoy, chicos, histérica. No sé qué hacer.
Debe ser estos días.
De todos modos, me digo: feliz cumpleaños, Lucas, y ya que estamos, Lucas, qué lindo que estás, sos tan inteligente, tan tierno, sos una maravilla, sobretodo por esa humildad, esa indiferencia ante los elogios: Lucas Carrasco, te felicito. Aunque seas un hijo de puta.
A pesar de la depreciación del dólar, el peso se muestra fuerte crítica al gobierno
Gerald, esta edición te salió con fuertes críticas al gobierno! pero, eso sí, está más buena que Malena un sábado a la noche.
Sí, Hank, ganar es de cobardes
-Hank, hijo de puta, me dejaste dormido, acá, en el sofá.
-Tranquilo, nadie te vio.
-¿Dónde estamos?
-En una fiesta, antes estuvimos en Tribunales, te tiraste contra la reja porque la querías besar a Anabel Cherubito.
-¿Hice algún papelón?
-No te vió. No pasó nada.
-¿quién es la rubia?
-Ya te la encarase, hace un mes, no te dio bola.
-Hija de puta.
-Vamos a la barra.
Y después, Hank, el pueta maldito, escribió esto.
El tren y la luna
Yo tenía 20 años, vivía en un departamento de recoleta, con Jesús y el Cabezón, pelotudeaba todo el día. Mi amigo Pablo estaba pasado, tenía como 27 años, ya era grande, tomaba merca todo el día. Caminábamos toda la ciudad. Desde Olivos, donde lo querían cagar a piñas por un asunto de transa, hasta palermo, tramos de tren, cinco horas, la madrugada entera, caminando. Me acuerdo porque él veía en todas las luces de los coches a la policía, teníamos que ir a contramano, y levantaba cada papelito de la calle, creyendo que era plata, repetitivamente, encontré plata-viene la policía-encontré plata-viene la policía, la paranoia, esos días oscuros. Nunca encontraste plata, nunca nos agarró la policía.
Estaba, entre los árboles, siempre, la luna.
Pablo vivía en una pensión del abasto, al lado de la comisaría. El verdulero movía, el kiosquero -cruzando corrientes- movía, ahora hay un restoran y una farmacia. Papeles en la calle, pará, es plata, nunca era plata. Era un taxi, no la policía. Me daba pena. Y entre los árboles estaba la luna. Esas madrugadas yo quería tanto a Laura. Laura me quería, también, desde Colegiales. Una casa de ladrillos vistos, al lado del tren, los besos que no me diste. Mi amigo se robó hasta la cafetera de la otra mina que vivía en la pensión, no tenía para pagar y no podía volver, quedó en la calle. Sin laburo. Ni amigos.
Yo me volví a Paraná. Laburé de periodista y de otras mentiras.
Un día, mi amigo, se tiró contra el tren. La luna, entre los árboles, te miraba, Pablo. Te hubieras quedado, boludo. Me imagino, ja, cuando leí en el diario, pensaba en la cantidad de sangre, a vos, que no te gustaba para nada la sangre, morirse así, con tanta sangre salpicando el hierro del tren. Hay días tristes, días bobos, hay días, también, que valen la pena. La luna se nos burla, entre los árboles. Y los trenes siguen pasando. Te hubieras quedado. Laura, creo, se casó. Yo me encontré, en la calle, cuatro pesos, ayer. Y me acordé de vos, Pablo.
Tendría que haber pasado, justo, un tren. Porque la luna, entre los árboles, estaba. Como siempre.
Gracias Leuco
Yo, rulitos, buscaba conmoverte, que te pongas colorada. Ya sé, ando errante. Son estos días, el año que termina. Fue un buen año. Cuando te separás, pensás que el remedio es cogerse a todas las chicas que navegan en los boliches. Son actitudes, sí que un poco pelotudas, pero qué se yo. Me levanto al mediodía, preparo el mate, tardo en darme cuenta. De las cosas. Siempre hay sol. En todas, este año, me fue mal. Me echaron de un par de lugares. Fracasé en otros, sin embargo, sin quererlo, sabés, fue genial, todo tan lindo, son pocos los tipos perseguidos por esta buena suerte, gracias Leuco. Entre Leuco y Gvirtz, que me defendió, hay un montón de chicas que quieren salir conmigo. Menos vos. Ja. Si vieras cómo me río solo. Busqué conmoverte, que me quieras. No jugué sucio, cosa rara. Nunca te conté, pero al otro día de lo de Leuco, me echaron de todos los trabajos. Recién llegaba, acá.Yo, sabés, tengo experiencia en que todos se me rían, que disfruten cuando me caigo, cuando fracaso. Y sin embargo. Todo es tan lindo. La mañana, el mediodía, estas fechas tontas. Te ponés colorada, y cuando te digo que te ponés colorada, te ponés más colorada. Sos tan linda. Una vez, en la cancha de la escuela de comercio, metí un gol de cabeza. Fue un golazo, un córner. A mí, esos recuerdos, me llenan. Quiero transmitirte eso. Yo era petisito, un pibe, y me corrí de la marca, que me agarró la camiseta, pero el árbitro era de ellos, me fui al segundo palo, el arquero la manoteó, pero se le escapó, salté todo lo que podía, la tenía ahí, llegué, en la frente, y, qué momento, viva Perón, golazo, 1 a 1, la puta madre. A los nueve años no sabía que Maxi se iba a burlar todo un suplemento de mí, que Nahuel se iba a suicidar, que Pablo se iba a casar, que besaría las tetas de Marisol mientras le pegaba una trompada al Pepi, que iba a ser alcohólico, a perderme en el Salvador, entre negros y narcos, que iba a escribir esto, que todo me iba a resultar más doloroso, que iba a pasar verguenza, que iba a recibir premios, no sabía nada, de esto, de lo otro. De lo que perdimos. De los amigos que ganamos. Del gran Leuco, que hizo que una colegiala, antes de la recepción, me de por sorpresa un beso, y en el ascensor una casada quiera hacer trampa, que vos me ibas a considerar un hijo de puta, que en la fiesta de los negros de mierda me iba a cojer hasta el sifón de soda, que iba a dormirme en la fiesta, que iba a ser considerado, que te iba a mandar a la mierda, cuando metí ese gol no lo sabía, era un pibe de barrio, 5 hermanos varones, no conocía una mina más que en las figuritas de Fama, miraba los mundiales, quería ser Valdano, gracias Leuco, en calle urquiza las chicas no me daban ni la hora, les choreaba, de bronca, el reloj, Paula me llamó, la hija de puta que en cuarto año no me dio bola, gracias Leuco, te debo un abrazo y una denuncia penal, Paula, qué culo tenías a los 16, ahora, dejá de joder, andá con tu marido, con tus hijos, ya estamos viejos para saldar cuentas, te das cuenta, me comí el personaje, estoy hecho un boludo, la puta madre, si pudiera volver, al gol, a los 9 años, a la camiseta de 5, para que vos no me des bola, para que pueda conmoverte, tuvo que pasar un montón de vida, ponete colorada, dale, hija de puta, acomodate el pelo, no te gusta la palabra pezón, que días de mierda estos de fin de año, pero eso sí, Gracias Leuco. Mientras, poniéndote colorada, me matás con la indiferencia, yo resucito en el tercer día en la concha de un montón de universitarias, carreras humanísticas, preferentemente, te dejo mi teléfono, y si la cosa sigue así, agrandado como calzoncillo de preso, ya pronto, pero pronto eh, hasta tengo tarjeta. No te digo secretaria, sería mucho, para el pibe de barrio, que metió un gol de cabeza, en el segundo palo, un golazo, creeme, eso no lo inventé, ponete colorada la próxima vez que te lo diga, porque es verdad, sos tan linda, tanto miedo te da ser cursi, pero te mira el sol, por la ventana, cuando te bañás, te mira desnuda. Y se enamora. Así de cursi.
Odio las fiestas
Ni cuando era chiquito me gustaba la fiesta del torturado. No decía nada. Porque, en una de esas, en vez de ropa, me regalaban juguetes. Odiaba los cohetes, el asma, al torturado que resucitaba, la mersa, el forro de mi tío -ése que ahora no puede pegarme, más bien, al gil y su uniforme de milico, lo cagaría yo a trompadas: se cuida muy bien de no provocarme con sus canas de cana, maricón- mi vieja tenía mi edad, mi abuela estaba a full, los vecinos no llevaban bastón, los amigos eran pibes sin hijos, las medias blancas, dios, la confirmación, la guitarra que tocaba, el cielo, mi perra Laika, las vidas que planificaba, los libros de Julio Verne, gomina y jopo.
Mi amigo viene de ver a su hija Cele, la casa de la ex, con luces de navidad, en homenaje al torturado, agarra una maceta, le pone una bolsa verde, ahí el arbolito, todos aplaudimos, al torturado que resucita. Después de tantos años, en este homenaje anual al torturado, no me divido, no tengo suegros, me junto con los ex esposos que fuimos amigos, fumando porro, allá en la adolescencia, cuando soñábamos, exagerados y apenas, esta vida, cantar canciones, de madrugada, enamorarnos, luchar, creer en algo, ahora que me levanto al mediodía, que no acepto las invitaciones de mis maestras de la secundaria, para hablarle a los pibes, voy ajustando cuentas, resentido, ayer me peleé con el Conu, los micros desde retiro, las calles que se asfaltan, la soja, la vida, toda esta porquería. La enorme carcajada en el balcón. Cuando me levantaba temprano, Maia, me hacía el dormido, pero siempre escuché tu despertador, sin odiarlo, te ibas a trabajar, qué será de tu vida, estas navidades, vos sí sabés que las odio, brindá, con tus amigas, por mí, por lo que fuimos, lo que perdimos, lo que dejamos de ser, los sueños que no cumplimos. Preparo el mate. La casa está en silencio. El sol, la mañana. Toda esta mierda. Tan calma. Artemio desde el auto me gritaba, ayer, firmaaaaaaaá. Ja, y yo no quiero, detesto Radio Nacional, todo lo que significa, los amigos que sólo querían que los meta ahí, los idiotas, esa mersa, becada, no soy así, pero tengo que laburar, de algo. La puta madre. Yo quería una guitarra y mi vieja, aunque yo creí que era papá noel, me la regaló. Quiero de nuevo, en estas fiestas, las calles de la infancia, mis tiernas ambiciones, la vecina, tan rubia, saltando la cuerda, la vecina de la que en secreto estuve enamorado, ahora está tan gorda y tan fea.
Ahora que soy un cachivache pero todo me chupa un huevo, voy de compras, prendo un pucho, para mandar regalos, a mis ahijados, que son muchos, repartidos por allá y por acá. Soy mal padrino, pero ojo, no sé cuándo cumple años mi vieja -me avisa mi hermanita una semana antes- pero tengo una hoja, amarilla, con la fecha de mis ahijados, y mando, con una carta, escrita a mano. Me estoy haciendo grande, sin madurar. Pero lo intento.
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