miércoles, marzo 09, 2011
martes, marzo 08, 2011
Cristina 2011
Tras vencer en las elecciones presidenciales la muy solitaria Cristina -que como nos explica un paranoico Morales Solá acá, Cristina Kirchner está muy sola políticamente, con lo cual no sabrá qué hacer cuando inevitablemente triunfe su reelección, probablemente haga un plesbicito al año siguiente que ganraría obviamente pero eso no alcanzaría para reformar la constitución y ser nuevamente reelegida, porque se sabe que uno de los males que trae aparejados la soledad política es ganar un montón de elecciones, bah, lo sabe Joaquín- lanzará este spot por cadena nacional, que sería el primero de una serie de anuncios que inevitablemente nos llevarían al comunismo chavista de este falso progresismo que encarna la nazi que nos gobierna que encima mandó al exilio a Lanata. Así no se puede, che.
El tiempo no para
En el Día del Regalo a la Mujer, que como es de manual reconocer se basa en una matanza de trabajadoras, muchísimos hombres puros y buenos,entre los que, por supuesto, no me cuento, comprarán una rosa, por ejemplo. O cualquier flor. En el precioso acto de amor de suponer que la mujer, por su innata mayor sensibilidad -acoplada, obvio, a la pelotudez que conlleva tener más desarrollado el lóbulo frontal izquierdo y levemente atrofiada la corteza cerebral; como usted, señorita-se comprarán flores en puestos callejeros que tienen una curiosidad en las grandes ciudades: no cierran nunca.
La razón es sencilla: la tasa de explotación laboral es tan elevada que la eventual pérdida o disminución de la ganancia por venta de flores en tiempos muertos, como por ejemplo la madrugada, compensa. O dicho de otro modo: lo que el empresario deja de ganar por tener un empleado o empleada durante la madrugada al pedo, lo compensa con las ganancias que implica tener mas mercadería -flores; y probablemente flores robadas en un jardín de Quilmes donde trabajan a destajo bolivianos- que la capacidad del local. Con lo cual, gana el empresario por lo que ahorra de tener un local más grande -o uno que no sea callejero- y por lo que ahorra por no tener que trasladar la mercadería excedente a la capacidad del local todas las noches.
Porque, trasladar esamercadería que no entra en el espacio físico asignado, seguramente tiene más complicaciones que las obvios: movilidad, combustible, mano de obra, logística, almacenamiento, cuidado, etc. Y se debe tratar, en general, de pequeños empresarios. Esos que, muchas veces, son los campeones de la evasión fiscaly la superexplotación laboral. Y sí, el mundo es así de feo, señora. Y de paso, señora, feliz día.
Sucede lo mismo con los vendedores de sandía en las ciudades más chicas del país. Descargan un camión entero y el empleado se queda hasta venderlas todas. Puede pasar, en una esquina de una avenida, viviendo casi un mes ahí.
Funcionan así, las cosas. Con un agregado, peor: las paritarias de esos trabajadores en negro y superexplotados tienen un piso: las políticas sociales del estado.
Por caso, si una empleada nocturna -los turnos suelen durar 12 ilegales horas- tiene tres hijos y cobra la friolera de casi 700$ por la Asignación de la Canaleta de la Droga y el Juego, y su marido es changarín y su madre cobra la jubilación a partir de que el kirchnerismo la universalizó, ponele la mínima, de 900 y pico de pesos, entonces, esos ingresos familiares de algo más de 2 mil pesos para 6 personas se refuerzan con lo que gana la empleada.
Y bue.
lunes, marzo 07, 2011
De cómo el asesino serial mató primero al mayordomo inglés y luego al detective alcohólico de Las Vegas
Una idea. Puede tener potencia, pero ya no me convence tanto: como contrapunto al policial inglés, de intriga y acierto
deductivo, en un mundo burgués que se ve alterado por la presencia del mal
hasta que un genial detective –quizás más, apenas, más astuto que la honesta policía, que la ingenua policía (¿o acaso un mundo de armonía burguesa no requiere de una policía inexperta, ingenua ante las atrocidades que son, claro, anormales?)- aparece
la novela negra para revelar la crueldad inherente al capitalismo, a la
urbanidad que acelera el proceso de individuación (conocido, en la historia humana y hasta hoy, como asociada e inherente al capitalismo), el mal que seguirá a pesar de los atajos –no siempre legales, por
cierto – que se tome la justicia o, mejor dicho, el justiciero. Chandler contra
Ágata Christie.
Puede ser.
Historizado.
Habrá que ver cuánta potencialidad queda en esos relatos, ahora que emergen con la popularidad que otrora tuvieron estos libros de bolsillo, una variación que sólo da roscas a los dos géneros y amplía la visión del mundo paranoica: los thriller. No hacia una síntesis, pero sí una mezcla algo rara: la cotidianeidad de la paranoia como elemento indisociable de la urbanidad, la individuación y, por tanto, el capitalismo.
Habrá que ver cuánta potencialidad queda en esos relatos, ahora que emergen con la popularidad que otrora tuvieron estos libros de bolsillo, una variación que sólo da roscas a los dos géneros y amplía la visión del mundo paranoica: los thriller. No hacia una síntesis, pero sí una mezcla algo rara: la cotidianeidad de la paranoia como elemento indisociable de la urbanidad, la individuación y, por tanto, el capitalismo.
Vivimos bajo amenaza.
La tierna estudiante que tontea en el campus universitario, la plácida familia tipo que duerme en un country, el inversor de bolsa, el taxista de color en la noche movidiza.
No debe ser casualidad esta prepotencia angosajona por narrar lo social desde una visión policial y violenta.
Una conspiración que se vuelve
como una bofetada contra sí mismo. Una electricidad violenta y rápida. Un mundo
donde el mal no se acaba, donde hay cosas por descubrir, donde se vuelve de
algún modo siempre al mismo lugar. Y la velocidad, entrecruzada por los vértigos comunicacionales de la cotideaneidad del lector, claro.
Están los protagonistas geniales de la novela negra y de la novela de misterio, y están los misterios cercanos del segundo, y la violencia artera y sin sentido de los primeros. Los dos componentes se cruzan, se mezclan, y en tanto relato político –teniendo en cuenta que se producen principalmente en los EEUU- hay generalmente un fuerte cuestionamiento a las instituciones represivas (el vaticano, la Cía, el pentágono, el presidente, los senadores, los narcos extranjeros) pero las cosas sólo se resuelven desde adentro. Como en las novelas de espías. En la mismidad, como una dialéctica negativa, está el mal y su solución. Bah, el mal y su resolución, temporaria,en cierto modo, aleatoria -lo aleatorio gana terreno como momento de éxtasis, supongo que este elemento proviene principalmente del cine, pero vaya uno a saber. Igual, la novela negra, por más orígenes que lo disgregan del positivismo epistemológico, está ligada al cine. Sería buena la hipótesis contrafáctica de pensar la novela negra sin el cine, antes del cine. Cuando los miedos sociales se conjuraban en leyendas o en creencias místicas.
No hay un afuera, en los thriller, que pueda derrotar el mal, no hay alternativas: ahí radica el anclaje de la conspiración, en que no hay un afuera. Y el thriller es la confabulación latente
Acaso la visión del mundo unipolar, de la caída del muro, no sólo dejó a las novelas de espías a la zaga: también parece haber dejado huérfanas e ingenuas a las novelas negras después de Psicópata Americano y las películas de Hollywood.
Están los protagonistas geniales de la novela negra y de la novela de misterio, y están los misterios cercanos del segundo, y la violencia artera y sin sentido de los primeros. Los dos componentes se cruzan, se mezclan, y en tanto relato político –teniendo en cuenta que se producen principalmente en los EEUU- hay generalmente un fuerte cuestionamiento a las instituciones represivas (el vaticano, la Cía, el pentágono, el presidente, los senadores, los narcos extranjeros) pero las cosas sólo se resuelven desde adentro. Como en las novelas de espías. En la mismidad, como una dialéctica negativa, está el mal y su solución. Bah, el mal y su resolución, temporaria,en cierto modo, aleatoria -lo aleatorio gana terreno como momento de éxtasis, supongo que este elemento proviene principalmente del cine, pero vaya uno a saber. Igual, la novela negra, por más orígenes que lo disgregan del positivismo epistemológico, está ligada al cine. Sería buena la hipótesis contrafáctica de pensar la novela negra sin el cine, antes del cine. Cuando los miedos sociales se conjuraban en leyendas o en creencias místicas.
No hay un afuera, en los thriller, que pueda derrotar el mal, no hay alternativas: ahí radica el anclaje de la conspiración, en que no hay un afuera. Y el thriller es la confabulación latente
Acaso la visión del mundo unipolar, de la caída del muro, no sólo dejó a las novelas de espías a la zaga: también parece haber dejado huérfanas e ingenuas a las novelas negras después de Psicópata Americano y las películas de Hollywood.
Es raro que el nuevo mounstruo "mundial" -el musulmán radicalizado de ex colonias europeas- no tenga aún consolidado su género literario para denostarlo.
Los negros, los latinos, la clase trabajadora, los "bajos fondos" de la miseria de la crisis del 30, tuvieron su novela negra para brutalizarlos.
El posmodernismo se infiltra por los poros de la literatura y tenemos, entonces, los asesinos posmodernos, los policías posmodernos, la represión posmoderna. ¿Pero dónde están los malos musulmanes, el terrorismo, la guerra biológica, las cartas envenenadas con antrax, los aviones chocadores? En el género de ciencia ficción abundan, y suelen anticiparse a la demonización, pero no resultan hoy muy populares en la literatura. Así como, fuera del cine, las novelas con soviéticos malos no fueron creadoras de un género literario. Aunque El Expreso de Medianoche pudo haberse convertido en el fundante de la literatura de no ficción -con la misma arbitrariedad con que lo fue A Sangre Fría en vez de Operación Masacre- no sucedió.
El posmodernismo se infiltra por los poros de la literatura y tenemos, entonces, los asesinos posmodernos, los policías posmodernos, la represión posmoderna. ¿Pero dónde están los malos musulmanes, el terrorismo, la guerra biológica, las cartas envenenadas con antrax, los aviones chocadores? En el género de ciencia ficción abundan, y suelen anticiparse a la demonización, pero no resultan hoy muy populares en la literatura. Así como, fuera del cine, las novelas con soviéticos malos no fueron creadoras de un género literario. Aunque El Expreso de Medianoche pudo haberse convertido en el fundante de la literatura de no ficción -con la misma arbitrariedad con que lo fue A Sangre Fría en vez de Operación Masacre- no sucedió.
Falta un género genial y de paso funcional a los sustentos culturales hegemónicos con que los anglosajones -y toda su maquinaria- narren desde la literatura el mundo.
Me parece, qué se yo.
Pero es como, no sé, un clima de circularidad, de repetición, de variacones en rojo en el género policial.
Un sabor amargo, relativo, nos deja sólo como opción la velocidad, la tecnología de los relatos como un subterráneo donde no hay tiempo de mirar las caras y las personas y las cosas detenidamente, sólo se avanza, se pasa de pantalla, se corre hacia algún lado que no es precisamente el final, porque aunque el libro termine siempre habrá otros libros y otros finales y otras posibilidades de lo mismo. Una infinita posibilidad de lo mismo.
Acaso James Hadley Chase haya anticipado esto, por sus finales abiertos, por su cumpulsión a la sorpresa, por su productividad, por sus audacias, por su cosificación industrial, por ser mi ídolo, también, ya que estamos. Acaso la relación, de la cual Hollywood fue la vanguardia, entre cine y literatura, se haya profundizado y no haya vuelta atrás. De ser así, hay que recordar los que anunciaron la muerte de la literatura poniendo como asesino al cine, y más acá, más reciente, los que mataron al libro y descubrieron a internet como el asesino: y no sólo los libros sino también los diarios, y no sólo eso, sino que mataron la literatura y hasta llegaron a matar al lector.
Pero como escribió Walsh: hay un muerto que vive.
Un sabor amargo, relativo, nos deja sólo como opción la velocidad, la tecnología de los relatos como un subterráneo donde no hay tiempo de mirar las caras y las personas y las cosas detenidamente, sólo se avanza, se pasa de pantalla, se corre hacia algún lado que no es precisamente el final, porque aunque el libro termine siempre habrá otros libros y otros finales y otras posibilidades de lo mismo. Una infinita posibilidad de lo mismo.
Acaso James Hadley Chase haya anticipado esto, por sus finales abiertos, por su cumpulsión a la sorpresa, por su productividad, por sus audacias, por su cosificación industrial, por ser mi ídolo, también, ya que estamos. Acaso la relación, de la cual Hollywood fue la vanguardia, entre cine y literatura, se haya profundizado y no haya vuelta atrás. De ser así, hay que recordar los que anunciaron la muerte de la literatura poniendo como asesino al cine, y más acá, más reciente, los que mataron al libro y descubrieron a internet como el asesino: y no sólo los libros sino también los diarios, y no sólo eso, sino que mataron la literatura y hasta llegaron a matar al lector.
Pero como escribió Walsh: hay un muerto que vive.
Aunque hastiado y a la espera.
¿Twitter es una mierda?
Ayer le ayudé a Anabel Cherubito a cerrar su cuenta de Twitter. Es algo bastante fácil, pero por alguna razón, no le salía.
La razón, entre otras, para cerrarla, es no tener que aguantar una sarta de imbéciles que a diario la insultan.
A menor escala, yo también tengo diariamente un grupito de boludos (no sé porqué, esta tendencia al idiotismo es mayoritariamente masculina) que a diario tienen lo que suponen algún importante agravio que dedicarme.
Yo estoy acostumbrado a los insultos, puedo divertirme con una chicana inteligente y la verdad, todo me chupa un huevo. A veces y con alguno me enojo de verdad, pero ya casi que no. Se puede discutir inteligentemente, se puede apelar a la ironía -ese lujo de la inteligencia- o se puede caer en ese decadentismo que permiten las redes sociales.
Porque, y también en menor escala, recibo elogios, las más de las veces, desmesurados. En tanto se trata de gente que no me conoce.
Twitter, a diferencia de otras redes sociales, está diseñada de tal manera que la agresión formen parte estructural de su contenido. Lo cual puede ser muy divertido
No es que las personas se muestran tal cual son -esa ingenuidad epistemológica es una berretada que ni vale la pena discutir- y la prueba es que la cuenta de Cristina Fernández no muestra, precisamente, a quien para mí es la mejor presidenta del último medio siglo. Otro caso, por ejemplo, es el de Hugo Chávez, la rebeldía encarnada de la dignidad latinoamericana da, en su cuenta de twitter, pena.
La mayoría de las personas que tienen muchos seguidores, obviamente no lee a nadie y le chupa un huevo lo que opinen 25 mil personas que desconoce. Así que sólo revisa los mensajes directos y la mayoría de las veces, ni eso, se fija en qué usuarios le interesan (por el motivo que sea, el más común es porque lo conoce personalmente) y sólo a ese le responde.
Pero sin embargo, siguen llegando "seguidores".
No todos tenemos algo que decir que justifique el silencio. Otros, como yo, somos caraduras, y de nerviosos nomás no soportamos el vacío del silencio.
Es curioso Twitter porque uno se imagina un montón de masturbados sintiéndose cerca de, por ejemplo, Mónica Ayos, por seguirla -si es que tiene cuenta y dice algo, la verdad, no sé- en una red social. Una cercanía que además de masturbatoria es ficticia y hasta, perdón por decirlo, peyorativa de quien se la cree.
Una red social no es un medio de comunicación, aunque en la fábula que se vendió en la argentina sobre la campaña de Obama, muchos compradores de verdura en el ámbito político abrieron su respectiva cuenta de Twitter sin saber muy bien para qué, porqué ni con qué utilidad.
Presuponer que los 200 mil, que siguen a la presidenta leen lo que dice en su TL es no entender nada. La verdad es que no lo leen más que 15 o 20 personas, y lo hacen por razones profesionales: periodistas y funcionarios.
Hoy es Twitter, mañana es otra cosa. Ninguna idea compleja puede escribirse en 140 caracteres si el lector no conoce trayectorias y tiene un nivel de lectura posible.
Por ejemplo, un lector asiduo de este blog, entenderá una cosa, que no es la misma que un puñado de cuentas que desconozco a las que les aparecerá el título del post y un link y me discutirán el título, porque no están preparados para leer más de 140 caracteres, sí para impugnarlo o darme la razón. Es casi lo mismo.
Mientras tanto, las mayorías mundiales, sudamericanas, nacionales, provinciales, barriales o no más de la cuadra de mi casa seguirán viviendo lo más panchas sin que les importe un carajo lo que yo estoy escribiendo. Y está bien que así sea.
La reconfiguración de una ajenación de nuevo tipo -ya no como mera generadora de plusvalía- que se expresa en la virtualidad tiene, me parece, tres características principales:
1) La nueva fuerza que adquiere la negación de que el medio es el mensaje (por decirlo rápido).
2) La modificación espacio/temporal que opera como reforzamiento de la espectacularización de la cotidianeidad.
3) Los anti neoluditas -que no son su superación, sino su contracara espejada- que festejan circularmente los "nuevos canales, horizontales y directos" de comunicación. Esta circularidad se refuerza y autotrófogamente están sembrando el germen de su propia destruccción. La Autotrofagia es Antropogagia, la ausencia de crítica sistémica más que inaugurar el banquete de Platón tienda la mesa para una fiesta caníbal.
O dicho en castellano: Twitter es una mierda.
Por eso, como decía el Chapulín colorado, síganme los buenos, que no los voy a defraudar.
domingo, marzo 06, 2011
¿Y la SIP, y ADEPA, y el ambombado de Leuco, y Giúdice, y Bulrrich, y toda la camada de salames de TN que sienten miedito por un afiche?
Perfil entrevistando a Lanata
—¿Se busca humillar a la persona para que ceda el lugar?
—No sé, porque vos, ¿dónde pensás que van a estar? Yo vi una sola vez 6, 7, 8. Dejé de verlo en el momento en el que me dieron tantas ganas de ir y cagarlo a trompadas a Barone. Me dije: “Estoy loco, no puedo hacer esto, yo nunca en la vida le pegué a nadie”. Y no puede ser que esto me despierte una reacción violenta. Entonces, nunca más lo vi. Y viene gente y me cuenta: “Che, ¡cómo te dan!”. Respondo siempre lo mismo: “¿Dónde pensás que van a estar dentro de cinco años?”. Es cuestión también de dejar pasar el tiempo.
—¿Se busca humillar a la persona para que ceda el lugar?
—No sé, porque vos, ¿dónde pensás que van a estar? Yo vi una sola vez 6, 7, 8. Dejé de verlo en el momento en el que me dieron tantas ganas de ir y cagarlo a trompadas a Barone. Me dije: “Estoy loco, no puedo hacer esto, yo nunca en la vida le pegué a nadie”. Y no puede ser que esto me despierte una reacción violenta. Entonces, nunca más lo vi. Y viene gente y me cuenta: “Che, ¡cómo te dan!”. Respondo siempre lo mismo: “¿Dónde pensás que van a estar dentro de cinco años?”. Es cuestión también de dejar pasar el tiempo.
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