-Solanas no se presenta de candidato a presidente porque no consigue los 300 mil votos -1,5% del padrón, corazón-para sobrevivir legalmente. Ergo, manda a otro a presentarse. De Genaro se ofrece para la inmolación. Con Pino de candidato a intendente, desaparece Proyecto Surf, una pena. Ya no tendremos de qué reírnos. Pero, ojo, puede sacar hasta un 8% con sus campaña contra los salteños, los catamarqueños y los sanjuaninos. Porque es de izquierda. Contra los bolivianos va Macri, que es de derecha. Y malo.
-El Hijo De alfonsín logró sumar a Cobos y Sanz al Frente Progresista. Va bien. Ya está la Mesa de Enlace como pata social y Bergoglio podría ser la pata peronista. Que garantice gobernabilidad. De todos modos, las profecías mayas dicen que el fin del mundo sería en diciembre: los radicales podrían hacer campaña con eso::"elija un presidente por 2 años".
-Claro que Alberto Rodríguez Saá, tras jugar al solitario dentro del cuarto oscuro, reinterpretó las profecías mayas. "El fin del mundo será el 1 día de 2012, o sea, el 1 de enero: hay que elegir presidente por sólo un año. Duhalde es el mejor candidato"
-En todas las elecciones provinciales por venir antes de las presidenciables, el PRO va a hacer un papelonazo. No tiene ningún senador nacional, no va a tenerlo antes de las presidenciables. Ni, quizás, luego. Macri va a ser candidato nuevamente a intendente.
-Alguien va a representar a la derecha peronista. Es un caudal interesante: con Lavagna como candidato duhaldista de la UCR en el 2007, Rodríguez Saá sacó un 10% de los votos. Hoy, ese caudal, seguramente, crece algunos puntos.
-La UCR estáa tiempo de buscarse un candidato en serio. El Hijo De alfonsín es divertido, causa ternura, ricardito, presto a cumplir los 60 años, aún tiene tiempo para buscar algo de experiencia. Podría, incluso, independizarse.
Es muy difícil que los radicales se traguen este fiasco después de haber sentido, junto a Cobos, que volvían a los escritorios del estado. Yo esperaría: algún candidato serio, con hambre de ganar, puede aparecer. Igual, 20% y muchas gracias.
-Las profecías mayas dicen que el fin del mundo se dará con un recalentamiento del sol. Al contrario de los new age del ecologismo reaccionario, o sea, todo ecologismo, los profetas mayas eran realistas: desmontaban todo y hacían edificios, total, en el largo plazo, sostenían, estaremos todos muertos.
Tenían razón.
Fijate.
miércoles, abril 20, 2011
Peronismo al palo 2
El sábado Patucho me llevó a una fiesta de La Cámpora. Ahí, como siempre sucede, se cantaron cosas de peronistas, forzadas, divertidas, espontáneas. Cosas que, en el peronismo que yo conocí antes de esto, no se encuentran. En el peronismo de hoy, menos.
Patucho anda enojado con Hank porque dice que él sí, y que yo también, resistimos los 90. Y hay chicos " de la juventud" (basta de robar con eso, che!) que recién llegan a las cuestiones políticas y quieren imponer su visión cultural de las cosas: el que se cree valiente y jugado por hacer...oficialismo.
Ok, es verdad.
Sólo que con esa verdad se maneja la política comunicacional, por ejemplo. Y que, probablemente, los chicos que cantan "resistimos los 90" en la República de Palermo tengan una concepción completamente negativa de ese período (yo, en cambio, no tengo esa visión; entre otras cosas, porque resistí los 90) y pasen por alto que sólo el 99,9% de quienes son hoy protagonistas los fueron de la década del 90.
A mí se me pide, culturalmente, que niegue que esto es fundacional -porque sino los noventistas quedarían afuera- y que me coma el beneficio de inventario, la historia y las cagadas que sistemáticamente se mandaron los tipos que, en ese entonces (y ahora), querían hacerme mierda.
¿No es un poco descabellado, pedir semejante sacrificio?
Patucho me contaba el loable objetivo de agregarle una estrofa antinoventista a la marcha peronista: el propósito era esquivar la cantata montonera que engalanaba todo acto de la izquierda peronista (concepto que, sabemos, no existe, mientras conduzcamos a la derecha peronista y tengamos contratados a los oportunistas, je) teniendo uno, por él, por mí, que hacerse cargo de...por ejemplo: ¿qué fusiles? ¿Qué disparates? ¿Qué historia heroica sin barniz? Las cosas no fueron así.
Pero dejemos este espinoso tema acá. O no. Cuento una breve anécdota: en 1999 fui por única y primera vez a una reunión de lo que se llamaba el Frente de la Resistencia. Fue la única vez porque ahí se planteó el apoyo de Aldo Rico al frentito. Con mis 21 años planteé que eso era una locura. Y entonces me entraron a gritar, literalmente, barbaridades. Tumini, Pereira, Gagero, Reyna, me explicaban las ventajas del acuerdo en clave de oportunismo electoral (falso, salieron últimos) y yo, medio asustado en ese clima, les dí la razón. Sabiendo, mientras Reyna me llevaba a Retiro a abordar el micro hasta Paraná, que eso era un disparate y que cuando se lo cuente a mis amigos, me iban a echar a la mierda. Se lo conté. Huimos espantados de ese disparate.
La resistencia a los 90 también fue compleja.
Ojo, nos enfrentábamos, en Entre Ríos por caso, a los mismos que ahora, en buena medida.
Y es que los procesos políticos son así.
Pero ya desde entonces a mí no me cerraba el asunto de entender la historia sin matices, de dividir entre buenos y malos, de organizar la política moralmente.
Por eso no fui parte del Frepaso y de la Alianza, comiéndome los odios de....los mismos que están ahora!
Pedir credenciales de conducta es algo que, por pragmatismo, no debemos hacer (yo mismos quedaría afuera) y además una estupidez: bajo ese criterio, señora, hasta a San Martín lo corríamos con la vaina en elproceso independentista, hasta a los ministros de Yrigoyen los rajábamos a patadas, hasta impugnar el peronismo del 46 no parábamos.
Eso sí, fueron períodos fundacionales.
Los que ahora, en la República de Palermo -en el peronismo real no se consigue- agitan el peronómetro, señora, están preparándose para salvarse, y para, señora, sacarse de encima a tipos como yo. Que mañana pueden cuestionar el rumbo, que no tienen verguenza de hacerse cargo del pasado, que no necesitan mentirle a los más jóvenes ni inventarles un ropaje que en el peronismo real, sea dicho, no se consigue.
Los que convierten lo táctico en estratégico olvidan mencionar que si vuelve con el control del peronismo un Duhalde o un Cavallo o un Chacho Alvarez, como sucedió en los 90, nos van a correr a las patadas con la vaina del peronómetro a lo más genuino del kirchnerismo.
Ahora, por lo menos, nos correrán con la vaina. Antes fue a los tiros.
Es, justamente, el contexto que le da cuerpo a la vaina de tantos bananas. Que sin el peso de las generaciones muertas no podrían asustar ni a mi abuelita.
Patucho anda enojado con Hank porque dice que él sí, y que yo también, resistimos los 90. Y hay chicos " de la juventud" (basta de robar con eso, che!) que recién llegan a las cuestiones políticas y quieren imponer su visión cultural de las cosas: el que se cree valiente y jugado por hacer...oficialismo.
Ok, es verdad.
Sólo que con esa verdad se maneja la política comunicacional, por ejemplo. Y que, probablemente, los chicos que cantan "resistimos los 90" en la República de Palermo tengan una concepción completamente negativa de ese período (yo, en cambio, no tengo esa visión; entre otras cosas, porque resistí los 90) y pasen por alto que sólo el 99,9% de quienes son hoy protagonistas los fueron de la década del 90.
A mí se me pide, culturalmente, que niegue que esto es fundacional -porque sino los noventistas quedarían afuera- y que me coma el beneficio de inventario, la historia y las cagadas que sistemáticamente se mandaron los tipos que, en ese entonces (y ahora), querían hacerme mierda.
¿No es un poco descabellado, pedir semejante sacrificio?
Patucho me contaba el loable objetivo de agregarle una estrofa antinoventista a la marcha peronista: el propósito era esquivar la cantata montonera que engalanaba todo acto de la izquierda peronista (concepto que, sabemos, no existe, mientras conduzcamos a la derecha peronista y tengamos contratados a los oportunistas, je) teniendo uno, por él, por mí, que hacerse cargo de...por ejemplo: ¿qué fusiles? ¿Qué disparates? ¿Qué historia heroica sin barniz? Las cosas no fueron así.
Pero dejemos este espinoso tema acá. O no. Cuento una breve anécdota: en 1999 fui por única y primera vez a una reunión de lo que se llamaba el Frente de la Resistencia. Fue la única vez porque ahí se planteó el apoyo de Aldo Rico al frentito. Con mis 21 años planteé que eso era una locura. Y entonces me entraron a gritar, literalmente, barbaridades. Tumini, Pereira, Gagero, Reyna, me explicaban las ventajas del acuerdo en clave de oportunismo electoral (falso, salieron últimos) y yo, medio asustado en ese clima, les dí la razón. Sabiendo, mientras Reyna me llevaba a Retiro a abordar el micro hasta Paraná, que eso era un disparate y que cuando se lo cuente a mis amigos, me iban a echar a la mierda. Se lo conté. Huimos espantados de ese disparate.
La resistencia a los 90 también fue compleja.
Ojo, nos enfrentábamos, en Entre Ríos por caso, a los mismos que ahora, en buena medida.
Y es que los procesos políticos son así.
Pero ya desde entonces a mí no me cerraba el asunto de entender la historia sin matices, de dividir entre buenos y malos, de organizar la política moralmente.
Por eso no fui parte del Frepaso y de la Alianza, comiéndome los odios de....los mismos que están ahora!
Pedir credenciales de conducta es algo que, por pragmatismo, no debemos hacer (yo mismos quedaría afuera) y además una estupidez: bajo ese criterio, señora, hasta a San Martín lo corríamos con la vaina en elproceso independentista, hasta a los ministros de Yrigoyen los rajábamos a patadas, hasta impugnar el peronismo del 46 no parábamos.
Eso sí, fueron períodos fundacionales.
Los que ahora, en la República de Palermo -en el peronismo real no se consigue- agitan el peronómetro, señora, están preparándose para salvarse, y para, señora, sacarse de encima a tipos como yo. Que mañana pueden cuestionar el rumbo, que no tienen verguenza de hacerse cargo del pasado, que no necesitan mentirle a los más jóvenes ni inventarles un ropaje que en el peronismo real, sea dicho, no se consigue.
Los que convierten lo táctico en estratégico olvidan mencionar que si vuelve con el control del peronismo un Duhalde o un Cavallo o un Chacho Alvarez, como sucedió en los 90, nos van a correr a las patadas con la vaina del peronómetro a lo más genuino del kirchnerismo.
Ahora, por lo menos, nos correrán con la vaina. Antes fue a los tiros.
Es, justamente, el contexto que le da cuerpo a la vaina de tantos bananas. Que sin el peso de las generaciones muertas no podrían asustar ni a mi abuelita.
martes, abril 19, 2011
Dos impotencias se juntan y lo invitan a Pablo
Mi ex amigo Gerardo Fernández (eeepa, te comiste el amague, eh) en su programa con el Chino Navarro, con mi amigo Pablo Ferreyra de invitado.
Pablo cuenta cómo va la causa de Mariano, pero hay una mirada más fresca, distinta. Y de paso hablan de otros temas. El caso de Luciano Arruga, por ejemplo. Una buena entrevista, en Radio America.
Por supuesto: hablan bien de mí, sino no la subo, je.
Yo y Platero
A tono con este tono literario -de ringtone, digamos- que ha adquirido desde ayer y hasta mañana la derecha posmoderna, el artículo que le hizo firmar algún bala no carece de los balidos habituales de la engolada conterbulio del gandul, la evanescente diputada Gabriela Michetti, je.
Dió mío!
Opinión
El error de los límites opositores
Por Gabriela Michetti
Especial para lanacion.com
Durante estos últimos días me (me) he pasado escuchando cómo políticos de la oposición hablan de supuestos "límites" a la hora de sentarse en una misma mesa a dialogar sobre lo que creemos son los problemas que tiene el país y cuáles podrían ser las propuestas de políticas de Estado que nos permitan plasmar las bases de un desarrollo a largo plazo.
Me (me) cuesta muchísimo entender a que se refieren cuando dicen: "Mi límite es Macri" o "mi límite es el Pro".
Los referentes del Pro, los límites de la oposición según Gabriela MichettiFoto: Archivo
Y me (me) confundo más aún cuando recuerdo que muchos de esos políticos de la oposición que hoy hablan de "límites" refiriéndose al Pro, apoyaron explícitamente y en algunos casos participaron de esos años en los que la Ciudad no servía al ciudadano sino a los propios amigos, de una manera endogámica.
Me (me) sigo preguntando, ¿dónde está el "límite"?
Me (me) "parto la cabeza" y sigo pensando: ¿de qué "límite" hablan?
Me (me) pregunto qué hicieron esos políticos que hablan de "límite" cuando se refieren al Pro o al propio Mauricio Macri cuando tuvieron la oportunidad de utilizar recursos públicos en pos del mejoramiento de la calidad de vida de la gente.
Cuanta impotencia y frustración genera que en una Argentina que tiene oportunidades tan excepcionales, los prejuicios, los narcisismos, las vanidades personales, en fin: nuestra enfermedad de individualismo extremo, no nos permita ponerle "límites" a las cosas que hace tiempo nos vienen deteriorando la calidad de vida a todos y sobre todo dejando sin esperanzas a quienes necesitan de nuestros diálogos y nuestros acuerdos para empezar a soñar otra vez y no sólo vivir el día a día.
Estoy (je) absolutamente (uopa!) segura (bien ahí) de que la gran mayoría de los argentinos nos está pidiendo hoy a los dirigentes políticos que le pongamos límite a nuestro egocentrismo y microclima, y está deseosa de vernos en una misma mesa tratando de ponernos de acuerdo en esas políticas que nos permitirán, como a algunos de nuestros vecinos de América latina, aprovechar estos años de oportunidades y crecimiento para sentar bases sólidas de desarrollo de una vez por todas.
Genialísimo, sí. Ajá. Dió mío.
Lo hacen adrede, me parece.
¿De qué males nos salvaría el voto calificado?
del Tren Bala
|
47 (9%)
|
de los sanjuaninos
|
35 (7%)
|
de los catamarqueños
|
34 (7%)
|
de los salteños
|
49 (10%)
|
de los intendentes del conurbano
|
51 (10%)
|
del conurbano
|
49 (10%)
|
de 678
|
131 (27%)
|
de las retenciones
|
48 (10%)
|
del saqueo escandaloso
|
70 (14%)
|
de todo, bah.
|
217 (45%)
|
Salta, la linda
La "revolución de los coroneles" de 1943 nace a partir de que el régimen militar-radical-clerical, sustentado en el fraude, intentara dejar la presidencia en manos del ultra conservador millonario Robustiano Patrón Costas.
Entre otras cosas, Patrón Costas tenía uno de los principales emporios azucareros en el norte argentino, con base en Salta, la linda.
La "revolución de los coroneles" estaba integrada por dos sectores, de compleja formación política. Mi tío abuelo integraba un sector, del que luego emergería Juan Perón para reorganizar la dicotomía existente y nutrirse con elecciones transparentes y clara, de la presidencia constitucional de la nación. En 1946. Mi abuela, que en el 95 no supo a quién votar porque el General Onganía murió en las vísperas siendo candidato, hasta el día de hoy le otorga a Evita el sutil calificativo académico de "puta" por el hecho de ser actriz. "Y...en ese momento las cosas eran así" se atajaba, ante la risa de sus desfachatados nietos adolescentes, este escriba incluido. Contaba que el tío abuelo se había abierto de la revolución cuando Perón fue nominado como candidato de lo que quedaba de la "revolución de los coroneles" ya saldada la disputa interna en favor de Perón (lo que determinaría la correlación de fuerzas -cómo estamos, re Sociales, señora- escenificada el 17 de octubre) se había abierto no por ninguna disidencia, al contrario, era secretario de Perón en el Minsiterio de Guerra, sino porque éste frecuentaba a una actriz joven, sin casarse, para colmo a una actriz sin doble apellido. Bue, ningún doble apellido sería actriz de folletín.
Nunca me creí esa historia, pero años después, cuando José María Rosa la cuenta -en el libro autobiográfico en manera de reportaje- le di entidad. Sorprenden los climas de épocas y la perseverancia de los legados en la microhistoria oral. En fin.
Volvamos a Salta.
Perón tenía el apoyo de cuadros conservadores que armaban los Centros Cívicos, que luego junto a los Centros Gremiales se conjugarían en las Unidades Básicas. Tenía, además, el apoyo de los radicales renovadores y de los mayoritarios laboristas. Con éstos últimos se armó flor de quilombo cuando Perón, en vísperas de su campaña electoral, nominó como candidato a gobernador de Salta a Lucio Alfredo Cornejo, el otro gran empresario azucarero -explotador y oligarca como Patrón Costas- para competir contra el ídolo de los conservadores.
Los laboristas, furiosos, protestaron, intentaron armar -como en Córdoba y Santa Fe- algo parecido al bloque laborista revolucionario, pero en el devenir histórico se fueron integrando al Partido de la Revolución Única primero, al Partido Peronista después, al calor de las desgracias de Cipriano Reyes, además.
Cornejo ganó la gobernación de Salta, mientras se discutía, a tono de murmullo, en las universidades porteñas el carácter del peronismo: bonapartismo o fascismo era el debate que se insinuaba y creaba las condiciones de posibilidad para que, bombardeos y golpe de estado mediante, una década después se discutiera la naturaleza social del peronismo: si integrado por obreros migrantes del campo o si integrado principalmente por viejos cuadros sindicales. Gino Germani versus Portantiero.
La compleja composición del peronismo en enclaves lejanos de los centros de disputa intelectual no estaba en la cabeza de nadie. Pero sirve para entender las complejidades del proceso político y las complejidades que subyacen en todo movimiento popular.
¿Cuál es el punto?
Las coaliciones populistas se caracterizan por una alianza de clases, ok. Que redefinen -a la vez que se ven depositarias de- la organización económica social. Pero. Fundamentalmente, crean un modelo simbólico novedoso que ciertamente entra en contradicción apenas arrancar, pues se trata de orientar esa potencia simbólica con viejos actores políticos preexistentes al clima refundacional.
Los laboristas, groso modo, munidos de la necesidad práctica de hacer política para sus bases obreras, no tuvieron otra que comprender esto.
Los socialistas, comunistas y radicales ilustrados que quedaron en la vereda de enfrente, vieron crecer tanto su impotencia y rencor que llegaron a aplaudir los crímenes más calumniantes contra la condición humana, como los bombardeos a Plaza de Mayo y los fusilamientos de prisioneros, legales e ilegales.
Con menos dramatismo, la historia no se repite, pero si ilumina fronteras de viejas nociones antipopulares que siempre están a la vuelta de la esquina. Como recurso para satisfacer, masturbatoriamente, la impotencia y el rencor, esa combinación de impolítica que pugna contra su propia evanescencia por hegemonizar el relato político.
Evita era una puta.
Entre otras cosas, Patrón Costas tenía uno de los principales emporios azucareros en el norte argentino, con base en Salta, la linda.
La "revolución de los coroneles" estaba integrada por dos sectores, de compleja formación política. Mi tío abuelo integraba un sector, del que luego emergería Juan Perón para reorganizar la dicotomía existente y nutrirse con elecciones transparentes y clara, de la presidencia constitucional de la nación. En 1946. Mi abuela, que en el 95 no supo a quién votar porque el General Onganía murió en las vísperas siendo candidato, hasta el día de hoy le otorga a Evita el sutil calificativo académico de "puta" por el hecho de ser actriz. "Y...en ese momento las cosas eran así" se atajaba, ante la risa de sus desfachatados nietos adolescentes, este escriba incluido. Contaba que el tío abuelo se había abierto de la revolución cuando Perón fue nominado como candidato de lo que quedaba de la "revolución de los coroneles" ya saldada la disputa interna en favor de Perón (lo que determinaría la correlación de fuerzas -cómo estamos, re Sociales, señora- escenificada el 17 de octubre) se había abierto no por ninguna disidencia, al contrario, era secretario de Perón en el Minsiterio de Guerra, sino porque éste frecuentaba a una actriz joven, sin casarse, para colmo a una actriz sin doble apellido. Bue, ningún doble apellido sería actriz de folletín.
Nunca me creí esa historia, pero años después, cuando José María Rosa la cuenta -en el libro autobiográfico en manera de reportaje- le di entidad. Sorprenden los climas de épocas y la perseverancia de los legados en la microhistoria oral. En fin.
Volvamos a Salta.
Perón tenía el apoyo de cuadros conservadores que armaban los Centros Cívicos, que luego junto a los Centros Gremiales se conjugarían en las Unidades Básicas. Tenía, además, el apoyo de los radicales renovadores y de los mayoritarios laboristas. Con éstos últimos se armó flor de quilombo cuando Perón, en vísperas de su campaña electoral, nominó como candidato a gobernador de Salta a Lucio Alfredo Cornejo, el otro gran empresario azucarero -explotador y oligarca como Patrón Costas- para competir contra el ídolo de los conservadores.
Los laboristas, furiosos, protestaron, intentaron armar -como en Córdoba y Santa Fe- algo parecido al bloque laborista revolucionario, pero en el devenir histórico se fueron integrando al Partido de la Revolución Única primero, al Partido Peronista después, al calor de las desgracias de Cipriano Reyes, además.
Cornejo ganó la gobernación de Salta, mientras se discutía, a tono de murmullo, en las universidades porteñas el carácter del peronismo: bonapartismo o fascismo era el debate que se insinuaba y creaba las condiciones de posibilidad para que, bombardeos y golpe de estado mediante, una década después se discutiera la naturaleza social del peronismo: si integrado por obreros migrantes del campo o si integrado principalmente por viejos cuadros sindicales. Gino Germani versus Portantiero.
La compleja composición del peronismo en enclaves lejanos de los centros de disputa intelectual no estaba en la cabeza de nadie. Pero sirve para entender las complejidades del proceso político y las complejidades que subyacen en todo movimiento popular.
¿Cuál es el punto?
Las coaliciones populistas se caracterizan por una alianza de clases, ok. Que redefinen -a la vez que se ven depositarias de- la organización económica social. Pero. Fundamentalmente, crean un modelo simbólico novedoso que ciertamente entra en contradicción apenas arrancar, pues se trata de orientar esa potencia simbólica con viejos actores políticos preexistentes al clima refundacional.
Los laboristas, groso modo, munidos de la necesidad práctica de hacer política para sus bases obreras, no tuvieron otra que comprender esto.
Los socialistas, comunistas y radicales ilustrados que quedaron en la vereda de enfrente, vieron crecer tanto su impotencia y rencor que llegaron a aplaudir los crímenes más calumniantes contra la condición humana, como los bombardeos a Plaza de Mayo y los fusilamientos de prisioneros, legales e ilegales.
Con menos dramatismo, la historia no se repite, pero si ilumina fronteras de viejas nociones antipopulares que siempre están a la vuelta de la esquina. Como recurso para satisfacer, masturbatoriamente, la impotencia y el rencor, esa combinación de impolítica que pugna contra su propia evanescencia por hegemonizar el relato político.
Evita era una puta.
y, las cosas éstas entre la relación de una cosa con la otra, siempre fueron complejas...
“Durante años de oprobio y de bobería, los métodos de propaganda comercial y de la littérature pour concierges fueron aplicados al gobierno de la república. Hubo así dos historias: una, de índole criminal, hecha de cárceles, torturas, prostituciones, robos, muertes e incendios; otra, de carácter escénico, hecha de necedades y fábulas para consumo de patanes.”Un mes después del golpe de estado que, tras los bombardeos a civiles en Plaza de Mayo, derrocó al presidente constitucional Juan Perón, escribía en Sur estas palabras, el jodón de Jorge Luis Borges.
Desde hoy, el autor de una novela genial como Historia de Mayta, nos inundará de propaganda hasta en la sopa, de un burdo trotskismo de derecha, igual de simplista, paranoico y poco sofisticado que el del camarada Mayta, sólo que un poco más cruel.
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